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miércoles, 28 de diciembre de 2011

¿Hacia dónde van esas escaleras? Hacía arriba.

No sé exactamente porque odio a las mujeres, supongo que todo empezó con ese test de inteligencia que me hicieron con nueve años en el colegio. Usaron un eufemismo pero cuando vi a mi madre llorar y mirarme con cierta aprensión entendí la elipsis, los puntos suspensivos, esa palabra impronunciable. Era Casi…casi….subnormal.

Ese vértigo, esa sensación de que había perdido antes de empezar nunca desapareció del todo. Me convertí en un mal estudiante. Intentaba hacer amigos, mostrar entusiasmo por los demás, pero había una negativa implícita en todas mis relaciones. Como si todo discurriera en un espejo de humo y solo yo chocase con él. El tiempo discurría sin ambición. Y todo, poco a poco, dejó de tener sentido para mí.

Luego vinieron las novias, o la ausencia de ellas, las risas, ese desprecio en su cara cuando eyaculaba demasiado rápido. Pero pude engañar a una, el truco fue simplemente desvirgarla, quitarla cualquier comparación posible. También ayudaba que no le gustase el sexo. Quizá no les gustase conmigo, pero no quitemos importancia a los pequeños infiernos de cada uno, no estamos aquí hablando de que todo tenga explicación, a Hitler no le violó de niño un judío, y aunque hubiera sido el caso, la gente elige, elige como reaccionar o que excusas tomar ante determinadas situaciones. Mi queridísima novia, desde hace casi ocho años, podría haber cambiado de pareja, podría haber intentado aprender a chupar una polla, a masturbarse y descubrir donde tiene el clítoris. Pero no, arquitecta, mujer de éxito, y su puto dios no la dejaba disfrutar del sexo, su novio, concretamente su pene, era pecado, incluso correrse debía de ser pecado. Debíamos vivir de acuerdo a las reglas, ella se dejaba hacer, no quedaba más remedio, era el precio por ese amor puro que me brindaba, pero siempre con el tiempo justo, con un “me duele”, un “acaba ya” trasluciendo el asco en su mirada, como si yo fuera un animal que la mancillaba por el simple deseo sexual.

Todo esto era una metáfora de mi vida de fracasado. No había terminado la carrera y concatenaba trabajos basura. Lo peor de ser un fracasado es sentirte como tal. A veces se trata de un agravio comparativo. Polidori era un buen escritor pero trabajando para Byron se vio sumido en una depresión y se suicidio, Thomas Bernhard habla de ello en “El malogrado” Si tu única consideración hacía la propia vida es obedecer, o ser ama de casa, o dejarte llevar por tus impulsos hedonistas, si vives durante casi toda la vida sin cuestionarte nada, al final eres feliz, aunque sea una felicidad gris, triste, apagada. Luego está lo de siempre: el fracaso. Haces camino al andar y resulta que ese camino es un pantano de mierda. Decía alguien que siempre hay que intentar las cosas aunque se fracase, porque del quietismo no puedes aprender nada. Pero no se habla de las secuelas que provoca. La gente se suicida o suicida a los demás.

El único momento en que me sentía inteligente, real, era cuando escribía, como si reivindicara mi propia existencia plasmándola sobre el papel, como si mi futuro y el de la literatura descansasen sobre la novela autobiográfica.
Pero, ¿Qué clase de experiencias tenía yo? Ninguna: la convivencia con las cucarachas, los gritos de mis vecinos, un trabajo basura, una novia frígida. Y una enorme y terrible pelota de angustia que no me dejaba dormir por las noches. Pensé en la cháchara, como hilo musical de ascensor, de un psicólogo, convenciéndome de que no era tonto, que mi vida era buena y podía cambiarla. O en prescripciones de Procaz. Al final opté por esconderme, por huir. Abandoné mi trabajo de vendedor de seguros de vida y empecé a buscar un trabajo con horario de noche, un trabajo silencioso donde quizás aprovechar las horas de soledad para leer o escribir algo, sin presiones, alejado de jefes directos, de la gente en general. Eché currículums para gasolineras, vigilante nocturno, teleoperador, control de alarmas. Cualquier cosa.
Pasaron dos meses y ya sin dinero, auspiciado por las presiones del hambre y la falta de techo, acepté lo primero que surgió: camarero de una discoteca, horario de doce a ocho de la mañana.

