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miércoles, 29 de mayo de 2013

Lo más importante es querer atravesar el fuego de sus ojos azules...

Quizás podríamos excusarnos diciendo que las relaciones son incomprensibles, que escapan a nuestro control. Sin embargo preferimos seguir abrazando el cinismo, el juego, asegurando que ninguno quiere tener una relación real, sólo divertirse de vez en cuando. Supongo que es lo mejor. Hay demasiadas asincronías entre nosotros. Demasiados problemas. Yo soy un alcohólico impenitente. Tú arrastras un trastorno de alimentación desde hace más de una década, la mayor parte de tu energía mental, entusiasmo y juventud queda inútilmente lastrada en calcular calorías y odiar la báscula, en analizar tu cuerpo en el espejo buscando fisuras. En la cama te cuesta disfrutar, te desconcentras, incluso te hieren los halagos porque piensas que te mienten.

También me dices que no quiere arrastrar a nadie a tus cambios de humor, a tu locura, a esas noches etílicas llenas de lagunas donde acabas echando un mal polvo entre dos coches, no sólo por la necesidad de sentirse deseada, sino también por esa ansiedad por mezclar tu cuerpo, tu piel, tu olor… como si así consiguieras dejar de ser, olvidarte de ti misma perdiéndote en la otredad. Y huyes de los “buenos” chicos, de los planes de verano, de ese maldito invento llamado romanticismo. El conflicto mecido por la negación. De todas formas el miedo, que es en realidad lo que nos atenaza a los dos, también nos llena de respeto: no intentamos cambiarnos, tenemos claro que somos unos indigentes emocionales, que no sabemos comportarnos de otra manera.


Sin embargo esta noche parece distinta. Nos lo estamos tomando con calma, no hemos ido directamente a la cama, de hecho estamos en la cocina, preparando la cena, hablando de banalidades. Te has puesto un piercing en el pezón derecho. Me cuentas que el primer día fue un infierno, pero que ahora te alegras de haberlo hecho porque lo notas más sensible. Cosas de esas. Al rato pones un plato enorme de pasta en mi lado y una escueta ensalada en el tuyo. Ninguno de los dos parece tener mucho apetito. Sigues hablando, de vez en cuando me preguntas que pienso. Apuro la copa. Me sirvo otra. La botella de vodka se está consumiendo demasiado deprisa. Te respondo que pensaba en la palabra bucólico, en que parece que nadie sabe usarla correctamente, como si sólo fuera apreciada por la estética que otorga a la frase en vez de por su significado real. Pero no soy sincero, mi mente está llena de ideas extrañas, ahora nos veo a los dos en una bañera llena de agua caliente, con un par de cuchillas, haciéndonos cortes en los antebrazos. Un poco de dolor y muerte. No tiene mucho sentido todo lo demás: comer, cagar, trabajar, ir de un lado para otro; incluso follar está demasiado sobredimensionado, estamos atrapados por el instinto, como el salmón del Pacifico, nadando contracorriente para desovar y morir. El dolor también es una forma de placer, un diferente punto de vista, otra forma de duelo ante la falta de significado de la vida. Pero esos pensamientos son lugares comunes, papel mojado. Guijarros en la corriente de tiempo.

Nos quedamos en silencio. Thom Yorke de fondo. No es un silencio incómodo, hemos conseguido crear algo de intimidad. Te observo. Noto un calambre. Tengo ganas de lamerte. De quemarme. Quiero convertirme en tu piercing, atravesar tu carne y quedarme enquistado en ella, como un virus, una infección que hay que limpiar. O amputar. En otras palabras: estoy cachondo. Y es normal, a pesar de tus idioteces (oh, sí) tienes un cuerpo magnifico. Tengo treinta y cinco, nos separa más de una década, quizás por eso soy capaz de apreciar más tu juventud, tu coño prieto, esos pezones llenos de sadismo, tu culo virgen. La botella de vodka yace vacía en medio de la mesa. El último brindis es como un aullido, un gong golpeado por un mazo, sinapsis chisporroteando, colapsando en eléctrica excitación.

Me levanto y empiezo a manosear con cierto desprecio tus pechos. Tengo ganas de golpear nuestros cuerpos. Mi polla resurge entre la neblina del alcohol. Te llevo a la cama y te quito el sujetador. Sí, me gusta tu mirada preñada de ansiedad, esa indecencia en el fondo de tus ojos. Me siento a un lado de la cama y te hago una indicación. Te resistes. Me pone furioso. El presente bosteza: necesitas una lección. Te cojo del pelo y te tumbo sobre mí. Bajo con rudeza tus pantalones y te inmovilizo con una mano. Acaricio tu precioso culo. Ninguna palabra. La mano rígida desciende. Un azote. Gimes. El calor se extiende. Te acaricio. La mano aumenta el recorrido y vuelve a caer con fuerza. Dos veces. El sonido nos excita. Te muerdo el culo. Vuelves a gemir. Te ordeno silencio. Aparto el tanga, recorro con mis dedos tu coño: estás mojada. Tres azotes y ya estás entregada. Jodida enferma. Subo la mano, sigo azotándote. Uno. Dos. Tres. Cinco. Diez. El culo rojo. Lo acaricio. Un dedo resbala dentro de ti. Bien. Bien. Bien… Me suplicas que te meta otro. “¿Eres mía?”Sí, soy tuya” Palabras atávicas de posesividad mal vistas en una sociedad patriarcal de hipócritas y reprimidos.

Te quito el resto de la ropa. Te cubres con un gesto. Aparto tu mano y te miro con dureza. Separas las piernas. Buena chica. Me gusta tenerte así, me gusta mirarte, me excita esa mezcla de timidez y ansiedad. Mi cuerpo te acaricia con su peso, presiono y entro lentamente. Coño prieto. Este es el mejor momento. Avanzo lentamente. Poco a poco. Centímetro a centímetro. Mi polla palpita de emoción. Tu cuerpo reacciona, empieza a acogerme. Tus manos recorren mi espalda, empujan mi culo para que te penetre totalmente. Eso es lo que te gusta, no el típico vaivén dentro-fuera, lo que necesitas es sentirme dentro presionando contra ti, intentando atravesarte. Me empiezo a mover.
Podría preguntarte pero sería una torpeza, sé que lo quieres todo: el desasimiento, el te quiero mientras te follo fuerte y duro, la palabra sórdida… la ira la pones tú, atrapándome entre tus piernas, arañándome la espalda, mordiéndome el labio hasta que sangra.

Me gusta follarte con los tacones puestos. Te hago incorporarte y ponerte de espaldas contra la pared, arqueando tu culo frente a mí, abriéndote con los dedos. Te da vergüenza pero me obedeces. Separo más tus piernas, me gusta verte tan abierta. Coloco tus manos en la pared y te empiezo a masturbar. Pero no puedo resistir más. Empellón. Embestida. Mi polla abriéndose paso de nuevo, mis manos ebrias rodeando tus pechos, golpeando tu clítoris, desvirgando tu mente.

Estamos así cinco, diez minutos. Pero me canso. La saco y me tumbo en la cama. Tienes escrúpulos, tuerces el gesto, pero te cojo del largo pelo pelirrojo y te obligo a bajar la cabeza hasta mi polla. Y es ahí cuando el mundo para de girar: tu cabeza bombeando sobre mí, tu mano acariciando mis cojones… Bella imagen, hemos transformado la trampa mortal de la naturaleza en simple placer hedonista, en comunicación y arte en movimiento. Gimo con fuerza eyaculando la ponzoña blanca en tu boca. Sonríes, el semen huye por la comisura de tus labios. Aprietas mis huevos, mantienes la postura. Y luego, como una bella princesita, me das un beso profundo para compartirme.

