viernes, 11 de febrero de 2011

"¿No los odias?, ¿esos silencios incómodos? ¿Por qué necesitamos decir algo para rellenarlos? Es por eso que sabes que has encontrado a alguien especial. Puedes estar callado durante un puto minuto y disfrutar del silencio."

El otro día recordé dos cartas, una que si me enviaste y la otra que se quedo adherida a tu diario en forma de confidencia personal. La primera la leí delante de ti con agradable vanidad, la segunda con odio reseco en soledad y a escondidas. En la primera decías que me querías, entendías la liturgia de mi vida y te alegrabas de haber encontrado el amor conmigo. En la segunda carta reconocías tus mentiras, tu simulacro, tu egoísmo, tu obsesión por alguien que no era yo.
En todo lo que ha sido alguna vez divertido o luminoso empieza la putrefacción cuando lo has manchado con tu felicidad. La música ayuda demasiado bien porque es la melancolía quien impone el ritmo de las canciones.
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Me gustaría follarte para que pudieras repetir y repetir y repetir todo eso que piensas de mí y en ese momento intentar creérmelo para poder soportarme un día más.
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Me interesaba estar contigo, nos reíamos mucho juntos, por eso te invite a una copa. No se porque surgió la conversación, pero de pronto fue como abrir una esclusa: el sexo, y principalmente lo maravilloso que fue con tu ex. A todas horas me decías, todos los días, enfermos, cansados, daba igual. Era algo realmente increíble. Me sentí intimidado, no supe reconocerlo. No quise pedir una última cerveza y te acompañe a casa. Nos dimos dos besos en tu portal y prometí llamarte. Me despediste con aquella extraña mirada en los ojos. No volvimos a vernos.
Años más tarde me enteré que cuando salíais de la cama erais la pareja más infeliz del mundo.
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Siento la derrota, la decepción cuando te miro a los ojos y me doy cuenta de que no me estas escuchando, que le estas recordando, abonando su recuerdo una y otra vez. Entiendo que no me quieras dar una oportunidad pero, ¿Y a ti misma? Sin embargo luego voy al bar, fumo un paquete entero de cigarrillos después de cinco años sin sentir necesidad, bebo un vodka con una amiga, luego otro. La beso. Me responde. Me siento enamorado. Sin embargo es mentira, y hago lo mismo que tu. Es absurdo. Es la verdad.
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¿Cómo se llama cuando prefieres sobrevivir emborronando una página en blanco con mierda de color azul, cuando todo te es ajeno y gris? Me gusta mecer tu recuerdo, follarte con mis incoherencias, me gusta ponerte triste, me gusta manipularte con mis historias de amor, me gusta que creas que pienso en ti por las noches, me gusta hacerte protagonista de esa otra vida, la que vivo entre letras, líneas y párrafos, a la vista de todos, aunque el espectáculo solo sea para ti.

Ella me confundió con otra persona by Nacho Vegas on Grooveshark

jueves, 10 de febrero de 2011

Y no he vuelto a pensar en ti hasta que no he llegado a casa y ya no he podido dormir como siempre me pasa.

Yo matare monstruos por ti, daré cuerda a tu ego, creeré en tu voz siendo nihilista, nunca te diré que no. Sabes que sólo tienes que avisar. Aunque, por desgracia, no seas mi Amelie...

Ya lo se, malograr nuestra vida es un derecho inalienable, que no implica estar alienado. Me gustaría convertirte en mi botón de Lost, ese que haga que mi vida tenga sentido –absurdo quizá- cada cierto tiempo.

Me gustaría tener hipermnesia y recordar nuestra cita perfecta, acabada, cíclica para siempre. Como una historia feliz –breve, efímera, fugaz-, en el que ninguno se pregunte que sucede después porque después no hay nada.
Ya sé que encontraras por ahí a otros mejores…

Conocí a un amigo de un amigo que quería suicidarse porque no se le ponía dura. Había probado el sexo extremo, el romanticismo, la banda sonora de los siete magníficos, la opera de Verdi, había probado las pastillas azules, también las rosas y las verdes. Había probado con putas, con vírgenes, con hombres, con animales, con objetos, con gente sin sexo definido. Antes del estertor descubrió un espejo y eyaculó sin preámbulos. Un exceso de narcisismo...

