martes, 18 de septiembre de 2018

Si tuvieses que recomendar dos o tres obras de filosofía, economía, historia y política, ¿cuáles serían? (18/30)

De filosofía yo recomendaría “Aforismos sobre el arte de vivir” de Arthur Schopenhauer, es un tratado sobre filosofía práctica muy interesante. Luego pondría “Cartas a Lucilio” de Séneca. Su estilo es sencillo, carente de la parquedad y de las asperezas propias de otros estoicos como Marco Aurelio. Quizás Lucilio no existió nunca y Séneca utiliza el formato carta para exponer sus ideas estoicas de una manera ordenada clara y precisa. No importa, son una maravilla.
Lo emocionante de la filosofía es que hay muchos autores que merecen la pena, y cientos de obras transversales, novelas filosóficas y ensayos. Recomendaría los libros de aforismos de Cioran, el teatro de Camus, la novela “La Náusea” de Sartre y el ensayo “La conquista de la felicidad” de Bertrand Russell.
Existe también una colección de libros “Descubrir la filosofía”, que son pequeños ensayos biográficos sobre filósofos famosos y su filosofía, que pueden servir como perfecta introducción para luego leer su obra. Excelentes.

De política primero el más habitual: El Manifiesto Comunista. Luego “La república” de Platón y “El Príncipe” de Nicolás Maquiavelo. El Contrato Social de Rousseau es también muy importante para comprender la Revolución Francesa y también el pensamiento socialista de un siglo más tarde. Sí te resultan un poco pesados 1984 es una distopia política alucinante y Rebelión en la granja, aunque más ajustada a la crítica del comunismo, también resultan muy estimulantes.

            De economía me temo que no puedo recomendar demasiados, dado que soy más de leer ensayos modernos. Los clásicos y más notorios son: “El capital” de Karl Marx y “La riqueza de las naciones” de Adam Smith. De los actuales puedo recomendarte: “El libro prohibido de la economía” de Fernando Trias de Bes, La doctrina del shock de Naomi Klein, “Por qué fracasan los países” de Daron Acemoğlu y Freakonomics de Steven D. Levitt.

De historia puedes escoger algún libro superventas asequible “Una Breve Historia De Casi Todo” de  Bill Bryson, “Historia del mundo contada para escépticos” de Juan Eslava Galán) o buscar periodos concretos e informarte sobre ellos. Yo he leído bastantes libros sobre la Guerra Civil Española, o la Segunda Guerra Mundial. Sobre Roma: “Historia de Roma” de Indro Montanelli y “SPQR” de Mary Beard. Sobre la historia de España Arturo Pérez Reverte hace un buen acercamiento en su blog con sus artículos.

Con esta entrada quiero mostrar que hay muchos géneros literarios, más allá de la novela y poesía, que merecen la pena. No hay que tener miedo a leer un ensayo, solo hay que saber qué nos puede interesar y buscar algo relacionado con ello.(Todos los libros que he indicado tienen un enlace a una página para que podáis descargarlos en formato ePub, solo tenéis que pinchar sobre ellos. Si tenéis alguna duda sobre la descarga me podéis preguntar en los comentarios. Espero que os animéis con alguno.)

lunes, 17 de septiembre de 2018

La rebelión de la conciencia. (17/30)

Sin tiempo libre no hay reflexión, y sin inquietudes intelectuales que podamos desarrollar es imposible lograr la libertad. No seamos ingenuos, nuestra sociedad actual es un acto de guerra contra el ser humano, solo tiene como objetivo convertirnos en borregos manipulables, ¿qué es la educación más que una manera soterrada de insertarnos en el engranaje? ¿Se nos enseña acerca de la transcendencia de la vida, de su sentido o del significado de la muerte? ¿Existe acaso una asignatura de felicidad o de cómo gestionar el dolor? La educación actual se basa en aniquilar sistemáticamente el pensamiento crítico, en homogeneizarnos y potenciar los "valores" de la sociedad: la carrera de ratas del consumismo.

