lunes, 28 de mayo de 2012

Leire

Es como ser el comentarista de un partido: finges interés, pero no eres el protagonista, solo un mero vehículo de emociones, un trasbordo. No hay justicia, ni orden, el contexto es demasiado ajeno. El tiempo se yergue pero no te sientes atrapado, solo giras y giras en torno al estadio sin que nadie pueda decirte cuantas vueltas quedan, sintiendo ese ligero matiz en la base del escroto. Los demás, mientras tanto, giran lejos de ti, demasiado lejos ya para poder alcanzarles. Y el público jalea como una mentira perfecta, porque solo son viñetas, grabaciones, a veces homilías, otras gritos de unos niños extrañamente familiares. Y, sin embargo, lo que más duele son los jadeos que implosionan en forma de palabras de amor y que suelen durar tanto como una certeza.

El orgasmo es carne saturada de pensamiento. Pones la calefacción, frotas mis manos, me acaricias acercando tu cuerpo, pero no consigues que entre en calor, sigo siendo fría, fría…fría. Y me compadeces por esa extrema pobreza sin saber que ese frío del que tanto te quejas es lo único que aún sé que es mío, algo que nadie ha conseguido arrebatarme aún.

Y la ciudad amanece mientras eyaculas palabras escogidas para que mis rodillas sean esclavas del columpio de tus deseos, de ese amor perplejo de niño mimado que te hace agarrarme el pelo e imponer tu ritmo. Un teatro de lascivia, y ahí, en el interior de tus dedos, las caricias se agotan sin sonido. Y te regalo mi desnudez sin condiciones donde perder solo es un verbo, un deseo inconcluso de trascendencia.

Los gritos deshilachándose en volutas románticas no han valido de nada, solo estás jugando al escondite con mis sentimientos. Mi sexo tiene la forma de una carta de amor entreabierta y entras como un invasor analfabeto. Pero tengo tu atención y me conformo con cerrar los ojos y sentirte latiendo dentro de mí. Soy una rosa deshecha en la que te deslizas y enjuagas el alma. Hay grietas, como peonías en el muro, pero no me importa. El presente perfecto, somos el centro del mundo, disfruta de mi tejido de nácar, del terciopelo de mis besos, de mi entrega ilimitada.

Llega el final. Final. Que terrible palabra. El calambre de tu pasión, el rigor mortis. Y la delicadeza se transforma en indiferencia. Y empiezan las excusas.
Pero solo puedo prestar atención a la lluvia que empieza a sonar al otro lado de la puerta, intentando secar mis sentimientos antes de que me alcance...

Conejita Ophelia: Pero, ¿todo esto qué es, de qué cojones estás hablando, por qué no vienes a la cama?
Rorschach: Es una especie de desahogo, todavía no he conseguido acabar con mis neuronas, algo me impele a escribir.
Ophelia: Tonterías, tienes que inseminarme. Y deja de beber, que luego no se te pone dura.
Rorschach: La palabra inseminar tiene reminiscencias inquietantes...
Ophelia: Déjate de idioteces, mañana viene mi familia y son muy estrictos, no ven con buenos ojos que seas humano, espero que sepas estar a la altura y puedas convencerles hábilmente de que no nos faltaran zanahorias en el futuro.
Rorschach: Sí, sí, no te preocupes, aparte de mi altura física mi sector está en alza, la gente puede morirse de hambre, pueden atentar contra sus derechos más básicos, puede salir un… bueno, un responsable de Bankia diciendo que no piensan devolver los 19.000 millones que exigen ahora... ellos no serán capaces de reaccionar. Pero ¡cuidado! si se quedan sin internet en el móvil gritarán señalando la guillotina. Soy indispensable. Aunque hoy creo que hoy la he jodido.
Ophelia: Deja los putos discursos, hablas demasiado, ya lo decía tu ex, joder que pesado eres a veces. Y quita la puta banda sonora de Drive, odio cuando pones una canción en repeat durante horas. Creo que estás loco, menos mal que me has encontrado.
Rorschach: El amor me persigue como un consolador lubricado.
Ophelia: Acaba con el puto texto ya, ¡mañana tienes que hacer horas extra!
Rorschach: Um, bueno, podría decir que hay que tener cuidado con los sueños que luego se nos olvida despertar, o que el suicidio es la sonrisa de un ángel, o utilizar los putos puntos suspensivos. Lo cual me lleva a pensar que SIEMPRE que un final no explica nada, es falta de talento. Por lo cual, copa, copa, copa…
Ophelia: ¿Has pagado la factura de la luz, donde nos vamos de vacaciones en agosto?
Rorschach: Sacrificadme: creo que he encontrado el amor verdadero...

Siempre Me Lo Recordarás by Napoleon Solo on Grooveshark