jueves, 5 de abril de 2012

Obsesión. Confesión.

A rastras entre la abulia y la simplicidad de miras, con esa manera triste de desaprovechar la vida -esa locura cosificada-, desearía tener ese éxito de hostilidad con tu coño. Sí, me gusta hablar de sexo, es más divertido que hablar de “como me ha ido el día” o “mis sueños” Mis sueños son follarte y dejarte exhausta. Que te cueste ocultar como te jode que ayer no tuviera ganas de ti.

Que aburrida es la vida, todo el mundo luchando, empujando, ¿hacia dónde? No sabría precisarlo, pero desde aquí parece una nada del color de una tarjeta de crédito caducada. Y os dais cuenta, sí, perfectamente. Pero fingís, disimuláis, señaláis al que se sale de la fila como un paría, aunque sufraguéis con su pasión vuestro vacío inconmensurable.

Escupidme a la cara vuestra incomprensión. Creo que me excita. Como a otros el amor entre especies, la visión de perros sodomizando humanos, o el puño de un niño insertado en el culo del pedófilo, ¿dónde está el límite? No lo sé.

Podría ser un creyente mirando al cielo esperando que no llueva para cargar los pasos, esa tonelada de mierda, sobre mis hombros pecadores, y ser feliz en ese momento de pecado-culpa-castigo-exoneración que rige esta puta mierda religiosa con la que nos torturan todos los años. Pero en vez de eso escupo al cielo por si es capaz de devolverme el favor y vomitar sobre esos pobres imbéciles su odio centuplicado. Sin acritud.

Mi corazón itifálico se nutre de cucarachas mientras Leonard Cohen canta su visión al mundo. La gente se pudre, demasiado pronto, demasiado tarde. Abracadabra. Esa ardilla tenía la respuesta, pero tú insistes en matarla, en fotografiar su agonía.

La escritura se colapsa, tengo ganas de masturbarme. Me la saco, roja, caliente, intensa, dura, me escupo en la palma y pienso en ti, en todas vosotras, necesito calmarme; el porno duro me aburre, todo ese mete-saca, todos esos coños depilados, pollas enormes moviéndose como si fueran maquinaria pesada en aburridas secuencias, sin apenas sorpresa, que diluyen la excitación.

Pocos entienden que lo más peligroso no es friccionar nuestros cuerpos excitados con cualquiera los fines de semana, no, las mayores depravaciones solo surgen cuando estás enamorado, cuando solo quieres satisfacer, complacer. Del poder de la sumisión, de la entrega, surge lo más excitante y hermoso. Pero el ser humano, víctima de su purgatorio particular, tiende a destruir antes que conservar. El sueño adolescente ha muerto y su recuerdo nos mutila. Piensas en Kennedy, en Japón, en ese cielo color verde apagado, como la botella de vino de tu escritorio, y destrozas esa belleza sin saber exactamente el motivo. Y luego, como retrato de nuestra época, subes las fotos al Facebook.

La poesía de la primavera... utilizas palabras excelsas de diccionario que no saben expresar porque te escuece el alma, hablas de la lluvia cuando siempre sales con paraguas, buscas el color adecuado para describir el cielo cuando nunca se ha derrumbado sobre ti. Basura, idilios con una mierda estupefacta por esa ansia de coprofagia. No soy mejor, no soy nada, pero tengo alguna cicatriz que aún gime de placer o de sufrimiento, y es el grito de su escarificación la síntesis de la que deriva la verdadera poesía.

Las mujeres, por ejemplo, no tienen término medio, o te destripan o te follan. Y los hombres buscamos una vagina prieta cuya risa sea menos vulgar de lo habitual. Cuando claudicas en eso tapas los espejos, asustado por tu metamorfosis. Tus muñones resbalan por su piel y eyaculas con rutina, quedándote dormido como un trozo de carne sin identidad.

Me he ausentado un momento, necesitaba matar a mis vecinos, un acto de piedad. Ahora el teclado esta encharcado con mi semen y su sangre, teclear es como nadar en amor. Pienso en esta ciudad, como alimenta a sus verdugos, las sombras de su juventud se deslizan tras mis cortinas mostrándome un cadáver vacío donde antes había, al menos, una posibilidad de amor. Ahora solo huele a balance, a cifra, a final. Pero solo es mi punto de vista.

La televisión mientras tanto sigue cogiendo rehenes y ahora, con mi polla recitando poesía, resulta casi romántico, como la respiración de las arandelas, ver el proselitismo que despierta. Pero un extraño residuo de miedo me impide encenderla. Miro como el cielo, ese rio de ahogados, se va tornando negro y sucio mientras la ciudad, abajo, se vuelve amarillenta, como un cuenco de leche plagado de gusanos. El gato sube por la pared y me maúlla dese las alturas, quiere mis ojos y mi amor.

Me recuerdas a Marion Silver, aunque estoy demasiado drogado para entender la similitud. La última vez que te vi tenías una rosa tatuada en la mejilla, "¿qué es la nada?" me preguntaste antes de salir de la habitación. Mis ojos desbordaban espuma enamorada, pero no intenté detenerte.
Y así suele terminar todo, un blog, internet, mi vida, tu recuerdo: con la sangre, ese esperma rojo, cubriéndolo todo, borboteando como huérfana advertencia de gestos agotados, sobre mis labios, sobre mis dedos.

Pedro Salinas no quería dejar de sentir dolor por la mujer que amaba, porque eso era lo único que le quedaba de ella. Él ya ha muerto, también esa mujer. Al final nada tiene demasiado sentido. Ya estoy borracho, echo en falta el amor, una verdad, un sentido. Pero solo tengo un teclado y la lluvia adocenada. Ella sigue allí; y yo aquí. Como decía Freddie Green: “Llega, toca, y lárgate”

También está muerto.

Kagami no Naka no Actress by Various Artists on Grooveshark