sábado, 18 de mayo de 2019

Reseña + Película: ‘Martyrs’, del director Pascal Laugier

Una joven llamada Lucie escapa de un viejo y desolado edificio donde había sido encarcelada y maltratada físicamente por un largo período de tiempo. No hay signos de abuso sexual, y los autores y sus motivaciones siguen siendo un misterio. Lucie es internada en un orfanato, donde entabla amistad con una joven llamada Anna. Lucie tiene graves secuelas psicológicas y tiene visiones donde una mujer desfigurada y cubierta de cicatrices le persigue. Quince años después cree reconocer a sus captores e irrumpe en su casa armada con una escopeta.

Una única excepción a la intrascendencia aparente de la historia es la espectacular forma en que Pascal Laugier escenifica el desequilibrio mental de Lucie, dotando su estado de perturbación de una terrorífica presencia física. Ese es el único recurso puramente argumental que sobresale por encima de la orgía de violencia y sangre con la que arranca ‘Martyrs’. Poco importa que no sepamos absolutamente nada de lo ocurrido durante esos quince años que han llevado a Lucie y Anna a su situación actual. Poco importa que no conozcamos la naturaleza de la relación entre ambas y que, difícilmente, podamos sentir empatía por ninguna de ellas, porque lo importante de la película es poner a prueba la resistencia del espectador a través de una serie de secuencias planteadas como auténticos tour de force, y que, muy probablemente, supondrían de forma individual el punto álgido de cualquier otra película de terror al uso. Ahí reside por tanto el atractivo de su propuesta, en reivindicar la belleza de la ultraviolencia en sus cuotas más altas a través de un gore sucio y perturbador, pero estéticamente brillante.

Sin embargo, cuando aún seguimos intentando digerir las sensaciones extremas a las que acabamos de hacer frente en tan poco tiempo, Pascal Laugier decide llevar ‘Martyrs’ a un nuevo plano de horror, totalmente distinto al experimentado hasta el momento. Nos adentramos en una película distinta, con una media hora final de la que no quiero hacer ningún tipo de spoiler y que solo el espectador más valiente y avezado en esta clase de propuestas podrá descubrir, disfrutar y/o padecer.

‘Martyrs’ es una película intrépida, arriesgada y destinada a crear polémica. Su capacidad para impactar y sobrecoger está fuera de toda duda y es por ello que la recomiendo encarecidamente. Añadir que la película nunca llegó a tener distribución comercial en nuestro país, por lo cual la única manera de disfrutarla es en versión original con subtítulos. Añado un enlace al final de la reseña.


Reseña + Película: ‘Ghostland’, del director Pascal Laugier

Tras seis años de ausencia en las carteleras, Pascal Laugier regresa con ‘Ghostland’ (2018), su cuarta película de terror y una que parece cerrar un ciclo temático que el director francés ha mostrado prácticamente desde el principio de su carrera. Esta producción franco-canadiense es, con toda seguridad, uno de sus mejores trabajos y una prueba de que el director de ‘Martyrs’ (2008) sigue siendo quizás el más interesante de todos los cineastas salidos de aquella fiebre por el terror francés que llegó a su punto máximo hace una década.

Es poco lo que se puede decir del argumento sin revelar detalles importantes, así que sólo puedo hablar de los puntos generales: invasión domiciliaria, tragedias familiares y, como viene ocurriendo por lo general en las películas de este director, una joven y decidida protagonista femenina que se enfrenta a un horror bajo la forma de una violencia terrible y en apariencia arbitraria. Al igual que ocurre en el resto de cintas de Laugier, hay un giro sorpresa en el argumento que redimensiona todo ante nuestros ojos, pero que se da en la mitad de la película y no al final como normalmente ocurre.

