miércoles, 16 de febrero de 2011

Sms Sin Enviar: “Desde que hicimos aquello el lunes no dejo de pensar en ti. Y pensar en ti hace que este irremediablemente cachondo. Desgasto tu recuerdo y me masturbo. Pero cuando termino sigo pensando en ti, lo que provoca que… ¿tienes alguna solución?”

Te escribí una carta de emociones, sin significado, como ahorcarme con tus intestinos, como fingir estar vivo y que me importe, como la cicuta de tus lágrimas, como una eyaculación de ego, como el sonido del viento entre tus tacones, como cicatrices llenas de lluvia. Como ese retrato de palabras que solo existe en mí para ti.

Las hojas lloran con su rocío crepuscular, el bucle de la canción llega a la psicosis, jirones de soledad cuelgan de tus labios causándome estas ojeras de odio. Mi mecanismo roto, tu rímel corrido mezclándose con el vómito de mis palabras, un amor de alcantarilla, aspiras mi aire y vagabundeas con tus pies fríos por mi tristeza

Me poseía una soledad demasiado concurrida por tus nostalgias, por la homilía de tus abrazos, el naufragio de tus caricias, la llama de tus labios, por el deseo de entrar en tus ojos y desnudarte lentamente. Pero mis fantasías no consiguieron romper las leyes del olvido y finalmente, cuando cerré los ojos a la noche, solo me quedó una soledad desolada.

Te vislumbré en aquel viaje de vuelta a la capital, un viaje de ocho horas en autobús, de noche. Quería simplemente dormir, congelarme en la parte de atrás de ese miserable autobús, solo y rezagado. Pero te sentaste a mi lado con esa sonrisa que desarmó mi memoria. Sacaste el alcohol camuflado y te pusiste a hablar. Yo solo escuchaba, se me da bien escuchar, esos retazos de vidas ajenas improvisan una danza en el desierto de mi existencia. Me hablabas de libros de ciencia ficción, de Benedetti, de Napoleón, te recordaba a un antiguo amante al que seguías odiando, es decir, amando. Nos emborrachamos. Me hablabas en francés solo para excitarme. No te pregunte tu nombre. Tenías el pelo largo, muy largo, los ojos tristes color avellana, la cara redonda y pecosa. Te casabas y aun no sabías porqué. Di la razón a tus dudas, pero eso no cambiaba nada. De algún modo llegamos a Madrid. Me abrazaste con intuición femenina y me pediste que esperara a que te fueras. No debí hacerte caso. El perfume de tu voz se quedó engarzado a mí durante demasiado tiempo.

X: La bona notícia és que encara et vull
Y: ¿I llavors quina és la dolenta?
X: Ja no és suficient.

Le Moulin by Yann Tiersen on Grooveshark