Y pensando que quizás nuestra derrota nos haría invencibles -a pesar incluso de nosotros mismos-, me rendí a la belleza implícita de este réquiem de sentimientos y cerré los ojos.

Rebel Yell by Billy Idol on Grooveshark

jueves, 7 de marzo de 2013

El polvo más triste de mi vida.

Que absurdo, todo iba bien, era tierno, quizás demasiado para el poco tiempo que llevábamos juntos, apenas una semana, me decía que nunca había sentido algo tan fuerte por nadie, ni siquiera con su pareja de toda la vida. Joder, que responsabilidad, y yo aquí, sin creer en nada, sin sentir más que una atracción. Me gusta, de acuerdo, pero de ahí a lo otro, pues no, ni siquiera le conozco todavía.

Por fin llega nuestra tercera cita, me besa, todo va perfecto, sigue tierno, acariciándome. Vamos a la cama, y ahí la cosa ya empieza a deshilacharse; hay torpeza en sus gestos, es incapaz de desabrocharme el sujetador, se tumba sobre mí, y empieza a trasegar. Arriba y abajo, arriba y abajo. Aquello que siempre me suena tan horrible, tan poco romántico, bombear, eso, nada más. Intento cambiar de postura, pero parece que le incomoda. Aquí estamos, con la luz apagada, ni siquiera me habla, ni me mira, ni nada, se limita a empujar, ¿acaso imagina que soy otra? ¿Está en un trance religioso que le impide dar placer? Me imagino como aquellas mujeres de generaciones atrás, castas, un agujero en las sabanas, camisón hasta los pies, ¿disfrutar? No, no, eso es pecado. Lo gracioso es que esto ni siquiera sería un pecadito, solo es un polvo largo, eterno.

Y encima esa música de mierda de fondo, alguien destrozando una canción de Metallica, luego un cantautor lleno de ripios. Tengo que lidiar con esto, la lámpara del techo es mona. Blanca, como de pétalos, muy de Ikea, me gustaría ir a Ikea; quizás al de Murcia, aunque me coja un poco lejos, así podría ir a ver a Carlos, que me diera en persona ese regalo de cumpleaños que siempre me dice por teléfono que me va a sorprender pero nunca quiere enviarme por correo. Sigo divagando, ¿por dónde iba? Ah, sí, el impertérrito sigue sudando sobre mí, ajeno al mundo real, sin ver que me estoy durmiendo.

Joder, que largo, ¿acabará de una puta vez? Intento moverme, girar, ponerme encima. No funciona, parece que se desinfla si le saco de su única posición. Voy a fingir un orgasmo, a ver si así acelero la cosa y acaba. Gemido, gemido, cierro los ojos, arqueamiento. Mierda, ¿se puede caer más bajo? Ni siquiera reacciona, él sigue ahí, con su taladro, enfocado en el trabajo, porque esto es como un trabajo, no puedo creer que pueda estar disfrutando, yo, desde luego, no lo hago.

Como odio a Carlos, coño. Le voy a mandar un mail de odio, por poner el listón ahí arriba, mientras yo sigo debajo del maratoniano este. Joder. No será romántico, ni me querrá, pero por lo menos es imaginativo. A ver, a ver, ¿acaba? No, mierda, falsa alarma, sigue. Imagino que estoy en la playa, una playa preciosa, las olas rozándome los pies, estoy caminando, me alejo, una ligera brisa… coño, no, las técnicas de relajación tampoco ayudan. Interfiere este capullo con su sube y baja monótono. Joder. Esta fuerte, pero solo la parte del pecho y los hombros, que absurdo, la parte de abajo se le olvidó trabajarla, tiene un culo de anciano. ¿Sigue? Espera, voy a salir de mis pensamientos… ah, sí, ahí sigue.

Mira que es mona la lámpara. Tengo que ir a comprar un regalo para Carmen, el domingo es su cumpleaños y no he preparado nada. Podría estar comprándolo ahora. Y también tengo que llamar a la del presupuesto de la escalera, sí, a ver si luego me acuerdo. Ay, espera, que acelera parece que gruñe ¡Sí, sí, por fin acaba! ¡Bien! Se acabó la tortura, espero que se largue, que no quiera hacer sobremesa. Se levanta y me mira ufano, hace un chascarrillo sobre que no sabía que era multiorgásmica, me quedo callada, no sé ni que decir. Que absurdo. Se mete en la ducha, me largo, necesito quitarme esta sensación. Joder, no estoy confundiendo el vacío sentimental con el vacío existencial, solo quería echar un polvo, un polvo con algo de imaginación, con esa pizca de violencia dosificada, caricias, besos, mordiscos, palabras, ¿pedía acaso algo tan jodidamente difícil?

Intento distraerme, leo el blog del decadente desde el móvil, poemas como charcos de gasolina, me gusta imaginarme desnuda, naufragando en ellos de espaldas, llevando solo mis tacones para que pueda empotrarme por detrás con comodidad. Mierda, me excitan más sus palabras que todo lo que ha sucedido allí arriba, ni siquiera he llegado a correrme. Me envía un whatsApp preguntándome donde estoy. Lo borro, maldita sea, tengo treinta y siete años y acabo de echar el polvo más triste de mi vida. Suelto una carcajada ante una frase tan melodramática. Coño, sí, eso es, hay que vivir la vida con humor, solo se trata de un poco de adultescencia sexual. Arranco el coche, a fin de cuentas -sonrío al pensarlo-, es imposible que el próximo sea peor.

Winter Kills by Yazoo on Grooveshark

jueves, 21 de febrero de 2013

Ophelia (IV)

No hay una gran explicación, un día te levantas y algo te empuja hacía él, quizás crees que el amor salva -un concepto anticuado-, o quizás sea la necesidad de cariño y la soledad; en cualquier caso has encontrado un significado –químico- a la inercia de tus días. La lucidez se escapa, y tu dañada mente cubre con la obsesión de un tiempo infinito el altar de su licenciosa carne.

No puedes huir a pesar del daño prospectivo, aunque ya le ves alejándose como un sueño, el fatalismo encogiéndote el estómago.

Pero así funcionan las cosas, no suele haber permutación de roles, el amor es una cacofonía con sus propias reglas, el objeto de deseo se aburre de su carga y el amante de su maldición; como decía Nietzsche: “Sin crueldad no hay fiesta”, nos metemos en el fango de esa lucha famélica con una sonrisa obtusa, pensando que quizás la felicidad no es un sentimiento, solo el recuerdo de su antesala.

Y entonces me deprimo -el coro de cuervos sigue golpeando el abismo de mi cerebro.
¡Ven ángel de amor! te espero aquí, con las persianas bajadas, el silencio frío y desangelado, hecha un ovillo de desnudez, un círculo de carne abierto e indefenso. Haz que el amor sea dolorosamente real, ahógame en este lecho de cenizas lleno de miedo, destroza todos mis espejos muertos, no me ames con palabras, ámame con tu fricción vocacional.

**
Masturbándome en el baño con la luz apagada

¡Viólame!
¡Fuérzame!
¡Abusa de mi cuerpo¡
                                  [Solo soy una puta
                                                        con el clítoris inflamado]
Sodomízame con violencia
golpea mis pechos
redúceme a carne
hazme sentir
algo
no quiero romanticismos
                                  [¿Qué es eso?]
además, ¿no ves que estoy muerta?
toca mis manos heladas
                                  [Sueño a veces que se caen
                                                                   como cenizas de escarcha]
agarra mi cuello
déjame vislumbrar el final en tus manos
sigue hasta que mi carne se libere
del yugo de mi conciencia
unos breves momentos de
desasimiento
antes del orgasmo.

Luego
cuando mi coño llore
tu baba blanca
déjame sola.
                                 [Y no olvides tirar de la cadena
                                                                       antes de irte]

Sweet Child o' Mine by Guns N' Roses on Grooveshark

miércoles, 20 de febrero de 2013

Vida sentimental de un decadente.