Puedes liberarte, pero para ello tienes que reconocer todos los barrotes de tu jaula, incluyendo el hecho terrible de ser un esclavo asalariado, en esto consiste la rebelión de la conciencia que todos necesitamos. Sé que mi contexto de trabajo precario no es el más adecuado para ser optimista, solo conozco a gente con una vida mediocre y estresada. Tienen anhelos normales, como comprarse otro coche, otro móvil, tener un hijo o irse de vacaciones. Nada malo sino fuera porque para conseguirlo necesitan tener dos trabajos y al final del día acaban tan cansados y ausentes que les resulta imposible disfrutar de su tiempo. Creo que la mayoría de la gente no se percata de que hoy puede morir. Que cada día es una vida, que el futuro es el impulso con el que desandas el presente.

Pero soy un pesimista esperanzado, sé que ahí afuera hay todo tipo de personas. A principios del siglo XX el porcentaje de analfabetismo neto era todavía del 56% y España ofrecía, junto con Portugal, Italia, Grecia, Rusia y los países de la Europa del Este, los porcentajes de analfabetismo más elevados del continente europeo. Pero ahora esto no es un problema, no solo por la educación obligatoria, las universidades, las bibliotecas, etcétera, también porque disponemos de internet. Aunque vivas aislado, si tienes conexión a internet dispones de toda la información y cultura que necesites: cine, libros, música, documentales periódicos digitales… cualquier cosa está al alcance de un clic. Incluso puedes abrirte un blog, o un canal de YouTube, y fomentar cierta resistencia. Me parece increíble que tengamos este tipo de herramientas, que podamos organizarnos y compartir nuestras ideas tan fácilmente, y que no haya más gente sublimando sus frustraciones así.

No creáis que mi rebelión de la conciencia fue hace mucho. Comenzó con este blog, en 2011. ¿Qué necesité? Vivir solo, sin pareja, y reducirme la jornada laboral. Al tener más tiempo libre empecé a escribir, a leer más y vivir a otro ritmo. Poco a poco empecé a leer ensayos sobre historia, economía, filosofía y política. Cada idea te muestra una parte de la trampa. La filosofía te enseña a pensar más en la muerte, a no temer a la soledad, a buscar la trascendencia, a cambiar tus prioridades y vivir mejor. Los ensayos de política o economía que intentan que seas un marxista idealista tienen el efecto de volverte un cínico descreído, te señalan sin ambages lo perniciosa que resulta la sociedad actual, lo dañino del stress y el ritmo actual de trabajo. Te enseñan conceptos como el decrecimiento económico. Yo tenía películas y juegos precintados, libros y cómics que no había leído por falta de tiempo, que había comprado por puro consumismo. Me percaté que no necesitaba tantas cosas, que podía vivir con menos. Vendí mi colección de consolas, recorté gastos. Me quité las tarjetas de crédito. La soledad también te permite analizarte, ordenarte, suprimir actitudes toxicas, como dependencias y adicciones. Vivir de forma más sana. Como algunos sabéis llevo dos años sin beber alcohol y haciendo deporte.

Naturalmente mi vida no es perfecta, no es equilibrada, mi precariedad económica implica muchas incomodidades. Pero mis prioridades han cambiado, no necesito irme de vacaciones para ser feliz, no necesito comprar cosas todos los meses para ser feliz, no me importa que algunas personas me consideren un fracasado o no comprendan que no quiera formar una familia. Lo único que necesito es tiempo para poder sentirme libre. Para poder escribir. Para poder pensar. Para poder informarme. Y hay que lidiar con cierta incomprensión de amigos, familiares y parejas, porque consideran que mis decisiones son producto de la pereza y mi falta de ambición personal. Pero creo que merece la pena pasar por una etapa así en tu vida, salir del redil, cuestionarte el sentido común hegemónico actual, buscar tu propio camino, tu propia felicidad. Si este individualismo filosófico, esta forma de vida, me convierte en un fracasado, bienvenida sea la etiqueta, pero al menos tengo la seguridad de que son mis decisiones, y no las de otros, las que dominan mi vida y sus circunstancias

domingo, 16 de septiembre de 2018

¿Se avecina una nueva recesión para 2020? (16/30)

https://vanguardia.com.mx/articulo/se-avecina-una-gran-crisis-global-para-2020-alertan-economistas-y-jp-morgan-panorama-negro
“Es probable -escribe Roubini- que la expansión mundial continúe este año y el próximo, debido que Estados Unidos tiene grandes déficits fiscales, que China mantiene sus políticas de estímulo y que Europa sigue en una senda recuperación. Sin embargo, hay varias razones por las cuales en 2020 pueden surgir las condiciones para una recesión mundial y una crisis financiera”.

