jueves, 28 de julio de 2011

Muerdes con saña cada instante y solo consigues horas viudas, labios opacos de ruina.

El padre de la verdad es el tiempo. Ya esta todo escrito, solo podemos deshilvanar nuestra cadencia personal e intentar provocar -si hay talento- dos diálogos: uno con el lector potencial al que transformaremos y convertimos en nuestra presa, en nuestro cómplice…y otro desde ese ubicuo pasado literario desde el cual nos nutrimos consciente o inconscientemente. Más tarde, cuando la obra está terminada, se establece un único diálogo entre el texto y sus lectores, del cual esta excluido el autor.

Todo esta escrito se refiere al núcleo de la historia, las capas de tramoya son indiferentes, esto en vez de desanimarnos debería incentivarnos a diferenciarnos creando un estilo propio aunque no salga bien. Es curioso como en vida denigramos lo diferente, lo aislamos, nos da miedo, somos retrógrados y reaccionarios. Luego, cuando el enemigo de nuestra sacrosanta planicie existencial ha muerto y el tiempo lo dignifica, lo adoptamos/fagocitamos con prisa y pesadez de estomago.

¿No quieres decepcionarte? No tengas esperanza. ¿No quieres traición? No te enamores.

No estas loco, ¿verdad?

No, el alcohol solo es un síntoma, es demasiado tarde, echo de menos ese abrazo, la música es demasiado apropiada…la vida se ve mejor así, es más sencilla en esta euforia de soledad, como amar las dunas del desierto de tu piel con besos cuarteados color ceniza. Postrado ante el recuerdo de tus ojos verdes, tu pelo largo azabache -siempre la brújula insomne de mi imaginación señalando el mismo lugar-, una bofetada resuena en la noche como un pellizco en mi alma desubicada: es tu risa recorriendo los meandros de mi corazón.

Hay momentos en los que hay que elegir entre despertarse y enloquecer o seguir bebiendo. Dicen que todo se pudre al final, pero solo se pudre el papel con cincuenta y ocho razones por las que debería odiarte, una égida a mi autoestima. Son las tres de la madrugada y no puedo dormir, hace calor, un calor intenso, real, despótico… una perfecta noche lisérgica, adicciones sin embotellar con sabor a carta de una desconocida…

Dos meses después...

Las cosas son así: intenté superarte…te borré de las redes sociales, borré tus mails, tus mensajes de texto, tu teléfono, tus imágenes…expurgué todo mi entorno. Intente odiarte, asumir como axioma personal el típico “Todas putas”. Nada funcionaba.
Pensaba en el suicidio de Werther y Anna Karenina, en como el primero es producto de la causalidad y el segundo más de un arranque irreflexivo, de ese halo irracional que nos separa de las maquinas, que hace que matemos y amemos en la misma frase, en un solo párrafo.

Por eso te maté. No contestabas a mis correos, no querías verme, al final eras Tú o Yo. El resto ya lo sabes: fui a tu domicilio, te rapte, te viole, te mate…y te volví a forzar, aunque aquí empezaron mis dudas, porque, a fin de cuentas, ya no podías darme tu consentimiento, como mucho era una falta de respeto a tu cadáver, pero si tenemos en cuenta la vanidad de una mujer, la obsesión con su belleza, quizá lo que estaba buscando penetrando tu vagina fría y destartalada era una reconciliación, una bula de carne ante un cuerpo que solo representaba mi obsesión por ti, no por tu belleza.

Joder…

Sí, exacto, JODER, porque cuando meto mi lengua en esa boca pestilente, cuando naufrago en tus pechos descoloridos y te agarro del pelo con fuerza mientras te sodomizo…todo ese caudal de energía sexual de alguna forma esta retrasando tu descomposición…

Joder…

Sí, puede que la fricción, o algo relacionado con los libros de física cuántica que estoy leyendo, no lo sé, pero llevo un par de semanas y cada vez te encuentro más atractiva. Todas mis novias al final se sentían cosificadas por detalles sin importancia como atarlas a la cama y obligarlas a eliminar el vomito reflejo al follarme su boca a horcajadas, todas -menos aquella anoréxica…- le quitaban la magia al asunto con sus lagrimas a destiempo
Contigo puedo estar horas y horas y no te quejas, al revés, tu cara se empieza a transfigurar en una sonrisa cómplice. Casi diría que lubricas cada vez más, o quizá sea otra cosa, da igual, la oscuridad es mi mejor aliada en estos casos.