A pesar de que algunos elementos revelan un bajo presupuesto, la película tiene una estética y producción magistrales con esa enorme y vieja casa llena de muñecos antiguos que le da una apariencia de terror de feria. Esta estética constituye uno de sus principales atractivos y convierte a esta en una película visualmente hermosa a pesar de que todo lo que ocurre es terriblemente desagradable. Por otro lado es precisamente ese nivel de violencia lo que nos hace empatizar con la situación de las protagonistas, y aleja esta cinta del terror nihilista, frío y taxidérmico de ‘Martyrs’.

Brutal, ofensiva, cruel para con sus personajes y sin condescendencia con el público a pesar de que recurre a varios estereotipos del cine de terror, ‘Ghostland’ es una de las mejores cintas de Pascal Laugier hasta la fecha. El estreno en España es el veintiséis de julio, pero podéis disfrutarla en versión original con subtítulos en el enlace que añado al final de la reseña.


jueves, 16 de mayo de 2019

Mini-reseña: El Arte De Llevar Gabardina, de Sergi Pàmies

El escritor, traductor y periodista Sergi Pàmies (nacido en París en 1960, donde sus padres vivían exiliados) es un intelectual catalán lúcido e independiente, autor de una vasta producción, galardonada con innumerables premios, en la que destaca especialmente el género narrativo corto, ha publicado recientemente (primero, en catalán, y luego, traducida al castellano y editada por Anagrama) El arte de llevar gabardina, una colección de trece relatos de marcado carácter autobiográfico, en los que realidad y ficción se confunden y se aderezan con unos toques de distanciada ironía y de elegante humor.


Las relaciones paternofiliales, el oficio de escritor, los recuerdos de una infancia marcada por la militancia antifranquista de sus padres (ella, Teresa Pàmies, una de las mejores escritoras en lengua catalana del siglo XX; él, Gregorio López, dirigente histórico del PSUC), el trauma de la separación conyugal, la rememoración de la vida en pareja, los achaques físicos y las obsesiones hipocondríacas son los temas recurrentes de un autor que, tal vez, no domina el arte de llevar gabardina como Humphrey Bogart o como Alain Delon, pero sí posee la elegancia en la escritura y la sana capacidad de reírse de sí mismo.

Lo descubrí durante mi estancia en Barcelona, y también porque es el traductor de Amélie Nothomb en España. Casi todas las entrevistas que tiene son en catalán, y son una gozada por su sentido del humor e ironía; para los que tengan curiosidad he encontrado está en castellano.

Reseña: Octava temporada Juego de Tronos (episodios 1-5) SPOILERS

Como ya he comentado en Twitter con esta entrada no pretendo sentar cátedra ni hacer proselitismo, puedes estar o no de acuerdo conmigo, pero mi intención es el simple divertimento de escribir sobre una serie que, para bien o para mal, está resultando bastante polémica en su conclusión. Esa tendencia de enfrentamiento agrio entre hooligans y haters me parece de lo más estéril que existe: ni por criticar algo eres un hater que no sabe disfrutar de las cosas, ni por afirmar que te encanta eres un fanboy sin criterio con unas tragaderas pantagruélicas. Es una serie de ficción en la cual, aparte de la suscripción de HBO, no aportamos nada, y aunque la ofuscación que produce unas expectativas maltratadas es comprensible (ahí está mi bilis en la reseña de Endgame), mi prioridad es realizar una crítica constructiva. Aclarado este punto, vamos a ello:

Los dos primeros capítulos son bastante interesantes, el primero es introducción, recordatorio de las motivaciones de los personajes, reencuentros y colocación del tablero después de más de año y medio desde la última temporada. Quizás para una temporada de solo seis capítulos, gastar uno de ellos en esto no ha sido una gran decisión, y quizás esto lastra bastante el resto de la temporada. En cuanto al segundo, también me gustó bastante, todo lo que sea seguir el arco argumental de los personajes, sus interacciones, las conversaciones a la luz del fuego con esa tensión contenida antes de la batalla inminente, me parece geniales, engrandecen a los protagonistas y consiguen que sintamos empatía hacia sus matices, anhelos y propósitos.

