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sábado, 14 de septiembre de 2013

Desbocar lo efímero, adelantar el reloj de mis heridas, despeinarme con tu olor a tierra mojada, ¿tus treguas eran declaraciones de amor?

Algo me sucede. Duermo pero no descanso. Tengo pesadillas que luego no recuerdo. En la ducha ciertas ansiedades se despeñan sin conmover mi aletargado anhelo existencial. Entonces apareces y crees que la caricia de un destello servirá para convencerme. Deslumbrarme. Doblegarme.

No me conoces. No llevo bragas pero leo poesía. No soy tu puta ni tu niña. No me resigno a vivir de una vanidad ajena. Soy herida. Soy un esbozo que odia la humanidad. Soy un clítoris subversivo que disfruta mirando el cielo gris plomizo durante horas. Me excita chuparte la polla, más incluso que verte entre mis piernas. Me gusta juguetear con tu semen en la boca y luego lanzarlo hacia el estomago, ahogar las putas mariposas, sentir sus lamentos. Hago nudos de cereza con nuestros silencios.

Te gustaría encerrarme en tus ideas, provocarme complejo de muñeca hinchable. Pero nunca lo conseguirás. Hace tiempo que los monstruos, enamorados de mí, me rompieron el himen. Están tan dentro de mí que a veces lloro lentamente. Como si el dolor fuera un capricho. Como si así pudiera quitarle protagonismo y réplica a la Muerte. Voracidad. Insatisfacción. Inseminación. Diseminar. Mutilación entre la tinta de los dedos. Pelusas que se creen reyes. El verbo penetrando como signo fértil del lenguaje. Adornar la destrucción con guirnaldas de fuego y náusea.

A veces la neurosis se disfraza con faldas demasiado cortas y un color de pelo distinto cada jueves, pero quizás porque te desconozco todavía no me aburre follarte.

Anécdota. Te masturbo con la izquierda. La derecha es para las dudas sin milagros térmicos. Te corres y voy al baño a limpiarme. Goteándote por todo el pasillo. Escuchando de lejos los gritos del niño autista. Y reconozco que me sobra todo ideal romántico. Y que me gustaría que en vez de silencio hubiera violencia. Que me cogieras del pelo, me tiraras al suelo y me obligaras a chuparte la polla. Que me rasuraras con tus dientes. Que me hicieras lamerte dentro y fuera. Porque en el fondo lo que quiero es sentirme sucia de amor, sucia de vicio, sentir algo real que me obligue a querellarme a la vez con la vida y mis ansias de suicidio. Bella metáfora de un complejo mundo interior. O del lado oculto de mi sonrisa. O quizás de un pecho inhóspito que lubrica carencias.

Valora mi premeditado nivel de cosificación. No seas, por favor, tan jodidamente limitado.

Decades by Joy Division on Grooveshark

miércoles, 20 de febrero de 2013

Vida sentimental de un decadente.

Joven e imberbe conocí a mi único amor de verano
divina y bella nínfula, veleidosa trigueña
caliente, alegre, propensa a perder la ropa interior
que maravillosa era
joder
maravillosa
como solo pueden ser esas niñas-mujer que todavía
desconocen el poder de su cuerpo
pero saben atraparte con su instintiva coquetería
no puedo decir nada malo de ella
y tampoco de mí
lo cual ya es bastante hermoso.

A los quince, Marta
morena, ojos azules
quería ser forense
y le gustaba el taekwondo
también era la chica con los pechos más grandes
de toda la clase
huía de mí, me consideraba un acosador
sus amigas me animaban a desistir
alguna de forma muy convincente
pero me creía muy romántico
y las rechazaba con fingida fidelidad
ya apuntaba maneras de gilipollas
a esa tierna edad

A los dieciséis hubo dos
la primera quería ser enfermera
y llegar virgen al matrimonio
empecé a pensar que las mujeres
eran ángeles de luz
sin ninguna clase de necesidad física
incluso era posible
que también cagasen luz.

La segunda besaba con saña
decía que era virgen
incluso me hizo dormir en el suelo de su habitación
después de una felación
bastante torpe y dolorosa
un mes después de dejarlo
me pidió dinero para un aborto
se había enamorado de un tipo bisexual
y bastante simpático.

Entonces llegó la sevillana
era insaciable
una ninfómana
me violó en Navidad, mientras james Stewart pensaba en suicidarse.
Pero después de haber esperado tanto tiempo
el sexo resulto ser
una completa decepción
tanto tiempo obsesionado
¿y eso era todo?
Mierda

Por si acaso seguí haciéndolo a todas horas
debía existir un secreto oculto
que se me escapaba
para ella no había inconveniente:
en el baño de un bar
en el vagón de cercanías
cuando me llamaba un amigo por teléfono
en casa de sus padres
en la calle
en un parque al lado de un colegio.
De esa relación solo recuerdo eso
ni conversaciones, ni conciertos, ni películas
solo eso.

