lunes, 22 de mayo de 2017

Salvar al soldado Sánchez (II)

He de reconocer que tengo cierta debilidad por Pedro Sánchez, por estas historias de David contra Goliat, por esas personas que, de un modo u otro, con un baraka indescifrable consiguen salirse del guion trazado, del lugar que los demás les han asignado. Hace ya varios días que quería escribir algo sobre él, aportar mi granito de arena, analizar el debate del pasado lunes, los resultados de los avales, indicar que había mucho voto oculto, que la militancia estaba muy harta, que, a fin de cuentas, cuando Pedro Sánchez dijo aquello de echarse a la carretera, horas después del golpe palaciego, todos sabíamos que resultaría muy difícil, casi imposible, que no tenía dinero, que la gestora alargaría los plazos todo lo que pudiera –ocho meses-, y que su figura se iría desvaneciendo poco a poco; pero sin embargo, con mucho esfuerzo y un crowdfunding que intentaron boicotearle, consiguió que su mensaje calase entre la militancia, que aquel mantra tan simple pero efectivo “no es no” empezará a movilizar el descontento. Ha demostrado que los barones, con su nepotismo rancio, estaban desconectados de la realidad de su militancia.

Como decía, ahora es fácil argüir que había elementos de juicio para pensar que Pedro tenía posibilidades, sobre todo después de los avales, pero pocos creían que pudiera conseguirlo y además con tanta diferencia. Pero es que su carrera política está llena de resurrecciones, en 2003, iba en el puesto 23 de la lista del PSOE al Ayuntamiento de Madrid, y el PSOE consiguió 21 escaños… pero en 2004 dos concejales salieron y Sánchez no solo se convirtió en edil, sino en uno de los puntales de la entonces jefa municipal socialista, Trinidad Jiménez. En las elecciones generales de 2008, Sánchez ocupaba el puesto 21 de la lista socialista al Congreso de los Diputados. El PSOE sacó 15 escaños… hasta que en 2009 se había movido tanto la lista con nombramientos del Gobierno de Zapatero que Sánchez no solo entró en el Congreso, sino que incluso era elegido por los periodistas como diputado revelación del 2010. En las elecciones generales de 2011, iba el undécimo en la lista socialista por Madrid al Congreso. El PSOE sacó 10 asientos, y Sánchez se volvió a la universidad y se dedicó a preparar su doctorado… hasta que en 2013 se corrió de nuevo la lista y volvió de diputado al Congreso y a tener un papel relevante en la conferencia política con la que ese otoño el PSOE intentó reinventarse con el empuje y el freno de Rubalcaba.

En 2014 iba a ser arrasado por Eduardo Madina en la votación directa entre los militantes socialistas para elegir a su secretario general… pero no, fue él quien arrasó. El 20 de diciembre del 2015, con los pobres resultados electorales del PSOE humeantes, Susana Díaz y algunos otros barones socialistas lo iban a matar, pero no, sobrevivió. El Comité Federal socialista de enero también parecía que iba a matarlo, pero tampoco. Pablo Iglesias y su sonrisa del destino lo iban a matar por ahogamiento, tomándolo como presidente del Gobierno cautivo y desarmado… pero tampoco.

            Ahora se enfrentaba a los barones, contra la gestora, contra la mayoría de los medios de comunicación incluida La Sexta (boicot a Ferreras, es un fraude), contra Cebrián, la Banca, Zapatero, Felipe, contra una Susana Díaz crecida que pretendía imponerse sin presentar ni siquiera un proyecto propio, sin programa, creyéndose su propia propaganda, subestimando a afiliados y sobre todo a Pedro. Y ahora resulta que la candidata del “PSOE ganador” ha sido incapaz de vencer en su propio partido. Solo se impone en su propia federación, Andalucía, pierde en todas las demás y en la gran mayoría de las agrupaciones ha conseguido un resultado inferior incluso al número de avales que presentó con su nombre; un indicador bastante claro de hasta qué punto presionó a su favor el aparato. ¿El lugar donde más voto oculto había para Pedro Sánchez respecto a los avales? Es fácil de imaginar: en Andalucía.

            ¿Qué toca ser ahora, Pedro El sabio, o Pedro El vengador? ¿El que aglutine y unifique al partido, o el que empiece dentro de un mes la purga merecida? Sea como sea España vuelve a tener una oportunidad de que la izquierda se una en un objetivo claro: expulsar al Partido Popular de La Moncloa. Ya el tiempo nos desvelará si las ambiciones de unos y otros se vuelven contraproducentes con ese proyecto común.

PD: Interesante artículo de Arsenio Escolar: "El error Susana".