Joven e imberbe conocí a mi único amor de verano
divina y bella nínfula, veleidosa trigueña
caliente, alegre, propensa a perder la ropa interior
que maravillosa era
joder
maravillosa
como solo pueden ser esas niñas-mujer que todavía
desconocen el poder de su cuerpo
pero saben atraparte con su instintiva coquetería
no puedo decir nada malo de ella
y tampoco de mí
lo cual ya es bastante hermoso.

A los quince, Marta
morena, ojos azules
quería ser forense
y le gustaba el taekwondo
también era la chica con los pechos más grandes
de toda la clase
huía de mí, me consideraba un acosador
sus amigas me animaban a desistir
alguna de forma muy convincente
pero me creía muy romántico
y las rechazaba con fingida fidelidad
ya apuntaba maneras de gilipollas
a esa tierna edad

A los dieciséis hubo dos
la primera quería ser enfermera
y llegar virgen al matrimonio
empecé a pensar que las mujeres
eran ángeles de luz
sin ninguna clase de necesidad física
incluso era posible
que también cagasen luz.

La segunda besaba con saña
decía que era virgen
incluso me hizo dormir en el suelo de su habitación
después de una felación
bastante torpe y dolorosa
un mes después de dejarlo
me pidió dinero para un aborto
se había enamorado de un tipo bisexual
y bastante simpático.

Entonces llegó la sevillana
era insaciable
una ninfómana
me violó en Navidad, mientras james Stewart pensaba en suicidarse.
Pero después de haber esperado tanto tiempo
el sexo resulto ser
una completa decepción
tanto tiempo obsesionado
¿y eso era todo?
Mierda

Por si acaso seguí haciéndolo a todas horas
debía existir un secreto oculto
que se me escapaba
para ella no había inconveniente:
en el baño de un bar
en el vagón de cercanías
cuando me llamaba un amigo por teléfono
en casa de sus padres
en la calle
en un parque al lado de un colegio.
De esa relación solo recuerdo eso
ni conversaciones, ni conciertos, ni películas
solo eso.

Un par de años después
alguien me comentó algo sobre ella
que no era demasiado bonito
ni tierno
ni romántico
y entonces
en una estación de autobuses
con un lenguaje entre melodramático y ridículo
y la lluvia de mis ojos en plena capitulación
la mandé a la mierda.

Y entonces, solo con tres meses de tregua
apareció otra
parecía normal
pero amigos, NADIE es normal
la relación duró más de seis años
con muchas cosas buenas
y también muchos portazos
ya sabéis…
pero con respecto a eso
ella esperaba de mí que fuera telépata
que supiera exactamente
qué
cómo
y dónde
pero yo no tenía ni puta idea
tanteaba, preguntaba
pero eso a ella no le parecía lo correcto
teníamos orgasmos
que duda cabe
pero no era el sexo de las películas
o las novelas
no
no lo era en absoluto.

Después ha habido otros desastres
de una de ellas, ¡qué enamorado estaba!
pero la última vez fue triste
y desoladora
llevábamos ya un rato en la cama
ella había tenido un orgasmo
pero yo solo quería acabar
entraba en su cuerpo, una, y otra, y otra vez
lo intentaba
pero no conseguía correrme
todo se agolpaba en mi mente
ella, la perfecta musa
y no era capaz
no podía
me sentía desesperado, quería, NECESITABA terminar ya
pero estaba como acartonado, totalmente bloqueado
no quería pensar en otras
y al final
simplemente
lo fingí.

Más experiencias
recuerdo aquella mujer
una cena de amigos
y no sé cómo, pero de pronto
ella estaba desnuda en la cama del hostal
los brazos a los lados
velas alrededor
                       [¿De dónde había sacado las velas?]
como una virgen
de cuarenta y muchos
esperando la desfloración.
                        [Y a mí solo me entraron ganas de salir corriendo]

O aquella otra, dios bendito, cuanta carne en el lugar equivocado
era demasiado, simplemente demasiado
llenaba la habitación con su ansiosa presencia
solo recuerdo el miedo, y luego un fundido en negro.

Ah, y mi querida compañera de trabajo oriental
¿por qué no te quedaste callada un poco más
por qué tuviste que abrir la boca y romper el embrujo?
                                                                   [¿Veis como no soy tan superficial?]
También recuerdo aquellas veladas telefónicas
con la sumisa, la puta, la dulce enamorada, la jodida loca
muchas mujeres para un cuerpo tan menudo
oh, sí, estuvo bien, aunque luego todo se quedase
en hojarasca de invierno
escondida todavía en su pequeño y mortal pueblo del sur
con vistas al mar.

En resumen: llevo un año sin follar. O para las damas más sensibles, sin hacer el amor, que debe de ser algo así como follar despacio.

Mierda.

Sudden Death by Megadeth on Grooveshark

jueves, 11 de octubre de 2012

Puntos de vista.

Carlos

“El amor salva, durante un tiempo da sentido a tu vida, te levantas feliz de la cama por la sensación de tener un hogar en alguien. Una especie de redención existencial.”

Las cosas están yendo demasiado rápido, casi de forma incontrolable, Isabel tiene un magnetismo animal. Intento poner toda la ternura que puedo en mis besos, quiero saborear el momento, disfrutarlo, va a ser nuestra primera vez. La despojo de la ropa poco a poco, todo en ella es disoluto, nos tiramos en la cama, exploro con meticulosidad cada rincón de su cuerpo con mi lengua, mis labios, mis dedos, gestos repetidos, pero que en ella me cortan la respiración. Le digo que la quiero. Me muerde el labio, sus ojos verdes me rozan el alma y siento que las palabras ya no son necesarias entre nosotros, como si lleváramos años esperando esto. No puedo resistirlo más, me coloco encima y la penetro. Siento sus contracciones, su humedad, su mano en mi pelo estirándolo con fuerza, su voz, sus piernas rodeándome, haciéndome mover, cambiar de postura. Contemplo como gime, desinhibida, libre, entregada, No puedo creerme que sea mía, que me haya elegido. Febril la beso por todas partes, en el cuello, en la cara, en el pelo, como si estuviera esculpiendo poemas. Me parece que tiene su orgasmo y me dejo llevar. Me mantengo dentro de ella, no quiero separarme, la abrazo como si quisiera fundir nuestros cuerpos.

La despedida ha sido un poco fría, pero no importa, estoy casi seguro. Es ella.

Isabel

“A los hombres les gusta masturbarse con mi cuerpo, niños sucios e insatisfechos. Demasiadas palabras y nada de amor. Pero reconozco que me he adaptado a esa situación, me gusta esa animalidad que vuelcan en mi cuerpo antes de eyacular, de vaciarse en mí.”

Insisto con mi sonrisa, acariciando el silencio que hay entre los dos. Él se acerca y me invita a una copa. Se llama Carlos. Brindamos. Me cuesta desgajar su pudor, pero eso me hace insistir más. Una simple impostura, cuando cierran el bar ya estamos yendo, entre besos y caricias, al hotel más cercano. Le observo atentamente mientras aparca el coche, esas manos grandes, alto, atlético. Parece que tiene un buen paquete. Me pongo cachonda al imaginarme en el suelo, de rodillas, mientras me viola la boca, obligándome a tener las manos en la espalda para que pueda forzarme sin límite; se va a llevar una sorpresa, me gusta atragantarme, salivarla entera. Ya estoy húmeda. Le imagino jugando conmigo, primero metiéndola con movimientos largos y pausados, con una engañosa ternura, para luego empezar a follarme con brutalidad, frotándome con violencia el clítoris, arrojándome al suelo, poniéndome a cuatro patas, abriéndome entera mientras me aprieta los pechos, me estira de los pezones, del pelo, me obliga a mirar como me penetra. Me encantaría, como con Javier, que me obligase a lamerle las pelotas encharcadas con mis flujos, me encantaría meterle un dedo en el culo, ver que sonríe travieso, porque sabe que si me lo permite es porque luego me va a sodomizar mientras me grita obscenidades, mientras me llama puta y yo le digo que sí, que soy su puta, que mi cuerpo es suyo, que le pertenezco. Me imagino arañándole, mordiéndole, me imagino sus cachetes, su saliva entre mis piernas, imagino pasión, joder, eso es lo que quiero, pasión, sentirme deseada hasta que me duela.


