…estábamos hablando de vacíos emocionales que tratamos de llenar con obsesiones maquilladas de afecto, distraías mi apatía diciendo que preferías a Nietzsche antes que a Schopenhauer. A Bukowski le agradaba –como a mí- Schopenhauer, el espíritu antes que la forma. Todas sus mujeres le eran infieles, eran putas por compromiso, como un chorro de lejía abrasándote, como Alexei Ivanovich ante la ruleta, arañas tendiendo su telaraña invisible… ¿Qué quieres ser cuando seas mayor? Nada. Solo quiero rosas en botellas de vino rotas y, con mucha constancia, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar, beber y esperar…
Y paseamos por Madrid, besos, un bocadillo de calamares, dos que se cruzan en una calle, juventud agostada, una herida cicatrizada que apenas deja una marca blanca estriada junto al pecho. Todo seguía adelante con esa convicción de las cosas sin sentido, buscando la jodida recompensa en las palabras, siendo el héroe de mi propia mierda, friccionando coños ficticios y culos muertos...desposeído, pero en calma, el amor como antesala -entreacto sexual, Bukowski inunda el texto, Él decía que algunas personas nunca enloquecen…que vida más horrible deben tener… ¿podemos estar de acuerdo?
Te dije que no sabía tratar a las mujeres más de diez minutos, un límite como otro cualquiera, no era un tipo duro...no suponía ningún peligro: nadie se había enamorado nunca de mí.
Me serviste un trago y me besaste la espalda mientras me pedías, acariciándome dulcemente los cojones, que te violara, que te tomase por la fuerza con cierta brutalidad, que gozase de tu impotencia. Esa predisposición femenina al masoquismo, ese tamiz judeocristiano que constriñe vuestras perversiones no me era desconocido, sin embargo admití cierto fraude en mis escritos. Pero tú, con una sonrisita inocente ribeteada en los labios, te arrodillaste y guiada por tu instinto de meretriz, me amaste con maestría, sabiendo -mi querida confidente-, que ese era mi punto débil, ese capaz junto a un par de copas, de expulsar los escrúpulos, el romanticismo y los miedos al presente.
Y así, sin más, mientras seguramente pensabas con quien te tocaba hacerlo el sábado, te viole contra las paredes de ese pequeño bajo de extrarradio que posees, pensando en otra, pensando en ti, con banda sonora de Amy que, como tantas otras cosas, no venía a cuento en ese momento, respirándonos con el oído, escanciando el vicio, salpicándonos con tus humedades...
...todo acontece cuando el demiurgo mueve imperceptiblemente su mano mientras duerme y esa sombra fugaz crea y diluye una existencia completa en apenas un par de párrafos…
Vista cenital. Una mujer de pelo largo azabache, ojos verdes, de unos cuarenta años -pero significativamente hermosa- esta bebiendo una copa de vino sentada en una silla de la cocina. Lleva un camisón beige transparente y se nos presenta ligeramente acalorada, como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico hace poco. Mira de soslayo hacia la puerta abierta de la nevera que tiene a su derecha y se apoya ligeramente en el respaldo de la silla. Se le escucha murmurar…
…me encantaba como sonaba mi nombre en tus labios: Mina…Mina…Mina…Cuando no hay oportunidades no se extraña lo perdido no se busca la templanza en la tragedia. Mi familia esta preocupada, no respondo sus llamadas, aparento no estar en casa cuando vienen a buscarme. He pensado en coger una excedencia. Pero tendría demasiado tiempo libre. A veces voy a un bar y pienso en el desorgasmo, algún pútrido macho alfa se acerca con esa pequeña franja blanca en su dedo anular, o quizá solo soy yo exteriorizando mi asco a los hombres inventando más y más historias sórdidas, y les digo que no soy capaz de masturbarme, que no pierdan el tiempo conmigo.
A la vida es mejor no preguntarla nada, solo disfrutarla lo poco que te deje sin esperar nada a cambio ni por su parte ni por la tuya. No tengo amigas que me den consejos, solo canciones en la cabeza que me hablan de amor. No debí perderme en ti, no debí desearte así.
Todo por culpa de un polvo…porque no hubo nada más…estábamos en la playa, no eras nadie interesante, destacable, mirada huidiza, alto, demasiado delgado, gesticulabas a destiempo desmañado pero gracioso. Pero eso sí: tenías una voz cautivadora, creabas mundos solo con tus palabras, no podía dejar de mirarte mientras poco a poco te transformabas en alguien diferente. No sabía que había detrás de esos ojos oscuros pero notaba que bebías demasiado, síndrome de culto de una vida apartada y extraña. Me confesaste, ya un poco alejados de los demás, que eras un pervertido, un romántico, un gañán, alguien encantador la primera hora y odiable hasta el extremo la segunda. Decías que nunca estabas a la altura y que morirías solo. Me reía con cada nueva ocurrencia, disimulando, sin atreverme a preguntar que era verdad o mentira. Solo veía a alguien frágil e inseguro mirando al mar con melancolía, sin atreverse a terminar la botella, como sino tuviera nada a lo que volver después.