Un par de años después
alguien me comentó algo sobre ella
que no era demasiado bonito
ni tierno
ni romántico
y entonces
en una estación de autobuses
con un lenguaje entre melodramático y ridículo
y la lluvia de mis ojos en plena capitulación
la mandé a la mierda.

Y entonces, solo con tres meses de tregua
apareció otra
parecía normal
pero amigos, NADIE es normal
la relación duró más de seis años
con muchas cosas buenas
y también muchos portazos
ya sabéis…
pero con respecto a eso
ella esperaba de mí que fuera telépata
que supiera exactamente
qué
cómo
y dónde
pero yo no tenía ni puta idea
tanteaba, preguntaba
pero eso a ella no le parecía lo correcto
teníamos orgasmos
que duda cabe
pero no era el sexo de las películas
o las novelas
no
no lo era en absoluto.

Después ha habido otros desastres
de una de ellas, ¡qué enamorado estaba!
pero la última vez fue triste
y desoladora
llevábamos ya un rato en la cama
ella había tenido un orgasmo
pero yo solo quería acabar
entraba en su cuerpo, una, y otra, y otra vez
lo intentaba
pero no conseguía correrme
todo se agolpaba en mi mente
ella, la perfecta musa
y no era capaz
no podía
me sentía desesperado, quería, NECESITABA terminar ya
pero estaba como acartonado, totalmente bloqueado
no quería pensar en otras
y al final
simplemente
lo fingí.

Más experiencias
recuerdo aquella mujer
una cena de amigos
y no sé cómo, pero de pronto
ella estaba desnuda en la cama del hostal
los brazos a los lados
velas alrededor
                       [¿De dónde había sacado las velas?]
como una virgen
de cuarenta y muchos
esperando la desfloración.
                        [Y a mí solo me entraron ganas de salir corriendo]

O aquella otra, dios bendito, cuanta carne en el lugar equivocado
era demasiado, simplemente demasiado
llenaba la habitación con su ansiosa presencia
solo recuerdo el miedo, y luego un fundido en negro.

Ah, y mi querida compañera de trabajo oriental
¿por qué no te quedaste callada un poco más
por qué tuviste que abrir la boca y romper el embrujo?
                                                                   [¿Veis como no soy tan superficial?]
También recuerdo aquellas veladas telefónicas
con la sumisa, la puta, la dulce enamorada, la jodida loca
muchas mujeres para un cuerpo tan menudo
oh, sí, estuvo bien, aunque luego todo se quedase
en hojarasca de invierno
escondida todavía en su pequeño y mortal pueblo del sur
con vistas al mar.

En resumen: llevo un año sin follar. O para las damas más sensibles, sin hacer el amor, que debe de ser algo así como follar despacio.

Mierda.

Sudden Death by Megadeth on Grooveshark

lunes, 17 de diciembre de 2012

La tercera botella es pedirte que vengas a vivir conmigo y que follemos todos los días.

El problema cuando empiezas a escribir a las cinco de la mañana es que nada tiene sentido. Leí en alguna parte que lo más importante para captar la atención del potencial lector es una frase inicial, un hallazgo narrativo. Como esas películas de acción en las que suceden muchas cosas en formato tráiler durante los primeros veinte minutos; desgraciadamente luego, una vez evitada la huida del espectador, baja la intensidad y solo queda esperar un final que nunca termina de sorprender por la falta de talento –o de libertad creativa- generalizada.

Y aquí estoy, frente al teclado, intentado actualizar un blog moribundo, emulando a ese mesías de pacotilla que caminaba sobre las aguas mientras pienso en Virginia Wolf y Ophelia, esperando el fusilamiento con los ojos cerrados, como Lorca, como tantos otros, ratas, enjambres, que vomitaban su amor a la literatura frente al paredón o la hoguera. Pero no hay resultado, y resentido utilizo mis venas como látigos de violín para marcar las semanas de encierro en las paredes de unas entradas que mancillan su recuerdo, su pasión, su necesidad de palabras. Puto decadente.

Al caso. Cuando salí del trabajo aquella mujer me estaba esperando, era emocionante, ya sabéis, ese primer encuentro envuelto en el lujo del misterio, la idolatría de la distancia, de las palabras preñadas de deseo y anonimato. Era atractiva, incluso sabía leer y escribir, la melodía de sus tacones era una buena manera de salir del infierno en el que había malgastado la semana. Naturalmente me confundía con otro, alguien diferente, más pasional, elocuente, emocionante, un líder que hacía de sus palabras autos de fe.