Vaya mierda, me encantaría seguir escribiendo, pero tengo un invitado en casa. Solo lleva día y medio y ya tengo deseos de ahogarle con una almohada. Tendría que averiguar cuantas personas saben que ha venido a mi casa. Necesito mi soledad, mi paz, mi tiempo para escribir. Necesito escuchar mis pensamientos. Que poderoso es el influjo del sexo, sería la única razón para compartir piso de nuevo. Pero BUEN sexo ¿eh?

Ley de la gravedad by Havalina on Grooveshark

martes, 8 de febrero de 2011

Tú no pasas por la vida, la vida pasa por ti como una agonizante e implacable metástasis.

Hoy me gustaría esbozar una breve opinión sobre la amistad. He tenido y tengo muchos conocidos, pero solo hay una persona que puedo calificar como mi amigo. Todos tenemos nuestra propia ideología con las palabras. Yo compartimento los sentimientos también a través del lenguaje. Puedo querer a mis amigas especiales, a una ex que se reinventa en su eterno retorno, puedo fascinarme con una mujer durante unas semanas y luego, finalmente, ir poco a poco olvidandola.

Pero amar solo puedo amar a esa mujer que no existe pero sin embargo me hace compañía en mis noches de insomnio. Los conocidos serían los amigos normales, aquellos con los que quedas de vez en cuando, cuentas tus miserias y del mismo modo que aparecen, desaparecen sin dejar una huella demasiado sustancial. El Amigo es sin embargo esa persona que te conoce y te acepta, alguien bilateral, afín, alguien con quien eres más tú, un espejo de tu pasado, alguien -a ser posible- que no le guste el mismo tipo de mujer que a ti. Alguien que de buen grado esta a la altura del ideal sin demasiado esfuerzo, como algo natural.


Pero también hay otro elemento que destaca: la sinceridad. Una sinceridad brutal sobre los aspectos de nuestra vida. Si, por ejemplo, explicara a algunos de mis conocidos de esta mierda de ciudad del extrarradio que voy a matricularme en la carrera de empresariales porque quiero tener un trabajo de oficina, seguramente por convencionalismo social me animarían a hacerlo. Solo mi Amigo arquearía una ceja, reprimiría una sonrisa y me diría rápidamente que es una estupidez, que con mi carácter lo dejaría el primer año y que mejor me dedique a otras cosas. Y tendría razón. Otra cosa es hacer de su opinión ley, de su cinismo dogma de fe y ni siquiera intentarlo.

Pero seguramente sucedería lo que él ha dicho, y cuando hubiera perdido dinero y tiempo y me rindiera, los demás me mirarían encogiéndose de hombros sin saber que decirme.
Esta sinceridad es hiriente a veces, pero necesaria si queremos tener una amistad verdadera. Uno no puede estar con medias tintas, tiene que tener la confianza para poder decir lo que piensa sin que la otra persona se enfade. Sino es una simple relación en la que uno escucha lo que quiere oír sin que le sea de mucha utilidad.

Naturalmente esa sinceridad tiene que ser bilateral. También en según que temas uno tiene que pedir permiso para utilizarla. Si estas haciendo el ridículo con una mujer no te apetece que nadie venga y te lo diga. Si la situación se mantiene en el tiempo hay que valorar si es mejor poner a prueba esa amistad o dejar que el condenado siga su marcha. Pero mantenerse ajeno con el lema “no es asunto mío”, no implicarse, rodear los temas peliagudos y dar la razón en cualquier necedad que el otro esgrima no es una verdadera amistad.


Light My Fire by The Doors on Grooveshark

domingo, 6 de febrero de 2011

No vivimos juntos. Ocupamos el mismo espacio, nada más

Hola amor mío.