Que puta decepción. Preliminares larguísimos, todo demasiado lento, como si fuera un homosexual reprimido. Y justo cuando, y no gracias a él, iba a correrme, termina y me aplasta contra la cama con su cuerpo. Joder, que mala suerte tengo. No veía la hora de largarme de la habitación. Esta claro que no es él.

Walking in My Shoes by Depeche Mode on Grooveshark

viernes, 14 de septiembre de 2012

Animalidad besando el teclado.

Ella

Mi coño te imagina en la estación esperándome, vestido ya de otoño, con un libro en la mano, observando a ratos el andén vacío con displicencia, despreocupado, con el móvil en silencio. Siempre desaliñado, con la ropa arrugada, sin afeitar. Pero la voz, tu voz. Es tu voz lo que me altera, lo que me consume, lo que me provoca la impresión de llegar tarde, media vida tarde, a nuestra primera cita.

Mi coño sigue imaginándote, como me besas y me metes mano, como desgarras mi ropa interior y entras en mi, me follas, azotas mis pechos, mi culo, como me tiras del pelo, me pellizcas los pezones con tu aliento de vino mientras suena nuestra música. Te imagino empotrándome contra la pared mientras te muerdo, te muerdo, te muerdo. Y tú te corres, me dejas embarazada. Y todo da igual, porque vengo a eso, a sentir pasión, a que te vacíes, me puebles, a empeñar una y otra vez tu sudor, tu ansia, hasta que me ames, hasta que tu polla se endurezca con solo pensar mi nombre. Soy una tabula rasa sin bragas que necesita tus palabras.

Él

Ya estamos en mi casa. Enciendo la cámara de vídeo, nuestra relación hasta ahora ha sido a través de una webcam, estás acostumbrada. Me gusta grabarte en estos momentos en los que eres tú misma, pasional, desatada.

No necesitas preliminares, te quitas el vestido y empiezas a chuparme la polla mientras me acaricias los cojones. Me gusta acunar tus pechos, apretarlos. Te arqueo la boca, me gusta verte de rodillas mientras te deslizas abajo, más abajo, hasta que cubres mi polla completamente. Siento tu garganta, el calor, la saliva rodeándome completamente. La sacas brillante mientras sonríes como una mantis religiosa. Ya me tienes. Soy tuyo.

Me cabalgas abriéndote una y otra vez, subiendo hasta el límite para luego empalarte decididamente con un gemido. Gimes como si llevaras años reprimida, como si cada vez que te penetraras fuera la primera.
Creo que te corres, aun no distingo tus orgasmos. Me pides, me suplicas, que te folle el culo. Me gustaría estar dentro de tu cabeza ahora mismo. Los flujos descienden lubricándolo pero prefiero follarlo primero con la lengua. La cámara sigue grabando, ¿sientes romanticismo en el sonido de mis cojones golpeándote, en ese dolor placentero cuando aumento el ritmo sin avisar?

Tiro con suavidad del vello de tu pubis mientras te agarro la cintura con la otra mano; me gritas que me amas, el escenario alzándose sobre el mundo, altar hedonista de carne; y solo puedo intentar, embestida tras embestida, buscar ese amor en el fondo de tu culo. Y cuando los tambores de tus contracciones anuncian un nuevo orgasmo, por fin el amor fluye de mis cojones directo hacía ti, golpeándote como un poema, como un enorme océano de amor que derrumba sus olas sobre ti y deja tus agujeros encharcados de espuma.

**
Todo nace del deseo, de una urna funeraria que me hace brindar por la vida, nace de la animalidad besando el teclado, de estar cachondo, solo y loco, de tu extraña nostalgia que avanza de noche y me mortifica.

Porque al final, lo más importante, la pregunta esencial siempre es: “¿quieres follarme?”

caliente by murfila on Grooveshark

jueves, 2 de agosto de 2012

De forma tibia o violenta sucede así en todas partes.

Me despierto con una erección, pensando en ti, en tu coño húmedo, mi lengua entrando y saliendo, bailando un tango con tu clítoris, asfixiándome con tu marejada en esa muerte dulce de tu orgasmo. Piernas jónicas desafiando la gravedad, tu pelo precipitándose, la pubertad de una escena de salón, ¿he conseguido tu atención?

Son las doce de la noche. Vivo de noche, bebo de noche, trabajo de noche. No me gusta la gente, siempre están en colas largas y estúpidas. La masa siempre está equivocada. Prefiere el dinero al tiempo. Yo prefiero no elegir, no quiero tiempo ni dinero. No quiero nada.

Me he despertado por la mañana con demasiado dolor, asco, resaca, calor y cansancio. Me he vuelto a acostar. Antes miré mi cuenta bancaría a través de internet. Habían ingresado la nómina, algo que siempre me resulta milagroso. Ahora ya habrá desaparecido víctima de gastos superfluos: alquiler, recibos, esclavitud. Tengo que elegir entre comprar comida o libros, se me condena a la ignorancia, a la mediocridad. Cerré los ojos pensando en Angélica Libbett. Tiene un blog donde se hace fotos desnuda en todos los hoteles a los que va.

(Soy un grifo que gotea, una botella con la santidad de una virgen vestal, henchida de vitalidad pero ignorante, como una mosca de fruta, de su corta existencia)

Mi habitación es un lodazal, huele a vómito, sudor, soledad. Ansiedad. Tengo hambre pero es demasiado tarde para comprar nada. Abro la botella superviviente. Me raspa la garganta como un racimo de pus. Levanto la persiana. Justo en ese momento uno de mis vecinos, vestido con traje y corbata, pasa por delante de mi ventana, muy despacio, cayendo casi a cámara lenta. Se escucha a continuación un sonido extraño, amortiguado, como el de una sandía abriéndose. Espero. No me atrevo a moverme. Pero no se escuchan gritos, reacciones, puertas abriéndose con violencia. No sucede nada. Quizás solo haya sido una epifanía. Cada uno recibe un poco de miel antes del cuchillo, así es el orden de las cosas. Vuelvo a bajar la persiana, prefiero no comprobarlo.

Son las doce y veinte de la noche. Garzas, un cisne negro bailando en el centro del lago. Así eras tú escapando de la ducha sin ni siquiera dirigirme una mirada. La belleza en el exilio. Intento masturbarme, la bebida acrecienta el deseo, me toco por encima del calzoncillo, cierro los ojos, escancio garganta abajo un poco más de vino caliente imaginando que son tus besos. Deslizo la mano hacia mis bolas, me acaricio, la tengo demasiado dura, tirante, la enorme bestia ha despertado en forma de ariete hambriento, ¿eres tú la mujer adecuada, la puta adecuada? Bailamos, mi polla gruesa y tu coño prieto, un lenguaje de embestidas, de hematomas, mordiscos, gritos, arañazos; intento penetrarte con todo mi cuerpo, con sadismo, engullendo, empalando, cosificando, amarrando tus pechos a mis manos como aceite hirviendo. Tu cara mezcla dolor y placer en cada embestida, palabras duras e hirientes, tus dedos se introducen en mí. Empiezo a morir en tu agujero, aumento la velocidad y me estrello con rabia. Me corro. Me corro. Me corro. Garganta seca. Agarrotado. Por un momento todo es hermoso, brillante, dulce.

