martes, 15 de octubre de 2013

Viaje al fin de la noche.

Auschwitz. Así es la sensación cuando cruzo las puertas de mi oficina. Trabajo adocenante. Embrutecedor. Alienante. Inútil. Como única compañía los demás esclavos, muriendo lentamente sin apenas darse cuenta. Y a pesar de mi clarividencia resulta mucho más insalubre el hedor de mi indolencia. Esperando el paro, la putrefacción, la locura.

También me siento culpable por escribir de forma abstrusa y pomposa. Pero a fin de cuentas sin la opción de comentarios estoy solo. El teclado como vertedero de indiscreciones personales sin necesidad de explicaciones e idioteces. Oh, blogger, ¿qué te está sucediendo, por qué nadie quiere ayudarte a morir con dignidad? Desde aquí se escuchan tus estertores. Y sin embargo no hay mártires: sólo putas y advenedizos. Y ahora ni siquiera eso.

Busco taponar la herida, el dolor, pero sólo encuentro fea desnudez. El camión de la basura sucede en la calle. La botella fiel espera en el cajón de los calcetines sucios. La música es una resaca concéntrica que dura desde el jueves. Cierro los ojos. Sensación de estación abandonada. Pero siempre el humor de comediante. De bufón con ínfulas. Brindando por Dylan Thomas que murió después de dieciocho vasos de whisky. Por John Bonhain, que firmó cuarenta copas de vodka antes de. Somos hermosos monstruos vomitando relojes y cerillas de ruido índigo. Monstruos que ríen al observar de cerca sus venas de pólvora mojada.

Estás viva. Estás loca. Eres hermosa. Y también un fino espejo de cuchillas y peonías blancas. Me arrodillo junto a tu virtud atea. Sería perfecto si no escondieras tu mundo entre el corte y la cicatriz. Pero no hay sorpresas en el túnel. Palpo tu oscuridad buscando oquedades de mimbre y sólo encuentro herrumbre y silencio. A fin de cuentas el amor es un juego de distracción. Un trono púrpura de sudor y violencia donde siempre apostamos al caballo equivocado. Una reja de jardín. Arañas enroscándose en tu boca. Penetración. Posesión ilusoria. Simples agujeros. Envoltorios de caramelo con sabor a rictus genital.

Y cuando se haya secado lo mejor de mí en tu interior, cuando la guerra haya terminado y sólo queden rescoldos de tiempo aniquilado, arrójame también al camión de la basura. Ahí afuera sólo hay ojos de estiércol, no estropees tu belleza con un pensamiento decadente.

Touched by VAST on Grooveshark Melkaba by Yasunori Mitsuda & Millennial Fair on Grooveshark

miércoles, 9 de octubre de 2013

El universo cabe en un dedal de ruidosas embestidas.

No tengo fotografías pero sí muchas botellas vacías bloqueándome la salida. La bebida sigue siendo el atajo, un sueño dirigido, pequeña tregua de realidad. Apenas se escribe de todo lo que sucede cuando las palabras se quedan dormidas en el cielo de la boca; quizás mueren convertidas en suspiros oximorónicos de cierta crueldad noctívaga y solitaria. Dejemos pues que el eunuco siga coleccionando pornografía. Mis luciérnagas bailan bajo mi piel, tijeras que abren surcos de memoria sin mi permiso.  

Idolatrarte. Despreciarte. Amarte. Odiarte.
Soñarte. Olvidarte. Tatuarte. Quemarte.
Necesitarte. Abandonarte. Arroparte. Azotarte.
Reivindicarte. Negarte. Respirarte. Devorarte.
Poblarte. Parasitarte. Evocarte. Atormentarte.
Follarte. Follarte. Follarte. Follarte.
Follarte. Follarte.
Follarte…

Aunque necesitamos algo transcendente e imposible, no solo la necesidad física desubicada, tendemos a desflorar la nada que nos separa con cierto masoquismo emocional. Desnudez congestionada de sentimientos. Impostura. Excepción. Besos histéricos que esconden amor con ojeras de muerte. Ofréceme tu culo mientras besas mi voz. Carne y dolor golpeando la pared. Abrir tu soledad en canal. Follarte la boca. Acariciar tu cuerpo como un conquistador. Inmolar nuestros sueños. Huir colonizado. Ya es tarde para heroicidades: no me dejaste un jardín de flores de semen, era tu corazón de mermelada derramándose de su jaula de huesos.

Las palabras deshilachan conceptos pero no penetran. Son besos helados sin vocación. Persianas bajadas. Pájaros muertos fornicando detrás de mis ojos. Demasiadas cicatrices para enamorarse. Cortejando un espejismo. Morder con saña cada instante y sólo conseguir horas viudas. Dibujemos en nuestra caída el idioma secreto del viento, lubriquemos una tempestad de silencio que sea cómplice de nuestra necesidad.

Miles de ojos de sangre en el suelo, balas con forma de corazón. Somos las flores desnudas del paredón.

