martes, 22 de julio de 2014

Ni siquiera tengo ganas de buscar un concepto preñado de desafío que haya que poseer de forma violenta.

Decía Bukowski en un libro de entrevistas que he tenido que leer en inglés porque la traducción me espantaba, que le asustaba terminar el día sin haber escrito nada. El viejo indecente tenía claro que las horas muertas podían matar tu mente antes de tiempo. Yo soy incapaz de mostrar semejante pasión. Estampo la tercera cerveza contra la pared y abro la siguiente sin más planes que bostezar delante del espejo de la página en blanco. Aunque quizás sea una liturgia: necesito armarme a través del alcoholismo misántropo de cierta irrealidad para cubrir la futilidad sempiterna de cualquier acto creativo. No creo que al final del túnel encuentre algún tipo de bilateralidad o solidaridad en el arte, no creo que nada pueda maquillar las heridas de mi mente, pero bueno, quizás todo sea más fácil si soy capaz de abstraerme y verlo todo desde más lejos.

Tengo la espalda llena de escarcha y despuntes de piel rota. Mis vacaciones han tenido un halo de fracaso. La ropa interior llena de arena, la boca ahogada por la sal y la ausencia de libido. La cartera vacía y llena de charcos. En el fondo nada importa. A veces eres el mayordomo. A veces el comediante. A veces gastas más energía en lamer la piel ajena que en correr en la dirección correcta. Supongo que todos entendéis de que estoy hablando. Me esfuerzo mucho para que sea así en cada uno de los párrafos. Nótese el sarcasmo. Es difícil substraerse del público. Pero más difícil resulta no tenerlo. El demiurgo quiere ojos pero no voces. Quiere manos acariciándose por debajo de las bragas. Pero no quiere mensajes de WhatsApp de madrugada. Bueno, no divaguemos tanto todavía.


La vida sucede ahí afuera. Los palestinos son asesinados sin que nadie haga nada. Los sionistas niegan que tanto la Toráh como el Talmud prohíben al pueblo judío formar un Estado -un país propio- o forzar el fin del exilio, y han colonizado Palestina bajo el auspicio del Reino Unido y luego de EEUU. Todo gira en torno a la coacción y el asesinato. Y nadie hace nada porque a fin de cuentas les vendemos armamento, les compramos petróleo. No todo es tan sencillo, pero no puede haber equidistancia: hay demasiados muertos. Pero nadie hará nada, así es el agujero en el que vivimos.

En España se aprueba una ley electoral en Castilla La Mancha que damnifica a los partidos pequeños, el pucherazo es tan brutal que se podría dar el absurdo de que el PP sea la segunda fuerza en número de votos, pero consiga una mayoría absoluta en escaños incluso si logra apenas el 35% de las papeletas. Es la primera vez en la historia democrática española que un estatuto autonómico se cambia unilateralmente y sin consenso, solo con los votos del PP. Y esto es solo una prueba: si nadie hace nada y no provoca un gran escándalo lo llevarán al resto de comunidades, o como mínimo aprobarán que no haya coaliciones y que solo los que obtengan más votos puedan conseguir la alcaldía. Si no puedes ganar cambia las reglas. Pucherazo preventivo. Quedan diez meses para las elecciones municipales y hay mucho miedo a Podemos. Así funciona España.

Hoy se conoce la noticia de que después de recurrir a ayudas públicas -más de 13.000 millones de euros-, Catalunya Banc ha sido adquirida por BBVA por solo 1.187 millones. La cifra oscila entre los 11.500 y los 12.000 millones de euros que regalamos a los mismos bancos que desahucian a las familias de sus casas. La cifra es equivalente a los recortes del Gobierno en educación, sanidad y dependencia, según consta en el Programa Nacional de Reformas remitido a Bruselas.

Pero a pesar de que la realidad es nauseabunda tenemos la obligación de informarnos, de usar el voto útil, de ir a las barricadas, de saber que sucede. No podemos estar ajenos a los errores de nuestra época.

A las barricadas by Los Muertos de Cristo on Grooveshark

domingo, 13 de julio de 2014

Nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas…

El verano es un sopor de rejas de lana
Como una golondrina sin sombrero
Incapaz de volar.