Dura poco. El brusco retroceso llena mis venas de mierda y flaccidez.

A la una de la madrugada el monstruo vuelve a despertar. Es algo enfermizo. La miro, enorme y sonrosada, enhiesta, anhelando fricción, ajena a todo, como la ciega tortuga que gira la cabeza buscando comida.

Te echa de menos.

You Are The Ocean And I'm Good At Drowning by Phantogram on Grooveshark

miércoles, 6 de junio de 2012

Sesión Del Conejo Quejica.

Psiquiatra Rorschach: ¿Ha escrito algo en su diario como le pedí?
Conejo Agapito: No, lo siento. La verdad es que envidio a todos esos conejos que consideran escribir un placer casi vocacional. Ya sabe cómo soy, no siento pasión por las cosas, cuando escribo lo hago más que nada por aburrimiento. Ojala tuviera la misma constancia que Masanobu Sato, el campeón mundial de masturbación.
Rorschach: Creo que divagas demasiado, ¿tienes algún plan para las próximas semanas?
Agapito: Las cosas no me están yendo demasiado bien, este mes he administrado mal el dinero y me queda lo justo para comprar esas zanahorias de saldo, las que son pequeñas e insípidas. Últimamente todo me decepciona. Como el E3 y la conferencia de Nintendo. El único plan es ir al cumpleaños de una compañera de trabajo, me invitó el domingo.
Rorschach: Es un avance, usted siempre me dice que esa barriga fláccida que sirve de protección a su entrepierna le impide tener vida social. Pues ahí tiene: un grupo de conejitas deseosas de su compañía.
Agapito: No me malinterprete, ya sabemos que la carne llama a la carne, que estamos sobreexpuestos a la publicidad y sus cánones. Pero la belleza también puede ser subjetiva, hay conejitas que con el paso del tiempo te emocionan, ves más allá, te acostumbras a su físico, te atraen, te excitan, silban en tu interior y te la ponen dura. Pero me temo que con las conejitas de mi trabajo no ha sucedido, me resultan bastante insustanciales. Una lástima.
Por otra parte creo que el sexo está sobrevalorado, toda esa gente tan obsesionada que no para de hablar, presumir, escribir en los blogs sobre ello, simplemente no follan lo suficiente, o quizás no saben follar o no les follan bien. El sentido común indica que el único escenario adecuado para escribir sobre sexo sería con los labios de una joven conejita sobre tu miembro.
Rorschach: Le noto triste…
Agapito: Hay frases notoriamente utilizadas por conejitas que crispan, “No es por ti, es por mí” es una de ellas, ¿qué cojones es eso de que no es el momento adecuado -cito como ejemplo- para empezar una relación? Si algo sé de las conejitas es que viven es un embudo romántico, una especie de stand by permanente. Ya pueden estar casadas y con dos niños, o llevar nueve años de relación y planes en común, que como la pasión se meta en sus bragas, perdón, en sus corazoños, se convertirán de pronto en Anna Bovary, el típico personaje de telefilme barato, y se arrojaran sin pudor en pos del amor verdadero sin ningún tipo de escrúpulos.
Aunque todo mengue con la edad y las malas experiencias, no deja de ser una frase idiota para no reconocer que no despiertan en ti esa clase de pasión. Todo esta perorata viene motivada, si no resulta evidente ya, porque he sido rechazado como posibilidad, antes incluso de lograr meterme en su cama.
Rorschach: Eso es doloroso sin duda, pero, ¿estaba usted enamorado?
Agapito: No, claro que no, aquí tengo que dar la razón a los literatos del sexo: antes de eso hay que salivar su coño, besarla, penetrarla, arañarla, morderla, follarla hasta que la realidad de su cuerpo desnudo sea la única verdad que sobresale por encima de nuestras imposturas. Dicho lo cual, me gustaría pedirle un favor. Llevo acudiendo a sus sesiones más de dos años, supongo que ya más por inercia que por tener alguna esperanza en los resultados. En cualquier caso habrá notado que este tipo de cosas, estos desgarros sentimentales, tienen un efecto muy negativo en mi estado emocional…
Rorschach: Bueno, sí, es normal, pero me gustaría indicarle que a usted le gusta quejarse demasiado…
Agapito: Eso es irrelevante. Lo que quiero pedirle es que me facilite algún contacto, usted atiende a muchas conejitas. Ya sabe mis gustos, no soy nada exigente. No necesito una enciclopedia con falda ni grandes alardes, solo alguien tranquilo, sin demasiados problemas, que tenga sentido del humor. No se lo pediría sino pensara que estoy en un momento de mi vida en que un poco de compañía y pasión harían evitable que cayera en, como diría Cioran, las cumbres de la desesperación.
Rorschach: Le entiendo perfectamente, pero ya conoce los pormenores del código deontológico de mi profesión. Sin embargo, dado que me cae usted simpático (y que ya se han suicidado tres de mis pacientes esta semana) le puedo permitir poner un anuncio con su mail en esa pared, junto a mis diplomas y el cuadro de Freud. Será muy visible, si alguna está interesada solo tiene que escribirle, ¿le parece conveniente?
Agapito: Espere que lo escribo: “Conejita de Madrid dispuesta a conocer conejo, mande foto en bikini, o grabación de voz a este mail, tomo mi medicación regularmente y me gusta la ópera”
Rorschach: Le deseo suerte. Por cierto, como no suelo prestarle mucha atención me he puesto a ver videos en YouTube de Masanobu Sato, una de las pocas personas vivas a la que, al igual que usted, proceso una admiración inquebrantable. Me gustaría, como final para esta sesión, ver juntos algún video suyo.
Agapito: De acuerdo, gente así es la que mueve el mundo, la que impide con su ejemplo de ambición y superación, que perdamos la esperanza… 

Let Me Count The Ways by Lyle Mays on Grooveshark

lunes, 16 de abril de 2012

Los vecinos de Rorschach.

Carlos.
Soy escritor, bueno, eso es lo que digo. Realmente trabajo en un matadero. No es un mal trabajo, solo tienes que ignorar el olor, la sangre, las articulaciones agarrotadas por el frío.

Me metí un poco por casualidad, uno más de los trabajos basura que te permiten vivir al día y recoger algo de experiencia Bukowskiana. Llevo ya más de cinco años. Al principio me reía de mis compañeros más talluditos. Ahora, tal y como están las cosas, ni siquiera me planteo la posibilidad de irme. No llegué a terminar la carrera de filología y lo que me ofrecen ahí afuera son trabajos de teleoperador, lo más bajo de la escala, o vendedor.

Pero no me gusta hablar, no consigo nunca encontrar las palabras adecuadas a tiempo, como si mi cerebro fuera a una velocidad distinta. Quise convencer a mi mujer para que no me abandonase, pero las palabras no fluyeron, luego sí, de noche, frente al ordenador, páginas y páginas repletas de ellas. Pero en ese momento, cuando me lo dijo, cuando estaba haciendo las maletas, cuando me anunció que dormiría en casa de sus padres y que su hermana pasaría a recoger el resto de sus cosas, ahí, nada. Ni una sola.

Tampoco hablo demasiado con la gente del trabajo, solo lugares comunes, fútbol, chanzas. Con mi padre -todos los domingos quedamos para comer- sucede algo parecido. Mis amigos ya se han acostumbrado a mi carácter, me dejan por imposible, como un voto en blanco que se suma en las discusiones a la mayoría simple. A veces tengo la sensación de que mis palabras se suicidan antes de llegar a mi garganta.