Cuando fui la primera noche no podía creérmelo: un after para turistas inglesas, un agujero infecto sucio y maloliente donde lo más importante era saber inglés y que el jefe, un cocainómano que se desmayaba ensangrentado todas las noches, no te pillara robando. Esas primeras semanas las recuerdo con cierta nostalgia cuando, ajeno a todo, me preocupaba porque me quedaba sin vodka o whisky en mitad de la noche o porque, de pronto, era el único camarero atendiendo la barra. Luego pude ver los flecos a esa entropía inexplicable, los baños eran los picaderos oficiales a cien metros a la redonda y todo el negocio funcionaba porque no se vendía solo alcohol…

Al principio era algo temporal, lo justo para ahorrar dinero y darme unos meses sabáticos, volver a mi horario normal, escribir. Pero ya llevo casi tres años.

Puedo decir sin duda que han sido los años más aprovechados de mis aborrecibles treinta y uno. Aquí me he dado cuenta de la verdadera naturaleza de las mujeres, seres despreciables, pozos de basura putrefactas, receptáculos de las peores enfermedades venéreas. Aquí es sencillo follar, casi lo difícil es no hacerlo. Entran dos turistas y puedes sentir el vaho de su necesidad en el círculo de miradas, quizás una hora más, una copa más y la tendrás tragándose tu semen, tiradas en el aparcamiento mientras te piden que te las folles antes de que llegue su novio. ¿El amor? El amor es un puto espejismo. La realidad es que todas las mujeres piensan con la polla porque también tienen una, en su interior, y una vez que la represión cultural o la visita a otro país les permite cierta desinhibición sin hipocresía, utilizan su coño como una estación de servicio donde todos podemos repostar. Es un puto edén. Aprendí a follar. Miraba a las gordas o a las mujeres de más de treinta años con repulsión, no eran mujeres, su coño era una anécdota.

Disfrutaba insultando a las inglesas en mi idioma mientras me las follaba, llamándolas putas, diciéndolas que solo servían para esto, que eran seres vacíos que solo podían intuir el milagro de la vida abriéndose de piernas. Alguna me decía entre llantos, antes de echarla de mi apartamento, que se había enamorado de mí, yo me reía, era cruel, “¿enamorarte? Solo te has enamorado de mi polla, hay muchas pollas, sigue arrodillándote”. Malditas putas sin hogar, sin cerebro, adictas al flirteo, a la posesión de cualquiera con abdominales que les mostrase algo de carácter, o violencia.
A muchas de ellas se la metía en su coño reseco sin preliminares, cuando estaban ya borrachas, idas. Me corría dentro, las usaba, eso me excitaba: cosificarlas, ¿acaso puedes sentir empatía por un agujero…? Algunas me juraban que eran diferentes. Luego, cuando las sodomizaba, gritaban de placer. En su mentira me odiaba y las odiaba.

Solo hay idealización en el abandono, en la negación del capricho.

La relación con mi novia tuvo el final perfecto. Llevaba ya meses trabajando allí cuando la invité a cenar. Seguí el itinerario habitual, es lo malo de las clasistas: son tremendamente aburridas. Restaurante de lujo, bien vestido, elegante. Una rosa en la entrada, sonrisa, buenos modales. La emborraché. Con un vino de cincuenta euros para variar.
En la cama los preliminares, besos dulces pero apasionados, palabras de amor, de esas que te hacen sentir única y especial. ¡Ja!…pobre imbécil, todos somos muescas en una enorme verga, remeros en galeras repitiendo una y otra vez los mismos gestos para crear una sensación de movimiento que nos adormezca los sentidos. Pues eso: la combinación de sutil romanticismo acelerado. Supongo que nuestra neurosis occidental se basa en la incapacidad de asumir que dos conceptos opuestos pueden fusionarse sin dicotomías, un lenguaje empobrecido que habla de querer y amar, de follar y hacer el amor diferenciando facetas de una única cosa.

