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viernes, 30 de noviembre de 2012

Eras una puta. Y quizás yo también.

Estoy borracho. El insomnio. La vida. El miedo. Miro por la ventana, un grupo de personas rezan ante su becerro de oro, un cajero, con las manos en alto gritan “Señor, perdónanos, danos tu absolución” Voy al baño a vomitar. La locura campa a sus anchas. Madrid es una porqueriza.

Me preguntas si es domingo. No, no lo es. Es un jueves maligno y vulgar. Suena mi teléfono. Te doy una excusa y me encierro en el baño. El vino funde dos besos, nuestras palabras follan en esa liturgia llamada amor platónico.

Pero todo termina, siempre, de forma desagradable o imperfecta, solo es cuestión de tiempo.

Salgo, vuelvo al dormitorio. Me miras fijamente: ¿tienes algo de ternura que prestarme? Tu voz suena como un condón roto, como un médico demasiado amable al darte los resultados, como un cuerpo desconectándose tras un accidente. Y así, tal cual, como Judy Garland siguiendo el camino de baldosas amarillas, desapareces de mi vida. Un portazo nihilista. Musa demente, funambulista de la soledad, arqueo imposible, zozobra enhiesta.

¿Por qué hace tanto ruido ese reloj parado?

Abro otra botella de vino. La despótica nostalgia me hace recordarte desnuda, atada, abierta sobre la cama, como la más perfecta, inmoral y bella obra de arte que jamás hubiera existido. Tus pechos eran ebriedad y miel, necesitaba romperme contra ti con avidez de masoquista suicida, Ophelia perfecta, escarcha de mis sueños, tu olor era un viento hambriento que me poblaba y hería.

Empieza a llover. Me siento culpable, flor de plástico, un charquito de semen donde se refleja la luna, danza macabra sobre lago helado. Me masturbo violentamente, aprieto demasiado, duele, pero necesito sentir algo, lo que sea, cualquier cosa con tal de sentirme vivo.

Eras una puta. Y quizás yo también.

Hearing Damage by Thom Yorke on Grooveshark

miércoles, 18 de mayo de 2011

Paraísos perdidos

¿Lo he superado ya?, ¿he dejado de estar obsesionado con ella?
Quizá me siguen dando miedo las mujeres y alargo este luto escribiendo exabruptos exaltados, botellas llenas de ensueño que se rompen antes de llegar al destinatario en este vertedero de puntos suspensivos.
Te pido ayuda, mi querida anónima, me gustaría provocarte un eclipse de conciencia -no sé si con este u otro texto-, y robar una mentira de tus dedos, un te quiero virtual, residual, dirigido a mi corazón.

Siempre hay recompensa por encender el fósforo de mi alma, combinaría esa ausencia de frio con la bola curva de inmoralidad que trazan mis dedos y mi lengua sobre tu cuerpo. Nos haría disfrutar del color sinestésico de tus gemidos mientras bebo el maná de tu clítoris enajenado. Convertirme en tu heroína, en ese síndrome de abstinencia que te humedece cuando escuchas mis pasos. Y naufragaría en ti mientras tu coño palpitante me ahoga resbalando por mi cuerpo en una lluvia de orgasmo.
Tendríamos tiempo de poner a Satie y disfrutar del olor petricor de tu lencería, del Paris en miniatura que hay entre tus piernas.

Puedo eyacular en tu cara con romanticismo si tú sobrellevas la carga de mis fantasías, solo tienes que poseer inteligencia y cierto disgusto existencial que te empuje a violar con saña el presente, a pensar solo en el ahora y nunca en el después.

Sí, muchacha dubitativa, atrévete…¿Por qué no?

Paraísos Perdidos by Iván Ferreiro on Grooveshark

martes, 19 de abril de 2011

Cada día escribo basura mas depresiva, a la mierda!

Te escucho hablar y hablar y no sé dónde nos perdimos, dónde quedo la magia del principio, ese reparto equitativo, la diversión, la seducción de tus palabras, sin tiempo, sin silencios, con ese sabor a reencuentro de almas amnésicas.
Ahora son monólogos sin ritmo, sin emotividad. Todo chirría en esta versión estancada, oxidada, ya sin marcha atrás.

Hojarasca de lugares comunes, un suicidio asistido de manual. Nada nuevo que mitigue esta vida de contenedor. Epifanías fundidas como estrellas de navidad en abril. Manos retorcidas de psiquiátrico arañando el vaso de prozac con sonrisa de coyote. Un amor opaco y vagabundo. Me destrozas sin sentir nada especial, como una canción en bucle cuya letra solo tiene sentido para mí.

Te regalaba sempiternos y tú me contestabas con efímeros. Te describía la nada y tú me señalabas al cielo. Angostas calles, lluvia plomiza, quimérica, mi necesidad de ti se viste de azul. Te observo cada vez desde más lejos.
Tus ojos se nublan, tus manos se alzan en un gesto inequívoco pero inacabado. No escucho el final de tus labios en ese momento, siento -más que ver- como me das la espalda y te pones a mirar por la ventana. Termino mi taza de café y me despido con fingida desgana. Otro día más antes del irremediable fin.

Te desbordas por mi sueño cuando intento dormir -no recuerdo mis sueños. El cenicero lleno de miles de colilla encendidas en una casa sin luz –no fumo. Atrapado en el engranaje de un viejo-nuevo amor –no soy capaz de enamorarme. Se dejaron caer, él sabía bucear, ella se hundió irremediablemente en un baño de sudor y delicadezas –sigo atado al teclado.

Semen regurgitado sin trasfondo real, deseas mi polla, mi voz, pero ni siquiera me conoces, no has querido ir más allá. Me gustaría follarte hasta que dependieras de mí, hasta que no supieras reconocer tu cuerpo sin que mis manos lo recorrieran antes, que me vendieras tu ego con un beso de puntillas. Ofréceme tus flujos, dibujaré sobre ti un testimonio de locura, de placer, inmolare todas mis noches de soledad en tu boca, en tus labios, en tus pestañas, y cuando por fin me abandones, quemaré todos mis libros, recorreré un bar, dos, tres, quinientos, todos llenos de crisis existenciales, rostros ahítos de melancolía y genios desconocidos a perpetuidad, donde nadie ha hecho nada digno de mención, sin timbre, sin posibilidad; y ahí, sin querer olvidarte, me abandonaré también yo, para al final, poder darte la razón también es eso.

Aún no te has enterado de qué va toda esta mierda, y si lo sabes no tienes el coraje de enfrentarte a ello, sucumbirás, pasarás el resto de tus días arrastrándote por las cloacas con las ratas como únicas compañeras. Deja de masturbarte, saca fuerzas de flaqueza, da puñetazos, siente el sabor metálico de la sangre, ese ligero mareo al sentir tus dientes moldeándose al contacto de tu lengua. Ese piano volviéndose loco en su hartazgo. Naufraga. Es una forma como otra cualquiera de tentar al presente.

Summertime by Janis Joplin on Grooveshark