martes, 1 de marzo de 2016

Venceréis, pero no convenceréis.

Todos los días, nada más levantarme, caliento agua en la tetera, pongo dos cucharas de té negro a granel y me siento delante del ordenador a leer los periódicos digitales -la televisión para informarse hace años que no sirve. Siempre me sorprende el grado de ineptitud y manipulación burda que muestran nuestros queridos políticos en cada una de sus ruedas de prensa o declaraciones. Lo cual desgraciadamente es un reflejo de la pereza mental de sus votantes.

Cada día suceden cosas, estamos en una época interesante. Se quejaban muchos de la aptitud prepotente de Pablo iglesias pidiendo cargos y sillones pero no veo a demasiados quejándose ahora por el acuerdo del PSOE con Ciudadanos mientras ninguneaba a Podemos en otra sala. Ni por el copia y pega que les ha enviado después. Ni por la pregunta genérica y absurda que ha hecho a las bases socialistas; el acuerdo ya está firmado, no tomes el pelo a la gente. Y así todo: un paripé. Ahora la investidura en diferido. Ahora un nuevo intento de Gran Coalición. Presión a Podemos con la falacia de que no dar un cheque en blanco es apoyar a Rajoy, etcétera, etcétera.

Después de esta investidura fallida, en la cual Pedro Sánchez Ruiz ya debería de venir llorado de casa, se nos presentan para los siguientes dos meses dos conclusiones lógicas: por un lado los conspiranoicos dicen que está ya todo trazado. El Ibex35 y Bruselas ya han presionado para que Rajoy se abstenga y otro candidato –se habla incluso de Rivera- tome el mando de una gran Coalición. Todo vale con tal de que Podemos no toque poder. Hay mucho miedo al respecto, para saber el motivo solo hace falta mirar a Madrid y Valencia, todo la mierda que está saliendo a la luz desde el cambio de gobierno. Y para ello se va a desarrollar ante la ciudadanía otra vuelta de tuerca de ruedas de prensa, reuniones públicas, documentos y televisiones en conexión permanente desde el Congreso, hasta que el hartazgo y la frustración en la ciudadanía sean tan altos que estemos preparados para tragarnos cualquier tipo de cambalache que nos inhiba de tener que ir a votar de nuevo.

La otra alternativa, elecciones anticipadas, curiosamente solo depende e Rajoy. Él es el nuevo mesías. Si tuviera la “generosidad” ante los medios de dejar que otro gobernase con su abstención, mejoraría en parte la imagen de partido corrupto y desleal. Con ese movimiento ganaría apoyo dentro de sus bases –las encuestas indican que la mitad de sus votantes quiere que se vaya-, y ganaría tiempo para “regenerar” el partido y esperar al momento adecuado para una moción de censura. Pero resulta que Rajoy es Rajoy, es el poeta que nos embriaga con frases tipo “Somos sentimientos y tenemos seres humanos”, es el que ni siquiera tiene la cortesía de dar la mano a Pedro Sánchez “Ruiz” cuando lo recibe delante de los periodistas, un ser cortoplacista, básico e inmovilista. Por lo cual si todo depende de él nos veremos en unas elecciones anticipadas.

En un país normal, con este contexto de corrupción institucionalizado, si alguien me preguntase por los resultados de unas futuras elecciones afirmaría con rotundidad que el PP perdería alguno de esos siete millones de votos. Pero luego en el trabajo me encuentro con gente de clase obrera que sigue votando al PP y a Ciudadanos e incluso se encara conmigo porque creen realmente que Podemos va a quitar las pensiones y crear una dictadura. En un país normal IU y su millón de votos irían con Podemos juntos a las urnas. Aquí el pagafantas de Alberto Garzón todavía no tiene la autoridad para deshacerse de todo el lastre endémico que arrastra los altos cargos de su partido, que al igual que en Madrid y en Bankia tienen de ideología de izquierdas lo mismo que el PSOE. En un país normal la gente iría en masa a votar, pero aquí habrá más abstención, con nuestra aviesa ley electoral eso beneficia solo a los partidos mayoritarios, dándose la circunstancia que con menos votos sacarán mejores resultados que en diciembre.

"Venceréis, pero no convenceréis" dijo Unamuno a José Millán-Astray, general de Franco, unos meses después de empezar la guerra civil. Y así me siento yo a veces a leer los periódicos: triste, frustrado, desilusionado, sabiendo que da igual lo que suceda en el futuro, seguiremos atrapados en el simplismo de las siglas políticas, sin darnos cuenta de que Europa es una cárcel y que la única oportunidad de tener un futuro real y digno es unirnos en un programa ideológico real de izquierdas. Pero nunca ha sido así. Y seguramente nunca lo será.