Me la empecé a follar muy duro, con rabia, ella me pidió que parara, que por favor me pusiera condón. Ahí perdí los nervios, ¿Cómo era capaz de humillarme así, de joder la noche? ¿tan terrible era tener un hijo conmigo, tan superior se sentía con sus dos masters que la sola posibilidad de quedarse embarazada de un camarero le asustaba tanto?

Le di la vuelta y me la empecé a follar por detrás mientras le sujetaba los brazos. Ella intentaba soltarse, gritaba, lloraba, me suplicaba que parase y todo eso me excitaba cada vez más. Pensaba en todas las veces que lo había intentado, en cómo me hacía sentir, sucio, despreciable solo por mencionarlo. Y ahora aquí me tenías, preguntándola a gritos que pensaba su dios de esto mientras la sodomizaba con brutalidad, sin ningún cuidado. Notaba algo húmedo pero no podía parar, ella lloraba como si le estuvieran arrancando el alma. Supongo que era una venganza contra todos aquellos valores que ella representaba, quería romper ese espejo, ese vínculo que aún conservaba y que destrozaba mi ego.

No recuerdo cuánto duró. En algún momento me corrí, saque mi polla, me limpié la sangre en sus sabanas y me largué sin decirla nada.

No sé por qué ahora me vienen estos pensamientos. Es cierto que durante unos meses tuve miedo de su familia o de que me denunciase. Pero ya han pasado dos años y no he sabido nada de ella.

Salgo a la calle, solo veo moscas con formas de ser humano a mi alrededor. La Navidad, como elaborado chantaje emocional patrocinado por varias marcas comerciales, me da la bienvenida con sus luces, sus invitaciones a una felicidad que depende de un trozo de platico, de hasta donde soy capaz de hipotecar mi futuro. Pensamientos banales, claro. Pero hay que seguir viviendo, hay que destrozar más coños, volcar mi miseria en su miseria. Somos monstruos…

De pronto aparece ese hombre, alguien alto, vestido de negro, un gabán desahuciado. Lleva una recortada en la mano.
-"¿Qué cojon…?"
Dirige el arma hacia mí y de pronto ¡Bang! Tengo un enorme boquete sangriento en la entrepierna. Intento gritar pero solo sale un gorgoteo de sangre. Un segundo disparo me destroza la rodilla izquierda. Caigo como un fardo. Una violenta patada me destroza un par de costillas. Dolor inmenso. Miedo. Pensamientos inconexos. Intento girar la cabeza, algo cede. Voy a MORIR en mitad de esta calle, ¿por qué...?

Rorschach se acerca a su creación y le apunta a la cabeza:
-“El texto se alargaba demasiado y además... eres un jodido bastardo."

¡Bang!

Unforgettable (Duet With Nat King Cole) by Natalie Cole on Grooveshark

jueves, 22 de diciembre de 2011

Parcialmente te quiero, generalmente te amo.

No me ha tocado la lotería, es normal, nunca juego. La gente exuda felicidad en mi televisor. Aunque siempre he pensado que la felicidad real es ser capaz de mirar la misma baldosa durante horas, un estado mental parecido a un zombi después de eyacular.

Tengo tortícolis, podría insinuar que es debido a grandes proezas sexuales, pero hace tiempo que solo penetro el hueco de mi mano. Se ha estropeado mi PlayStation 3 y el calentador de gas el mismo día, no hace falta atar a la rata o pensar que La ruta nos aportó otro paso natural para darse cuenta del karma palindrómico que auspicia estas dos tragedias.

