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miércoles, 31 de julio de 2013

Uno de mis secretos tropieza y cae sobre el Poema. Una fea herida. Cuando se incorpora me mira con tristeza y vuelve a esconderse de nuevo detrás del espejo.

A veces no se trata de Amor
-coquetería decapitada-
sólo de saber elegir el disfraz adecuado
-¿hombre de nieve en el desierto?-
que maquille el accidente.

Otras veces la golosina ladra
y me quedo solo
observando la luna como si fuera una ventana
y mis canas suspiran, ¿es más importante la Mascara o el Fuego?
-¿o quizás son la misma cosa?-
Y el Hambre de ti crece entre líneas de fuga
donde también guardo algunas de esas sonrisas vulnerables
que nunca me atrevo a mostrar.

Anzuelos de vida, así son las cosas:
el Dolor es la sombra de la Herida
el Placer es un templo de Carne
el Amor es una manzana roja sin Serpiente.

Qué importa si eres Espejo
si humillas a la Trascendencia cuando te desnudas
si ya sufro una sequía de Contexto en tu ausencia
si tus piernas -hermosas criaturas cinceladas en Belleza-
provocan guerras, convierten cualquier puente de Lucidez en ceniza blanca.

Que importa si eres Muerte
si tu piel de crucigrama forma figuras de helecho con sus lunares
si has domesticado la Ternura
si trazas con compás el círculo perfecto de un abrazo
que sólo el Silencio –ese bosque de Tacones sin dueño- puede reconocer.

Qué importa, reitero, que seas Brújula Rota
si ya me he enamorado
de nuestro Error.

¿Hay aplausos?

Amañemos la Lógica y el Desaire
no quiero negociar el Equilibrio
sólo quiero que beses los ojos heridos de mi piel.

(…)

Sin embargo el tiempo sucede…
y no podemos obviar la triste ausencia de Magia
que nos ha convertido en barcos de alas mutiladas
en mapas de lugares que ya no existen.

Nuestra despedida se convierte en una guerra de ametralladoras
intentando cubrir con ruido nuestra evidente vulgaridad.

Y cuando me abandonas con el eco del último portazo
contemplo angustiado como mi Amor baila con sonrisa desquiciada
entre cuchillas de tristeza.

Y en ese momento sé sin ninguna duda
que ya no podré hacer nada para evitar
que se transforme en algo mezquino y monstruoso...
…como .

El Equilibrio Es Imposible (Con Santi Balmes) by Iván Ferreiro on Grooveshark

miércoles, 20 de abril de 2011

El poema es el juguete roto de unos niños que ya se han hecho mayores. Es el momento de gloria del loco. Un chupete con forma de garfio.

No quiero apostarlo todo a dos rodillas con hoyuelos -vive con ella tres meses y aprende a sufrir-, prefiero el amor fiel de esta habitación. Soy una flor destripada a solas con los dioses.

Los párrafos que merecen la pena huyen –putos insurrectos-, prefieren buscar un lugar donde sean mejor apreciados. Como vender rosas bajo la lluvia, dibujo tu perfume francés con mis dedos, bosquejos de putas, locos predestinados, esos labios desollados marcando a dentelladas las invisibles corrientes que conectan nuestros cuerpos.

Suena una sirena en mitad de la noche –hay sonidos que te pueden volver loco-, tumbado en esta moqueta rancia, del color de infames jornadas de trabajo con resaca, la resolución se pierde entre la ropa sucia. Esnifo Jesucristo en polvo. La música nunca es inocente. Como un chiste pretencioso sobre Baudelaire del romántico tuberculoso que acompaña a Hans Castorp en los montes suizos

Cuerpos estriados jadeando tras las persianas, entrañables adictos. Oigo voces y no les gustas. Súbete el vestido, pervierte mis sentidos una vez más. Tu pintalabios rojo -como la locura aceptada de antemano-, recrea una sonrisa deslucida, rosas ajadas prematuramente, eres como una tienda de empeño abierta por falta de fe.

¿Cuándo…?
¿Cuándo terminará…?

Aquí sentado sin remediar la situación, esperando, como una mosca en la tela, buscando esas palabras que te humedezcan, ese escalofrío en tu espalda, sobrevolar ese desprecio edulcorado, esperando tu llamada de auxilio. El infierno trepa por la ventana e insiste en brindar conmigo. Todo deriva a este cadalso de mercurio. Ahora te estará follando otro, evoco la escena sin clemencia, y me dejo caer en un sueño donde ángeles sin alas -espaldas ensangrentadas- se mueven en sillas de ruedas. Escritores estreñidos miran frustrados la cola de lectores pidiendo su ración de mierda fresca. No, mi querida ramera, cuando vuelvas no mentiré, tu vida ha sido un desperdicio, tu único talento es hacerme sufrir.

Escrutinio ante la exhibición. Las mujeres, seres infinitos, caminando por los tejados de mi memoria, dejando instantes de gloria, de angustia. Acompañadas de hombres que, en el mejor de los casos, tienen el alma muerta y una incapacidad innata para comprenderlas.

Ahogando su propio brillo en una elección barata, terminan llorando, obsesionadas con la nada, llenas de miedo, de ansiedad, de frustración, buscando culpables entre las paredes de su cuarto incapaces de entender.
Y me pregunto:

¿Por qué?
                         ¿Por qué?
                                                        ¿Por qué?
         ¿Por qué?
                                        ¿Por qué?

No estoy resentido, sólo decepcionado. Atrapado en callejones sin salida emocionales. No tardará en aparecer, lo noto creciendo en mi interior…

Cada día un detalle más que se añade con saña. Rehúyo mi reflejo, buceo en la oscuridad viscosa de mi interior, apenas percibo ya el abismo entre palabras y sentimientos. Sonrío ajeno a esas confidencias de renuncias donde la dignidad apenas se menciona. Comer no es tan importante. Dejo de participar, no va conmigo, me rendí hace años, dos veces, pero el juego continuaba sin mi permiso.

Por fin aparece todo el dolor, la nausea, la tristeza, ese grito sordo que nace de las entrañas, cobra forma de bestia y me atrapa de madrugada. Estoy solo, no hay voces que me acompañen esta vez. Se arrastra por el linóleo de la cocina con mirada lasciva, me sabe suyo, disfruta del momento. Mirarle a los ojos es un cementerio de locura y miedo, de decadencia insoslayable. Me ataca, arrancando, masticando, consumiendo partes de mí que antes creía importantes y luego se va gruñendo de satisfacción.

Ellas me encuentran al amanecer, todavía me retuerzo de dolor. Me escupen palabras, me llaman cobarde. Pero no importa, sus rostros se me antojan muros pero ya no tengo necesidad de escalarlos, el lobo estepario ya no tiene miedo a la navaja.

Rimbaud dejó de escribir entre ajenjo y hachís, le amputaron la pierna, murió, como mueren todos. Pensaba en esto en mi sueño, contra el muro, con esos mosquetes apuntando hacía mí. Desprecié la venda, calor, polvo, orín de rata rodeándolo todo. Estaba contento, casi exultante, la muerte sin guadaña me esperaba. Era cuestión de segundos, sin tiempo para más. Clarinetes oxidados, marcha fúnebre epistolar.

-Apuntad bien cabrones –grité. Sonreía. Un final perfecto.

On My Shoulders by The Dø on Grooveshark