Ahora, de madrugada, la casa reverbera con los recuerdos de tiempos mejores. Una bonita frase. Pero es falsa, es la soledad quien habla. No estaba enamorado de mi esposa. Podría contar una historia sórdida, digna del mejor telefilme de televisión, en ella nos amamos locamente, se queda embarazada, perdemos al niño en un accidente y me sumerjo en una espiral decadente de alcohol y drogas. Pero no, el fracaso real es vulgar, son pequeños detalles amontonándose. Es el tiempo, como marca de agua de ceniza gris, quien te señala la cuota vacía de logros, quien te provoca la sensación de estancamiento y desconcierto.
No, no amaba a Erika, al menos como ella necesitaba. Ella a mí sí, de esa forma extraña que tienen las mujeres de amar los imposibles, a quienes no las merecen.
Hasta que aparece otra persona, armada simplemente con una palabra amable y una sonrisa de ojos verdes, que se percata cuando cambias de peinado, que te invita a tomar una copa después del trabajo si te nota más triste lo habitual, o que simplemente te pregunta cómo estás. Son gestos sencillos, pero que se olvidan muchas veces en la rutina de la convivencia. Luego todo cobra entidad, sentido, se empieza a hablar de amor, de hijos. Y el ciclo comienza de nuevo hasta que todo se vuelve a ir a la mierda. O quizás no, quizás está vez sea la definitiva y, como los viejecitos de Up, terminen juntos, canosos y arrugados, aunque solo sea en un álbum de fotografías.

¿Qué podría reprocharle? Mi vida se resume en ir al trabajo, volver -al menos una parte de mí-, comprar unas botellas de cerveza y fumar algo de hachís. Y luego, ya de noche, antes de acostarme, esperar. Esperar a que lleguen las palabras adecuadas, nada inmortal, ya perdí ese barco. Solo palabras que me indiquen la salida de emergencia, un atajo que me libere durante unas horas del principal problema de mi vida: YO.

Enrique.
Mis primeras relaciones sexuales fueron bastante normales, los toqueteos habituales por encima de la ropa y luego, progresivamente, alguna felación –más dolorosa que placentera-, pasando por el típico polvo adolescente en el asiento de atrás de mi coche, donde todo solía ser corto e incómodo, hasta el final fastuoso del hotel, que se veía mermado por la rigidez y nerviosismo de la novia del momento. Por eso, cuando conocí a Susana, era jodidamente inexperto. Me la encontré en una fiesta en un local a la que no había sido invitada, de hecho no conocía a nadie. Según me confesó se había colado porque no tenía ningún plan aquella noche y pensó que nadie lo iba a notar. Fue un flechazo, tenía algo que me enloqueció nada más verla. Por eso, cuando quisieron echarla, intercedí por ella. Esa fue la excusa. Del resto de la noche no recuerdo gran cosa, solo sé que terminamos en un hostal follando y las agujetas que recibimos con una sonrisa al día siguiente.

Siempre recordaré sus felaciones, eran brutales, mi polla desaparecía en su boca como en un hermoso truco de prestidigitador, me follaba con la lengua mientras sus manos me acariciaban dentro y fuera con una sabiduría incontestable. Era algo increíble, intenso, me corría de forma tan salvaje sobre su cuerpo incandescente que creía morirme. No tenía tabús de ninguna clase, le gusta el sexo anal, le excitaba quitarse las bragas en cualquier local y que la acariciase delante de todos, era terriblemente morbosa, necesitaba llevar siempre la ropa más provocativa que pudiera encontrar, necesitaba que la poseyera en cualquier situación, como si dejarme su marca en el cuello o en la espalda fuera una prueba de la fe en nuestro amor.
No obstante discutíamos a menudo, la decía que se denigraba con esa actitud, que tenía que cambiar, que me estaba dejando en evidencia. Pero el problema era mío, era un imbécil inseguro, católico para más inri, ella, simplemente, era demasiado para mí.
La ruptura era inevitable. Es curioso, no recuerdo el motivo que desencadenó las palabras finales, llenas de gritos e insultos, no podría ser de otro modo, pero si el estúpido sentimiento de alivio que sentí cuando todo terminó. Nunca podría imaginar que, una década después, todavía seguiría sintiendo nostalgia por esos meses que pasé junto a ella.

Ahora estoy felizmente casado, mi pareja duerme, una chica católica, dulce, discreta, la madre de mis futuros hijos. Sin discusión. Pero una puta frígida en la cama. Ni siquiera me deja darle por el culo. Por eso, en noches como esta, me dedico a masturbarme viendo videos en el ordenador en vez de quedarme junto a ella en la cama.
Al principio buscaba vídeos sórdidos de jovencitas, con un parecido inconsciente a Susana. Luego mis preferencias fueron cambiando, inclinándose hacía videos de transexuales. Hay películas con un guión bastante destacable: un matrimonio contrata los servicios de uno de ellos, esté aparece y enseguida trascurren las escenas, la esposa saca una caja de juguetes llena de consoladores, arneses, mordazas. Mi escena favorita es cuando el transexual, con unos pechos gigantescos, empieza a sodomizar al marido mientras su esposa le chupa la polla.

A veces me siento extraño, sucio, con ganas de borrar todo este material del disco duro. Pero sé que solo es un poso religioso, dura poco, no me puedo engañar a mí mismo. MI esposa ya no me excita, casi resulta un trabajo follármela a pesar de lo mucho que se cuida, yendo al gimnasio, manteniendo ese cuerpo escultural que tanto envidian los demás.
Me gustaría compartir mis filias con una mujer, que me permitiera follarme su boca, agarrarle del pelo con brutalidad mientras empujo hasta el fondo de su garganta, sentir las contracciones de su arcada mientras la llamo puta. Que me follase con un consolador, que me obligara a lamer mi semen del suelo, o de sus botas.

Últimamente ojeo la sección de contactos del ABC. Cada vez es más tentador, a fin de cuentas, solo se vive una vez.

Andrés.
No creo en la causalidad, al menos como explicación literal para todo. No creo que mi incapacidad social, el hecho de haberme abandonado tanto hasta rozar la obesidad mórbida, solo sea causa de que una chica en el colegio me llamara gordo, o que hubiera un grupito de indeseables que me hiciera la vida imposible. Claro que eso te marca, te hace más inseguro, suspicaz, con más necesidad de ser aceptado. Pero puedes luchar contra ello. El hecho de ser una persona de carácter débil no debería convertirse en una excusa sempiterna en tu conversación.

En cualquier caso soy consciente de mi problema, sé que estoy obsesionado con los videojuegos, que dedicar todo mi tiempo libre a ellos no es sano. Pero no pienso dejar de hacerlo. No creo que esta adicción me esté impidiendo vivir, al revés, es lo único que me hace levantarme por las mañanas, que cubre los días con una pátina de ilusión.
A fin de cuentas el resto de mi vida es un erial, nunca tuve figura paterna, ni amigos, solo me muestro sociable a través de espacios de la red anónimos, como foros o chats. Tampoco he sido mitómano, nadie ha conseguido despertar mi admiración, excepto, claro está, mi querido Daigo.

Aún sigo viviendo con mi madre, una mujer ya muy mayor, y trabajo en el Cash Converters, un trabajo abominable en tiempos de crisis. Llevo ya siete años allí de dependiente, nunca han confiado en mí para puestos de mayor responsabilidad. Lo prefiero así, un túnel sin salida en el que gastar ocho horas a jornada partida antes de volver al ensueño de mis juegos. Estoy acostumbrado a no conseguir ni siquiera una pequeña victoria, a no destacar, mis sueños, cuando los tuve, se han convirtieron en papel mojado, en llamadas a números que ya no existen.