Un día de luto: Lucia Etxebarria nos deja. No se muere, simplemente deja de escribir. Me encantaban sus historias de lesbianitas drogadictas, pobre generación perdida que tiene que reivindicar a las mujeres sexualmente activas. También me gustó mucho las edades de Lulú. Ah no, perdón, que ese es de otra. Y mientras pasan todas estas cosas importantes recuerdo cuantas veces me ha sorprendido el aburrimiento este año en mitad de uno de estos libracos laureados por la crítica, y he pensado “Joder, he leído blogs que tienen más talento en un solo post” Y es así.

Y la gente luchando por (auto)editar sus libros, con ese éxito que se mide, según Machado, haciendo el camino al andar y no por las pueriles matemáticas de ventas (autoengaño). Nada más lejos de lo aquí se cuenta mis queridos contertulios, mi falta de ambición me salva de llorar por mi falta de talento. A lo sumo, mi ambición es la imagen de tu coño –ese abismo que todo lo resume- mientras cojo el impulso necesario para poder atravesar esta pared de realidad y poder perderme al otro lado.

Pero bueno, a lo que íbamos: hoy quería hablar de mi amigo Claudio. El señor Claudio nunca quiere quedar los sábados porque tiene una cita con su ex. Una metáfora digital claro, porque Nuria, que es como se llama la susodicha, hace dos años y medio que no tiene presencia en su vida. ¿Cuál es el misterio entonces? Nuestro querido protagonista me hizo caso. Había conocido a Nuria en nochevieja seis meses antes. De alguna forma inexplicable habíamos conseguido sacar su fofo cuerpo lejos de su Sancta Sanctorum, esa puta arcadia de ludopatía, y habíamos conseguido que bebiera algo. De pronto ella apareció. No recuerdo mucho más de esa noche, seguramente hubo drogas y el ponche era verde por razones ajenas a los ingredientes habituales. Y ahí teníamos el milagro ante nuestros ojos en forma de pareja disfuncional. Pero era cuestión de tiempo. Cuando Claudio, mi querido analfabeto sentimental, se deshizo en lágrimas confesándome que hacía un mes que no conseguía llevarla a la cama sonaron los clarines del fin. Era normal, claro, era un despropósito de persona, además de un simple dependiente y Nuria, esa niña pija, arquitecta ya graduada y con dos master, clasista hasta el aborrecimiento, no podía humedecerse al pensar en formar una familia con un mileurista con ojeras de parado.

Naturalmente le di mi mejor consejo: GRÁBALA FOLLANDO ahora que aun puedes. Ya está todo perdido, pero esa cinta te consolará el día de mañana, enfócalo como esa escena de American Psyco.
Claro que podría haberle animado a hacer cambios en su vida, un nuevo empleo de traje y corbata sería un buen comienzo. Pero quería conservar a mi amigo tal y como era, no quería verle sometido como un puto calzonazos.

Además yo también disponía de mi pequeña colección de ex digitales. Claro, antes eran meras instantáneas, un polvete en la oscuridad con sombras verdes. Pero, oh amigos, la tecnología avanza, y siempre es el sexo quien acucia el progreso. Internet es un buen ejemplo: tanto ancho de banda, tanta fluidez en el streaming y al final todo es gracias a esas páginas pornográficas pidiendo números de tarjeta. Cuantas videocámaras se han comprado con la ingenua idea femenina de inmortalizar unas vacaciones y se han convertido en un instrumento del porno amateur.
Tengo buen material, recuerdo brevemente a mi ex haciéndome una felación, algunas fotos, videos de Skype “Sí, tranquila, los he borrado” Siempre he dicho que los recuerdos son el idioma de los sentimientos, ¿y qué mejor recuerdo que tu cara recorrida por el latigazo caliente de mi semen, como una lluvia lenta e inmisericorde?

Pues eso, que después de estos argumentos Claudio, ese gran…

Mi compañero de piso vuelve a interrumpirme por tercera vez mientras maltrato esta página en blanco. No tengo más remedio que rebanarle el cuello y cortar, cortar, cortar. Tengo mucho trabajo, ojala tuviera perros para poder echar los restos. Pero no pasa nada, tengo práctica y muchas bolsas de basura. Maldito gordo cabrón.
Su teléfono suena en una de las bolsas. Debe de ser su nueva novia, cumple años mañana. Tendré que encargarme de ella más tarde.