Como decía es el mejor sexo de mi vida, cada vez…no sé como explicarlo…cada vez hay más cosas nuevas…el viernes se te salio un ojo de la orbita y sabía que no era casualidad, era una invitación a lo prohibido, era un regalo de amor. Tu amor. Y lo acepte con una sonrisa, follándome tu nuevo agujero, intentando penetrar en tu cerebro una y otra vez…cuando me corrí y vi como se deslizaba el semen por tu cara fue una imagen…

Por eso ahora estoy huyendo. Intento recurrir a Dominica, esa puta gastada de ciento cincuenta kilos que vende su cuerpo por 15€ la sesión, su estampa analfabeta, ruda, fea y desproporcionada siempre me ha reconciliado con el mundo. Llegó de Huelva con catorce años huyendo de quien sabe qué y sobrevivió, pidiendo abrazos y calderilla en la estación de autobuses, hasta que dio con la persona equivocada.

Ahora escurre su don con una extraña afectación y orgullo malogrado, haciendo lo que nadie hace, explotando las depravaciones de todos sus clientes, difuminando la línea entre sexo y crueldad, como si necesitara que castigaran su cuerpo carente de belleza y éxito. Y ahí la tienes: violencia, fetichismo, coprofagia, lluvia dorada, fantasías de violación, le faltan bastantes dientes, no sé ya si por palizas o adicciones, pero en lo que a mi respecta aparte de mi ninfa muerta es la mejor feladora que conozco.

Su casa –soy un cliente antiguo- es un vertedero de recuerdos, ese contraste entre sus fotos antiguas y ella es de un exhibicionismo doloroso. Vive con su pareja/chulo, un viejo amargado que cuando llega algún cliente baja al bar a tomarse su corajillo y esperar a que termine. Me han llegado rumores de que la esta arrastrando al subgénero de orgías de gordas zoofílicas y que graba videos amateurs junto a ella. Basura dentro de basura, como esas muñecas rusas…el caso es que me recibe con cariño, hay varios perros nuevos junto a ella y lucho contra las imágenes que lanza mi mente. La verdad es que cada vez esta mas avejentada, mi ánimo gerontofílico no se amedrenta, aquella experiencia con mi tía me sirvió de mucho cuando era adolescente.

D: El negocio va mal, la gente cada vez esta más enferma, puto internet.
R: Internet no tiene la culpa, esa mierda siempre estuvo ahí esperando ser destilada y reciclada, simplemente la gente ahora tiene menos pudor.
D: No lo niego, es mi trabajo, pero cuando un chaval de dieciocho años me pide que le vomite encima, o quiere meterme el puño por el culo me pregunto ¿Qué harán con sus mujeres cuando tengan cuarenta años? ¿Cuál es el límite? Porque, ¿debería de haber un límite no?
R: Joder, si tú me hablas así es que la cosa esta muy jodida. Tienes razón, el porno softcore ya no existe, ese hueco lo llena la brutalidad. Las primeras experiencias marcan y con ese tipo de pornografía al alcance de cualquiera llega un momento en que lo único que te excita es pegar a una mujer y ver como sus lágrimas hacen correr el rimel por sus hinchadas mejillas.
D: Menos mal que tú no eres así, eres alguien bueno, siempre me has tratado como una dama.
R: Soy el último romántico…
Hay algo enfermo y retorcido en follarte a una puta con amor, como un medico nazi tratándote con amabilidad mientras experimenta con los umbrales de tu dolor, ¿le das esperanza o simplemente amplias por comparación las vejaciones que le causan el resto de sus clientes?
En cualquier caso esta vez no siento la vibración en los cojones, no me sirve de nada naufragar en esas ubres desproporcionadas ni imaginármela en sus orgías de serie B mientras escucho a un perro arañar la puerta del cuarto: algo se ha encasquillado dentro de mí. Lo dejamos pasar. Le doy un beso y me despido.

