sábado, 3 de septiembre de 2011

Existencia procrastinada, Otro post más...

Empeñarse en amar a la mujer equivocada es como tener una pistola siempre cargada en la mesita de noche los domingos de resaca…o los viernes…o los sábados, porque hay resacas que duran toda la vida. Es como caer y caer, y aunque es posible que haya mujeres que intentan detenernos, lo habitual es encontrarse con las otras, las que consiguen que la caída sea mucho más rápida y en el último momento saltan. Como parar al borde del orgasmo afligido por tus sentimientos de tartamuda, la comunión con la nada dentro de sonrisas baratas y caricias ebrias que apenas dejan arañazos en el alma reflejados en un patio de luces lleno de cadáveres.

Estuve pensando toda la tarde en ella. La única solución/placebo fue animarme a ir a la típica fiesta privada y recóndita que termina con dos o tres en una habitación buscando condones por el suelo. Llamé a varios amigos pero todos tenían planes: un curso de yoga, granjas ecológicas, viajes al Tíbet, una novia, una follamiga, una esposa, una puta…bueno, este ultimo dijo de venir pero una vez cumpliese sus horarios. Al final me temo, todo se reduce a tu camello, a tu puto proveedor de drogas, endorfinas sintéticas. Saqué el escaso dinero que me quedaba del cajero e hice negocios. Las peores resacas se solucionan así, espaciando los tragos con las rayas. Matemáticas elementales de drogadicto, sobretodo intenta que no se acabe todo a la vez...

Pero la fiesta era mentira -o quizá la mentira sea yo- y me quede en casa paseando a voz en grito por habitaciones de colores. Pero mis vecinos también tienen su propia droga: dosis de amor-odio bastante ruidosas, ahora golpeo, estrello, insulto…ahora te follo; me temo que los golpes repetitivos contra mi pared devienen de la segunda. Parece que mi querido vecino esta follando con la intensidad adecuada, aunque ella gime más de la cuenta, altisonante, como si tuviera quince años y estuviera descubriendo sus músculos vaginales. Es cargante porque produce envidia... o llevan demasiado tiempo o la droga dilata mi percepción. Tanta pasión solo puede concurrir en legado o legrado. 
Subo la música, aunque así no puedo escribir nada concreto, dos personas meciéndose con la mirada, dar de comer a las palomas del psiquiátrico, correr con los cordones desatados en un cementerio, alarmas sonando en alguna parte de mi cerebro, la misma canción triste una y otra vez, comprar dos entradas de cine e ir solo, así ad infinitum...aire como chicle; hubo un tiempo en que grababa las escenas de besos de películas antiguas, había agresividad en los hombres y cierto desasimiento sumiso en las mujeres, pero en esa entrega que tardaba en llegar se vislumbraba, a través de los velos de la censura, un cunnilingus prospectivo en blanco y negro.

Pero todo decae, la danza acaba...la interior y la exterior. Me tumbo en la cama y te recuerdo, una vez más, hambrienta y distante. Y cambiaría mis ganas, mis palabras desnudas, todo el calor de mi cuerpo, todo, por una tarde más contigo bajo la lluvia...y por otra noche para desvalijar tu cuerpo sin grumos literarios, para follarte hasta que recitases mi nombre en sueños y las despedidas solo fueran parpadeos sin memoria.

Famous Blue Raincoat by Leonard Cohen on Grooveshark