Como iba diciendo le convencí para grabarla.

Fue un éxito. Naturalmente la idea era robarle la grabación y hacer una copia sin que se percatara. Hicimos el estreno en mi casa como si fuera la última de Tarantino.
Fue decepcionante. No sabría decir que era lo peor. Supongo que el problema de Claudio, aparte de su enorme culo, es que sucedía todo demasiado rápido, ¿Recordáis cuando vuestro novio perdió la virginidad con vosotras y aquello duró unos segundos? Pues algo así. Joder, no me extraña que la chica no lubricase, ¿para qué? Ese halo de frigidez que siempre la colapsaba el gesto era simple ineptitud de su partenaire. Huye dulce gacela, huye…

Todo siguió su curso. Ella le abandono por otro –no se suele abandonar por la soledad-, y él, dos años y medio después, sigue sin vida social los sábados, sacudiéndosela como un mono del zoo viendo esos cuatro minutos de cinta girar una y otra vez, en un bucle infinito, como el final de Rayuela.

El caso es que me sentí algo responsable, era ya demasiado tiempo. Fui a verle.

Rorschach: Joder, Claudio, tienes que olvidarla, tienes que romper esa cinta, todas las copias, coño, que te pones la grabación de audio para dormir. Tienes que parar.
Claudio: -Mutismo-
Rorschach: Es enfermizo, tiene algo de “Días Extraños” Hay que dejar las cosas irse… Joder, ¡ni siquiera la chupaba bien!
Claudio: ¿...eso como lo sabes?

Lo había intentado.

De todas formas Claudio nunca estuvo bien. Era algo gordito y la gente se acostumbró a meterse con él. Cada vez se fue encerrando más y más en sí mismo. Se convirtió en un mal estudiante, tenía miedo a las mujeres, pocos amigos. Repetía y repetía cursos. Faltaba a clase porque le daba vergüenza ir, cuando alguien le decía algo mentía diciendo que estaba en la universidad. Al final se sacó el bachillerato en un instituto nocturno pero, ¿Dónde volcó toda esa energía vital? En la masturbación compulsiva y los videojuegos.

Hay personas más inteligentes que saben sublimar ese sufrimiento adolescente de formas menos excluyentes, tardes de bibliotecas como Bukowski, una guitarra, un grupo, los típicos intelectuales gafapasta que sueñan con dominar el mundo, noches de alcohol donde a veces consigues aprehender algún minuto de gloria, leve pero cálido, pero que mesura la congoja de SER. Pero él, mediocre en todo, simplemente se encerró en casa a jugar. Un medio controlado donde pudiera ser el héroe, el triunfador, alcanzar la perfección con cada nuevo reto sin que la sombra del fracaso le amedrentase. Un objetivo, una victoria. Enfocó en esa pasión toda su supervivencia, midiendo el tiempo en juegos superados, en esa compulsiva adicción que, sin embargo, le hace feliz. Sin preguntas, sin responsabilidad, sin sentir la decrepitud física, sin sentirse al borde del abismo, sin dolor. Un drogadicto, un yonqui que mientras mantenga una higiene aparente y su trabajo nadie señalará con el dedo. Ha conseguido con esa capacidad de escapismo ser autosuficiente.

¿Quiénes somos los demás para juzgar como hay que usar la vida? Al final los anhelos te hacen sufrir. Tampoco somos grandes ejemplos, nuestro quietismo es estremecedor. Veo a mi alrededor gente que solo sabe trabajar, que vive odiando su vida. No hablemos de las parejas, culmen del maltrato psicológico. Todos sienten ese miedo agarrotándoles la existencia y se dejan absorber por sus rutinas. Sí, claro, viven otras experiencias, se enriquecen, se masturban en esa complacencia que es la autorrealización personal. Pero, ¿al final les sirve de algo?