Fuimos a mi casa, y nada más llegar saqué una botella y comencé a beber. Estaba nervioso, las relaciones humanas me dan miedo, me producen ansiedad, Grenouille iba por el camino adecuado. Empecé a decir idioteces pero ella reía, con esa risa femenina, indefinible por definición, que no sabes si es real u obedece a un plan maquiavélico de control mental. Empecé a soltar frases sin sentido: “los necios son una legión de putas que contagian la enfermedad venérea de la idiotez sin que tengan la necesidad de penetrarte”. Ironizaba por la forma de presentar al asesino de Connecticut, ¿no tenía Facebook? coño, eso era casi un logro, solo faltaba decir que no veía la televisión o que no le gustaban los deportes. Éramos tan limitados, siempre buscando la explicación simple, la anécdota, intentando encajar las piezas del puzzle de forma rudimentaria con tal de evitar pensar por nosotros mismos, de ver el collage, el telar por detrás. Aunque claro, ¿quién tiene tiempo para eso cuando vivimos en un país donde nos sentimos satisfechos sino buscamos comida en los contenedores…?

Pero bueno, el tema -no quiero divagar- es que ella era perfecta en su ficción y ansiaba que rodase en su coño una película de fuegos artificiales, que salpicase su boca con la majestuosa banda sonora de mi eyaculación.

Pero la terrible realidad es que pasamos de actores principales de una obra inédita de Sade a espectadores/victimas del más cruel de los desengaños: GATILLAZO.

Joder, eso es terrible, ¿no? Ella se fue airada, decepcionada, llena de palabras feas vomitadas por un coño escarchado y deteriorado por la falta de uso. Intenté intuir mi respuesta emocional, ¿debería preocuparme por mi falta de hombría y virilidad? ¿No somos, a fin de cuentas, enormes y sonrosados genitales? Ahora ya no era nada, carne eviscerada, estiércol maloliente henchido de melodrama, una sombra suspirando por la imagen desenfocada de una navaja sobre mi cuello.

Alcé con gesto nihilista el vaso lleno de amargo vino barato y lo volqué con resentimiento por mi garganta, ¿quizás este era el precio de mi alcoholismo, de mi falta de autoestima y arrojo?

Con la diligencia de un autómata saqué al monstruo púrpura y empecé a masturbarme. Aquello creció y creció rápidamente y de forma descontrolada. No podía comprenderlo. Puse un par de vídeos de dudosa procedencia y tras unos minutos de fricción eyaculé como un colegial. Desgraciadamente la descarga de inmisericorde amor voló por encima del monitor y cayó sobre el ordenador, se deslizó sobre las rendijas de ventilación e hizo que el procesador colapsase. Un pequeño hilo de humo blanquecino sirvió de antesala al estertor tecnológico. Sin embargo el milagro seguía sobresaliendo por encima de mis calzoncillos: Urotsukidōji seguía duro y con ganas de más. Quizás el alcohol no fuera el problema.

Entonces, obviando todas las promesas lúcidas y coherentes, volví a pensar en ti, en aquella época, cuando tu coño era una mazmorra y mi polla su rehén, en como asentías a cualquier depravación, como si tu cuerpo, auspiciado por la sodomía y las fantasías de violación, estuviera soliviantado por el eco de un clítoris desaprovechado. Y siempre estaba esa noche, cuando saliste al balcón desnuda, con la mitad de los dedos desapareciendo dentro de ti, y me sonreíste, como si el fin del mundo estuviera sobrevolando el alfeizar de tu mente y solo esperaras por mí.

Quizás mi polla solo supiera reaccionar ante tu cuerpo, tu voz, tu sonrisa, tu existencia al otro lado, quizás se había enamorado sin avisarme y mi cerebro de patán, encharcado por tus flujos, me dejaba impotente, como si esa fuera la única forma de decirte: “te quiero”.

Una extraña corriente de aire frío recorre mi espalda y me hace temblar. Quizás sea un fantasma. O tu ausencia clamando victoria. Aun te sigo esperando, cada noche, durante cinco segundos, en el lado inhóspito de mi cama.

Ven. Sácame de aquí.

Promesas Que No Valen Nada by Iván Ferreiro on Grooveshark

viernes, 17 de agosto de 2012

Harry (II)

Ya he conseguido más alcohol. Mis fuentes son ilimitadas, sobre todo cuando tengo tanta chusma comerciando con el alma humana por aquí, en mi gueto de extrarradio.

Quizás este sería el momento para dejar de escribir, o dejarlo como borrador para más adelante, no conviene dar demasiado material seguido. Pero en el fondo me importa un bledo escribir o no, es una lucha contra el tiempo, el insomnio, la botella medio llena; vomito y publico, las reacciones me gustan pero me considero, por el contexto y mi realidad personal, el demiurgo de una mierda cantante y danzante; “no es por ti, es por mí”, claro que me gustaría aleccionar a las masas con la genialidad de mis pepitas de oro literarias, pero esa idea no concuerda con la realidad.

