jueves, 31 de julio de 2014

La literatura es una puta que finge orgasmos y que siempre nos anima a apostar al caballo equivocado.

Fuegos artificiales en el infierno: ha vuelto el mejor poeta de la ciudad. Me limpio la humildad con el trapo sucio de la poesía. Disparo otoños a bocajarro. Vomito relojes para derretir vuestros carámbanos de miedo. Os cuento secretos: el amor es un juego violento que forma charcos donde niños traviesos juegan a mojarse sus alas de arcilla. La literatura es una puta que finge orgasmos y que siempre nos anima a apostar al caballo equivocado. Por eso debéis tener cuidado del poema y alejaros de él: es el juguete roto del loco. Afilado como un cuchillo sin mango y estrecho como una urna funeraria. El lugar donde el tiempo pierde el equilibrio. Nunca es inocente aunque nos medique con su sabor a flor de niebla.

Cuando las luces se apagan sé que mis advertencias han salvado muchas vidas. Pero me interesan más los otros, lo que no se han resignado, los que todavía no han matado a su héroe interior. Los que a pesar de todo se lanzarán en busca de quimeras y seguirán escribiendo poemas de amor. Puede que sean víctimas de balas con falda que besan el hueso y violan la carne. De jaulas de mimbre con nombre de varón y grapas en el corazón. Pero algunos encontrarán su musa –o su muso- y ya no habrá marcha atrás.

Hace tiempo era igual que ellos: un pájaro sin nido que aún no había aprendido a volar. Pero tuve suerte y la encontré. Fuimos muy felices. Reservábamos los fines de semana la suite nupcial del manicomio y el resto del tiempo jugábamos a inventar palabras y rimas en los columpios oxidados de los parques. No nos preocupaba que nos vendieran caducada la esperanza porque yo contaba con su azul iluminándome por las noches y ella se divertía arreglando mi puzzle de piezas rotas por el día. Pero una noche ella se quitó con violencia su piel de plata y llamó al futuro: nadie le contesto.

Y así fue como sus labios se volvieron azules. Los vecinos vociferaron por las goteras de sangre. Pero fue mi grito el que desconchó la piel de las paredes. Fue la danza esquizofrénica de las cosas que no existen la que formó un mar de antorchas en mi salón. Fue el chatarrero de metáforas quien vino a barrer todas las palabras que no la dediqué. Fue el viento quien recogió todos los besos sin dueño y deshilachó el garabato obsceno que aún escondían las sabanas.

Pero no quiero finales tristes. La noche es un pozo de resurrección donde crecen las flores caídas de nuestro intelecto. Adelante, os reconozco, seguidme, da igual si conspiráis desde la página en blanco o brindando por la revolución en un bar de poetas. Yo tampoco quiero ser un número al que han robado su tiempo, ni hacer la vida que me toca: salgamos fuera y aullemos juntos un paraíso.

La Muerte observa estremecida
Como mis dedos trastabillan sobre el teclado
Y es por ello que esconde todos los cuchillos, que cierra todas las ventanas
Que se abrocha con nerviosismo el cinturón de seguridad
Sabe que voy a intentar escribir un poema
Y que tal vez, esta vez, tenga éxito
El Monstruo de las Ramblas by Facto Delafé on Grooveshark