Los sueños joder, eso es lo verdaderamente importante. Me es indiferente del tipo que sean. Pero para mí alguien perfectamente integrado en la sociedad, con su coche, su casa, su mujer almidonada, y sus dos niños, todo ese éxito, no me vale de nada si lo que realmente quiere hacer es…no sé, escribir un libro, subir al Everest, ser actor porno, romper un record Guinness. O simplemente estar solo.

Para mi subyace el mismo tipo de fracaso, porque Claudio es una víctima de sí mismo, alguien débil. Pero los demás integrados en su soberbia social no se dan cuenta que tampoco han luchado por su propia esencia, por su propia integridad personal. Se dejan llevar mecidos por el canto de sirenas de los centros comerciales a una vida sin vida.

Mierda, mierda negra que utilizo para escribir este párrafo. Tengo mucho miedo. Miedo al horizonte. Porque las crisis existenciales ni siquiera son una pregunta, es la muerte objetiva y real de las oportunidades, es la perdida de la inocencia en base a la repetición de una traición consumada, es la decrepitud que empieza con una arruga, la alopecia, unos kilos de más, un gatillazo, con un sentimiento de estar fuera de lugar, con un “da igual”, con una mentira el día de tu cumpleaños.

Y en esta carrera de relevos que es tu vida, tu yo más joven te mira aborrecido mientras tu yo más viejo te insta a seguir adelante, ya sin público en las gradas, pidiéndote con la mirada que acabes lo antes posible con todo.

¿Encontraría a Marla?

I Go to Sleep by Sia on Grooveshark

martes, 1 de noviembre de 2011

Náufragos en un mar de mierda.

Soy un decadente, un puto desclasado, no tengo ni idea de política. Solo divago, que de momento es relativamente gratuito.
Y es que realmente la culpa no es de la falta de competencia o carisma de nuestros políticos. Aunque guardo un ferviente rencor a Zapatero por mentirme descaradamente, por tratarme como si fuera un niño pequeño al que hay que negar la verdad distrayéndole con cheques y grandes dosis de marketing incompetente, no ha dejado de ser al final un pobre idealista. Los de derechas lo tienen todo más claro, parecen inteligentes, quizás más acostumbrados a la realidad del poder. Pero esta crisis no solo afecta a nuestros políticos, sino también a Sarkozy, Angela Merkel y llega hasta nuestro querido Obama, premio nobel de la paz. Todos sin excepción domeñados a nivel mundial por los poderes facticos de los mercados. Intentando trasegar con una crisis que, desgraciadamente, se permutará eternamente en otras diferentes, porque es producto de un modelo inverosímil de crecimiento perpetuo, un disparate que nos obliga a consumir dinero que ni siquiera existe.

Rajoy –que no suele hablar mucho para mantener débilmente la duda de su estupidez congénita-, después de presentarse por tercera vez, ganará las elecciones. Puede hacerlo con mayoría absoluta o aliarse con algún grupo nacionalista que, después de unos privilegios desproporcionados, le permita gobernar con normalidad. ¿Alguien conoce cual el su programa electoral? De nuevo escamoteando información, total ¿Qué importa? ¿Acaso nos justifican algo de lo que está sucediendo? No. Los medios de información son simples cuñas publicitarias. No hay un diálogo real entre representantes sociales, el pueblo –por elegir una palabra rimbombante- y los políticos. No sé realmente si es por estupor, perplejidad o ignorancia, pero nadie exige nada, no reaccionamos. La aparición de los indignados ha sido tan efectiva como un pedo virtual. No hay líderes intelectuales, Stephane Hessel y su pequeño pasquín son una tomadura de pelo, una cortina de humo de risas enlatadas.
Somos los resignados, sin opción de crítica, una masa ninguneada. Nos hablan de billones y de países en quiebra mientras los mercados, en manos de especuladores, se frotan las manos con cada nuevo golpe de ciego. Nuestros gobiernos no pueden dejar de jugar, nadie controla la banca.

