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domingo, 24 de noviembre de 2013

Aniversario: Tres años de Decadencia.

Tres años de decadencia. Tres años dedicados a escribir en el blog con cierta asiduidad. A veces no sé qué me impulsa a escribir de madrugada, con la botella de vino rechinando soledad, bailando en la oscuridad con la oscuridad mientras las paredes resbalan y se escuchan los recuerdos de una amante ingrata, las pisadas silenciosas de un gato fantasma o un conejo psicótico.

El humo del hachís rodea el calendario del año pasado y el póster de Fight Club. La poesía de Bukowski, Panero, Iribarren, Dickinson y tantos otros me ilumina como un neón destartalado. El loco grita desde su agujero y me siento al borde para cantar juntos su canción de amor. Y es entonces cuando mi mano se desliza sobre el teclado y el texto se llena de semen y sangre. Es divertido, sí, de otra manera no tendría sentido volver a ello una y otra vez.

Este último año ha habido más poesía. O siendo estrictos prosa poética. También durante dos meses una novela a cuatro manos con Nuria. Quizás tuvo un final abrupto pero estoy muy orgulloso de algunos capítulos. También he compartido vídeos donde periodistas como Gabilondo nos han informado de como la crisis ha servido de excusa para que las grandes empresas –con la connivencia de los políticos-, se aprovechaban de la no-democracia para destrozar todos los avances sociales que se han conseguido en el último siglo. Hace un año hablaba de los resignados –como broma privada ante esos mal llamados “indignados”-, ahora el término que se me ocurre es “precarios”. Nada cambiará después de la crisis, todo se ha perdido, se han cargado el estado del bienestar, la sanidad se privatiza, la educación con aberraciones como separación de sexos, los sindicatos buscando no perder sus subvenciones y firmando cualquier cosa, minijobs… mentiras sobre mentiras, somos números dentro de una dictadura capitalista. El PP sólo es la correa del amo. El PSOE ni siquiera existe ya.

Volviendo a temas más banales, a pesar de los parones en las actualizaciones, de quitar comentarios, de ser un ingrato con vuestros blogs, siempre hay una media de trescientas visitas al día. Y también más de trescientos seguidores Google+. Gracias. Por otro lado este año también he entrado en las redes sociales. Pero a mí manera. En Twitter utilizándolo exclusivamente como pequeño arrabal de literatura, sin concesiones a lo personal, pocos tweets. Y en Facebook con enlaces a artículos, vídeos y lecturas. Espero que eso sirva como excusa por mi irreverencia. También andan por ahí los enlaces a mi Spotify y Last.fm para que podáis criticar a gusto mi eclecticismo musical.

El tiempo es mezquino con los blogs. Casi no queda ninguno de los que existían hace tres años. Se deja de actualizar poco a poco, los lectores se olvidan, la rutina y las ganas desaparecen… intrínseca idiosincrasia. Recuerdo a Lunática y sus historias de niñas psicópatas, o aquella entrada donde nos metía a todos en una historia kafkiana de tintes orgiásticos. Mi querida Alma Agridulce. Sbm con su blog privatizado. Lo mismo que ha sucedido recientemente con Advenedizo y su crónica nada. 
Aunque siempre quedan irreductibles como Sarco Lange, bitácora muy recomendable. El poeta Neorrabioso. El siempre eficaz Jordi en  Proyecciones. Eme y sus vivencias en Malawi. O nuevas adquisiciones desde el Twitter como Tratado de Amor Genital y Autocrítica.

No todos se han escorado en la vorágine del olvido, ahí tenemos siempre a esas dos incondicionales, con sus hermosos espacios personales, Ficticia y Nuria (en su vertiente erótica). Amapola Azzul con sus comentarios. La que canta con lobos y su regreso a medio gas. Dalicia. Abismo en Twitter. Carol. Jane. Tampoco quiero hacer una lista, como se suele decir: son todos los que están pero no están todos los que son. Me gustaría reseñar también a todos esos anónimos que, de vez en cuando, se atreven a realizar algún comentario o crítica.

