viernes, 11 de mayo de 2018

Me desperté sobresaltado. Y en medio de ese precipicio de frío y soledad que era mi cama, solo había palabras. Y ni siquiera eran las tuyas.

El universo se arrodilla
Y observa los muros de nuestra prisión
La sempiterna soledad
como un beso ahogado por la tormenta
como un árbol centenario
que tartamudea pavesas en el instante de su invierno

¿Cómo abandonarte ahora, mi querida isla de certezas?
Ahora que luchas por nacer de nuevo
y los sueños caen de tus cabellos
Ahora que cantas y sonríes
Que los dioses de arena se deshacen en tu mano
y el palacio de la creación viste de dicha tus paredes

Por eso arriésgate
enlaza tu mano núbil y bailemos la noche

Que el tiempo nos busque por los pasillos del delirio
mientras pintas las explosiones de tu pecho con carmín
y fundes mariposas en mi cama.

jueves, 10 de mayo de 2018

¡Strike First, Strike Hard, No Mercy! Reseña de Cobra Kai (2018)

Hace un par de semanas se estrenó en YouTube Red (Servicio Premium para YouTube), la serie Cobra Kai, una secuela/spin-off de la popular saga de películas The Karate Kid. Sin embargo, como el nombre lo sugiere, esta historia no se centra en Daniel LaRusso, más de treinta años después de su victoria en el torneo de karate de All Valley con Johnny Lawrence, sino en este último, quién intenta poner su vida en orden (es el típico loser americano, alcohólico, separado y sin futuro) y con ese fin, reabre el Dojo Cobra Kai, en el que no solo trata de recuperar su dignidad (y brutalidad al mismo tiempo), sino que además será él quien enseñe a los nerds e inadaptados víctimas del bullying a defenderse y ganar confianza en sí mismos, en una clara inversión de roles.

Los guiños, frases, personajes, lugares revisitados, escenas recogidas de las películas para rememorar la historia desde el lado de Johnny… todo ello hace de Cobra Kai un enorme canto a la nostalgia que trae de vuelta una fórmula conocida y le aplica una muy necesaria dosis de cinismo y humor, que contrasta con el material más inocente de las películas de los 80s. El tipo de humor que maneja especialmente el personaje de Johnny, interpretado por William Zabka, el Johnny Lawrence original, es directo, rudo, pero hilarante, muy políticamente incorrecto. Además, en su enfrentamiento con Daniel LaRusso (el protagonista de las películas, aquí un triunfador que lo tiene todo), se prescinde de maniqueísmos, no hay buenos ni malos, solos dos hombres que intentan poner orden a sus vidas.

En resumen, en Cobra Kai tenemos una serie que con muchas reminiscencias ochenteras (las escenas de entrenamiento musicalizadas con el rabioso rock de aquella época son un golpe al mentón de pura nostalgia) que nos propone la continuación de una rivalidad histórica entre dos ahora viejos rivales, con el bullying y las diferencias intergeneracionales de fondo, y el kárate como forma de superación personal. Sin estar a la altura de calidad de otras producciones de más enjundia (no olvidemos que es un proyecto bastante modesto para YouTube Red) se hace muy amena. Por tanto, y dado que solo hay gratis los primeros dos episodios, para los demás hay que pagar la subscripción, os dejo enlaces para que podáis ver -a quien le interese-, todos los episodios online o descargarlos si os place. Como suele suceder con este tipo de enlaces, su durabilidad no es eterna, o sea que aprovechad el momento. ¡Strike First, Strike Hard, No Mercy!


viernes, 4 de mayo de 2018

Reseña del libro “La expulsión de lo distinto” de Byung-Chul Han

El terror a lo igual
Los tiempos en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción, el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual. La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las que está aquejado el cuerpo social. Lo que lo enferma no es la retirada de la prohibición, sino el exceso de comunicación y de consumo. El signo patológico de los tiempos actuales no es la represión, es la depresión.

A causa de su positividad, el violento poder de lo igual resulta invisible. La proliferación de lo igual se hace pasar por crecimiento. Pero a partir de un determinado momento, la producción ya no es productiva, sino destructiva; la información ya no es informativa, sino deformadora; la comunicación ya no es comunicativa, sino meramente acumulativa. El terror de lo igual alcanza hoy todos los ámbitos vitales. Viajamos por todas partes sin tener ninguna experiencia. Uno se entera de todo sin adquirir ningún conocimiento. Uno se queda siempre igual a sí mismo.

Sin embargo, lo que constituye la experiencia en un sentido enfático es la negatividad de lo distinto y de la transformación. Tener una experiencia con algo significa que eso “nos concierne, nos arrastra, nos oprime o nos anima”. Su esencia es el dolor. El pensamiento es la forma de acceso a lo completamente distinto. Puede interrumpir lo igual. En eso consiste su carácter de acontecimiento, de relación nueva con la realidad. Calcular, por el contrario, es una inacabable repetición de lo mismo. A diferencia del pensamiento, no puede engendrar un estado nuevo.

