domingo, 9 de noviembre de 2014

Lo más importante es querer atravesar el fuego de sus ojos azules.

El presente bosteza: necesitas una lección. Te cojo del pelo y te tumbo sobre mí. Bajo con rudeza tus pantalones y te inmovilizo con una mano. Acaricio tu precioso culo. Ninguna palabra. La mano rígida desciende. Un azote. Gimes. El calor se extiende. Te acaricio. La mano aumenta el recorrido y vuelve a caer con fuerza. Dos veces. El sonido nos excita. Te muerdo el culo. Vuelves a gemir. Te ordeno silencio.

Aparto el tanga, recorro con mis dedos tu coño: estás mojada. Tres azotes y ya estás entregada. Jodida enferma. Subo la mano, sigo azotándote. Uno. Dos. Tres. Cinco. Diez. El culo rojo. Lo acaricio. Un dedo resbala dentro de ti. Bien. Bien. Bien… Me suplicas que te meta otro. Pronunciamos palabras de posesividad atávica mal vistas en una sociedad patriarcal de hipócritas y reprimidos. A mí me gusta someterte con ese lenguaje sórdido. Y que luego tú, con esa victoria sádica de tu ego ciclotímico, me atrapes entre tus piernas, me arañes la espalda, me muerdas el labio hasta que sangre. Quizás pensamos que nuestra derrota nos hará invencibles a pesar incluso de nosotros mismos. Por eso no nos rendimos totalmente a la belleza de la otredad, como dos indigentes emocionales que quieren pasar juntos el invierno.

Quizás nos sentimos atrapados por el instinto, como el salmón del Pacifico, nadando contracorriente para desovar y morir. Pero, ¿qué importa? Ahora solo quiero convertirme en el piercing de tu pezón, atravesar tu carne y quedarme enquistado en ti como un virus. Enciendo una vela para calmarme. Te hago una señal y me la empiezas a chupar, llenas tu garganta de náusea. El sonido acogedor de mis cojones golpeándote la cara me excita demasiado, aumento el ritmo. Pero no. no quiero correrme todavía, quiero más. Cojo una vela y deslizo gotas de cera sobre tu ombligo. Empiezo a recorrer tu cuerpo. Tú te entumeces, gritas, intentas resistirte. Te agarro las manos por detrás de la cabeza y empiezo a metértela. Cada gota de cera caliente que cae sobre tu cuerpo es acompañada por una embestida rápida y brutal. Gritas de dolor pero tus contracciones horadan mi polla. Tus pezones arden, pero te gusta el juego, tu mente transforma el dolor en placer, lubricas con mi brusquedad. Y ahí viene, gimes más y más fuerte, y por fin te inunda el orgasmo de sinapsis rotas.

Bien. Descansa un poco, mi pequeña flor destripada. Esto no ha hecho nada más que empezar.

9 comentarios:

  1. Respuestas
    1. Eso me sucede por follarme una canción con sus bragas en el bolsillo.
      Besos!

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  2. La vida empieza y termina pero es bonito hacerse ilusiones.
    Bella entrada.

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    1. Hay gente que es feliz con un televisor y un centro comercial cerca de casa. Y son mayoría.

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  3. ..."Jodida enferma"...je,je...me encanta...

    ...seguramente a contracorriente...pero que te quiten lo bailao...

    simplemente genial, como todo lo que escribes...

    Saludos

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    1. Sé bella y sé triste, y que la tormenta inmortalice el paisaje de tu rostro ;)

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  4. Que fuera de mi vida, sin tus bellas palabras en las tardes...

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