martes, 29 de julio de 2014

La belleza es un coño dolorido.

Hay que leer mucho para dotar al exhibicionismo literario de cierta solvencia literaria, de otra forma solo consigues crear máscaras de soberbia reduccionista. Tampoco te obsesiones con la perfección: la perfección no existe, solo el camino. No te ahorques en una camisa de fuerza que solo consigue crear un bonito collage de palabras sin vida que ni siquiera sorprenden vistas desde cerca. La imperfección medida es la capacidad para validar nuestra singularidad a la vez que retrasamos el terrible momento de –como los hijos de Saturno- ser devorados por el capitalismo alienante.

Otro día más. Dicen que la literatura ayuda. Quizás. Pero aún no he descubierto el truco de magia. Si estoy triste y me embadurno en esa tristeza lo único que consigo es aumentarla. Si estoy cachondo y hablo de sexo, de mujeres viciosas que caen de rodillas ante mí, mi frustración se centuplica, la soledad me escupe desde el espejo. Intento dejar a un lado la humildad, los miedos, pero no veo la transcendencia, no veo el sentido de un público al que ni yo mismo tiendo la mano. Todo es sublimación, sombras chinescas bajo la guadaña de la muerte.

Hace demasiado calor por las noches. El ruido en mi guetto de extrarradio comienza pronto. El paradigma de la pobreza en un ventilador que mueve el aire caliente de un lado a otro. Llevo semanas sin echar un polvo. Me despierto cansando, cachondo y enfebrecido. Empiezo a masturbarme. Pienso en ella, en su sonrisa azul, en cómo me la chupaba de rodillas con generosa dedicación. En la belleza de su coño dolorido. Follar solo puede ser real cuando lo asumes como deporte de riesgo. Una ventana iluminaba que nunca pide clemencia. Sudar. Desfallecer. Seguir. Recuerdo como se la metía con dureza hasta el fondo. Su gesto de dolor. Y como su cuerpo se adaptaba a mí y empezaba a moverse cada vez más deprisa. Así funcionamos. Tanto feminismo y al final os excusáis llamando amor a la necesidad atávica de que os dominen y os follen con violencia. Pero es normal: las medianías no producen estremecimiento, no mellan la memoria. Fue una lástima que creciera esa zona muerta entre los dos. Que cada vez me costara más correrme. Pero no pongamos etiquetas. Ahora no. Sigo moviendo mi mano. Cada vez más con más fuerza. Más rápido. Sí, sí, SÍ ¡SÍ! El milagro del amor transmutándose en cieno blanco, hijos no-natos muriendo en un pañuelo de papel.

Intento dormir un poco más. Pero hay demasiado ruido. Me levanto y me ducho. Después echo algo de comida a las tortugas. Son unas supervivientes. Abro la nevera: nada de comida, solo cervezas. Me pongo a ello. Me tumbo en la cama y escucho algo de música. The Doors. Quizás sea un grupo sobrevalorado pero tienen algo especial, las letras, la guitarra, la voz de Jim Morrison… te pueden sumir en un trance mitómano inexorable. Miro en el cenicero: tengo suerte, aún queda medio porro de ayer. Sigo a lo mío. No he cambiado mucho en los últimos quince años. Ahora vivo solo, pero lo demás sigue igual: semanas sin follar, precariedad laboral, no sé dónde estaré dentro de un mes… pero ahí afuera sí que han cambiado las cosas: hay más hijos de putas. Están más organizados y son más despiadados. El miedo del rico es lo único que nos salvaguardaba de las diferencias sociales, una democracia combativa era lo único que nos permitía mantener un estado del bienestar. Hemos bajado la guardia, nos han pillado con los pantalones bajados y lo han aprovechado, oh, sí. Ha cambiado tanto nuestro discurso que ahora los mileuristas son los triunfadores, ahora vivir bien es no pasar hambre. Bah.

Una escritora decía en una entrevista para un gran medio de comunicación que la escritura confesional y/o automática era el territorio de los vagos sin talento. Yo creo que si eres inteligente cualquier forma de expresión consigue convertir la basura de la vida en arte. Bueno, se me hace tarde. Ya estoy preparado para mi jornada laboral, es decir, borracho. Espero que la literatura haya cubierto el barniz de odio que me recubre y pueda superar mi jornada de trabajo sin cometer ningún asesinato y posterior evisceración. Soy una persona tranquila, pero si tuviera la posibilidad de pulsar el botón rojo del exterminio, del apocalipsis, lo haría con una gran sonrisa. Supongo, al fin, que eso es para mí la literatura.


Besos con lengua.

Shaman’s Blues by The Doors on Grooveshark

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