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miércoles, 20 de marzo de 2013

Versión 2.0

Esta noche el Poeta se siente solo, sin pasión por las palabras. Sube y baja la botella por su vertedero anímico mientras piensa con nostalgia en lencería roja y desahucios de amor. La ciudad, desierto de cemento y ladrillo, da un respiro: aún faltan horas para que amanezca. Capas de polvo sostenidas solo por el ruido lejano de algún coche. Brinda de nuevo auspiciado por la música que palpita en sus venas, por las conexiones que permiten estas palabras, por el vaticinio, el desconcierto, por la búsqueda de ese algo indescifrable. Los demás piensan que es un misántropo, pero solo es débil, frágil en sus sentimientos, aún no ha dado la orden de disparar sobre sus sueños, estúpidos idealismos, no mira al cielo buscando explicaciones, solo a los espejos.

Cada noche reúne algo de valor, utiliza la navaja y se despedaza el pecho. Saca su corazón y lo mira fijamente. Lo muerde para sentir ese dolor inaudible más cercano, menos alienado por el tópico. Y luego utiliza la sangre que sigue bombeando para escribir. Pero no consigue expresar nunca lo que quiere, no hay alma, está cerca, rozando esa sensualidad que siente, pero no llega a convertirla en palabras, solo es una marisma abandonada. Cuando el fracaso es inapelable lo vuelve a coser en su interior, un interior cada vez más grande y polvoriento.

Pero esta noche es distinta, la musa aparece con los pies desnudos manchados de sangre. Su piel es sueño, su cuerpo es música sinfónica sinestésica de belleza inexplicable. El Poeta moja la pluma en sus huellas sobre el papel y deja que una oración de lascivia devore su cordura. Los versos resbalan como un disparo a bocajarro, la ata a la cama con metáforas de deseo febril y la posee con violencia, con ansias de redención y accidente de tráfico.

En la ciudad los versos del Poeta provocan una bendita locura: estalla el caos, todo arde, las parejas fornican sin miramientos, quienes viven solos salen a la calle desnudos y se ofrecen enhiestos, o se tumban con las piernas abiertas esperando el placer anónimo. No hay pudor, las calles emanan un fuerte olor a semen caliente, sudor y sexo. Todos brindan por la muerte de los viejos dioses, todos aceptan su bisexualidad, reciben y dan placer, hay una risa libertaria que pudre convencionalismos, la histeria es colectiva, los cuerpos desgastados por el delirio furioso, las mentes roncas por el hambre voraz de contacto.

Pero solo dura esa noche, el amor de la musa queda saciado, derretido por la primera luz del alba. Después solo queda una veleidad maniática y soberbia, una pura contradicción de frígida esencia. El poeta escribe sin descanso, intenta conmoverla de nuevo, pero es inútil: su corazón es un invierno emocional que ningún poema consigue incendiar.

Mientras, en la ciudad, todo ha vuelto a la normalidad, nadie habla de esa noche, todos restauran su rutina de sexo mecánico y aburrido, esa pátina de sordidez conservadora que hace que muchas mujeres finjan sus orgasmos o se aburran en la cama.

Pero el Poeta no puede olvidar, se siente desesperado, sabe que ha perdido algo importante. Por eso, unas semanas después, mientras observa la glacial mirada de su musa, se quita la camisa, se abre el pecho y saca su corazón de nuevo. Lo lleva a la cocina, lo cuece con su propia sangre y se lo sirve en un plato. Ella le observa con desconfianza, prueba un bocado, y luego, como en trance, lo devora totalmente.
Poco a poco va recobrando la luminosidad en la mirada, su piel vuelve a reflejar la luna menguante. Vuelve a ser ella.

Los ojos del Poeta se inundan de lágrimas al contemplarla, y antes de morir en sus brazos sonríe satisfecho: al fin ha conseguido expresar de forma tangible lo que sentía.

Break on Through (To the Other Side) [Live] by The Doors on Grooveshark

viernes, 17 de agosto de 2012

Harry (II)

Ya he conseguido más alcohol. Mis fuentes son ilimitadas, sobre todo cuando tengo tanta chusma comerciando con el alma humana por aquí, en mi gueto de extrarradio.

Quizás este sería el momento para dejar de escribir, o dejarlo como borrador para más adelante, no conviene dar demasiado material seguido. Pero en el fondo me importa un bledo escribir o no, es una lucha contra el tiempo, el insomnio, la botella medio llena; vomito y publico, las reacciones me gustan pero me considero, por el contexto y mi realidad personal, el demiurgo de una mierda cantante y danzante; “no es por ti, es por mí”, claro que me gustaría aleccionar a las masas con la genialidad de mis pepitas de oro literarias, pero esa idea no concuerda con la realidad.