Tres años. Algunas lectoras pensarán que me he adelantado. No. Fue una noche como esta, unos días después de mi cumpleaños, cuando comencé con el blog. No sabía exactamente que hacer. Escribía de libros. De mi última debacle sentimental. De nada en concreto. Al final decidí borrar todas aquellas entradas. Pequeñas muescas que sólo se notan al acariciar el pasamanos de la entrada. Me percaté demasiado pronto de que prefería no hablar de mi vida real, o mejor dicho, hacerlo mezclado con literatura para que nadie se diera cuenta. Es divertido, aunque a veces, sinceramente, dan ganas de contar las cosas sin más, de vomitar penas y alegrías sin cortapisas.

¿Cómo resumir este último año? Ocho mil canciones escuchadas. Seiscientas películas. Más de cien libros leídos. Excesiva precariedad laboral. Dioptrías perdidas de noche delante del monitor. Muchas palabras ajenas escritas a ras de hueso de mujeres que ha merecido la pena conocer. Que luego han inspirado mi literatura erótica. Otras que son partículas muertas de olvido. Pero de las que también he aprendido mucho. Blogueros con ínfulas que no saben escribir pero se masturban con estadísticas. Otros que ni siquiera tienen la opción de comentarios pero destilan genialidad...

¿Cuánto tiempo estaré por aquí? Quien sabe. Ahora abrazo una felicidad sentimental que no esperaba. Tampoco esperaba seguir escribiendo más de dos meses seguidos. Supongo que, como en todo, tienes que vivir al día. Disfrutar de lo que va surgiendo.

En cualquier caso…
Gracias a todos por Ser
Gracias a todos por Estar
Un brindis por vosotros
Y también por mí
Joder
Al final me lo he ganado
¿No?

Decadencia (Live Version 1995) by Héroes del Silencio on Grooveshark Svantetic by Leszek Możdżer on Grooveshark

domingo, 28 de julio de 2013

Ayer sufrí un gatillazo con la Poesía. A pesar de ello me ilusiona pensar que tus parpadeos son mensajes de amor en morse.

El humo blanco del hachís atrapándome entre sus líneas de fuga
la Vida, ovillo que cae al suelo y se esparce en silencio sin que pueda hacer nada para recuperarlo
un niño grita desde un balcón, como un herpes genital que agita su humanidad en el aire.

Somos como pestañas suicidas cayendo avergonzadas ante el empujón sórdido
pequeñas dosis de litio floreciendo en el estiércol de un sexo sobredimensionado
suicidas sin Suicidio en un espacio que nunca es inocente.

Las paredes resbalan intoxicadas
las pelusas se creen reinas pero sólo son marionetas que suspiran
fuegos fatuos, pavesas que mueren en esta copa con sabor a lluvia
y ahí afuera los arboles cantan, acunan el estertor del niño
humillan la lucidez dibujando notas sobre el Poema.

La autodestrucción me guiña un ojo
se sube la falda y desliza las bragas hasta dejarlas retozando en su tobillo izquierdo
siempre es ella quien consigue romper el himen de mi indiferencia.

La Hiena me critica:
“Qué aburrido hablar de amor –ese deber de Manicomio. De los laberintos se escapa por arriba”

Y le respondo con sarcasmo que no me decido, ¿se refiere a sus piernas o a sus labios?
porque Ella es una mujer de puntos suspensivos
capaz de abismarte con uno solo de sus paisajes
los tacones manchados de semen pero con unicornios entre los muslos.

Y la Hiena me replica:
“No conoces el secreto de la Nada, el Amor es un fuego que desfigura, ven conmigo, violemos a la Belleza”

Pero me resisto, porque sé que detrás de esa mascara, de esos ojos, sólo existe el Miedo
y aunque mi corazón es de madera me arrodillo ante el Poema
y el Orgasmo –hijo bastardo de la Muerte- besa mi cicatriz de gasolina
con los labios fosforo de la Musa.

La explosión acaba en el acto
con el laberinto de tijeras hambrientas.

Y al abrir los ojos vuelve a eclipsarme su mirada azul
pero esta vez si me atrevo a decirle:
“Disculpa, no quiero interrumpirte, pero estás apoyada en mi abrazo…”

Bloodbuzz Ohio by Julia Stone on Grooveshark Gun by Chvrches on Grooveshark

sábado, 13 de julio de 2013

Las imperfecciones te hacen especial,son tormentas de arena a las que coges cariño, la nostalgia suele follar con ellas con la luz encendida.