Y en vez de intentar salir todos juntos de esta trampa caemos en la indecencia política, sindical y periodística. Cada parte de la pirámide intentando sobrevivir aunque ello conlleve apretar más la soga alrededor del cuello de su país. No existe un futuro DIGNO que no pase, desgraciadamente, por la violencia, por una revolución en armas, real. Porque antes al menos nos manipulaban sutilmente, ahora nos desprecian, somos ganado al que no es necesario dar explicaciones, la democracia tal y como la conocíamos no existe, lo del próximo día veinte es simplemente un teatrillo barato sin consecuencias. Las ordenes ya están dadas, da igual quien ostente el poder.

Quince años de prosperidad atontan a cualquiera. Veremos cómo nos dejan los próximos treinta años de mierda enlatada.

This Is The Last Time I Shake Your Hand by The Suicide Of Western Culture on Grooveshark

viernes, 2 de septiembre de 2011

El sexo es muy solitario sin ti, ¿Por qué eres tan zorra, Puta?

Es mejor reconocer los errores en voz alta: Te quiero. Ya me cobraré las deudas que tengo con tu cuerpo en una ocasión más propicia, por ejemplo cuando no te estés follando a otro. Te cedo el tatuaje de mi beso por un día, y mi aliento para siempre.

Pues aquí estamos, días que vagan sin acritud pero que se difuminan sin más potencial de cambio que la nostalgia de un mañana agotada de antemano. Como una muerte a latigazos que dura demasiado, como mendigos bajo soportales escupiendo su felicidad en cervezas picadas por el sol y libretas Moleskine. Contando con esa voz llena de arrugas como empujaron al amor contra la pared y se lo follaron sin permiso una noche de viento y espinas.

Y creo que compartimos las mismas alucinaciones porque bebemos la misma basura barata, visiones resacosas -y sin ánimo metafórico- de mierda cayendo sin parar, cantidades industriales que el cielo defeca sobre nosotros, un alud, una avalancha, un manantial que ahoga todo porvenir, que causa nausea y enfermedad a su paso, sin ningún lugar donde esconderse, golpeando como granizo sobre las casas, separando a los amantes y desfigurándolos, creando riadas como una última eclosión de los desastres naturales.


El límite del juicio estético es el asco, como pensar que nuestra felicidad depende del agravio comparativo que ejerce la melancolía de nuestro alrededor, como ahorrarte una relación sin sentido al comprobar que el sexo es una mierda en la primera cita.

La soledad, como muchos dicen, es una puta barata, y de eso quería hablar: me he enamorado de una puta. Y antes de que empecéis a borrar mi página de los favoritos no me refiero a una mujer a la que considero una puta, no, no, de verdad, es una puta, de las que cobran desde el principio.

Me encontré con ella en un club que hay a cincuenta y dos segundos de mi casa, nunca me había atrevido a entrar porque lleva ahí media vida siendo una metáfora viva de lo casposo, con esos neones rosas y ese cartel de dos mujeres bailando. Pero era una de esas noches en que la idea de utilizar mi cuerda de saltar a la comba para ahorcarme estaba siendo mas nítida que de costumbre. O sea que franqueé el escenario. Y que decir: ahí estaba Ella, nada emocionante en su físico -debía de tener diez o quince años más que yo-, pero había indiferencia, dejadez en su mirada. No es un lugar para buscar retos pero me senté en la barra a su lado y le invité a una copa, que es la forma más natural de romper el hielo y el precinto del condón.

Rorschach: Dejando aparte que tienes unos ojos miel exquisitos y que este vaso esta muy sucio… ¿Tienes hijos?
Puta: Mi instinto maternal desapareció con mi padrastro, pero también es cierto que nadie ha conseguido tentarme estando vestido.
R: Todos son decisiones a fin de cuentas, Radiohead o Vivaldi, escupir o tragar, follar o morir, una elección siempre contamina el resto. Por ejemplo: elijo terminar estos preliminares y follarte, ¿Cuánto cobras?
P: Siento desilusionarte pequeño alfeñique, pero solo hago mamadas, eso sí, felicidad en estado puro, y me temo que escupo…
R: Mierda, que extraño, tengo poca experiencia en estas lindes pero veo raro que tus clientes se conformen con una simple mamada...
P: De simple nada, mis mamadas son transcendentales, estratos de felicidad convertidos en arte, pura metafísica de mi lengua saboreándote, envolviéndote, te hago el amor con mi boca de forma más intensa que con mi coño.
R: Joder, me dejas impresionado, lastima que no puedas chuparla y hablar a la vez, ¿Dónde están los reservados?
P: En este local elegimos nosotras y mi arte felador no esta disponible para cualquiera.
R: Mierda, ¿es por mi cara?
P: No, termínate tu copa y vete. Inténtalo en otra ocasión.