Me besaste, primero con tu sonrisa, luego con tus parpados…finalmente con tu lengua. Era una noche de verano calida y sinuosa, de esas que recorren tu piel haciéndote cosquillas en el alma.
Hubo una pausa en tu excitado avance por mi cuerpo, como si de pronto quisieras huir de mí. Solo fue un instante cuya intuición fue barrida por el sonido de las olas, el vino caliente, las palabras y esa sensación de adolescente en celo mojándome las bragas. Me eché encima tuyo, quería violarte, quería marcarte de por vida. Y nos pasamos toda la noche follando, sudando, amando, muriendo entre capas de fiel, febriles, riéndonos, enfadándonos con nuestros cuerpos, amoratándolos con embestidas y golpes, arañando los mordiscos, quemándonos como si fuera la última oportunidad, sin pasado ni futuro, sin un no de colegio de monjas, con convicción de reo encadenado a un show de Truman pornográfico, con palabras que deseaban amar y se quedaban en mera banda sonora.
Ahora lo pienso y se me antoja ridículo, tenía cuarenta años, había tenido una vida bastante desbarrada y quería algo de tranquilidad, de pronto aparecía un tipo normal, me echaba un polvo en la playa, ¿y me enamoraba? Ni siquiera vivía en mi ciudad. Era una locura. Y lo peor es que no sabía si estaba enamorada de él o solo del sexo, de ese sexo tan brutal y estremecedor. Joder, si incluso me había despertado el instinto maternal. Era un puto órdago hormonal.
Te empecé a llamar, facturas inmensas. Un sexo telefónico increíble, terminaba con los dedos arrugados por mis flujos. Y volqué mi alma en ti, sin tapujos, con una necesidad desconocida, como una niña. Te hablé de mi pasado, de todas mis frustraciones, de mis relaciones pretéritas como un error del destino. Gracias a ti había vuelto a reconciliarme con el romanticismo.
Y cuando no hablaba contigo te pensaba, te mandaba mails, fotos, hacía planes, quería ver todas tus películas favoritas, escuchar tu música, tenía conversaciones en mi soledad, quería que vinieras a vivir conmigo, olerle, presumir de tu compañía mientras paseábamos por la playa y luego lanzarnos a la arena entre risas, quería enseñarte mi ciudad, vivir todo de nuevo y compensar todo lo anterior que no significaba nada porque no lo había compartido contigo.
Pero nunca viniste. Todo se fue diluyendo. Comenzaste a estar siempre de mal humor o deprimido, a no coger mis llamadas ni responder mis mensajes...ya no era tu prioridad. Quería ir a verle pero me amenazabas y me convencías de que no lo hiciera. Quizá tenías pareja. No me importaba. Mi felicidad solo estaba contigo.
Fue a peor, migajas de tiempo, voz desconocida, excusas, dejaste de llamarme y cuando te llamaba a la hora de siempre al final terminábamos discutiendo. Cuanto más te alejabas más ansiedad me causaba, más obsesionada me sentía, más obcecada por aferrarte y reclamar tu atención.
Al final una pizca de orgullo floto entre mis lagrimas, te pedía, no, te exigía que acabaras con esto. Dijiste que no estabas preparado, que tú eras así, que lo dejabas en mis manos.
"¿No tienes nada más que decirme, no me quieres, no quieres estar a mi lado, vernos, superar esto juntos, luchar simplemente?" Te pregunté sin acabar de creer que todo acabara así.
Silencio. Un silencio atroz.
Y de esa forma cobarde, colgamos, no sin antes arrancarte la promesa de que me llamarías, que al menos seguiríamos siendo amigos.
Eso pasó hace cuatro meses. Ni siquiera te ha interesado ser mi amigo. Cada vez que te he llamado me has colgado o me has mandado un mensaje diciéndome que te deje en paz. Releo tus mails, como respuestas ficticias a los que nunca me has contestado. Tengo una carpeta solo para ti, tus fotos, tus mails, tus mensajes, mis planes, mis borradores...Es pequeña, no da para mucho. A veces cuando despierto no me acuerdo de ti, pero siempre, siempre, a las nueve de la noche te pienso y te extraño: era la hora a la que siempre hablábamos. Odio esa hora. Tu hora.