Los blogs son estercoleros literarios, siento dar una visión tan negativa de todo esto, no sigo a nadie en particular, sigo a la persona, sigo su diario personal, pero no compraría su libro. O quizás sí. Me gustan los libros, incluso los malos, un síndrome de Diógenes particular. Pero vamos a lo importante: sigo cachondo, la bestia ha vuelto a despertar, el monstruo purpura ha cobrado vida; esto es un infierno, vosotras, pequeñas nínfulas, no podéis comprenderlo, pero tener polla es un suplicio, es un animal insaciable, un calambre enjaulado, el ansia se apodera de nosotros y necesitamos despedazar vuestra ropa, arrancaros las bragas, lameros todo el cuerpo, llenar el aire de sudor y sexo.

Por eso pienso en ella, mi pequeña musa, chica menuda, pechos pequeños, media melena, no demasiado atractiva, pero con unos ojos salvajes que solo el poeta experimentado sabe interpretar.

¿Recuerdas ese hotel? Te desnudaste de inmediato, pero te dejaste puestos los zapatos de tacón como una buena chica. Todo esto no era nada nuevo, rellenabas tu vida con momentos como este. Empezaste a contonearte con la misma naturalidad con que dejabas ese puente de saliva ente tu boca y mi polla, malévola en su tamaño, mientras te inmortalizaba con mi cámara. Una buena felación se realiza no solo con las manos y la boca, también con los ojos, muchas os negáis a hacerlo sin percataros del poder que ejercéis sobre nosotros, es lo más parecido a la adoración que sentiréis en vuestra vida.

¿Recuerdas cómo te contoneaste hacía atrás y te abriste de piernas ante mí y como yo, en un acto reflejo, te ofrendé mi boca, mi saliva, mi lengua, y el resto de mi cuerpo?

En ese recuerdo, que ahora convierto en presente perfecto, no puedo contenerme y te penetro. Te masturbas compulsivamente el clítoris, un desliz de experiencia que provoca la quemazón en mi cerebro. Te pongo de lado y te follo con fuerza mientras te beso. Me encanta como gimes, más y más alto, como si quisieras reventar los corsés de la represión judeocristiana que domina toda nuestra cultura. Me coges el brazo y lo empujas hacía tu garganta para que haga presión. Veo en tus ojos ese punto de sadismo que no se conforma con la palmada en el culo y algunas palabras duras.

Te meto un par de dedos en la boca y me los chupas como si fuera la polla de alguien con quien formáramos un trio. Me excitas demasiado, ningún cambio de postura me salvará de correrme, de que esto acabe demasiado pronto y te vayas con otra muesca en tu agenda. Hago un esfuerzo y salgo de ti, te doy la vuelta y empiezo a follarme tu culo con la lengua; estás deliciosa, como un helado exultante que se derrite en la boca en verano, podría correrme solo haciendo eso. Y no paras de gemir, de gritar, de tocarte...

Te sodomizo, pero a pesar de eso no consigo dominarte. Gritas hasta un orgasmo ya por fin reconocible. Recuerdo a mi ex, todo tan automático, un matrimonio de mierda con los polvos programados con un límite de tiempo. Pero tú te dejas llevar, sigues y sigues. Ahora me quedo quieto, eres tú la que se penetra a su ritmo una y otra vez. No he visto nunca una jodida puta que disfrute del sexo con tanta naturalidad como tú.                      

Tu culo dilata el tiempo, mis cojones hieren tu coño al ritmo de palabras obscenas. Tus pechos son cada vez más grandes, me voy a consumir dentro de ti. Te amo. Te amor. Te amo. Te amo.

A pesar del aire acondicionado estamos empapados en sudor, tu pelo forma arabescos maliciosos en tu espalda. No puedo más, el alcohol me vence, me dejo caer en la cama. Pero para ti no es una capitulación, quieres seguir; coges del bolso un lubricante, lo echas sobre mi polla. Está caliente, muy caliente. Me masturbas y a la vez te follas el culo con los dedos, te lo abres para mí. Me vuelves a convertir en un animal, te pongo de lado y vuelvo a follarte el culo, quiero llegar a tu límite y te meto dos dedos en el coño; respondes con un gemido entre dolorido y extasiado.

Dura poco, como cualquier placer descontrolado. Pero cuando me corro rozo el cielo, la amnesia, te conviertes en mi particular I Ching, consigues enamorarme sin piedad.

No te he vuelto a ver. Te asustan demasiado los autobuses.

O quizás lo que te asuste de verdad es esa sensación inaprensible que algunos llaman amor y a ti siempre te ha provocado tanto sufrimiento.

Insight by Joy Division on Grooveshark

viernes, 16 de marzo de 2012

Busco entre tus piernas la fe y hundo mi sol mojado en tu piel.