El mendigo de mi barrio
Siempre me señala con su dedo tuerto
Y me grita: “En mi derrota mando yo
Como si los demás solo fuéramos
Expertos en taxidermia
El decorado de corcho y alfileres
De su poesía

Tiene razón el viejo sabio
No todos pueden adorar las pelusas
De sus bolsillos rotos
Como si fueran reinas destronadas
Por eso le doy unas monedas:
"A esta ronda invito yo" le digo
El cabrón se ríe y me guiña un ojo
Agarra las monedas con sus manos negras
Y se aleja rumbo al supermercado

Las calles gritan
Y nadie parece darse cuenta de ello.

***

Cuando la primera luz de realidad
Muestra la nieve de tu balcón suicida
Ya es demasiado tarde
Para embalar mi corazón
Qué culpa tengo yo si desde tan cerca
El mosaico de tus sábanas
Parece siempre perfecto…

No importa si eres una niña
Obsesionada con la oscuridad
Quiero arrodillarme ante tu plumaje azul
Y lamer todas tus fronteras de viento

Siempre fuimos buenos conspirando irrealidades
Déjame saber que sucede cuando follan
Un callejón sin salida
Y un laberinto sin vocación

No permitas que el tiempo
Con sus semáforos en rojo
Nos mate de cansancio
Tu piel huele a revolución
Y a goma quemada
Sal de tu baúl de tormentas

Vive.

Papel Secante by Extremoduro on Grooveshark

miércoles, 9 de julio de 2014

El alcohol es como el amor. El primer beso es mágico, el segundo es íntimo, el tercero es rutina. Después desnudas a la chica.

Los siguientes escritores fueron alcohólicos: William Burroughs. Malcolm Lowry. Truman Capote. Cinco Premios Nobel americanos: Sinclair Lewis, Eugene O’Neill, William Faulkner, Ernest Hemingway y John Steinbeck. Jack London. F. S. Fitzgerald. Thomas Wolfe. Dashiell Hammett. Tennessee Williams. Raymond Chandler. Carson McCullers. John Cheever. Truman Capote. Raymond Carver. Robert Lowell. Li Po. Dostoievski. Graham Greene. Allen Ginsberg. Marguerite Duras. Jack Kerouac. Edgar Allan Poe. Joseph Roth. Dylan Thomas. Hunter S. Thompson. Anne Sexton. Arthur Rimbaud. Ray Bradbury. John O'Brien. James Joyce. Samuel Beckett. Baudelaire. Verlaine. Thomas de Quincey. Lope de Vega. Francisco de Quevedo. Y por supuesto: Charles Bukowski, el cual decía: " Beber es algo emocional. Te sacude frente a la estandarización de la vida de todos los días, te lleva fuera de eso que es lo mismo siempre. Tira de tu cuerpo y de tu mente y los arroja contra la pared. Tengo la impresión de que beber es una forma del suicido en la que se te permite regresar a la vida y comenzar de nuevo al día siguiente. Es como matarte a ti mismo y después renacer. Creo que he vivido diez o quince mil vidas ahora”

La lista es muchísimo más larga, pero he preferido poner sólo a los que he leído y me gustan. Es evidente que hay una relación entre la escritura y el alcohol. Hemingway con su famosa frase: “Escribe borracho, corrige sobrio” veía en el alcohol una manera de expandir el material artístico del artista dándole una libertad creativa nueva y sin limitaciones. Los motivos son muy claro: escribir requiere imaginación, confianza en uno mismo, concentración y grandes dosis de exhibicionismo. El alcohol te ayuda en todo eso: las primeras horas te hace más sociable, despierta cierto delirio amable, desinhibe progresivamente tu mente y te relaja.

Con esta entrada no pretendo hacer apología del alcoholismo. El alcoholismo es una lacra que puede echar a perder el cerebro de un genio. Pero tampoco seamos hipócritas: hay muchos canceres para el alma. Y con esto no digo que haya que elegir el menos malo. Pero peor sería para mí creer en Dios –que es parecido a regalar tu cerebro-, o ser un votante del PP –que es lo más parecido a no tener cerebro. El alcohol es legal. El alcoholismo social es aceptado sin cortapisas. Y es lento, te consume muy despacio, puede llevarte décadas alcanzar la mente de un forofo del fútbol. En el fondo es una forma de ser coherente: no estás satisfecho con la realidad que te rodea, no tienes cojones para cambiarla, te gustaría quitarte de en medio pero no demasiado rápido. Adelante pues. Vamos allá. Ir en dirección contraria a lo marcado, sabotearte, puede abrir nuevas vías. Y delante del teclado también.

