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martes, 26 de febrero de 2013

Una solución.

Era la una de la madrugada
acababa de llegar del trabajo
más mutilado que de costumbre
servía con saña la primera copa de vino
pensando en quitar el cartón que cubría la ventana rota
y poner mi cabeza ahí
entre los fragmentos afilados de cristal
cuando llamó Ella.

Debería de haber hecho algo inteligente
como colgar
hacía casi un mes que no tenía noticias suyas
pero en vez de eso cogí el teléfono
su tono de voz afectuoso me envolvió de nuevo
siempre usando las palabras adecuadas
para conseguir sus propósitos
todo se resumía en disculpas sempiternas
una botella de vodka
y ganas de sentirme dentro

Le dije que no había problema, que viniera cuanto antes
colgamos.
estaba jodido
era un puto dependiente
tomé otro trago de vino
¿cómo podía ser tan maravillosa
y a la vez tan puta y mentirosa?
pregunta retórica
Mujeres
ya se sabe.

Cuando llegó
mi botella ya estaba vacía
caminaba a trompicones
el pelo despeinado, la blusa descompuesta
despidiendo ese hedor a sexo rancio
y carmín de letrina

La empujé contra la pared
y la abofeteé con saña
ella gritó
agarré el cuchillo
y lo acerqué a su garganta…

Pero no podía
me bajé los pantalones
me cogí los cojones con una mano
y corté…
la habitación se tiñó de rojo
dos pequeñas nueces sanguinolentas en mis manos
las dejé caer a través de la ventana astillada
al corazón de la noche
dos gatos se pelearon ahí abajo

Ella gritaba:
¡Qué has hecho, tenemos que ir a un medico, estas loco!

Pero su voz ya no importaba demasiado
nada de ella importaba ya para mí
ni sus mentiras
ni su boca
ni su coño
ni su alma gastada.

Cogí la botella de vodka
me tumbé en el suelo
apretando la toalla contra mi entrepierna
y eché un buen trago
tenía un sabor extraño
una mezcla de trébol desahuciado
arañas de metal
y libertad.

Lorca estaría de acuerdo: era un final feliz.

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viernes, 28 de septiembre de 2012

La vida es un techo de once vigas.

Son las cuatro de la mañana. Insomnio. Hace frío. Llueve. Me gusta. La carencia de respeto hacía mi propia salud me empuja a salir a comprar unos cigarros a la gasolinera. No fumo, pero la idea de un cigarro consumiéndose lentamente, iluminando la habitación mientas suenan voces de gente muerta es irresistible. Llueve cada vez más fuerte pero el alcohol, el sueño aplazado, la soledad, la ingratitud sempiterna del teclado me transporta al limbo de la extenuante mediocridad del que no tiene nada que decir y demasiado tiempo para pensar.

Me gusta las subdivisiones, eres mía si te gusta mojarte bajo la lluvia antes que abrir el paraguas, si te gusta coger una botella de vino y dar una vuelta por el cementerio mientras se estrena el otoño. Quiero vivir, y lo hago a través de tu irrealidad pasional.

Todos guardamos monstruos dentro de. El mío abarca toda la habitación, como un virus, un tumor, un cáncer. La mutilación no es una opción, sería como quebrar un espejo. El camión de la basura sucede, y su ruido es la homilía de mi decadencia. Pero no, mañana empezará mi jornada laboral hasta la madrugada y no quiero legar para los siguientes tres días una entrada decadente, también me aburren. Podríamos decir que la metáfora de todo esto es que a veces entro en la ducha pensando en el suicidio y termino masturbándome.

Cosas interesantes del día de hoy. He terminado la segunda temporada de “Breaking Bad” Está muy bien. Me gustan los drogadictos. Me gustan las sorpresas. Me gusta el protagonista. Todo lento, y lento, y lento. Pero me agrada.

También me gusta el post de Marina, muchacha que acumula karma negativo por no comentarme. Hoy empieza la novena temporada de “Anatomía de Grey”, es una serie infumable pero también nacen flores en el estiércol, y en algún episodio se filtra algún diálogo o situación sorpresiva. Hoy la comparaba con los comics, soy un lector compulsivo de comics desde los ocho años. Quiero decir, ¿qué cojones me va a sorprender ahora de las historias de Batman, Superman, X-Men, etcétera? Nada. Pero estoy encariñado. Me gusta esa rutina mensual. Ojalá todos protegiéramos la rutina del amor. Me refiero a veinte años de tu vida dejando un post-it en la mesita de noche, dando un beso de buenas días por cariño y no por inercia, que cada vez que te suceda algo bueno, o malo, el primer impulso sea llamarle. Todo se pierde. La vida es demasiado larga y llena de vicisitudes. El amor es, simplemente, implicarte en los detalles. Si tienes dudas al respecto, observa.

Vivo en un pueblo del extrarradio de Madrid. Zona alta. Muchos parques. Gobernado por el PP. Tragedia. Otro momento destacable del día ha sido ir a dar en una de esas zonas verdes de comer a los patos. Con mi ex. Hay pocos hombres que estén a su altura, yo desde luego no soy uno de ellos. En cualquier caso es relajante. Debo añadir que hay plaga de conejos enanos, llevan sobreviviendo al invierno y a las redadas del ayuntamiento más de tres años. Es real.

Cambiando de tema mi economía es parecida a la de España, gasto más de lo que recaudo. Odio trabajar. Odio trabajar. Odio trabajar. Me gusta el ajedrez. De hecho ahora, mientras escribo, estoy perdiendo una partida contra la maquina en nivel cinco. Lo cual quiere decir que, básicamente, soy un fracasado en cualquier actividad que practico.

Y aquí, ante el jaque mate inminente, la habitación iluminada débilmente por el monitor y el sinsentido, solo puedo brindar por ti, por llegar hasta aquí, por leerme, por apreciarme por lo que sabes o crees apreciar entre líneas, por darme una excusa para, no sé, ¿escribir? ¿Mentir? ¿Carecer?

En cualquier caso, gracias.

Dirty Diana by Michael Jackson on Grooveshark