Pero a pesar de vivir resignado, de pasar todo mi ocio delante de un monitor, solo, tampoco me engaño sobre el paso del tiempo, sobre mi legado, porque, ¿qué esperan los demás cuando hablan de legado? ¿Arte? ¿Hijos? ¿Una rúbrica en los archivos de una empresa donde se lista beneficios, nóminas y clientes? ¿Las estrías en el corazón o en la vagina de una mujer? ¿Fama? ¿Redención? Solo somos recuerdos, datos mil veces repetidos como un eco flatulento, empeñados en lograr un record Guinness, un significado, cuando solo somos hormigas sin derechos, efímeras en nuestras pequeñas recreaciones de orden, incapaces de entender que no existe nada inmortal.

Obsesionarse con algo toda la vida te convierte, al final, en una persona desgraciada, tengas éxito o no, entiendo mi pérdida al convertir mi potencialidad en algo tan estéril. Pero soy tan feliz en mi escapismo, agotando cada juego, terminando su reto y buscando el siguiente. Es tan hermoso estar concentrado en la partida, sin que nada importe a tu alrededor… ni el trabajo, ni la soledad, ni el mañana. Me convierto en un artista y, a pesar de mi falta de talento o la complejidad del objetivo, siempre tengo una nueva oportunidad para intentarlo, para conseguirlo, para hacerlo bien esta vez. Enfoco mi realidad en este mundo sin frustraciones en donde siento, de alguna manera, que aún soy capaz de ganar.

Carmen.
Últimamente siempre estoy cachonda. Tengo treinta y uno, quizás se trate de un reverdecimiento sexual, al menos antes, cuando tenía pareja, no me sentía así. Supongo que he tenido mala suerte, serán tópicos, pero lo más dulces y cariñosos son los que, en mi caso, peor me comían el coño. Siempre besándome como si fuera de cristal, sin una pizca de pasión. Maldita sea. Sí, es cierto, luego mis compañías fueron a peor pero, ¿qué podía hacer, arruinarme la diversión? De acuerdo, me pase con la cocaína, salía demasiado por la noche. Luego, cuando me detectaron las arritmias, lo dejé, y el bajón anímico fue tan fuerte que me provocó una depresión. Y luego vinieron los antidepresivos y los puñeteros kilos de más que no hay manera de quitarse. Pero aun soy mona, no como antes, soy más mayor pero….bah, ¿Dónde está mi consolador? Aquí. Bien. ¡Qué gusto! No es una polla, pero mira, ahora es lo único que tengo, y encima con lubricante sabor naranja. Maravilloso.
Sí, todavía soy atractiva, sé cómo hacer gozar a un hombre. Sé cómo hay que mirar, las palabras adecuadas, los gestos. Son tan básicos los pobres. Receptiva pero sin excederse, un toque de frágil timidez, como si necesitara ser salvada pero sin que puedan agobiarse, lo justo para que quieran echarte un polvo y no huir a la media hora.

Necesito una imagen mental. Quizás mi vecino, el casado. Seguro que le gusta la marcha, tiene ojos de pervertido, le he pillado mirándome el escote más de una vez. No sé qué coño hace con esa mujer tan estirada, siempre mirándome con desdén, como si no tuviera derecho a compartir el mismo aire que ella. Puta.
Tampoco hay mucho donde elegir, el gordito del segundo piso que vive con su madre es entrañable, pero excita mi libido tanto como un osito de peluche. Peor con Carlos, tan encantador, tan bohemio, y la tiene tan pequeña que apenas sentía nada cuando se movía. Fue todo tan decepcionante que solo quería que se fuera de mi casa cuanto antes.
El que resulta prometedor es el tipo del cuarto, no le suelo ver demasiado, siempre llega de madrugada. Es feo, para qué engañarnos, pero me da morbo. Quizás sea por su pinta de intelectual, siempre ensimismado, pero a su vez con ese desaliño sórdido, como de estar de vueltas de todo, como si estuviera por encima de todas las cuestiones importantes. Y esa música que pone de madrugada. En las juntas de vecinos todo el mundo se queja, pero al final nadie se atreve a decirle nada directamente.

Me humedece pensar en él. Estoy a punto de correrme pero quiero alargarlo. Dejo el consolador anal y me paso un dedo entre los labios, abriéndome un poco. Primero un dedo, luego dos. Me gusta rozarme el clítoris suavemente y luego con fuerza. Ojala tuviera una mujer entre mis piernas comiéndome el coño de nuevo. Estoy desaprovechada, ¿Qué estoy haciendo con mi vida? Haciendo un curso tras otro, sin razón de ser. Podría irme a Chile, estar aquí es deprimente, España es una tierra sin oportunidades. Joder, que polvo más triste, envidio a los hombres, una falda airada por el viento, un video de golfas, y ya les tienes salivando, con la polla enhiesta como monos en el zoo, incapaces de pensar en nada más. Desconectados de la realidad. Yo soy incapaz de dejar de pensar en otras cosas, ni siquiera cuando me duele al meterme tres dedos de golpe.

Me concentro en tu polla, me la imagino enorme, venosa, hinchada, caliente, roja, ligeramente ladeada a un lado, vibrando por la excitación, con unos enormes cojones a juego. Me imagino metiéndomela en la boca para ensalivarla, esforzándome por encharcar esa inmensa masa de carne. Recreo como me pones de espaldas contra la pared, me apartas las bragas y me la metes sin compasión. Sí, como animales, necesito un animal dentro de mí, necesito pasión, palabras sucias follándose mi cerebro, tus dedos en mi boca mientras con la otra mano me aprietas las tetas hasta hacerme daño. Necesito que me llames puta porque no puedes evitar correrte, necesito sentir que quieres echarme otro polvo después, que me utilizas, que te mutilas dentro de mí y que, justo cuando me corro, sabes regresar con los pedazos mezclados de mi alma y mentirme diciéndome que me amas.

Orgasmo. Fundido en negro, ¿qué mejor final?

In Der Palästra by Sopor Aeternus & The Ensemble Of Shadows on Grooveshark

viernes, 16 de marzo de 2012

Busco entre tus piernas la fe y hundo mi sol mojado en tu piel.

Abajo, en la ciudad, la venganza de Dios defeca en forma de precario y amorfo zoo de mierda ambulante, monos con la locura pintada en sus rostros llenos de mediocridad. La ciudad reposa, nunca muere, solo mueren tus sueños, tus estúpidos idealismos, donde eres tú mismo quien encabeza el pelotón, quien da la orden de disparar. Cuando ella intenta guardar las formas con su coño lleno de esperma ya es demasiado tarde, solo buscas el fundido en negro de las pastillas, huir de esta pesadilla, de las sobadas y vacuas metáforas sobre soledad y mutilación. Y te derrumbas.

Esta noche el Poeta, está solo, no siente pasión por las palabras. Rescata la botella de vino y sube y baja por su vertedero anímico, cantando canciones de miope nostalgia llenas de lencería roja y desahucios de amor.
La ciudad da un respiro, aún faltan horas para que amanezca. Un desierto de cemento y ladrillo, un cementerio, como una vieja fotografía en blanco y negro con los bordes desgastados. Capas de polvo sostenidas solo por el ruido lejano de algún coche. Brinda de nuevo auspiciado por la música que palpita en sus venas, por las conexiones que permiten estas palabras, por el vaticinio, el desconcierto, por la falta de ese algo indescifrable. Quizás simplemente aguarda la musa, la inspiración que le salve de languidecer, quizá solo busca algo que le reconforte. Los demás piensan que es un misántropo, pero solo es débil, frágil en sus sentimientos.