El problema es que la gente lo entiende al revés. Lee a Bukowski y dice: “Ok, lo que tengo que hacer es beber mucho, follar con putas y luego escribirlo” No. No funciona así. Lo que tienes que hacer es tener la necesidad de escribir lo que sucede a tu alrededor porque la náusea es demasiado poderosa. Lo que tienes que hacer es intentar vivir de forma diferente para escribir de forma diferente. El hecho de que fuera alcohólico era anterior, otra capa de certeza. A mí me gustaba beber con quince años. Ahora tengo treinta y cinco y sigo bebiendo. Bebo cuando escribo. Bebo cuando escucho música. Bebo cuando macero mi sensibilidad con la pornografía más brutal. Es cuestión de mezclar placeres y ver qué sucede. Beber ayuda en esos primeros treinta minutos en los que tanto cuesta enfrentarse al teclado. Desinhibe y te hace olvidar las grandes preguntas. Porque el primer problema que tiene alguien que quiere encontrar la verdad -su verdad- escribiendo no es la indolencia o la falta de ideas, lo peor es la FUTILIDAD del acto en sí. Porque, ¿para qué sirve cualquier cosa que hagas? Para nada. Somos polvo de estrellas con forma de mierda. La inmortalidad no existe. Naces. Comes. Cagas. Trabajas. Follas. Te reproduces. Y mueres. Y durante el proceso esa singularidad de conciencia, ese poso de transcendencia que te ha sido concedido, va poco a poco perdiendo su brillo y su dignidad. O quizás no. Quizás exista la reencarnación. Pero no creo en ello. No creo en nada. Ni siquiera creo en mí mismo. ¿Veis? A esto me refería con el exhibicionismo del borracho.

De todas formas sigo pensando que es más digna la ventana iluminada de madrugada del borracho disciplinado que intenta evadirse en esa guerra sin cesar con el teclado, que el fanático del fútbol que llora por Brasil y su equipo de mierda. Que todos esos mal llamados ciudadanos a los cuales no les interesan la política y no salen de sus casas para votar. Odio la estupidez humana. Todo se reduce a trabajar. Sacrificios. Tiempo muerto. Matan tu tiempo allá afuera. Una hora tras otra. Y al final quedas reducido a una pulpa sin alma. A la otredad de un número. El neoliberalismo mata a gente todos los días en nuestro país, acostumbra a los niños a la malnutrición. Pero la gente sigue cogiendo el metro para ir a su trabajo sin quejas, su tiempo vendido a los hombres grises. El miedo lo domina todo. Por eso el alcoholismo de tres días a la semana, de beber hoy hasta que amanezca porque mañana no trabajo me despierta cierta condescendencia afín. Ama, ama y ensancha el alma. El arte es el único salvador del ser humano. Mi sangre es vino. Y soy el héroe de mi propia mierda.

Ama, ama, ama y ensancha el alma by Extremoduro on Grooveshark

Divagaciones sobre escribir todos los días.

Hablaba tangencialmente en la anterior entrada sobre escribir todos los días. Escribir es vivir dos veces y corregir algunos matices. Desmenuzar. Un puzzle de palabras con demasiadas soluciones en la que naufragas sin ni siquiera conocer las fronteras. Hay que pagar un tributo para poder disfrutarlo. La primera media hora es horrible. No sabes de qué escribir. No sabes cómo. Y tu cerebro conspira para que abandones. El ser humano es indolente por naturaleza, su inercia es embrutecerse. Quizás es una forma de sobrevivir, los suicidas piensan demasiado. No lo sé. El caso es que escribir todos los días allana el camino. Crea una rutina. Una pauta. Y eso está bien. Interiorizar las reglas de ortografía y gramática. Que la musa se baje las bragas mientras estás delante del monitor. Obsesionarte un poquito. El talento lo único que indica es la rapidez con la que mejoras. Pero no puedes mejorar sin tragar un poco de bilis antes.

También depende de tus aspiraciones. Si quieres ser escritor, si participas en esas fastuosas Jam Sessions de poesía en Madrid, las redes sociales son un escaparate de tu obra, te editas tus propios libros, o mejor, editoriales underground sacan pequeñas tiradas de tu libro, pues sí, adelante, todo el mundo merece un par de groupies que se solidaricen con tus cuitas. El problema de fondo es un listón de calidad muy bajo. Que conste que lo digo como LECTOR. He comprado muchos libros a través de esas pequeñas editoriales, y aunque es cierto que he disfrutado de obras muy originales, de un estilo de poesía –prosa poética mejor dicho-, que pensaba que no existía en España, que hay algunos narradores formidables que veneran el realismo sucio, al final la impresión no ha sido del todo satisfactoria.