Just a Car Crash Away by Marilyn Manson on Grooveshark

martes, 8 de octubre de 2013

Natural Transgresión.

Beber solo es igual que masturbarse, un placer efímero y triste por definición. Una forma de lento suicidio. Luego resucitas entre la cegadora realidad y la resaca depresiva. Cartas en el suelo. Las montañas ríen a lo lejos. Pasos en el comedor. Cubitos de hielo que parpadean mientras intentas barrer la oscuridad. Putas con ojos de hojaldre. Trincheras de fina piel inservibles frente a los pensamientos del ciempiés enamorado. La sed arroja oasis apóstatas, ¿quieres morir amando al leproso?

Nieve cayendo como único y hermoso adagio entre la hierba desafinada. Tus bragas negras en el suelo. Cuerpo ajeno convertido en ovillo entre arañas y astillas de palabras rotas. Barbecho de sentimientos. Sonrisa improvisada. La Muerte frotándose las manos. Las manos se hunden en la boca. El silencio entre nosotros es una orgia de heridas sin orgasmo, ¿quedan balas en la ruleta?

A veces el dolor es un coro de musas heridas escupiendo tinta de sangre sobre el párrafo. Todo es inercia. Deseo cubierto de lencería. Inefable levedad del cuchillo ante la atalaya de besos y raíces. Te aprieto el cuello. Muerdes la almohada, niña desinhibida. Tus pies acarician mis mejillas. Te abro brutalmente y con cariño. Arabescos de saliva. El corazón es un cazador solitario. Un barco en miniatura atrapado en una brújula oxidada, ¿somos moscas atrapadas en la red de las expectativas?

Dudar entre la nada y la náusea de una rayuela cubierta por la niebla de lo eventual. Y tu coño, al final, como único lugar real que conozco.

Hell Freezes Over I by Gazpacho on Grooveshark

miércoles, 2 de octubre de 2013

Labios azules.

Hachís. A veces el humo es un muro. A veces el sentido de la vida se reduce a chutes químicos, como follar con gente desalmada que sabe cosificarte con honestidad. Mañana tendré que levantarme a las seis y media para ir al trabajo, sin embargo estoy aquí, mirando la página en blanco, intentando rastrear, fijar la palabra. Pero quizás el cincel es incapaz de sonsacar nada del bloque de mármol, quizás la posibilidad sólo existe en el ojo de la araña. Pero los decadentes tendemos más al ridículo que a la coherencia.

Podría quejarme de ciertas imposiciones de la vida real, pero al final este juego se reduce a tu constancia, a tus decisiones y fuerza vital; sino te agrada tu trabajo busca otro, prepárate, estudia un idioma, échale cojones. Naturalmente hay vidas entrampadas en las cuales la gestión se reduce a simple supervivencia. Pero siempre hay un hálito de libertad, siempre puedes esforzarte por ver el lado positivo de las cosas, aprovechar esa hora que te queda al final del día para preservar un poco de lucidez mental ante el matadero.

Por tanto no hay náusea en el texto, sólo la botella de vino barata, y algo fría, de tu ausencia. Me imagino la nostalgia como una puta que se cuela en la fiesta del presente, con su maquillaje excesivo, dejando aquí y allá marcas de su desnudez. Y todo, ¿para qué? Prefiero el lenguaje mudo de sordidez cuando te pongo pinzas en los pezones y te explico que el amor es dolor, cuando intento astillar tu piel, tu jaula. Cuando te corres y piensas que, a fin de cuentas, el otoño siempre podrá consolarte con la belleza de su juego infantil de hojarasca.

Volviendo al presente he de confesar que tengo un fantasma en casa. Joven vestal de túnica blanca. Aparece de pronto y siento como sus ojos azules forman sombras chinescas de amor sobre mi piel. Nunca me ha hablado. Cuando he intentado tocarla mi mano ha atravesado su cuerpo traslucido. Es enloquecedor. Frustrante. Sin embargo la necesito. Despierta ternura en mí, como si volviera al verano de mis quince años, invencible, ajeno a las derrotas que vendrán, una brisa suave jugando con su falda, el tiempo amigo mudo de algo que siempre creeré perfecto.

Otras veces necesito poseerla. Sin preliminares, ejercito invasor que domina su languidez, su abandono, naufragando en su interior con un par de dedos, acariciando su rictus lívido, penetrándola contra la pared con lenta brusquedad, abriendo las muescas de su carne. Mis dedos de saliva en su boca, defensas caídas, entregada… ¿pero a qué, a quién, por qué? No. Mejor así. Sin decepciones. Sin sueños cogiendo polvo debajo de la piel.

Pero lo que nunca sabré es que a veces
cuando estoy dormido
se acuesta conmigo
en la lado frío de la cama
y ahuyenta los monstruos de mi sueño
con sus labios azules.

Just a Car Crash Away by Marilyn Manson on Grooveshark