domingo, 9 de septiembre de 2018

La muerte se puso tacones, su carmín favorito, y me besó en las muñecas. (08/30)

pólvora en mi inconsciente
vivir entre la abrasión kamikaze de la nieve y el trapicheo lisérgico de las luciérnagas
corazón de titiritero alcohólico, síndrome del impostor rizomático
los besos son charcos sin argumento ni timón, sin permanencia
el hedonismo una noche oscura que rebota en el teclado
y se hunde en la insolvencia de una cama vacía.

El trabajo aborrecible, demasiadas horas mutiladas. De pronto un pequeño chisporroteo en mi interior, sutil como un suspiro, como veintiocho gramos menos, apenas perceptible para los demás. Y noto la náusea, el vacío, el nadir, esa feroz y esencial luz de mi interior muriendo con un reproche contenido. Ya solo queda la transmutación en tuerca, el guion previsible y la fosa común. Ya no valen los cuentos de hadas y los finales felices cuando permites que los cocodrilos de sonrisa aviesa ahoguen tus sueños en sus charcos de alquitrán y dinero. ¿Acaso escribí algo anoche? No lo recuerdo, mis palabras tienen ahora vocación de fuego y se borran antes de que pueda acariciarlas. Intento convencerlas que el escritor es un acróbata, que su misión consiste en construir un edificio de palabras tan alto que pueda olvidarse de sí mismo durante la caída. Pero nacen sordas, sin vocación, me dejan aturdido como una herida analfabeta, exiliado, solo. Volved conmigo, por favor, volved, ¿qué soy sin vosotras? ¿qué haré si no me cobijáis en vuestro regazo?




“¿Recuerdas cuando eras joven? Brillabas como el sol. Ahora hay una mirada en tus ojos como agujeros negros en el firmamento.”
“Descubriste el secreto demasiado pronto, lloraste por la luna.”
“Quedaste atrapado en el fuego cruzado entre la niñez y el estrellato, arrastrado por la brisa de acero.”

            La canción es un homenaje a Syd Barret, el amigo y fundador, el genio loco, el músico, el pintor..., aquel al que un buen día decidieron dejar en casa porque les estaba arruinando su futuro como banda con sus extravagancias y salidas de tono producidas por el LSD y su incipiente enfermedad mental. Roger Waters lo resumió así: “Pink Floyd no podría haber sucedido sin él, pero por otra parte, no podríamos haber seguido adelante con él” La canción también es un canto a la ausencia en general, que ellos personifican en Syd; todo en ella despierta la añoranza y la tristeza del abandono: su cadencia melancólica, sus notas largas y delicadas, la 'congoja' de los solos de David...

Dos curiosidades, la primera, las iniciales en el título de la canción (SYD). La segunda, después de casi siete años sin verlo, un día en el que estaban grabando en Abbey Road el disco, Syd apareció por allí. Hasta pasados unos minutos no lo reconocieron, había engordado unos cuarenta kilos, tenía la cabeza y las cejas afeitadas, y seguía ausente, casi ido. “He comido muchas chuletas de cerdo”, susurró ante sus preguntas. Roger Waters quedó tan apenado que fue incapaz de continuar con la grabación.

sábado, 8 de septiembre de 2018

Qué prefieres ser, ¿un hombre insatisfecho o un cerdo satisfecho? (07/30)

“Un ser de facultades más elevadas necesita más para ser feliz; probablemente es capaz de sufrir más agudamente y con toda seguridad ofrece más puntos de acceso al sufrimiento que uno de tipo inferior; pero a pesar de estas desventajas, nunca puede desear verdaderamente hundirse en lo que considera un grado inferior de la existencia. (...) Es indiscutible que los seres cuya capacidad de gozar es baja tienen mayores posibilidades de satisfacerla totalmente; y un ser dotado superiormente siempre sentirá que toda la felicidad a la que puede aspirar será imperfecta. Pero puede aprender a soportar esas imperfecciones. Y éstas no le harán envidiar al que es inconsciente de ellas. Es mejor ser un hombre insatisfecho que un cerdo satisfecho; es mejor ser un Sócrates insatisfecho que un loco satisfecho. Y si el loco o el cerdo son de distinta opinión es porque sólo conocen su propio lado de la cuestión. El otro extremo de la comparación conoce ambos.