Llegamos al tercero. Un capítulo cuya mayor polémica fue su oscuridad, impidiendo en muchas ocasiones seguir la acción con comodidad. Podríamos justificarlo afirmando que el streaming de HBO no estuvo a la altura, y que quizás ver los capítulos en un portátil o en un monitor de veinte pulgadas de ordenador no sea la mejor opción. Yo me descargué el episodio al día siguiente (casi 4GB, la máxima calidad), lo vi en mi televisión de 40 pulgadas 2K y seguía viéndose excesivamente oscuro. Todos entendemos la decisión de crear una atmósfera que provocase miedo y tensión, y que la contraposición con el fuego de las armas de los Dothraki, o cuando Melisandre prende las barricadas funciona muy bien. Pero un episodio cuyo epicentro es la acción donde las escenas de lucha entre dragones no se pueden disfrutar porque solo ves nubes y ventiscas, o donde hay bastantes momentos en los que no se distingue nada, solo los movimientos epilépticos de cámara siguiendo las aglomeraciones de caminantes blancos, me temo que a nivel de producción y fotografía es un episodio fallido. Pero ese no es el problema principal. El gran leitmotiv de la serie, la frase «Winter is Coming» (título del primer episodio de la serie) implicaba que la amenaza de los Caminantes Blancos y el Rey de la Noche era lo esencial, el épico combate que llevábamos años esperando. Y lo cierran de una forma tan anticlimática que causa estupor. No solo porque es Arya (viva el fanservice de red social) quien lo mata cuando se supone que es Jon Nieve y su resurrección la que va a propiciar ser el protagonista de la leyenda, sino que además lo justifican de una forma casi igual de absurda: Arya está atrapada en una habitación, herida y atontada, llega Melisandre, le hace recordar una conversación, y veinte minutos después, sin saber cómo, da un salto en plan superhéroe y le mata. Fundido en negro. Créditos.

En el episodio cuatro ya se empieza a mascar la tragedia: todo es un maniqueo movimiento de títeres por parte de los guionistas: crear situaciones artificiales y sorpresivas que provoquen la reacción de los personajes hacia la casilla adecuada. Hasta los diálogos son simples excusas para explicar en voz alta lo que van a hacer. Falta verosimilitud, todo resulta demasiado forzado, como esos videojuegos cuyas fases son un largo y lineal pasillo de sentido único repleto de enemigos. Tiene momentos épicos, indudablemente, pero resulta tendencioso, apresurado y simplista.

Y llegamos al polémico quinto episodio donde todo lo anterior estalla ante los atónitos ojos del espectador. Tiene cosas buenas, indudablemente, a nivel visual es prodigioso, no en vano la serie tiene entre doce y quince millones de dólares de presupuesto por episodio. La parte final de Daenerys Targaryen destruyendo la ciudad es brutal. Arya luchando por su vida, la utilización de la cámara, cuando encuentra a la madre y su hija convertidas en cenizas, el alegórico caballo blanco al que se acerca antes de salir de la ciudad… todo esa parte es emocionante, vibrante y funciona a la perfección.

Ahora vamos a la parte negativa, básicamente de lo que todo el mundo está hablando, antes de la cual recomiendo ver este vídeo, una hermosa oda poética a Daenerys: https://www.youtube.com/watch?v=3AqJB3sqCFc
Por un lado, seamos francos: todos sabíamos que Cersei perdería la guerra y que luego habría una confrontación entre Jon Nieve y Daenerys por el Trono de Hierro; su relación surgió demasiado rápido y además esta pareja no tienen nada de química, cuando Kit Harington le dice que la quiere con su habitual inexpresividad de ficus, ¿alguien es capaz de emocionarse? Pero, en cualquier caso, ¿convertir a Daenerys en una genocida en apenas dos episodios era la solución más creativa para provocar ese conflicto o solo una chapucera búsqueda del efectismo?