“Para empezar, los actuales estímulos norteamericanos se habrán disipado en 2020. Luego, hay fricciones comerciales con China, Europa y los países del NAFTA, que aumentarán, aunque no lleguen a una guerra comercial a gran escala. Otras políticas que se están aplicando en Estados Unidos en la actualidad conducirán a una expansión más débil y a una mayor inflación. Por ejemplo, las limitaciones a la inversión extranjera directa y a las transferencias de tecnología”.

“La expansión en otros lugares se debilitará por otros motivos. China tardará en lidiar con su exceso de capacidad y el apalancamiento excesivo, mientras que los mercados emergentes –muchos de los cuales ya son frágiles- se verán aún más perjudicados por un dólar más caro, precios de las materias primas más bajos y una China menos boyante. Europa ya ha perdido algo de impulso: el aumento de las tensiones comerciales y el abandono por parte del Banco Central Europeo de sus políticas no convencionales le llevará a perder aún más en 2020”.

“Está además el factor de política interna en los Estados Unidos. Donald Trump está ya atacando a la Reserva Federal cuando el crecimiento económico está por encima del 4%. ¿Qué hará en 2020, año de elecciones, cuando el crecimiento se estanque por debajo del 1% y comience la pérdida de empleo? La tentación sería provocar una crisis de política exterior. Como ya ha iniciado una guerra comercial con China y no puede atacar a una Corea del Norte nuclear, su único objetivo factible sería provocar un enfrentamiento militar con Irán. Eso provocaría un shock político y estanflación como en 1073, 1979 y 1990, con aumento de los precios del petróleo”.

La inflación repuntará con fuerza a partir de la segunda mitad de 2019 como consecuencia del crecimiento por encima del nivel de equilibrio. Para MdF, la inflación no está muerta, simplemente está adormilada, ya que se trata de un indicador que va con retraso respecto al ciclo económico. Solo hace falta que salte una chispa, que pueden ser los salarios, la vivienda u otros activos, para que los agentes económicos empiecen a temer una subida de precios y finalmente se produzca. Supondría volver al escenario de 1965, cuando la Fed creía que le había ganado la batalla a la inflación y simplemente estaba adormecida.

Cuando la inflación empiece a repuntar con fuerza, la Reserva Federal se verá obligada a elevar los tipos de interés, lo que endurecerá las condiciones del mercado y terminará por provocar la siguiente crisis. Este escenario es el más probable para MdF, al que dan un 50% de posibilidades de que ocurra. La profundidad de esa recesión dependerá de la cantidad de desequilibrios macroeconómicos que se hayan acumulado y de las políticas monetarias y fiscales erróneas que se puedan adoptar.

Según Roubini, "a diferencia de 2008, cuando los gobiernos tenían las herramientas necesarias para evitar un derrumbe descontrolado, a la hora de enfrentar la próxima desaceleración las autoridades tendrán las manos atadas, con un endeudamiento general superior al de la crisis anterior, cuando se produzca, la siguiente crisis y recesión puede ser incluso más grave y prolongada que la anterior".


Como no todo el mundo tiene tiempo de leerse los artículos y empaparse de estas visiones aprensivas sobre nuestro futuro económico, dejo un vídeo que he encontrado donde se intenta explicar todo esto de una forma sencilla, aunque bastante catastrofista en la parte final.


sábado, 15 de septiembre de 2018

El trabajo, una visión personal. (15/30)

En nuestro pasado evolutivo el ocio era necesario para recuperarse después de cazar y escapar de los depredadores, era tan consustancial a la vida diaria como el trabajo. Incluso con el monopolio moral de la religión judeocristiana, el trabajo se consideró durante siglos como un castigo divino (no en vano así venía reflejado en la Biblia), hasta que llegó Lutero y su ética protestante. Lutero pensaba que los pobres eran unos indolentes y necesitaban ser castigados con el trabajo duro, por eso impone la creencia de que el trabajo es un valor ético. Afirma que el trabajo duro y diligente tiene un beneficio moral y una capacidad inherente o virtud para fortalecer el carácter. Prioriza el trabajo y lo pone en el centro de la vida individual y social. La revolución industrial, el capitalismo y la globalización ayudaron a imponer esa idea como el nuevo sentido común. Hasta llegar a la situación actual en el que el Estado del Bienestar está siendo desmontando y la mayoría nos hemos convertido en esclavos asalariados.

