martes, 1 de febrero de 2011

Skype, Bondage y Sexo. Textos para todo tipo de públicos.

Son las tres de la madrugada cuando llama Claudia. Sigo despierto, no por un ímpetu Übermensch de aprovechar el tiempo, más bien un conato griposo que no me permite dormir.

Claudia: No me había follado tanto en la vida. Dentro de poco no necesitare una polla, solo una imagen, una frase, una cara. Mis dedos están perfeccionando un arte que creía olvidado.
Rorschach: Me encantan tus frases preparadas, pero hace unas horas he hablado de bondage y fustas y creo que me estoy insensibilizando.
Claudia: A mi me encanta tu refinamiento. Quiero que descubramos juntos hasta donde alcanza mi deseo, he descubierto una parte oscura que solo puedo sacar contigo, necesito follar, me encanta esa palabra, quiero que te aproveches de mí, que me domines, quiero que saques la perra que hay en mi, la puta, la furcia, la golfa, la que quiere comerte la polla de rodillas, lamerte los huevos, apretarte dentro de ella, la que te enseña el culo y te pide que la des fuerte, la que necesita tu semen deslizándose por la cara, la que quiere llorar de placer, la que quiere perder el miedo de si misma, ¿quieres atarme?, bien, hagámoslo. Haz con mi cuerpo todas las perversiones que desees.
Rorschach: Me gusta vivir el presente, no dejar las cosas para luego, y ya sabemos mi querida Claudia, que te gusta ponerme cachondo por teléfono pero que ya no vives aquí, que te fuiste, que te largaste de esta apestosa ciudad y me dejaste solo con mi enfermedad, con mi delirio. Cobarde, ¿ahora qué esperas, que juguemos por teléfono al “te quiero” y al “te necesito”?
Claudia: Pon el skype bastardo, me voy a abrir para ti, voy a jadear para ti, voy a ser tu puto juguete sexual.
Rorschach: Sucia meretriz. Pongamos el skype…

Aparece Claudia semidesnuda en el monitor de veintidós pulgadas, se está masturbando sin pudor.
Rorschach:  Ahora veo la intencionalidad de todo, la tecnología al servicio del sexo, no queremos información, no queremos cultura, sólo una pantalla que nos llene de endorfinas
Claudia: Déjate de paranoias, sólo sabes hablar, sácate la polla, masajéate, bájate los pantalones, hazme saber que te gusto, no quiero verte la cara solo quiero verte la polla.
Rorschach enfoca su sexo mientras su mano se desliza arriba y abajo. Claudia se tumba en la cama de perfil a la cámara, se notan sus movimientos sincronizados mientras con la otra mano se pellizca los pezones, se masajea los pechos.

Claudia: ¿Quieres que diga tu nombre, quieres que lo gima, qué quieres de mí?
Rorschach: Me alegra llevar la iniciativa, aunque sea un trozo de carne para ti. Di mi nombre, gime, dime que me quieres, que he significado algo para ti, que sólo necesitas verme la polla porque si me vieras el rostro tendrías que volver.
Claudia entorna los ojos, se humedece los dedos, frota su clítoris en círculos mientras gimotea con cierta violencia. “Rorschach, Rorschach, me corro…me corro” Arquea su cuerpo y los movimientos se hacen mas cadenciosos hasta que al final exhala un largo suspiro.

Rorschach: Maldita sea, aún no he terminado. Sigue. Sigue…
Claudia se pone a cuatro patas, abre su coño, se acerca un poco mas, se mete varios dedos, se lubrica con saliva y se introduce el pulgar en el culo.

Claudia: Me encantaría estar ahí, sabes que soy la mejor haciendo mamadas, me encanta poner esa cara de guarra contigo, ¿sabes? Hace años tenia fantasías con que me violasen. Ayer creí verte en una discoteca, estaba borracha, terminé chupándosela en el baño.
Rorschach: Cállate, demasiado romanticismo. Esto es una afinidad animal. Carne buscando carne, un desahogo, ni quererte, ni siquiera poseerte, sólo quiero excitarte, solo quiero descubrir hasta donde podemos llegar sin tocarnos, sin existir realmente el uno para el otro.
Claudia: Mierda, me corro, Rorschach, Rorschach, te siento tan dentro, es tan intenso, me siento como una puta colegiala. Mierda. Me encanta… –gemidos entrecortados.
Rorschach: Bienvenida al sexo de Huxley, a la fuga de ideales, al semen caliente y espeso sobre tu rostro granulado. Al andamiaje de mentiras en el que te dejo huir porque no te quiero atrapar. Bienvenida a la nada.
Claudia se recupera y vuelve a mirar a la pantalla.
Claudia: ¿Te ha gustado? Espero que si. Me voy, ya te llamare.

Fin de la videollamada. De nuevo la oscuridad. Rorschach asiente en silencio. Son las cuatro y cuarto de la mañana. Me siento enfermo, con la cabeza embotada. Congestionado. Llevo temblando un buen rato pero no me había dado cuenta. Me meto en la cama. Intento dormir. No lo consigo.

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