Y ahí te esperaba, en la estación de Chamartín, con esa mezcla de ansiedad o fe que producen este tipo de encuentros. Dos desconocidos esperando que las cosas fluyan, sin más argumentos que un mes de teléfono y dos encuentros por el skype. Un par de autocompasivos gilipollas que ríen y lloran a destiempo y siempre por cosas sin importancia.
Solo te quedabas una noche y nos dimos prisa con el
romanticismo. No tenía ninguna presión, esta vez no importaba nada demasiado, te
abriste ante mí como una flor bajo la lluvia esperando placer, solo tenía que
recoger el premio… ¿demasiado fácil? No, el juego fue largo, marcando bien los
tiempos para convertirme en tu reto, sin hablar de necesidades ni sentimientos,
un baile ensayado de indiferencia. Tu vanidad disfrutaba más de la posesión que de la
penetración y a mí no me interesaba llegar a tu corazón, solo las palabras rompían mi espontaneidad, pero gemías lo suficiente para hundirme en ese pelo largo
azabache y dejarme llevar.
El segundo fue mucho mejor, la verdad es que resultabas
mucho más inteligente en la cama que fuera de ella. Incluso con el tiempo
podría aprender a quererte, un escenario aburrido pero relajado en el que no cruzamos las líneas tacitas de nuestras mutuas carencias, ¿Lealtad o
sorpresa...?
Te dormiste abrazada a mí, simple tramoya, somos ya mayores para sobrecogernos por detalles mil veces repetidos. La nostalgia para ambos seguía ahí, aunque nos afectase de forma diferente. Te abandono como a un párrafo que me da vergüenza releer –sin metáforas- y dejo que mis falanges divaguen sobre cualquier tema, el éxito por ejemplo.
Si tienes un blog el éxito se basa en el número de
seguidores y/o comentarios que devienen en muchas visitas. Pero es una
pantomima, solo es una cuestión de marketing, otra red social de aduladores
donde nos intercambiamos favores y spam, es una cuestión de tiempo no de
talento. Y de sexo, mucho sexo reciclado en fotos, relatos, en mujeres
bosquejando su promiscuidad con algún toque –espero- de realidad a flor de
párrafo. La imagen de una vagina se folla literalmente años de letras en apenas
una hora.
El éxito… quizá el tiempo, como padre de la verdad, pocos
aguantan un buen ritmo más de un año. Quizá la existencia de un troll, sí,
alguien que se tome los textos como algo personal, que nos odie, que nos escupa
en los comentarios hasta que no tengamos más remedio que moderarlos. También
sería entrañable un acosador o una groupie ofreciendo sexo, los decadentes
espantamos el éxito, pero me consta que
hay gente que disfruta de esas experiencias en este pedo virtual.
Pero a fin de cuentas todas las aguas fecales acaban desembocando en el mismo mar
Pero a fin de cuentas todas las aguas fecales acaban desembocando en el mismo mar
Soy la anoxia que te provoca la realidad a
bocajarro
Soy letras para adolescentes adictos al crack
Soy un medico demasiado amable cuando va a darte los resultados
Soy la sensación de fracaso que te hace llorar por las noches
Soy un cocainómano rompiendo billetes a Paris sin usar
Soy un accidente sentimental al que aun no puedes llamar puta
Soy tu nausea al soltar tópicos intrascendentes ante una sala vacía
Un mendigo que te mira desde la basura y te ofrece un trago
Una mente rota que no entiende el principito
La pasividad de una muñeca hinchable
Un condón roto mientras finges un orgasmo
Un molino de viento girando entre las piernas inabarcables de zorras indiferentes
Una esquela, un fundido en negro en versión original, un carnet de biblioteca caducado
Una chica que se queda embarazada por segunda vez de la persona equivocada
Soy ese gesto, esa palabra, ese puñetazo que destroza años de convivencia y que hace que la mentira ya no pueda mantenerse ni un segundo más.
Aúlla conmigo, que le jodan al éxito.
Soy letras para adolescentes adictos al crack
Soy un medico demasiado amable cuando va a darte los resultados
Soy la sensación de fracaso que te hace llorar por las noches
Soy un cocainómano rompiendo billetes a Paris sin usar
Soy un accidente sentimental al que aun no puedes llamar puta
Soy tu nausea al soltar tópicos intrascendentes ante una sala vacía
Un mendigo que te mira desde la basura y te ofrece un trago
Una mente rota que no entiende el principito
La pasividad de una muñeca hinchable
Un condón roto mientras finges un orgasmo
Un molino de viento girando entre las piernas inabarcables de zorras indiferentes
Una esquela, un fundido en negro en versión original, un carnet de biblioteca caducado
Una chica que se queda embarazada por segunda vez de la persona equivocada
Soy ese gesto, esa palabra, ese puñetazo que destroza años de convivencia y que hace que la mentira ya no pueda mantenerse ni un segundo más.
Aúlla conmigo, que le jodan al éxito.