No puedo evitar pensar en comprarle unas rosas, siento la risa de Dios detrás de mí, ese Cabrón con las cartas marcadas. 
Pero es cierto: solo me empalma su imagen, ese despojo maloliente con manchas en la piel, ese hinchado trozo de carne fría y agusanada…una diosa caída esperando ser fornicada una y otra y otra y otra y otra vez. Arranco el coche con ansia, necesito estar junto a ella…atropello a un par de ciclistas y me tranquilizo.


Hay una elipsis, estoy en la cama sujetándote como una muñeca rota encima mío penetrándote…y es ahí cuando, sin poder evitarlo, las palabras brotan como un riachuelo de agua clara: “Te amo mi querida Carmilla, mi Daphne griega, mi puta indecorosa” 
Unos ruidos extraños acechan mis palabras: son tus brazos, tus dedos luchando contra el rigor mortis, todo tu cuerpo se despereza mientras intentas seguir el ritmo de mi cuerpo, tus manos descascarilladas y azules me rodean y acarician grotescamente, tu aliento insano se desprende reclinado sobre mi cuello, tu ojo me mira ahora sin catarata y con un brillo de malicia mientras sueldas mi pene a tu cuerpo ya no sé si friccionándolo contra tu vagina o tus intestinos.

Me corro con fuerza justo en el momento en que desgarras mi garganta con los dientes… “¡Por fin! -exclamo en un espasmo de sangre burbujeante-, por fin demuestras tu amor" Y dejo feliz que sigas alimentándote… 
...solo quiero estar dentro de ella, morir por ella, ser ella. Ella…

Recuerdo by Los Piratas on Grooveshark

martes, 26 de julio de 2011

Sorpresas en el cristal de color rojo muñeca…las ratas, como reglones torcidos, aligerando las páginas de su contenido afónico.

…estábamos hablando de vacíos emocionales que tratamos de llenar con obsesiones maquilladas de afecto, distraías mi apatía diciendo que preferías a Nietzsche antes que a Schopenhauer. A Bukowski le agradaba –como a mí- Schopenhauer, el espíritu antes que la forma. Todas sus mujeres le eran infieles, eran putas por compromiso, como un chorro de lejía abrasándote, como Alexei Ivanovich ante la ruleta, arañas tendiendo su telaraña invisible… ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Nada. Solo quiero rosas en botellas de vino rotas y, con mucha constancia, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar…

Y paseamos por Madrid, besos, un bocadillo de calamares, dos que se cruzan en una calle, juventud agostada, una herida cicatrizada que apenas deja una marca blanca estriada junto al pecho. Todo seguía adelante con esa convicción de las cosas sin sentido, buscando la jodida recompensa en las palabras, siendo el héroe de mi propia mierda, friccionando coños ficticios y culos muertos...desposeído, pero en calma, el amor como antesala -entreacto sexual, Bukowski inunda el texto, Él decía que algunas personas nunca enloquecen…que vida más horrible deben tener… ¿podemos estar de acuerdo?
Te dije que no sabía tratar a las mujeres más de diez minutos, un límite como otro cualquiera, no era un tipo duro...no suponía ningún peligro: nadie se había enamorado nunca de mí.

Me serviste un trago y me besaste la espalda mientras me pedías, acariciándome dulcemente los cojones, que te violara, que te tomase por la fuerza con cierta brutalidad, que gozase de tu impotencia. Esa predisposición femenina al masoquismo, ese tamiz judeocristiano que constriñe vuestras perversiones no me era desconocido, sin embargo admití cierto fraude en mis escritos. Pero tú, con una sonrisita inocente ribeteada en los labios, te arrodillaste y guiada por tu instinto de meretriz, me amaste con maestría, sabiendo -mi querida confidente-, que ese era mi punto débil, ese capaz junto a un par de copas, de expulsar los escrúpulos, el romanticismo y los miedos al presente.
Y así, sin más, mientras seguramente pensabas con quien te tocaba hacerlo el sábado, te viole contra las paredes de ese pequeño bajo de extrarradio que posees, pensando en otra, pensando en ti, con banda sonora de Amy que, como tantas otras cosas, no venía a cuento en ese momento, respirándonos con el oído, escanciando el vicio, salpicándonos con tus humedades...