Podría objetarse que muchos que son capaces de los placeres superiores, a veces los posponen a los inferiores, por la influencia de la tentación. Pero esto es bien compatible con una apreciación total de la superioridad intrínseca del placer más elevado. Por debilidad de carácter, los hombres se deciden a menudo por el bien más próximo, aunque saben que es menos valioso; y esto tanto cuando la elección se hace entre dos placeres corporales, como cuando se hace entre lo corporal y lo espiritual. (…) La capacidad para los sentimientos más nobles es en muchas naturalezas una planta muy tierna que muere con facilidad, no sólo por influencias hostiles, sino por la mera falta de alimentos. En la mayoría de las personas jóvenes muere prontamente, si las ocupaciones a que les lleva su posición, o el medio social en que se encuentran no son favorables al ejercicio de sus facultades. Los hombres pierden sus aspiraciones elevadas como pierden su agudeza intelectual, porque no tienen tiempo ni oportunidad para favorecerlas. Se adhieren a los placeres inferiores, no porque los prefieran deliberadamente, sino porque son los únicos a que tienen acceso, o los únicos de que pueden gozar duraderamente. Podría preguntarse si alguno que haya permanecido igualmente próximo a ambas clases de placer, ha preferido serena y conscientemente el inferior; si bien es cierto que muchos de todas las edades han fracasado en el intento inútil de combinar ambos.”

John Stuart Mill “El utilitarismo”

Una de las partes más importantes de la filosofía de Stuart Mill se basa en que concibe la política democrática como un mecanismo fundamental para el desarrollo moral de los individuos y cree que la participación política, junto a una educación adecuada, es esencial para la formación de buenos ciudadanos. De no ser así el poder administrativo se extendería progresivamente y los ciudadanos, carentes de información, serían incapaces de controlar a los poderosos. Una verdadera democracia, con ciudadanos informados y formados, es un buen mecanismo para contrarrestar la manipulación y defender la libertad individual. Por otro lado Mill no niega que la felicidad sea más sencilla de conseguir en el ignorante que en el intelectual, lo que afirma es que, pese a todo, merece la pena inclinarnos hacía el conocimiento y la satisfacción de los deseos intelectuales porque algunos tipos de placer son más valiosos que otros, su estimación no depende solo de su cantidad sino también de su calidad. Es una reformulación trascendente sobre el principio del placer que enfatiza el papel del desarrollo intelectual y el autorespeto en la consecución de una vida más satisfactoria. Vosotros qué preferís ser, ¿un Sócrates insatisfecho o un cerdo satisfecho?

viernes, 7 de septiembre de 2018

El amor era dejar que las luciérnagas iluminasen mi camino entre las ruinas. (06/30)

Ayer me sentía triste
ya no creía que la escritura tuviera valor en sí misma
las palabras ya no eran un fin
ni un abrigo
ni un destino
ni trinchera
ni escenario
eran amor a lo inútil, a lo obsoleto, a lo innecesario, a lo imperfecto
eran un intento fatuo de contentar a un loco de hambre infinita
una necesidad fetichista y necia de atrapar un presente que mutaba y desaparecía

Supongo que siempre tuve miedo a la tiranía de lo real
por eso elegía la sacudida de la nostalgia
el ensañamiento de la pérdida
la repetición inventada de un pensamiento digerido y acabado
el teatro de la página en blanco donde inventariar pasiones inefables

Pero aunque a veces las palabras nacían tan desquiciadas y vagabundas
que ningún poema era capaz de sostenerlas
no podía huir del deseo de un amor que cosiera mi interior
que calmase la elipsis de mi mirada
que besara los cristales rotos de mis dedos

Cuando la musa apareció me arrepentí de inmediato
no quería sufrir tanto
no quería humanizar mi pena
no quería golpearme contra su horizonte infinito

Pero ya era demasiado tarde

Con ella el sexo era dejarse devorar por los chacales
era regresión a las drogas emocionales del pasado
era sensibilidad a flor de cuchillo
era echar pólvora a las cicatrices esperando la tiranía del petricor
era la patología del líquido amniótico
era el delirio de Werther
era la tristeza del paraíso perdido a la sombra del grito

