lunes, 18 de abril de 2011

Mi única exigencia –me contesto ella- es que te guste follar 62 veces al mes…

Un paseo de madrugada. Tus tacones se acercan como tambores de guerra. Tu físico no desmerece la imaginería de mi anhelo. Nariz acechante. Boca de flor. Vestido azul que apenas esconde unas piernas infinitas. Rostro cautivador con esa sutil disposición a ser desarmada.

¿Cuántos hombres han pasado por tu vida sin llegar a conocerte? Al cruzarnos nuestros ojos follan y se aman dentro de una perfecta ficción romántica. Instante Perfecto. No nos detenemos. Nunca nos volveremos a ver.

Un anuncio de neón con las palabras “Jesús Saves” iluminando con su luz ebria, humeante y pútrida, mi habitación. Es como morir de amor cuando una ramera cruza sus piernas. Mirar sus ojos inertes y preguntarte cuando fue la última vez que no pagaste por un polvo.
Desempolvar el legado de una relación dela que sólo quedan dos tarjetas de cumpleaños y recuerdos de un manicomio compartido. Mierda oscura y condensada que cubre y asfixia parte de tu cerebro para siempre.

Nos comportamos como si el infierno de una mosca no fuera igual que el nuestro: algo trivial, vulgar, anónimo. Peniques en los ojos. Mientras todos tienen prisa por morir de inanición espiritual, mi mente estalla en llamas, las serpientes reptan por el suelo, y el teléfono no para, no deja de sonar continuamente desde un número equivocado.
Como estas horas afortunadas –entre las tres y las cuatro de la madrugada-, que consumo glorificando amores imposibles y genios muertos. Que consumo apoyando mis pensamientos en tu risa como única resistencia en un mundo solitario lleno de gente asustada de almas aguadas.

Borracho melancólico que tropieza con la sombra de sus dedos sobre el teclado. Apuesta perdida que encierran los muros angostos de mi ser. Decepcionante realidad que no apela a sediciones, sólo a capitulaciones. Para mí  no hay fe ni esperanza.

Love Like a Sunset, Part I by Phoenix on Grooveshark