...todo acontece cuando el demiurgo mueve imperceptiblemente su mano mientras duerme y esa sombra fugaz crea y diluye una existencia completa en apenas un par de párrafos…

Ley de la gravedad by Havalina on Grooveshark

jueves, 21 de julio de 2011

Péndulo de Foucault. No existo. Entrada programada #1

Hay fosas comunes idílicas cuando te sientes desprotegido ante palabras que no van dirigidas a ti. Se basa más en la soledad. Sin oportunidades perdidas que añorar cuando follas con los ojos abiertos.


Cuando se pierde esa inocencia, ese romanticismo que te hace dibujar iniciales, compras un gramo y vas por los locales buscando juerga. Es más fácil alcoholizarse así, es más fácil fracasar, hacer amigos en el baño sin pensar en un cajón lleno de poesía. Como un libro prestado en el prostíbulo. Subes con una puta y no se te pone dura, lo lamentaras más tarde, ahora solo le pides que te la siga chupando y a ratos que te hable de sus hijos.

Termina la media hora. Sales y compras unas pastillas azules, las llaman delfín y tú entiendes Del Fin, te hace gracia demasiado tiempo. Eliges un after y allí pides música que o bien no tienen o bien no necesitan. Cierras los ojos y giras. Ponen algo relativamente familiar y todo vuelve a ti. Te sientes agobiado, histérico, vas al baño y te echas agua en la cara, te pellizcas los brazos, la angustia se apodera de ti. Sales afuera, es un verano frío, te quitas la camisa mojada y te tumbas en un banco. Un vagabundo te pasa un tetrabrik de vino, aceptas. Total, estamos en el mismo bando.

Divagas, no sabes si te escucha o esta muriendo lentamente junto a ti como hacemos todos, pero con menos ruido. Le hablas de tu primer amor tumultuoso, de sus mentiras, de cómo quería follar contigo en un cementerio, sentir la frialdad de una lapida en su espalda, y luego matarse…de cómo se lubricaba el culo con sus dedos y me pedía que la penetrase con mi lengua, “fóllame -me exigía-, luego vendrán los malos tiempos, no hay escapatoria, jodamos a los putos estetas del buen gusto mientras tanto”.

Y me arrancaba promesas estúpidas una y otra vez. Un puto misterio femenino sin desentrañar ¿Qué querías, que pedías a la nada que creabas a tu alrededor? Diez años y sigues igual, sin el ruido sutil de tu vida formando algo real, solo pensando en follar y morirte, quizá ahora solo en morirte. No me quieres y yo sigo enganchado a tu recuerdo follando con los ojos cerrados. O sin follar también.

Luego cojo el metro, me duermo dos veces, es un puto viaje en el tiempo, ahora estoy en Tribunal, escondo la cabeza y cuando la levanto sigo en Tribunal solo que ha pasado media hora. Sigo durmiendo hasta mi destino, y vuelvo de nuevo atrás. Consigo de alguna manera llegar a casa, hoy trabajo. Pero ahí, en la cama, rechino los dientes y miro al techo. Reflexiono, o mas bien masturbo el mismo pensamiento una y otra vez de forma improcedente, inútil, como toda la vida que forjamos aquí…parece que todo tienes que hacerlo bien ahora sin que se te nuble la sonrisa.

Pero no hay que ofuscarse con mala literatura creyendo que “el amor de tu vida” es aquel que termina sin que tú quieras, platónico y frustrante. Los demás existen también, pero se desgastan, se vuelven duros, reales, disconformes con tu banda sonora porque tienes que luchar por ellos -a veces contra ellos-, como un trabajo, y eso no es romántico, o quizá sí y no nos damos cuenta. Pero hay algo precioso y particular en enamorarte de alguien y ser correspondido con la misma intensidad. Luego vendrán los abismos de identidad de cada uno pero… ¿Qué importa cuando ves a esa mujer hermosa que te ha domesticado avanzar hacía ti como un ejército invencible, colonizando tu vida, tu alma, las heridas de tu piel?