Mi barrio es un gueto muy divertido. Los niños, como cucarachas locas, gritan sobre mí desde sus ventanas abiertas ante el absoluto desdén de los padres. 
Los padres, esos seres mágicos. Resulta tan sencillo dejar un legado. Deberían de hacer un examen antes que demostrase su capacidad como ser humano. Pero no, la potencialidad más absoluta y aborrecible plasmada en un niño que lleva llorando desde el martes una media de doce horas seguidas. Es impresionante. Me despierta una ansiedad alcohólica. Y me digo: “¿por qué no?” No sería la primera vez que voy al trabajo borracho, mi trabajo no requiere nada, sólo estupidez, mendacidad y vacío.

Ahora cantan, ríen, llaman desde su balcón a una mujer que pasa por la calle, la invitan a subir. Al niño ya no se le escucha. Cierro la ventana, acerco más el ventilador. Aire caliente circulando por la habitación. Thom Yorke de fondo. Me relaja. Es como un zoo, mandriles masturbándose con las manos llenas de su propia mierda. Aunque quizás –y aquí repito una frase- los barrotes están de mi lado y sólo es un efectivo Show de Truman. Pero eso sería dar demasiada importancia a mi vida, típico error del que la ve siempre en primera persona. Un perro se une al festival de ruido. Normal. Demasiado calor. Demasiados agudos.

Creo saber cual es el problema de esta gente: simplemente no pueden vivir en silencio. El silencio les turba, les congestiona, les hace infelices. Necesitan tener la televisión de fondo, necesitan discutir, tener a un niño gritando. Puedo entender eso. También puedo sacarme la licencia de armas. El exceso de empatía puede hacer que te guste Taxi Driver. O que utilices ese avatar y te creas inteligente. Tampoco importa demasiado.

En las relaciones el silencio se considera contraproducente, no valoran su potencial solidaridad. La gente habla y habla sin decir realmente nada importante, es como citar continuamente las mismas cosas una y otra vez. Son aburridos. Vivimos en un maniqueísmo cargante. O “si” o “no”, o te gusta o lo odias, o eres de izquierdas o de derechas. Todos buscando la etiqueta adecuada. Somos como pequeñas píldoras, no hay tiempo para digerir ningún tipo de complejidad. No hay tiempo para pensar la respuesta, tienes que tener las cosas “claras”, no deberías decir “depende de cada caso”, no hay tiempo para improvisar: eres de un bando o del otro.
También sucede con el sexo, por ejemplo con los roles del BDSM, ¿eres sumisa o Amo? Que impresionante avance en tu libertad personal. Luego leo los blogs de sumisas y me quedo sorprendido ante su complicada trayectoria; pero a ver, si eres sumisa, ¿por qué no fluye todo? a lo mejor es que no puedes serlo los putos trescientos sesenta y cinco días del año, a lo mejor es que a pesar de todo el atrezzo es aburrido hacer siempre lo mismo cada noche. Prueba a cambiar de vez en cuando y dar tú las órdenes, quizás sea más excitante para los dos. Una cosa es ser sincera con tu “naturaleza” –frase que todavía no soy capaz de comprender en su compleja totalidad-, y otra que sea necesario firmar un contrato de comportamiento –esto último es literal.

Por eso la adolescencia es más divertida, se te permite dudar; parece que cuando la rebasas ya tienes que tener muy claras tus opiniones, como tienes que ser. Creo que dudar es una muestra de madurez; o mejor aún: de curiosidad. Como sientes curiosidad y te cuestionas a ti mismo y tu entorno eres más proclive a escuchar, a respetar y probar otros puntos de vista; no se trata de definirte con un número cada vez más grande de etiquetas, sino de vivir un tiempo presente y cambiante de una forma más racional –y más valiente, aunque la pereza mental también tenga que ver mucho en todo esto.

Sigo bebiendo. Leo la poesía –mejor dicho releo- de Bukowski. Me gusta, es como escuchar la charla de un viejo amigo; la sorpresa es necesaria, pero también la calidez de un hogar conocido. Pienso en subir este texto al blog, defenestrado por mi ominosa pereza. A fin de cuentas no he contado nada demasiado personal. Y me contesto: “¿por qué no?”

Y esa suele ser, sin duda, la mejor respuesta para todo.

El tiempo de las cerezas by Enrique Bunbury on Grooveshark Trasegando by Marea on Grooveshark

domingo, 9 de junio de 2013

Si dios quiere existir no me importa, pero primero que sea educado y venga a disculparse.