Los blogs son estercoleros literarios, siento dar una visión tan negativa de todo esto, no sigo a nadie en particular, sigo a la persona, sigo su diario personal, pero no compraría su libro. O quizás sí. Me gustan los libros, incluso los malos, un síndrome de Diógenes particular. Pero vamos a lo importante: sigo cachondo, la bestia ha vuelto a despertar, el monstruo purpura ha cobrado vida; esto es un infierno, vosotras, pequeñas nínfulas, no podéis comprenderlo, pero tener polla es un suplicio, es un animal insaciable, un calambre enjaulado, el ansia se apodera de nosotros y necesitamos despedazar vuestra ropa, arrancaros las bragas, lameros todo el cuerpo, llenar el aire de sudor y sexo.

Por eso pienso en ella, mi pequeña musa, chica menuda, pechos pequeños, media melena, no demasiado atractiva, pero con unos ojos salvajes que solo el poeta experimentado sabe interpretar.

¿Recuerdas ese hotel? Te desnudaste de inmediato, pero te dejaste puestos los zapatos de tacón como una buena chica. Todo esto no era nada nuevo, rellenabas tu vida con momentos como este. Empezaste a contonearte con la misma naturalidad con que dejabas ese puente de saliva ente tu boca y mi polla, malévola en su tamaño, mientras te inmortalizaba con mi cámara. Una buena felación se realiza no solo con las manos y la boca, también con los ojos, muchas os negáis a hacerlo sin percataros del poder que ejercéis sobre nosotros, es lo más parecido a la adoración que sentiréis en vuestra vida.

¿Recuerdas cómo te contoneaste hacía atrás y te abriste de piernas ante mí y como yo, en un acto reflejo, te ofrendé mi boca, mi saliva, mi lengua, y el resto de mi cuerpo?

En ese recuerdo, que ahora convierto en presente perfecto, no puedo contenerme y te penetro. Te masturbas compulsivamente el clítoris, un desliz de experiencia que provoca la quemazón en mi cerebro. Te pongo de lado y te follo con fuerza mientras te beso. Me encanta como gimes, más y más alto, como si quisieras reventar los corsés de la represión judeocristiana que domina toda nuestra cultura. Me coges el brazo y lo empujas hacía tu garganta para que haga presión. Veo en tus ojos ese punto de sadismo que no se conforma con la palmada en el culo y algunas palabras duras.

Te meto un par de dedos en la boca y me los chupas como si fuera la polla de alguien con quien formáramos un trio. Me excitas demasiado, ningún cambio de postura me salvará de correrme, de que esto acabe demasiado pronto y te vayas con otra muesca en tu agenda. Hago un esfuerzo y salgo de ti, te doy la vuelta y empiezo a follarme tu culo con la lengua; estás deliciosa, como un helado exultante que se derrite en la boca en verano, podría correrme solo haciendo eso. Y no paras de gemir, de gritar, de tocarte...

Te sodomizo, pero a pesar de eso no consigo dominarte. Gritas hasta un orgasmo ya por fin reconocible. Recuerdo a mi ex, todo tan automático, un matrimonio de mierda con los polvos programados con un límite de tiempo. Pero tú te dejas llevar, sigues y sigues. Ahora me quedo quieto, eres tú la que se penetra a su ritmo una y otra vez. No he visto nunca una jodida puta que disfrute del sexo con tanta naturalidad como tú.                      

Tu culo dilata el tiempo, mis cojones hieren tu coño al ritmo de palabras obscenas. Tus pechos son cada vez más grandes, me voy a consumir dentro de ti. Te amo. Te amor. Te amo. Te amo.

A pesar del aire acondicionado estamos empapados en sudor, tu pelo forma arabescos maliciosos en tu espalda. No puedo más, el alcohol me vence, me dejo caer en la cama. Pero para ti no es una capitulación, quieres seguir; coges del bolso un lubricante, lo echas sobre mi polla. Está caliente, muy caliente. Me masturbas y a la vez te follas el culo con los dedos, te lo abres para mí. Me vuelves a convertir en un animal, te pongo de lado y vuelvo a follarte el culo, quiero llegar a tu límite y te meto dos dedos en el coño; respondes con un gemido entre dolorido y extasiado.

Dura poco, como cualquier placer descontrolado. Pero cuando me corro rozo el cielo, la amnesia, te conviertes en mi particular I Ching, consigues enamorarme sin piedad.

No te he vuelto a ver. Te asustan demasiado los autobuses.

O quizás lo que te asuste de verdad es esa sensación inaprensible que algunos llaman amor y a ti siempre te ha provocado tanto sufrimiento.

Insight by Joy Division on Grooveshark