Al final todos somos puzzles mal cortados, buscando la afinidad, desentrañando el misterio y los matices de nuestra simbiosis, buscando la excepción del concepto en el signo del eco de mi cuerpo penetrando el tuyo. Que estúpida irreflexión nos consume cuando queremos borrar años de relación, esa ansiedad por la tabula rasa y la historia perfecta, cuando todas dejan su reverberación de saliva y añoranza, cuando solo hay que tener un poco de valentía con esos sentimientos que irracionalmente aparecen y desaparecen, sin etiquetas y a veces…sin esperanza.


She Is My Sin by Nightwish on Grooveshark

jueves, 14 de julio de 2011

…marea de sangre oscura, ciclotímica, atenazando mis sentimientos con su progestágena mano, enfangada, fracasada, dedos rencorizados como garras de nicho alquilado…

Vista cenital. Una mujer de pelo largo azabache, ojos verdes, de unos cuarenta años -pero significativamente hermosa- esta bebiendo una copa de vino sentada en una silla de la cocina. Lleva un camisón beige transparente y se nos presenta ligeramente acalorada, como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico hace poco. Mira de soslayo hacia la puerta abierta de la nevera que tiene a su derecha y se apoya ligeramente en el respaldo de la silla. Se le escucha murmurar…


…me encantaba como sonaba mi nombre en tus labios: Mina…Mina…Mina…Cuando no hay oportunidades no se extraña lo perdido no se busca la templanza en la tragedia. Mi familia esta preocupada, no respondo sus llamadas, aparento no estar en casa cuando vienen a buscarme. He pensado en coger una excedencia. Pero tendría demasiado tiempo libre. A veces voy a un bar y pienso en el desorgasmo, algún pútrido macho alfa se acerca con esa pequeña franja blanca en su dedo anular, o quizá solo soy yo exteriorizando mi asco a los hombres inventando más y más historias sórdidas, y les digo que no soy capaz de masturbarme, que no pierdan el tiempo conmigo.
A la vida es mejor no preguntarla nada, solo disfrutarla lo poco que te deje sin esperar nada a cambio ni por su parte ni por la tuya. No tengo amigas que me den consejos, solo canciones en la cabeza que me hablan de amor. No debí perderme en ti, no debí desearte así.

Todo por culpa de un polvo…porque no hubo nada más…estábamos en la playa, no eras nadie interesante, destacable, mirada huidiza, alto, demasiado delgado, gesticulabas a destiempo desmañado pero gracioso. Pero eso sí: tenías una voz cautivadora, creabas mundos solo con tus palabras, no podía dejar de mirarte mientras poco a poco te transformabas en alguien diferente. No sabía que había detrás de esos ojos oscuros pero notaba que bebías demasiado, síndrome de culto de una vida apartada y extraña. Me confesaste, ya un poco alejados de los demás, que eras un pervertido, un romántico, un gañán, alguien encantador la primera hora y odiable hasta el extremo la segunda. Decías que nunca estabas a la altura y que morirías solo. Me reía con cada nueva ocurrencia, disimulando, sin atreverme a preguntar que era verdad o mentira. Solo veía a alguien frágil e inseguro mirando al mar con melancolía, sin atreverse a terminar la botella, como sino tuviera nada a lo que volver después.
Me besaste, primero con tu sonrisa, luego con tus parpados…finalmente con tu lengua. Era una noche de verano calida y sinuosa, de esas que recorren tu piel haciéndote cosquillas en el alma.
Hubo una pausa en tu excitado avance por mi cuerpo, como si de pronto quisieras huir de mí. Solo fue un instante cuya intuición fue barrida por el sonido de las olas, el vino caliente, las palabras y esa sensación de adolescente en celo mojándome las bragas. Me eché encima tuyo, quería violarte, quería marcarte de por vida. Y nos pasamos toda la noche follando, sudando, amando, muriendo entre capas de fiel, febriles, riéndonos, enfadándonos con nuestros cuerpos, amoratándolos con embestidas y golpes, arañando los mordiscos, quemándonos como si fuera la última oportunidad, sin pasado ni futuro, sin un no de colegio de monjas, con convicción de reo encadenado a un show de Truman pornográfico, con palabras que deseaban amar y se quedaban en mera banda sonora.

