martes, 18 de octubre de 2011

No seas tonto, yo también te quiero. Beso.

Mi única virtud es ser fiel a mi coño descreído. Nunca encuentran mi alma en el asiento trasero de un taxi, quizá unos minutos antes, cuando miró a esa gata parir aterida y casi sin vida a la intemperie, con esos ojos opacos de esperanza tan parecidos a los míos. Y sin embargo no aparto la mirada. Sé que más tarde todo se transforma en un sueño índigo de ropa sucia y fluidos esclavos.

Sin embargo ahora no tengo más remedio que reconocerlo: estoy enamorada. Me gusta más la expresión Fall in love porque en el fondo caes, caes fuera de ti y creas –o descubres- un vacío a imagen de Él. Te vuelves irracional, deshilachas tu orgullo en escarcha que agarrota tu dignidad, te pasas días rehuyendo el teléfono y de pronto alguien –tú- marca su número y le pregunta que tal esta. Y sigues cayendo. Idealizas, recreas, y no te importa si su nariz es demasiado grande, si el último polvo no fue gran cosa, no te importa que confunda a Schopenhauer con Hume o que se ría a destiempo. No te importa porque te has convertido en su victima y lames con deleite sus botas de verdugo racionalizándolo todo como una sofista enajenada.

Y sigue sin darte nada, ningún hecho, solo palabras que cambian según su estado de ánimo ciclotímico, agorafóbico con la realidad. Pero que más da si es una obsesión, un reto a mi vanidad desollada con retazos de sexo o fantasía, si es la naturaleza dictando que una polla es la solución a mi crisis existencial, si es una extraña apetencia al aire dulzón de cumbres borrascosas, si es miedo a buscar la felicidad más allá de los límites de mi propia piel…que más da si soy una abeja reina apareándose en su vuelo nupcial, dejando un reguero de orgasmos, sangre y muerte.

Da igual porque no es un juego romántico, es un comercio de carne donde la gente contamina con sus gritos y sus necesidades. Por eso no siento vergüenza ni pudor por este amor, por esta verdad somatizada que cauteriza la adrenalina con mordiscos de sangre. Viviré meses, años incluso, con la nostalgia del sabor de tu carne en mis labios, con el color magenta de tus gritos implorando piedad mientras devoraba tu brazo. Ahora, mientras me pierdo entre tus dedos excitándome con la visión de tu cuerpo despedazado, de tus ojos verdes orbitando en el frasco de las golosinas, mientras te digiero...siento que te amo con más intensidad que nunca, con esta ansiedad improcedente y caníbal que necesita llenar el vacío con pedazos cada vez más grandes de tu cuerpo.

Me pierde a veces la sinceridad, y ahora que hemos intimidado me veo casi obligada a ser honesta con vosotros. Entendedme, intento ser transcendental, pensar en él como en algo más que comida. Pero he de reconocerlo: no ha sido para tanto, no es el soma, el maná deshaciéndose como ambrosía en mi boca. Tampoco quiero pasar a otro tan rápido, todo tiene su periodo de luto, pero he intimado con un blogero que tiene unas manos exquisitas y…he empezado a sentir algo, incluso ahora, mientras me penetro con estos despojos, pienso en él. Un tal Rorschach. Le he comentado que soy cocinera y que me gustaría invitarle a cenar a mi casa. Ha aceptado encantado. Traerá el vino.

Espero que sea tinto, combina bien con el sabor metálico de la sangre

Profondo rosso by Goblin on Grooveshark