Cada noche reúne algo de valor, utiliza la navaja y se despedaza el pecho. Saca su corazón y lo mira fijamente. Lo muerde para sentir ese dolor inaudible más cercano, menos alienado por el tópico. Y luego utiliza la sangre que sigue bombeando para escribir. Pero no consigue expresar nunca lo que quiere, no hay alma, está cerca, rozando esa sensualidad que siente, pero no llega a convertirla en palabras, solo es una marisma abandonada. Cuando el fracaso es inapelable lo vuelve a coser en su interior, un interior cada vez más grande y polvoriento.
Pero esta noche es distinto. Ella aparece…Numen. Esta ahí, sentada sobre el estercolero de sus sentimientos, con los pies desnudos manchados con su sangre. Su piel es sueño, sus labios locura, su cuerpo pura poesía, con una expresión de música sinfónica sinestésica de belleza inexplicable.
El Poeta esconde su corazón, y hace que sus versos resbalen por su piel dominándola. Una oración de lascivia que devora su cordura. Deseo febril, un disparo hormonal a bocajarro que los embriaga por la necesidad de poseerse, follarse, aniquilarse en una unión perpetua de almas y cuerpos.

En la ciudad los habitantes arden, los versos del Poeta influenciados por la belleza de Numen provocan la lascivia, la locura general. Cuerpos desnudos retozan en las calles. Las esquinas emanan el olor a semen caliente, sudor y sexo. Todo el mundo se ofrece con las piernas abiertas, o enhiestos, a los demás. Nadie va a trabajar, en los colegios los profesores dilatan anos, practican felaciones. Pronto será insuficiente, la histeria es colectiva, cuerpos desgastados, delirio furioso, mentes perturbadas con un hambre voraz por el cuerpo. Almas desnudas y espectros hacinados en descampados, consumidos por la labor de dar y recibir placer. Sus cuerpos privados de flujo, saliva, lágrimas y sudor yacen abandonados en cualquier parte de la ciudad con los genitales destrozados.

Pero no dura mucho. Numen una noche deja de amar al Poeta. Hay amores que se sacian...se derriten...caducan por agotamiento. Numen se convierte en alguien voluble, caprichosa, maniática, soberbia. Una pura contradicción frígida en esencia. Ni el más endulzado de los poemas puede incendiar su corazón, convertido ya en un invierno emocional. El Poeta enloquece totalmente.

La ciudad vuelve poco a poco a la normalidad, las mujeres siguen fingiendo orgasmos, los solteros siguen masturbándose con los mismos videos de mierda, la gente sigue pagando por la sordidez de media hora o la de toda una vida previo contrato matrimonial, todo es efímero en el cerebro de una mosca de fruta. Nadie habla de esa semana, simplemente se restaura la rutina, insatisfechos o no, y se sigue adelante, respetando el precepto kafkiano, dejando las explicaciones o el mando a otros.

Pero el Poeta no puede olvidar, se siente desesperado, sabe que ha perdido algo importante. Por eso, una noche como esta, mientras observa la glacial mirada de su musa, se quita la camisa, se abre el pecho y saca su corazón de nuevo. Lo mira fijamente y lo lleva a la cocina. Allí lo cuece con su propia sangre y se lo da para cenar. Numen primero lo observa con desconfianza, lo prueba lentamente y ya, con ansia, lo devora totalmente. Poco a poco va recobrando la luminosidad en la mirada, su piel vuelve a reflejar la luna menguante. Vuelve a ser Ella.

Los ojos del Poeta se inundan de lágrimas al contemplarla y cuando, minutos después, muere en sus brazos, sonríe satisfecho: al fin ha conseguido expresar de forma tangible lo que sentía.

Narayan by The Prodigy on Grooveshark

jueves, 15 de septiembre de 2011

Te encontré en el anonimato de una calle, chocaste con mi mirada y seguiste adelante sin percatarte de nada.

Eras guapa, delgada, pechos pequeños pero con un buen culo, 1,70 de altura sin tacones. Alguien agradable, un buen polvo como dijiste entre risas, deslumbrándome con tu sencillez andaluza. Necesitabas sacar partido a tu cara con maquillaje y un corte de pelo muy concreto, pero mi única aportación era un cerebro lisérgico ansioso de entropía, no creo que pudiera o debiera ser exigente.

Y ahí te esperaba, en la estación de Chamartín, con esa mezcla de ansiedad o fe que producen este tipo de encuentros. Dos desconocidos esperando que las cosas fluyan, sin más argumentos que un mes de teléfono y dos encuentros por el skype. Un par de autocompasivos gilipollas que ríen y lloran a destiempo y siempre por cosas sin importancia.


Solo te quedabas una noche y nos dimos prisa con el romanticismo. No tenía ninguna presión, esta vez no importaba nada demasiado, te abriste ante mí como una flor bajo la lluvia esperando placer, solo tenía que recoger el premio… ¿demasiado fácil? No, el juego fue largo, marcando bien los tiempos para convertirme en tu reto, sin hablar de necesidades ni sentimientos, un baile ensayado de indiferencia. Tu vanidad disfrutaba más de la posesión que de la penetración y a mí no me interesaba llegar a tu corazón, solo las palabras rompían mi espontaneidad, pero gemías lo suficiente para hundirme en ese pelo largo azabache y dejarme llevar.

El segundo fue mucho mejor, la verdad es que resultabas mucho más inteligente en la cama que fuera de ella. Incluso con el tiempo podría aprender a quererte, un escenario aburrido pero relajado en el que no cruzamos las líneas tacitas de nuestras mutuas carencias, ¿Lealtad o sorpresa...?

Te dormiste abrazada a mí, simple tramoya, somos ya mayores para sobrecogernos por detalles mil veces repetidos. La nostalgia para ambos seguía ahí, aunque nos afectase de forma diferente. Te abandono como a un párrafo que me da vergüenza releer –sin metáforas- y dejo que mis falanges divaguen sobre cualquier tema, el éxito por ejemplo.

Si tienes un blog el éxito se basa en el número de seguidores y/o comentarios que devienen en muchas visitas. Pero es una pantomima, solo es una cuestión de marketing, otra red social de aduladores donde nos intercambiamos favores y spam, es una cuestión de tiempo no de talento. Y de sexo, mucho sexo reciclado en fotos, relatos, en mujeres bosquejando su promiscuidad con algún toque –espero- de realidad a flor de párrafo. La imagen de una vagina se folla literalmente años de letras en apenas una hora.

El éxito… quizá el tiempo, como padre de la verdad, pocos aguantan un buen ritmo más de un año. Quizá la existencia de un troll, sí, alguien que se tome los textos como algo personal, que nos odie, que nos escupa en los comentarios hasta que no tengamos más remedio que moderarlos. También sería entrañable un acosador o una groupie ofreciendo sexo, los decadentes espantamos el éxito, pero me consta que hay gente que disfruta de esas experiencias en este pedo virtual.

Pero a fin de cuentas todas las aguas fecales acaban desembocando en el mismo mar
Soy la anoxia que te provoca la realidad a bocajarro
Soy letras para adolescentes adictos al crack
Soy un medico demasiado amable cuando va a darte los resultados
Soy la sensación de fracaso que te hace llorar por las noches
Soy un cocainómano rompiendo billetes a Paris sin usar
Soy un accidente sentimental al que aun no puedes llamar puta
Soy tu nausea al soltar tópicos intrascendentes ante una sala vacía
Un mendigo que te mira desde la basura y te ofrece un trago
Una mente rota que no entiende el principito
La pasividad de una muñeca hinchable
Un condón roto mientras finges un orgasmo
Un molino de viento girando entre las piernas inabarcables de zorras indiferentes
Una esquela, un fundido en negro en versión original, un carnet de biblioteca caducado
Una chica que se queda embarazada por segunda vez de la persona equivocada
Soy ese gesto, esa palabra, ese puñetazo que destroza años de convivencia y que hace que la mentira ya no pueda mantenerse ni un segundo más.

Aúlla conmigo, que le jodan al éxito.

The Kiss by The Cure on Grooveshark