Ahora lo pienso y se me antoja ridículo, tenía cuarenta años, había tenido una vida bastante desbarrada y quería algo de tranquilidad, de pronto aparecía un tipo normal, me echaba un polvo en la playa, ¿y me enamoraba? Ni siquiera vivía en mi ciudad. Era una locura. Y lo peor es que no sabía si estaba enamorada de él o solo del sexo, de ese sexo tan brutal y estremecedor. Joder, si incluso me había despertado el instinto maternal. Era un puto órdago hormonal.

Te empecé a llamar, facturas inmensas. Un sexo telefónico increíble, terminaba con los dedos arrugados por mis flujos. Y volqué mi alma en ti, sin tapujos, con una necesidad desconocida, como una niña. Te hablé de mi pasado, de todas mis frustraciones, de mis relaciones pretéritas como un error del destino. Gracias a ti había vuelto a reconciliarme con el romanticismo.
Y cuando no hablaba contigo te pensaba, te mandaba mails, fotos, hacía planes, quería ver todas tus películas favoritas, escuchar tu música, tenía conversaciones en mi soledad, quería que vinieras a vivir conmigo, olerle, presumir de tu compañía mientras paseábamos por la playa y luego lanzarnos a la arena entre risas, quería enseñarte mi ciudad, vivir todo de nuevo y compensar todo lo anterior que no significaba nada porque no lo había compartido contigo.
Pero nunca viniste. Todo se fue diluyendo. Comenzaste a estar siempre de mal humor o deprimido, a no coger mis llamadas ni responder mis mensajes...ya no era tu prioridad. Quería ir a verle pero me amenazabas y me convencías de que no lo hiciera. Quizá tenías pareja. No me importaba. Mi felicidad solo estaba contigo.
Fue a peor, migajas de tiempo, voz desconocida, excusas, dejaste de llamarme y cuando te llamaba a la hora de siempre al final terminábamos discutiendo. Cuanto más te alejabas más ansiedad me causaba, más obsesionada me sentía, más obcecada por aferrarte y reclamar tu atención.
Al final una pizca de orgullo floto entre mis lagrimas, te pedía, no, te exigía que acabaras con esto. Dijiste que no estabas preparado, que tú eras así, que lo dejabas en mis manos.
"¿No tienes nada más que decirme, no me quieres, no quieres estar a mi lado, vernos, superar esto juntos, luchar simplemente?" Te pregunté sin acabar de creer que todo acabara así.
Silencio. Un silencio atroz.
Y de esa forma cobarde, colgamos, no sin antes arrancarte la promesa de que me llamarías, que al menos seguiríamos siendo amigos.

Eso pasó hace cuatro meses. Ni siquiera te ha interesado ser mi amigo. Cada vez que te he llamado me has colgado o me has mandado un mensaje diciéndome que te deje en paz. Releo tus mails, como respuestas ficticias a los que nunca me has contestado. Tengo una carpeta solo para ti, tus fotos, tus mails, tus mensajes, mis planes, mis borradores...Es pequeña, no da para mucho. A veces cuando despierto no me acuerdo de ti, pero siempre, siempre, a las nueve de la noche te pienso y te extraño: era la hora a la que siempre hablábamos. Odio esa hora. Tu hora.

…me tenías tan fácil, solo alargar los dedos, rozarme, desearme sin más, arriesgarte, esquivar nuestra mutua fragilidad. Pero la realidad es que no me querías, era un simple juego, me domesticaste y luego me tiraste a la basura. Me dejaste en esta agonía lenta, en este rechazo perpetuo, cobarde, ruin, miserable, hundiendo el dedo en la llaga de mi vanidad escindida, día tras día, a la misma hora, dejándome sin esperanza, sin el hogar de tu voz idealizada, sin poder perderme entre mis dedos porque tu recuerdo me abruma y me hace llorar…

Por eso me tendrás que perdonar, ya sé que te lo he dicho varias veces hoy, pero tenía que traerte, tenía que hablarte, tenía que explicarte todo esto. Siento que haya tenido que ser de ese modo, pero sabes que soy muy intensa y no debiste de decirme esas cosas tan horribles cuando nos vimos...solo quería amarte, solo quería que estuviéramos juntos. Es una pena. Pero tranquilo mi amor, aquí estarás bien. Junto a mí…para siempre…

Love You to Death by Type O Negative on Grooveshark