Quizás la raíz del problema es que hay dos tipos de narradores: por un lado están los plotters, que son los que detallan al máximo los puntos por los que debe transcurrir la narración incluso antes de escribir una sola palabra, y después están los pantsers, que son aquellos que siembran semillas con los personajes y se dejan llevar por el proceso de escritura. En esta división, Benioff y Weiss son plotters y George R. R. Martin es un pantser. El problema, insisto, es que para Benioff y Weiss es más importante el sorpresivo desenlace que la verosimilitud de los personajes. Tañen las campanas de Desembarco del Rey, anunciando la rendición, y Daenerys, la 'rompedora de cadenas' que libera a los esclavos de Meereen, la que hablaba de liberar al mundo de los tiranos, la que rehuía los atajos e incluso perdonaba a los traidores, se convierte en una parodia de sí misma, en un títere que se sacrifica en favor del espectáculo y mata a sangre fría a decenas de miles de inocentes. ¿Hubiera sido un buen final con el desarrollo adecuado? Por supuesto, pero convertir a Daenerys en una genocida en apenas dos episodios, por muchas motivaciones que puedas acumular, funciona en un cómic no en una narración seria. La construcción de personajes a la que nos tenía acostumbrados George R. R. Martin trabaja con otro ritmo y resulta mucho más compleja; lo genial de está historia es la verosimilitud y evolución coherente de cada personaje. Os pongo un ejemplo: Sansa Stark, su evolución se fue gestando a lo largo de varias temporadas, muy poco a poco, y no solo por la catarsis de un trauma; por eso el personaje resulta tan fascinante ahora, porque su crecimiento no es forzado, al revés, resulta coherente. Esto es lo que sucede cuando pones a los personajes como prioridad, tejiendo la historia a su alrededor.

Por fortuna no soy fanático de esta serie. Disfrute de los libros hace años (el último Danza de Dragones, en 2012, fue una enorme decepción que, curiosamente, no provocó con su mediocridad apenas revuelo por las redes sociales), y aunque he seguido la serie, no ha sido hasta la quinta temporada (material inédito para mí) que empecé a engancharme. Por ello estoy disfrutando, o más bien padeciendo su final de una forma más templada, sin esperar demasiado e intentado disfrutar de la experiencia. Como Daenerys nunca ha sido para mí un modelo de empoderamiento femenino ni nunca he pensado en poner a mi hija su nombre, el hecho de que hayan destrozado su personaje no me importa demasiado. Tampoco me importan algunas muertes ridículas, las involución de personajes como Jon Nieve o Tyrion, las escenas fanservice que no casan en absoluto con el tono y ritmo anterior que tenía la serie o esa idea de romanticismo anticlimático, extemporáneo y sin sentido que deja la muerte de Cersei junto a Jaime (cargándose el ciclo narrativo de redención del personaje). Lo que sí es cierto es que mi suspensión de incredulidad tiene un límite y resulta decepcionante que una producción de ocho temporadas se vaya a pique porque los guionistas hayan dado más prioridad a sorprender al espectador medio que en respetar con un mínimo de verosimilitud el devenir de sus personajes. Al igual que resulta estúpido querer acelerar tanto las cosas reduciendo los episodios de esta temporada a seis.

Pero incluso en estas circunstancias he sacado algo positivo, algo que nunca pensé que fuera a decir: he vuelto a estar interesado en saber cómo va a acabar los libros George R. R. Martin, porque estoy seguro que, a pesar de la falta de ideas y ganas, cualquier cosa que publique será mucho mejor que esto. Ver para creer.

Podría alargarme más, pero he encontrado unas reseñas que explican todo esto muchísimo mejor que yo, por tanto os recomiendo encarecidamente que deis una oportunidad a los vídeos que añado al final de esta entrada y os apuntéis al canal; el análisis del episodio cinco lo sacará hoy por la tarde. Un saludo a todos.