Y al amanecer, antes de abandonarme, me susurró al oído
que no fuera cobarde y siguiera adelante
que el amor era escribir de unicornios y pasiones esdrújulas en los cementerios
era dejar que las luciérnagas iluminasen mi camino entre las ruinas
era liberar a los caballos de la exaltación antes de la hoguera final.

jueves, 6 de septiembre de 2018

¿Crees que jugar a videojuegos es una pérdida de tiempo? (05/30)

Aunque no lo parezca es un tema complicado. En primer lugar la expresión “perder el tiempo” quizás es inadecuada, a fin de cuenta siempre lo estamos perdiendo hagamos lo que hagamos, nadie gana tiempo. Por otro lado la mayoría de juegos son simple escapismo, pero también hay de juegos de estrategia, rol, puzle, educativos, etcétera, que no tienen nada que envidiar a otros juegos de prestigio como el ajedrez.

            En realidad todo tiene que ver con el equilibrio y la calidad del producto, es decir, podemos vernos dos temporadas enteras de una serie mala, disfrutarla por puro escapismo, y a los dos meses no recordar nada, o ver un documental o una serie de cierta enjundia como la primera temporada de True Detective, que requiere un esfuerzo por parte del espectador para disfrutarla plenamente, y el efecto es distinto. Si nos ponemos elitistas leer parece algo que tendríamos que elegir por encima de cualquier otra actividad, ¿pero todos los libros son iguales, acaso no estoy “perdiendo el tiempo” con libros de new-adult o Best Sellers? Por eso decía lo del equilibrio. Elegir videojuegos de calidad, algo que requiera utilizar el cerebro de vez en cuando y no solo ir superando fases pegando tiros. Aunque son en realidad este tipo de juegos (¿alguien ha dicho Fortnite?) los que mueven mayoritariamente el mercado.

El problema añadido de los videojuegos es que son productos creados para causar adicción. Y con internet, el juego online y el hecho de que cada vez los niños tienen acceso a la tecnología cada vez más jóvenes (he visto a críos de tres años usando una tablet o el móvil), es fácil que personas con un carácter compulsivo u obsesivo no encuentren el equilibrio y gasten demasiado tiempo en jugar. Hay miles de juegos, con un PC tienes para toda la vida. Conozco gente que juega todos los días tres horas diarias, más si es fin de semana. El problema es que el tiempo de juego son como macrolapsus, ¿puedes explicar qué has estado haciendo durante esas tres horas, más allá de jugar, superar fases o grindear a tu personaje? Bueno, en realidad ahora sí puedes, hay miles canales de YouTube donde te grabas jugando y tienes espectadores, o haces reseñas de los juegos. Ahora es un negocio que mueve millones, existen los e-sport, etcétera.

            Da la impresión de que el futuro es que todos estemos enganchados al juego de moda online, seguramente a través de una gafas de realidad virtual que podemos activar en cualquier parte (mientras esperamos el autobús, en los descansos del trabajo, antes de acostarnos…). La adicción al móvil será una chorrada en comparación con lo que se nos viene encima. Por eso no creo que se trate de perder el tiempo, sino más bien de que cada vez -sobre todo las generaciones más jóvenes-, va a ser más complicado gestionar con equilibrio nuestro ocio. Hay más pereza mental, se tiende a lo audiovisual, lo accesible, el analfabetismo funcional es evidente; las empresas tienen claro que es mas fácil crear un consumidor mediocre, acrítico y manipulable que esforzarse en crear productos diferentes, competitivos y de talento. Y además somos una sociedad adicta al escapismo, en cualquiera de sus formas, quizás porque cada vez somos más depresivos y neuróticos, cada vez nos sentimos más frustrados con nuestra vida, con la realidad.

            Los videojuegos no tienen la culpa, de hecho algunos son obras de arte, y lo sé porque llevo jugando a ellos desde que tengo doce años. Pero creo que si hubiera más gente obsesionada con los libros, la música o el arte, o con la filosofía, quizás nuestra sociedad sería mucho mejor, y no viviríamos en este desperdicio de mediocridad y dejadez intelectual.