Es demasiado fácil publicar. A veces da la sensación de que necesitan llenar su catálogo con cualquier autor novel que se conforme con ciento cincuenta ejemplares en su primera edición. A veces, salvando las distancias, me recuerda a los blogs: encuentras varios que tienen un toque diferente, sus autores escriben de forma visceral, abrasiva, diferente, tienen estilo propio y se defienden muy bien. Otros son tan autobiográficos que tienes ganas de salir a buscarlos e invitarles a una cerveza. Con el tiempo de todos ellos te quedas con dos o tres. El impulso de escribir, del desamor, la efímera inspiración deja todo desértico. Naturalmente todos los demás son basura. Viva la libertad de expresión, pero nunca podrás escribir nada que merezca la pena. Así es el mercado editorial. Te puedes encariñar con dos o tres artistas, pero, ¿dónde está el talento? Conste que todo lo que acabo de escribir vale para muchas de las novedades que se ven en las estanterías del Corte Inglés.

Me desvío del tema. En casos así, sí, escribe todos los días, publica, sigue adelante. Pero lo más importante es que leas. Lee mucho. Cosas de todo tipo, desde ensayos, poesía, novela decimonónica, autores rusos, franceses, alemanes… todo. Si alguien que tiene ínfulas de escritor afirma que no tiene tiempo para leer a los demás, eliminadlo: es imposible que escriba nada decente. Recuerdo que una vez tuve una relación tumultuosa con una filóloga de polvo mediocre. En algún momento me animó a escribir algo juntos, pero la contesté que no me sentiría preparado hasta que no hubiera leído mil libros. Si alguien considera que es una cifra excesiva, pues lo mismo: sigue con tu blog, pero por favor, no contribuyas al mar de mierda editorial. Leer y escribir son la misma cosa. Si no amas una no puedes hacer la otra.

Naturalmente todo esto no tiene sentido si ya tienes vocación, si prefieres quedarte los sábados por la noche escribiendo antes que salir de botellón con tus amigos. Si cuando te está abandonado la zorrita elitista de turno en tu fuero interno estás buscando las palabras adecuadas para describir el sentimiento de pérdida. Si te encantan los diarios personales. Si querías ser escritor antes de los veinte. Emborracharte como Bukowski. Hacer el camino como Kerouac. Hacerte esclavista como Rimbaud… bueno, quizás esto no.

En cualquier caso sí, las ventajas son claras. Pero yo no lo hago. Y me gustaría explicar el motivo. No es sólo por pura indolencia. No es sólo porque no tenga ambición, ni vocación, ni inspiración todos los días. No es sólo porque, a fin de cuentas, me resulte el esfuerzo fútil y absurdo. Es por algo más sutil. Yo creo que hay una relación entre el sexo y la escritura: estás cachondo, quieres echar un polvo, esperas al fin de semana, conoces a una virgen vestal, la apabullas y finalmente llega el fornicio. Hay imaginación, trazos a lo Van Gogh en la forma de tocarla, de usarla, de tomarla. Y finalmente el cenit con un hermoso corazón de semen en su cara. Si echarás otro a la media hora, o al día siguiente, sería diferente. No habría la misma pasión. Habría ciertas repeticiones, la espontaneidad desaparecería. Empezaría a notarse el ejercicio gimnástico de fondo. No siempre, puedes haber sufrido una carestía de sexo y quieres aprovechar. Pero necesitas algunos días de descanso para volver al polvo épico. Con la escritura sucede lo mismo. Si eres un buen escritor, si realmente vuelcas tu vómito y te dejas llevar, al acabar el texto estás agotado. Las metáforas te han consumido. La obsesión por buscar las palabras adecuadas, el final, la música, todo hace que te sientas alegre pero vacío. Necesitas recargarte. Necesitas vivir. Recoger experiencias. Leer algo. Alejarte. Puedes escribir más cosas. Recordar viejas experiencias. Pero ya no será igual, hay que empujar, hay que sangrar, hay que escribir de pie. Hay que corregir. El vómito se provoca y tarda en llegar. No es tan divertido. Y si no te diviertes, ¿para qué coño acaricias el teclado?

Dejemos la impostura y las demostraciones de talento artificial para las actrices porno.

Deltoya by Extremoduro on Grooveshark