Abajo, en la ciudad, la venganza de Dios defeca en forma de precario y amorfo zoo de mierda ambulante, monos con la locura pintada en sus rostros llenos de mediocridad. La ciudad reposa, nunca muere, solo mueren tus sueños, tus estúpidos idealismos, donde eres tú mismo quien encabeza el pelotón, quien da la orden de disparar. Cuando ella intenta guardar las formas con su coño lleno de esperma ya es demasiado tarde, solo buscas el fundido en negro de las pastillas, huir de esta pesadilla, de las sobadas y vacuas metáforas sobre soledad y mutilación. Y te derrumbas.

Esta noche el Poeta, está solo, no siente pasión por las palabras. Rescata la botella de vino y sube y baja por su vertedero anímico, cantando canciones de miope nostalgia llenas de lencería roja y desahucios de amor.
La ciudad da un respiro, aún faltan horas para que amanezca. Un desierto de cemento y ladrillo, un cementerio, como una vieja fotografía en blanco y negro con los bordes desgastados. Capas de polvo sostenidas solo por el ruido lejano de algún coche. Brinda de nuevo auspiciado por la música que palpita en sus venas, por las conexiones que permiten estas palabras, por el vaticinio, el desconcierto, por la falta de ese algo indescifrable. Quizás simplemente aguarda la musa, la inspiración que le salve de languidecer, quizá solo busca algo que le reconforte. Los demás piensan que es un misántropo, pero solo es débil, frágil en sus sentimientos.

Cada noche reúne algo de valor, utiliza la navaja y se despedaza el pecho. Saca su corazón y lo mira fijamente. Lo muerde para sentir ese dolor inaudible más cercano, menos alienado por el tópico. Y luego utiliza la sangre que sigue bombeando para escribir. Pero no consigue expresar nunca lo que quiere, no hay alma, está cerca, rozando esa sensualidad que siente, pero no llega a convertirla en palabras, solo es una marisma abandonada. Cuando el fracaso es inapelable lo vuelve a coser en su interior, un interior cada vez más grande y polvoriento.
Pero esta noche es distinto. Ella aparece…Numen. Esta ahí, sentada sobre el estercolero de sus sentimientos, con los pies desnudos manchados con su sangre. Su piel es sueño, sus labios locura, su cuerpo pura poesía, con una expresión de música sinfónica sinestésica de belleza inexplicable.
El Poeta esconde su corazón, y hace que sus versos resbalen por su piel dominándola. Una oración de lascivia que devora su cordura. Deseo febril, un disparo hormonal a bocajarro que los embriaga por la necesidad de poseerse, follarse, aniquilarse en una unión perpetua de almas y cuerpos.

En la ciudad los habitantes arden, los versos del Poeta influenciados por la belleza de Numen provocan la lascivia, la locura general. Cuerpos desnudos retozan en las calles. Las esquinas emanan el olor a semen caliente, sudor y sexo. Todo el mundo se ofrece con las piernas abiertas, o enhiestos, a los demás. Nadie va a trabajar, en los colegios los profesores dilatan anos, practican felaciones. Pronto será insuficiente, la histeria es colectiva, cuerpos desgastados, delirio furioso, mentes perturbadas con un hambre voraz por el cuerpo. Almas desnudas y espectros hacinados en descampados, consumidos por la labor de dar y recibir placer. Sus cuerpos privados de flujo, saliva, lágrimas y sudor yacen abandonados en cualquier parte de la ciudad con los genitales destrozados.

Pero no dura mucho. Numen una noche deja de amar al Poeta. Hay amores que se sacian...se derriten...caducan por agotamiento. Numen se convierte en alguien voluble, caprichosa, maniática, soberbia. Una pura contradicción frígida en esencia. Ni el más endulzado de los poemas puede incendiar su corazón, convertido ya en un invierno emocional. El Poeta enloquece totalmente.

La ciudad vuelve poco a poco a la normalidad, las mujeres siguen fingiendo orgasmos, los solteros siguen masturbándose con los mismos videos de mierda, la gente sigue pagando por la sordidez de media hora o la de toda una vida previo contrato matrimonial, todo es efímero en el cerebro de una mosca de fruta. Nadie habla de esa semana, simplemente se restaura la rutina, insatisfechos o no, y se sigue adelante, respetando el precepto kafkiano, dejando las explicaciones o el mando a otros.

Pero el Poeta no puede olvidar, se siente desesperado, sabe que ha perdido algo importante. Por eso, una noche como esta, mientras observa la glacial mirada de su musa, se quita la camisa, se abre el pecho y saca su corazón de nuevo. Lo mira fijamente y lo lleva a la cocina. Allí lo cuece con su propia sangre y se lo da para cenar. Numen primero lo observa con desconfianza, lo prueba lentamente y ya, con ansia, lo devora totalmente. Poco a poco va recobrando la luminosidad en la mirada, su piel vuelve a reflejar la luna menguante. Vuelve a ser Ella.

Los ojos del Poeta se inundan de lágrimas al contemplarla y cuando, minutos después, muere en sus brazos, sonríe satisfecho: al fin ha conseguido expresar de forma tangible lo que sentía.

Narayan by The Prodigy on Grooveshark