El violento poder de lo global y el terrorismo
A la globalización le es inherente una violencia que hace que todo resulte intercambiable, comparable, igual. La comparación igualatoria total conduce, en último término, a una pérdida de sentido. El neoliberalismo engendra una injusticia masiva de orden global. La explotación y la exclusión son constitutivas de él. Construye un “apóptico”, una construcción basada en una “óptica excluyente” que identifica como indeseadas y excluye por tales a las personas enemigas del sistema o no aptas para él. El panóptico sirve para el disciplinamiento, mientras que el apóptico se encarga de la seguridad. Alexander Rustow, quien acuñó el concepto de “neoliberalismo”, constató que si la sociedad se encomienda únicamente a la ley mercantil neoliberal se deshumaniza cada vez más y genera convulsiones sociales. Por eso señala que hay que completar el neoliberalismo con una “política vital” que siembre solidaridad y civismo.

El miedo por sí mismo no solo se manifiesta como xenofobia, sino también como odio a sí mismo. La sociedad del miedo y la sociedad del odio se promueven mutuamente. Precisamente la actual crisis de los refugiados revela que la Unión Europea no es más que una unión económica comercial que busca el provecho propio. El grado civilizatorio de una sociedad se puede medir justamente en función de su hospitalidad, es más, en función de su amabilidad.

El terror de la autenticidad
Hoy se habla mucho de autenticidad, la publicidad del neoliberalismo lo presenta con un atavío emancipador. Ser auténtico significa haberse liberado de pautas de expresión y de conducta preconfiguradas e impuestas desde fuera. De ella viene el imperativo de ser igual sólo a sí mismo, de definirse únicamente por sí mismo, es más, de ser autor y creador de sí mismo. El imperativo de autenticidad desarrolla una obligación para consigo mismo, una coerción a cuestionarse permanentemente, a vigilarse, a estar al acecho de sí mismo. Con ello intensifica la referencia narcisista. En último término, la autenticidad es la forma neoliberal de producción del yo. El yo como empresario de sí mismo se produce, se representa y se ofrece como mercancía. La autenticidad es un argumento de venta.

El esfuerzo por ser auténtico y por no asemejarse a nadie más que a sí mismo desencadena una comparación permanente con los demás. La lógica de comparar igualando provoca que la alteridad se trueque en igualdad. Esa autenticidad de la alteridad se consolida solo en aquellas diferencias que son conformes al sistema, es decir, que son lucrativas. Hoy todo el mundo quiere ser distinto a los demás. Pero en esa voluntad de ser distinto prosigue lo igual. La singularidad es algo totalmente distinto que la autenticidad. La autenticidad presupone la comparabilidad. Quien es auténtico, es distinto a los demás.

Miedo
Lo que suscita el miedo es, en primer lugar, lo extraño, lo siniestro e inhóspito, lo desconocido. El miedo presupone la negatividad de lo completamente distinto. Según Heidegger, el miedo se produce en vista de una nada que se experimenta como lo completamente distinto de los entes. La negatividad, lo enigmático de la nada nos resulta hoy ajeno, porque el mundo, como si fuera unos grandes almacenes, está repleto de entes.

En los tiempos actuales, que aspiran a proscribir de la vida toda negatividad, también enmudece la muerte. La muerte ha dejado de hablar. Se la priva de todo lenguaje. Cuando se niega la muerte en aras de la vida, la vida misma se trueca en algo destructivo. Y el neoliberalismo individualiza al hombre convirtiéndolo en un aislado empresario de sí mismo. La individualización que acompaña a la pérdida de solidaridad y a la competencia total provoca miedo. La lógica del neoliberalismo reza: el miedo incrementa la productividad.

Alienación
La novela de Albert Camus El extranjero describe la extranjería como sentimiento óntico y existencial fundamental. El hombre es un extraño en el mundo, un extraño entre los hombres y también un extraño para sí mismo. Hoy nos entregamos a una comunicación irrestricta. La hipercomunicación digital nos deja casi aturdidos. Pero el ruido de la comunicación no nos hace menos solitarios, las relaciones son reemplazadas por las conexiones, la falta de distancia expulsa la cercanía. Dos bocanadas de silencio podrían contener más proximidad, más lenguaje que una hipercomunicación. El silencio es lenguaje, mientras que el ruido de la comunicación no lo es.

