martes, 30 de abril de 2013

Capítulo 21 – Camisa De Fuerza (Ana)

Extracto del diario.

Todo se pierde, fenece. Y sé que es una perogrullada: somos mortales, excesivamente frágiles. Pero todos mantenemos un halo de farsa inmortalidad que solo se desvanece frente a la enfermedad, la decrepitud, la muerte cercana. Mientras tanto sólo nos preocupamos del dinero, la casa, el coche, el trabajo, la salida nocturna el fin de semana, las vacaciones a un lugar remoto del que presumir o en el que desaparecer. Y también, claro está, las relaciones, o su ausencia, una autentica cepa de obsesión y angustia

La familia está ahí –lo cual a veces es una desgracia-, pero, ¿la hemos elegido nosotros? No. Por eso resulta tan importante encontrar a alguien que te acepte, con el que compartir ciertas afinidades. Personas que terminan convirtiéndose en tus amigos, en tu pareja. Pero la vida es un viaje en tren con muchas paradas. Y es absurdo pensar que te van a acompañar siempre. Vamos envejeciendo. Aprendemos. La vieja química del cerebro ya no nos sorprende como antes, no nos pilla con la guardia baja: sabemos que no es duradero. Escuchas: “eres la persona más importante para mí” y sabes que es el germen del fin. No importa el lapso de tiempo transcurrido, siempre llegará la indiferencia, como despiadada antítesis del amor.

Con los grandes amigos sucede igual pero de forma más sutil, sin grandes estridencias. No es una gran bronca lo que provoca el distanciamiento, es la falta de interés por mirarse a un espejo que sólo refleja un pasado rancio en el que ya ni siquiera nos reconocemos.

Por eso todos intentamos transcender, luchar contra el desasosiego de nuestra propia insignificancia. Todos necesitamos un ancla. Las relaciones decepcionan, la fe no es algo que puedas elegir, acumular es un dislate capitalista que te deja vacío, ¿qué queda? Muchas cosas. Crear tu propia familia por ejemplo, la forma más simple de legado. O convertirte en un idealista, intentar cambiar el mundo, marcar una diferencia. Aunque lo más complicado sea estar a la altura del espejo, de nuestras convicciones en un mundo sin demasiada ética.

De todas las opciones que existen quizás sea el arte la más compleja por su solipsismo inicial. Pero también es una de las más satisfactorias. No importa el juicio de valor que el tiempo –padre de la verdad-, o los demás hagan de tu obra. La inmortalidad es simple singularidad buscando transcendencia. Lo esencial es emocionar, transmitir un paisaje emocional que haga huir a los gusanos hambrientos del cerebro embrutecido. No importa la afinidad, solo el delirio. Amo a Angélica Liddell.

Quiero olvidar la resignación que provoca el paso del tiempo y envenenar mi cuerpo con el sexo sórdido de la otredad.
¡Moloch, ven a mí, deja mi cuello exangüe de vida! ¡Haz de mi cuerpo un espectáculo de la exaltación del dolor!
Necesito ese Dolor para sentirme viva.
Huesos hundiéndose como piedras. Camisa de fuerza de carne. Quiero escapar. Llegar más adentro. Marcas de vida abriéndose al rojo oscuro. Cortar y ahogarme en mi interior.
Oh, sí…

Sin control, sin amor
escucha el mar embravecido
la posibilidad de una isla
abre tus alas
no mires atrás.

Fin Capítulo 21.

The Artifact And Living by Michael Andrews on Grooveshark