Ayer, en medio de la conversación, me dijiste que estabas enamorada de mí –un poco- añadiste. Un poco enamorada. ¿Por qué? te pregunte, como si contestando a esa pregunta pudieras darme todas las respuestas que necesitaba. Y tu respuesta fue que eras así de tonta, que no lo podías evitar.
Y si, sabes que es halagador, aunque ahora no me sienta solo, solo un poco perdido, como siempre. Reconozco que a veces te voy a visitar allí, a ese rincón de mi alma donde te tengo retenida, reviso tu recuerdo, nuestros planes malogrados, tu voz, tu perfume, la esencia que es aquí más mía que tuya.
Te imagino ahora leyendo esta carta, como arqueas la ceja de esa forma característica e impostando la voz contestas que no puedo estar tan seguro de lo que sientes, que no puedo estar en tu corazón.
Me hubiera gustado estar, eso te lo aseguro.
¿Te acuerdas de aquella vez que me decidí por fin, y quise hablarte, en tu casa de lo que sentía, de lo que podía pasar entre nosotros?. ¿Nunca te pregúntaste que quería de ti cuando llame a tu puerta, porque en ese momento y no antes, porque no había podido dormir el día anterior, porque iba con esa sensación de prestado cada vez que te miraba? Tú te limitabas a estar en silencio, a mirarme con tus ojos avellana a través del humo de tus cigarros. Nos besamos, ¿lo recuerdas? Horas mas tarde, me presentaron a tu novio.
¿Me diste alguna explicación? No, ¿para que? Tampoco estabas enamorada en ese momento, estabas enfadada, con rencor, poseída por tu orgulloso silencio, como si fuera la única moneda de cambio para tratar conmigo.
Y pasaron los años. Y me volviste a decir que estabas enamorada. Que las cosas habían cambiado, que tú y yo nos merecíamos otra oportunidad. Y te creí. Pero las palabras no son hechos y no quisiste llamar a mi puerta para quedarte. Te conformabas con ideas, planes, ocasiones. Una relación de coincidencias, de excusas, de nada.

Meses después te vuelvo a encontrar. Te pregunté porque no me quisiste conocer, porque te conformaste con tan poco. “Inseguridad, miedo” esa fue tu respuesta. Por eso no contestabas al teléfono, ni mis mensajes, por eso no cumpliste tus promesas. Varias. Pero también me decías que para mi eras un capricho. Y tenías razón, ahora lo comprendo. Pero todo tiene un principio, a veces es mediocre, ingenuo, confuso, equivocado, fingido…pero es el embrión. Tú cortaste cualquier posibilidad, porque en el fondo tampoco estabas enamorada. No se lo que era para ti pero no luchaste. Se que con tu novio, aquel informático, si lo hiciste, le ayudaste cuando te lo pidió, viviste con él, fuiste a su casa estando enfadada a entregarte. Conmigo no. A mi solo me diste tu orgullo, tus miedos, tus silencios. Nunca has hablado conmigo. Solo cuando te asaltaban las lagrimas abrías un poco tu corazón, tu hermoso corazón, y vislumbraba un sentido a todo. Pero eran pocos momentos. Nunca te atreviste a darme una oportunidad real.

Ahora vuelves. Me llamas, me lees, estas alegre, divertida, me dices que estas “un poco” –los años te hacen mas prudente- enamorada de mi. Y recuerdo otras mujeres, que me decían eso y dejaban sus vidas por mí, que hacían viajes de doce horas de autobús para verme unos instantes y dormir en un sillón, me enviaban cartas, hacían locuras, me demostraban su amor en mil detalles sorpresivos.
Claro...no es un buen momento, tienes problemas, no estas preparada...¿has estado en algún momento preparada para mi?
No quiero fustigarte, no quiero herirte con esta carta, nada más lejos de mi intención. Solo quería decirte que te quiero. Siempre serás importante en mi vida. Que me gusta tu voz al otro lado del teléfono. Pero que no quiero, ni debo, creerte de nuevo.

Un beso amor. Se feliz.

Deep by Anathema on Grooveshark