            La situación laboral actual no se puede describir con ayuda de la teoría marxista de la alienación. Ahora en el régimen neoliberal la explotación ya no se produce como alienación y desrealización de sí mismo, sino como libertad, como autorrealización y autooptimización. Una explotación voluntaria de uno mismo que puede llegar al burnout (síndrome del trabajador quemado) En el momento en que el sujeto se siente forzado a aportar rendimiento se percibe a sí mismo –por ejemplo su propio cuerpo- como un objeto funcional que hay que optimizar, entonces se va alienando progresivamente de él. A causa de la falta de negatividad, esta autoalienación prosigue sin que nos demos cuenta, provocando trastornos en la percepción neuropsicológica del organismo. La anorexia, la bulimia o el trastorno de sobreingesta compulsiva son síntomas de una progresiva alienación de sí mismo.

Escuchar
Escuchar no es un acto pasivo. Escuchar es un prestar, un dar, un don. En cierto sentido, la escucha antecede al habla. El oyente es una caja de resonancia en la que el otro se libera hablando. El arte de escuchar se desarrolla como un arte respiratorio. La acogida hospitalaria al otro es un inspirar que, sin embargo, no se anexiona al otro, sino que lo alberga y lo protege. El oyente se vacía. Se vuelve nadie. Este vacío es lo que constituye su amabilidad. El oyente se pone a merced del otro sin reservas. La escucha tiene una dimensión política. Es una acción, una participación activa. Hoy oímos muchas cosas pero perdemos cada vez más la capacidad de escuchar a otros y de atender a su lenguaje y a su sufrimiento.

Hoy es necesaria una revolución temporal que haga que comience un tiempo totalmente distinto. El tiempo del otro. El tiempo del otro no se somete a la lógica del incremento del rendimiento y la eficiencia. La política temporal neoliberal elimina el tiempo del otro. A diferencia del tiempo del yo, que nos aísla y nos individualiza, el tiempo del otro crea una comunidad.

jueves, 3 de mayo de 2018

Reseña libro “Crezco” de Ben Brooks

Sinopsis: Ben Brooks escribió Crezco cuando aún no había crecido. Tenía 17 años y tecleaba en la habitación adolescente (llena de pósters de Harry Potter) de la casa de sus padres en Gloucester. Se metía en chats porno, se metía muchas drogas, se metía en problemas. Quería ser mayor y tenía miedo de crecer. Escribía como se hacen las cosas a esa edad: como si fuera la primera vez y también la última. Sin mentiras ni máscaras. Nadie lo estaba mirando.

Han pasado más de cinco años. Lo que no sabía ese chaval, que ahora escribe en un apartamento de Berlín, es cuánto iban a crecer sus lectores, sus miedos, su talento. Convertido en una de las estrellas de la nueva narrativa anglosajona y traducido a doce idiomas, ahora decenas de miles de personas se asoman a lo que él escribió cuando nadie lo miraba.

Y lo que escribió en Crezco fue la historia de Jasper, que era la de Ben Brooks, que era, de algún modo, la de muchos de nosotros. El guardián entre el centeno del siglo xxi, pero más rabioso, más divertido, más brutal. Un clásico escrito en una habitación infantil.

            Ben Brooks dice haber escrito tres cuartas partes de esta novela cuando tenía dieciséis años y padeciendo una enorme resaca, plasmando en ella lo vivido la noche anterior. No sé cuánto de Ben hay en él, pero el protagonista de esta historia es Jasper, un adolescente que aunque demuestra inteligencia y madurez en algunos aspectos de su vida, no deja de ser un niño egoísta que se niega a crecer y asumir responsabilidades. Su vida gira en torno a ir al instituto -o hacer creer a su madre que va-, contarle mentiras a la psicóloga a la que le obliga a ir su madre, meterse en chats porno, beber y drogarse.

Si algo tiene Ben Brooks es una manera de narrar muy particular. Es capaz de mostrar muchos pequeños detalles, que para otros autores no serían más que anecdóticos, pero sin ralentizar el ritmo de la lectura. Consigue plasmar todas sus inquietudes con un tono muy personal, diaristico, de humor ácido, impregnado con esa urgencia de red social, de desencanto generacional y con la curiosidad propia de la iniciación en el sexo o el consumo de drogas. Carga un poco las tintas, pero sin sacarte demasiado de la narración, consigue combinar bien la resaca de ketamina y el carpe noctem de la fiesta continua, con el terror al futuro, el desamor y un domingo de autismo frente al ordenador. Ese punto de diagnóstico adolescente, de pincelada de crítica social cruel y deprimente, es donde reside su encanto.

Ben Brooks me parece un autor sobrevalorado, sin embargo cada vez que cae un libro suyo en mis manos me lo termino en un par de días. Son gamberros, irreverentes, mordaces, y poseen un punto de honestidad y talento que al final salvan la lectura de ser un mero entretenimiento.

PD: Versión en ePub para descargar.