Se levanta y desaparece con ese gesto noble del que da por hecho que la visita ha durado demasiado y deja en manos del criado sacarte del salón.

Y así fue, mis queridas contertulias, como me he vuelto a enamorar. Rasgos comparte con las pretéritas aparte de la vocación: esos labios altivos de cereza y el pelo largo ensortijado crean un cuadro de turbadora belleza femenina.

Pero así somos los hombres, buscando a quien dedicar las derrotas, iluminando el camino con el semen del amor. 

Hellraiser (VNV Nation Remix) by Suicide Commando on Grooveshark

martes, 26 de julio de 2011

Sorpresas en el cristal de color rojo muñeca…las ratas, como reglones torcidos, aligerando las páginas de su contenido afónico.

…estábamos hablando de vacíos emocionales que tratamos de llenar con obsesiones maquilladas de afecto, distraías mi apatía diciendo que preferías a Nietzsche antes que a Schopenhauer. A Bukowski le agradaba –como a mí- Schopenhauer, el espíritu antes que la forma. Todas sus mujeres le eran infieles, eran putas por compromiso, como un chorro de lejía abrasándote, como Alexei Ivanovich ante la ruleta, arañas tendiendo su telaraña invisible… ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Nada. Solo quiero rosas en botellas de vino rotas y, con mucha constancia, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar…

Y paseamos por Madrid, besos, un bocadillo de calamares, dos que se cruzan en una calle, juventud agostada, una herida cicatrizada que apenas deja una marca blanca estriada junto al pecho. Todo seguía adelante con esa convicción de las cosas sin sentido, buscando la jodida recompensa en las palabras, siendo el héroe de mi propia mierda, friccionando coños ficticios y culos muertos...desposeído, pero en calma, el amor como antesala -entreacto sexual, Bukowski inunda el texto, Él decía que algunas personas nunca enloquecen…que vida más horrible deben tener… ¿podemos estar de acuerdo?
Te dije que no sabía tratar a las mujeres más de diez minutos, un límite como otro cualquiera, no era un tipo duro...no suponía ningún peligro: nadie se había enamorado nunca de mí.

Me serviste un trago y me besaste la espalda mientras me pedías, acariciándome dulcemente los cojones, que te violara, que te tomase por la fuerza con cierta brutalidad, que gozase de tu impotencia. Esa predisposición femenina al masoquismo, ese tamiz judeocristiano que constriñe vuestras perversiones no me era desconocido, sin embargo admití cierto fraude en mis escritos. Pero tú, con una sonrisita inocente ribeteada en los labios, te arrodillaste y guiada por tu instinto de meretriz, me amaste con maestría, sabiendo -mi querida confidente-, que ese era mi punto débil, ese capaz junto a un par de copas, de expulsar los escrúpulos, el romanticismo y los miedos al presente.
Y así, sin más, mientras seguramente pensabas con quien te tocaba hacerlo el sábado, te viole contra las paredes de ese pequeño bajo de extrarradio que posees, pensando en otra, pensando en ti, con banda sonora de Amy que, como tantas otras cosas, no venía a cuento en ese momento, respirándonos con el oído, escanciando el vicio, salpicándonos con tus humedades...

...todo acontece cuando el demiurgo mueve imperceptiblemente su mano mientras duerme y esa sombra fugaz crea y diluye una existencia completa en apenas un par de párrafos…

Ley de la gravedad by Havalina on Grooveshark