…me tenías tan fácil, solo alargar los dedos, rozarme, desearme sin más, arriesgarte, esquivar nuestra mutua fragilidad. Pero la realidad es que no me querías, era un simple juego, me domesticaste y luego me tiraste a la basura. Me dejaste en esta agonía lenta, en este rechazo perpetuo, cobarde, ruin, miserable, hundiendo el dedo en la llaga de mi vanidad escindida, día tras día, a la misma hora, dejándome sin esperanza, sin el hogar de tu voz idealizada, sin poder perderme entre mis dedos porque tu recuerdo me abruma y me hace llorar…
Por eso me tendrás que perdonar, ya sé que te lo he dicho varias veces hoy, pero tenía que traerte, tenía que hablarte, tenía que explicarte todo esto. Siento que haya tenido que ser de ese modo, pero sabes que soy muy intensa y no debiste de decirme esas cosas tan horribles cuando nos vimos...solo quería amarte, solo quería que estuviéramos juntos. Es una pena. Pero tranquilo mi amor, aquí estarás bien. Junto a mí…para siempre…
Era lunes cuando Rorschach recibe una carta. No hay remitente. Se le invita a pasar unos días con todos los gastos pagados en un motel fuera del alcance del mundo civilizado. La llave -de número sugerente- viene dentro del sobre.
Desventuras aburridas para el lector provocan que nuestro protagonista tarde más de lo necesario y llegue cansado y polvoriento a altas horas de la madrugada y casi sin gasolina. El hecho de no haberse cruzado con ningún coche durante las últimas tres horas le ha empezado a despertar cierta inquietud.
Cuando llega –todo el mundo sabe lo que es un motel, con sus hileras de apartamentos a los lados, todos iguales, y una casa o adosado mas grande donde vive el encargado-, lo primero que piensa es que Bates estaría satisfecho con el tramoyista. Solo falta que un relámpago ilumine bruscamente un cartel señalando el emplazamiento de “Crystal Lake”. Y si se queda dormido en el coche y sueña con el tipo de las cuchillas y el jersey a rayas rojo y verde ya estamos en el puto remake definitivo.
Vamos, que esta visiblemente asustado, y aunque no valora demasiado su vida recrea sin mucho esfuerzo al menos trece muertes lentas y dolorosas que cualquier psicópata con ínfulas de Hostel puede infligirle en un escenario como este.
Pero al demiurgo no le gusta la dirección que esta tomando el texto y con sobrada altivez arguye que las sensaciones son la mejor descripción y que de pronto a Rorschach le llega el olor a mar, a peonías, al éter aristotélico, a libros antiguos…le llega la música de un concierto de jazz, el recital de una obra de teatro, el sonido que hacia su madre mientras tendía, es como si todo estuviera allí de pronto, en esas habitaciones. Se le eriza la piel, también siente el olor a tiza del colegio, ese perfume que usaba ella hace ya tantos años, el olor de la tapicería del coche de su padre…tantas cosas a la vez…
Sale del coche, tiene que saber que sucede. Recorre el espacio del aparcamiento –solo esta su coche- y llega a los apartamentos. Recuerda que en la carta leyó que cada apartamento, cada habitación de ese motel tenia una historia, que solo tenía que invertir tiempo en descubrir el fósil.
No hay un orden en los números y vaga por el largo pasillo. Se para en una puerta extrañamente deformada. Empuja la puerta y cede sin dificultad.
La habitación es de colores negros, persianas bajadas, desorden y ambiente enrarecido. Hay un hombre vestido de negro tumbado en la cama murmurando una y otra un discurso duro y desgarrado mientras acaricia un retrato con ternura.
“Te observo con mis pupilas de reloj de arena mientras todo a mi alrededor se corrompe, las cosas mas nobles y bellas -llenas de muerte-, pudriéndose mientras el Fin ríe impertérrito ante los idealismos caídos en desgracia. Solo quiero sentir, romper esta segunda piel llena de culpa, de odio, de frustración que se me ha adherido aislándome cada vez más. He pensando en utilizar tu desdén como cuchilla afilada, y cortarla, amputarla, buscar en ese dolor orgulloso fuerzas para poder sublimarte.
Pero no hay esperanza, esta noche de soledad me agarra y me desangra, no voy a conseguir superarla, parte de mí se quedará atrás,
Hagamos el corte mas profundo, insistamos con la carne. Tenía un equilibrio y lo has roto dejándome incapaz de llenar el hueco, mi cerebro astillado aúlla por la necesidad de alcohol…este vértigo emponzoñado al filo del abismo, lágrimas secas, recuerdos en pleno asedio. Me destrozaste el corazón. Dramatizo: es la única forma que tengo de hablar de ti. Nada tiene sentido, ni siquiera con unos billetes caducados en la mano.
