acababa de llegar del
trabajo
más mutilado que de
costumbre
servía con saña la primera
copa de vino
pensando en quitar el
cartón que cubría la ventana rota
y poner mi cabeza ahí
entre los fragmentos
afilados de cristal
cuando llamó Ella.
Debería de haber hecho
algo inteligente
como colgar
hacía casi un mes que no
tenía noticias suyas
pero en vez de eso cogí el
teléfono
su tono de voz afectuoso
me envolvió de nuevo
siempre usando las
palabras adecuadas
para conseguir sus
propósitos
todo se resumía en
disculpas sempiternas
una botella de vodka
y ganas de sentirme dentro
Le dije que no había problema,
que viniera cuanto antes
colgamos.
estaba jodido
era un puto dependiente
tomé otro trago de vino
¿cómo podía ser tan maravillosa
y a la vez tan puta y
mentirosa?
pregunta retórica
Mujeres
ya se sabe.
Cuando llegó
mi botella ya estaba vacía
caminaba a trompicones
el pelo despeinado, la
blusa descompuesta
despidiendo ese hedor a
sexo rancio
y carmín de letrina
La empujé contra la pared
y la abofeteé con saña
ella gritó
agarré el cuchillo
y lo acerqué a su garganta…
Pero no podía
me bajé los pantalones
me cogí los cojones con una
mano
y corté…
la habitación se tiñó de
rojo
dos pequeñas nueces
sanguinolentas en mis manos
las dejé caer a través de
la ventana astillada
al corazón de la noche
dos gatos se pelearon ahí abajo
Ella gritaba:
¡Qué has hecho, tenemos que ir a un medico, estas loco!
Pero su voz ya no importaba
demasiado
nada de ella importaba ya
para mí
ni sus mentiras
ni su boca
ni su coño
ni su alma gastada.
Cogí la botella de vodka
me tumbé en el suelo
apretando la toalla contra
mi entrepierna
y eché un buen trago
tenía un sabor extraño
una mezcla de trébol desahuciado
arañas de metal
y libertad.
Lorca estaría de acuerdo:
era un final feliz.