Lo curioso es que durante siglos se pensó que el desarrollo tecnológico permitiría al ser humano disponer de más tiempo libre. Marx o Bakunin apostaban por una sociedad basada en el ocio, economistas como Keynes elucubraban que hoy en día tendríamos una jornada laboral mucho más corta y las máquinas realizarían el trabajo más pesado. Sin embargo, ahora parece que las máquinas son “culpables” de quitarnos el trabajo en vez de ayudarnos a gestionarlo. Hay anécdotas famosas que ejemplifican como todo es un constructo cultural. En la década de los noventa una firma de Rumania había contratado a una danesa para modernizar sus operaciones. Los daneses instalaron ordenadores y crearon un departamento de informática. Todo parecía funcionar según lo planeado, pero se presentó un problema: una vez puesto en marcha el sistema informático el personal empezó a salir del trabajo al mediodía. Intrigados, los daneses preguntaron por qué los empleados salían antes de su hora: los rumanos les explicaron que los ordenadores les permitían completar la labor de un día en medio día, de modo que cuando terminaban con el trabajo se iban a sus casas. Brecha cultural: a los daneses les desconcertaba que los rumanos no desearan hacer el doble de trabajo; los rumanos consideraban que los daneses estaban totalmente locos por esperar que trabajasen el doble.

            El concepto de plusvalía (expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del valor de su fuerza de trabajo y del que se apropia el capitalista o empresario) y la codicia intrínseca en el capitalismo que siempre necesita ganar cada vez más, es lo que provoca las desigualdades sociales y que el statu quo actual sea tan forzado y tendencioso: las largas horas de trabajo impiden al trabajador organizarse. Por otro lado, siempre está la amenaza del paro, cuando, en realidad, podría existir el pleno empleo si todos trabajásemos menos horas y el trabajo se repartiera. Disponemos de estadísticas y datos suficientes para saber qué, aunque trabajásemos unas pocas horas al día, seriamos tan productivos o incluso más que si lo hiciésemos diez horas al día. En realidad, la gente no es perezosa, lo que sucede es que tiene trabajos lamentables. Es lógico que haya que trabajar para vivir, tener algún tipo de ocupación, meta u obligación, pero, ¿tiene que ser ocho horas diarias, con horarios partidos con una o dos horas para comer, con más de una hora de desplazamiento en las grandes ciudades? ¿De verdad a nadie le parece terrible que tengamos que sentirnos siempre cansados, deseando que llegue el fin de semana, un puente o las vacaciones de verano para poder recuperarnos, ser personas, desarrollar un poco nuestro mundo interior? Y todo para que la publicidad nos programe para convertir nuestros deseos en necesidades, y pasemos nuestro escaso tiempo libre recorriendo los centros comerciales como hámsteres enloquecidos, comprando todo lo que podamos, intentando llenar el hueco de nuestro sonambulismo vital a través del consumismo y la acumulación. ¿No deberíamos vivir en una sociedad que nos brindara otras maneras de sentirnos realizados, de gestionar nuestro tiempo, nuestra potencialidad? Ganarse la vida, una expresión horrible que ejemplifica nuestra esclavitud de facto.

Comprendo que hay trabajos que sí merecen la pena, vocacionales, que hacen del mundo un lugar mejor, que resultan tan satisfactorios que no importan demasiado las condiciones porque al llegar a casa te sientes orgulloso del tiempo que has invertido en ellos. Pero la mayoría son mecánicos, precarios, sin sentido, te embrutecen y alienan, te convierten en número, en tuerca… oficinas, fábricas, ¿hay alguna diferencia? Yo siempre he pensando que el trabajo es el mal, quizás mi abulia vital ha hecho de la necesidad virtud, por eso he convertido en mantra la placa de Auschwitz “Arbeit macht frei” (el trabajo os hace libres). Pero, aunque os pueda parecer todo esto un poco reduccionista, no puedo evitar pensar que nos están robando la humanidad.