Celos tangentes del alma, si fuera un poco más divertido sería imposible soportarlo. Mentiras en labios de semen, nudos gordianos cortados ante el apocalipsis. Clarines oscuros avistando en el horizonte versicolor la plaga de zombies. Jugando con las palabras como amantes heridos, carne de memoria, bolsas húmedas de basura que pesan demasiado…una esposa desaparecida. Mis manos demiurgas violaban la página en blanco para emocionarte, pero cuando levantaste la vista huiste con los caprichos decepcionados. Mi tacto había adormecido tu sensibilidad.”
Rorschach huye, no tiene ganas de melodramas, prueba en la siguiente puerta. La habitación es más alegre y luminosa pero esta dividida por un enorme cristal. Hay un hombre y una mujer desnudos, cada uno en su cama, muy quietos, mirándose intensamente.
Detrás de la puerta hay un resumen de la situación, cosa innecesaria porque le es familiar.
“Sincronizar el placer a distancia, con los ojos cerrados, acariciándose solo con la voz, con las palabras, masturbándose la mente a un ritmo diferente inmersos en su propio guión, alternando las voces de sus fantasías en un arrullo que les transporta orgasmo tras orgasmo, sin caídas, sin renuncias, egoístas y generosos a la vez...pero cobardes.
Cada zona tiene un interruptor y a veces, a escondidas, lo golpean para probarse, para ver que sucede. No se dan cuenta, o no quieren ver, que para levantar el cristal tendrían que hacerlo a la vez, juntos. Pero temen inconscientemente que si salen de la habitación, de sus camas individuales, destruirán la magia de esos orgasmos compartidos…se mirarán sin tragedia y se convertirán en una aventura más, pasajera y decepcionante.
Y ahí siguen, mirándose de reojo a través del cristal, buscando marcas de otros amantes, aturdidos por las ausencias prolongadas, jugando a la ruleta rusa de sus citas arbitrarias, deseando a veces no volver, pero siempre acudiendo”
Rorschach huye también de esta. Reconoce por fin del número de su llave en la siguiente puerta. Habitación normal, tabula rasa. Se deja caer sobre la cama. Intentará dormir unas horas y mañana buscará a su anfitrión para pedirle una explicación. Rorschach es un tipo duro y no le agradan estos juegos mentales. Pone el canal porno para bajar la intensidad del momento y apaga la luz.
Buenas noches. Y recordad: El arte nunca nace de la felicidad.
Laura: Eres el escroto más triste que he conocido en mi vida.
Rorschach: estoy cansado de ser el papel higiénico de perturbadas emocionales.
Laura:Un coño nunca miente.
Rorschach: Todo el mundo miente, aunque siempre me he preguntado como sería comértelo por primera vez.
Laura:Te enamoras con demasiada facilidad.
Rorschach: ¿No podríamos tener un polvo romántico?
Laura:Estoy enamorada de otro.
Rorschach: Werther nunca me resultó demasiado atrayente pero mi dependencia me descubre nuevas simas.
Laura:Eres un alma desfondada. Tu risa de mutilado me pone cachonda. Quizás tengas una oportunidad hoy. Pero mañana te despedazaré sin que puedas oponer resistencia.
Rorschach: Qué suene mi marcha fúnebre. Bailemos un tango. Bebamos el vino y juguemos con dados trucados.
Laura:No es una distopía romántica. Carne buscando carne. Mi coño empapado. Un poco de mierda interpersonal intentando ser transcendental.
Rorschach: ¿Entonces me quieres…?.
Laura:(Suspiras. Apartas un instante la mirada. Respondes con ese matiz en la voz que tan bien conozco.) Te quiero. Aunque te provoque daño. Aunque sólo sea el deseo de una niña consentida. Necesito verme reflejada en tus ojos. Tan perfecta. Tan especial. Tan deseada. Dejemos los juegos. Por favor: ven conmigo.
Te abrazo con fuerza. Beso el precipicio de tus labios de frambuesa. Temo decir esas dos palabras que arden en mi garganta. De pronto un pitido insoportable rompe la escena. Todo alrededor empieza a desdibujarse. Nos rodea un vacío blanco y nebuloso. Intento sujetarte pero empiezas a desaparecer. Nos despedimos con los ojos desbordados por la pena.
Despierto en mi cama. Me noto congestionado, con la cara húmeda. Miro a mi alrededor todavía desorientado. El sonido impertinente viene del móvil. Al mirar la pantalla... eres tú. Tú, siempre tú. Después de tres meses sin saber nada apareces de madrugada...
Lo apago e intento volver a dormir.