El día amanece triste, huérfano, a la sombra de un sol tullido. Y aquí estoy, con la vista cansada por el monitor de la oficina y la falta de vida, intentando licuar con algo de sentido un par de párrafos para salvar del ignominioso limbo de dejadez al blog. El caso es que ayer compré un libro, lo leí en el trabajo; pero era horrible, terrible, carente de alma y talento. Tuve que regalárselo a un compañero, desprenderme de él, era como tener ropa mojada tendida dentro de casa: me robaba calidez.

Pero mis dedos flotan sin intuición sobre este teclado lleno de asesinos. Supongo que prefieren saborear tu interior, acostumbrados a entrar y salir del hogar que reside entre tus piernas. Pero ahora estoy solo, huelo el fusilamiento desde aquí, el olor a pólvora sobre la herida. Quizás la botella representa ese amor agrio y obtuso que necesito. Un brindis. Entonces esa bella mujer –la Muerte-, con su cara de niña y su ramo de flores, con su vestido rosa y sus cintas en el pelo, se acerca a mí, se arrodilla y me acaricia la nuca con su aliento de cierzo. El deseo aparece como un calambre. La mano rodea la hermosa erección y sube y baja por recuerdos cercanos, elipsis llenas de perversión. Y todo estalla en un eclipse de pompas de jabón y placer.

Pero el orgasmo tiene forma de cicatriz, comparte esa soledad voraz de las marcas pretéritas ante el espejo empañado. Pero no te sientas culpable, lo peor de ambos reside dentro de mí, inalcanzable al consuelo y tu entendimiento. Es imposible que comprendas mi voz con tus silencios, con esa estrepitosa ansiedad que renquea tullida entre tus piernas. Déjame escu(l)pirte con mi lenguaje duro desde la distancia. Además, tú no tienes la alevosía, no eres capaz, repito, de recuperar el pulso en mis muñecas, eres sólo una muñeca hueca cuyos lunares se suicidaron hace mucho tirándose desde la punta de mis dedos.

Born to Die by Lana Del Rey on Grooveshark Sol de invierno by Extremoduro on Grooveshark

lunes, 11 de marzo de 2013

Hace tiempo.

Me llamaste varías veces, a las ocho, las ocho y media, las nueve, las diez, las diez y media… habías llegado a la ciudad y tenías curiosidad por conocerte. Pero yo había iniciado mi clásico rito de autodestrucción de los viernes y tenía el móvil en silencio, debajo de alguna pila de ropa.

Seguiste llamándome, borracha, caliente, sexual, con la risa y el ruido de fondo de algún bar del extrarradio. Me llamaste tanto que acabé por darme cuenta, pero ya era demasiado tarde. Te enfadaste cuando te dije que era imposible que nos viéramos, demasiado desfase de ebriedades, no tenía ganas de vida social, timidez exacerbada, el fracaso supurando por las paredes, el asco, el miedo a joderla todavía más. En fin, la conversación fue desagradable, el típico colapso de decepción y odio, me dijiste que ya estabas acompañada, que no importaba demasiado, y me colgaste de mala manera.

Mierda, pensé, estaba muy bien antes de la llamada, feliz en mi inexistencia, el alcohol sanando, manteniéndome vivo, los muertos tocando sus pequeñas sinfonías de talento inusual, mañana ni siquiera tenía que madrugar… Pero no, la noche había perdido ritmo, tu voz me había despertado una extraña ansiedad de contacto humano.

Seguí bebiendo.

A las cuatro de la mañana, una botella después, me dejé dominar por el impulso: quería llamarte, convencerte de algo, ni siquiera sabía exactamente de qué, quizás estuviera relacionado con la orbita cementerio de mis pensamientos, quizás, siendo sincero, tenía más relación con la imagen de tu cuerpo oscilando sobre el mío. Quería tener una oportunidad de redención, a fin de cuentas yo era el único genio en la multitud, alguien impredecible, capaz de follarte con la violencia adecuada justo antes del gatillazo, capaz de hacerte reír como una loca antes de decepcionarte completamente, alguien, en suma, mucho más gilipollas que cualquiera del contubernio de gañanes que te rodeaba en este momento.

Te llamé. Y ahí estabas, al otro lado, totalmente borracha, la voz preñada de lujuria desencantada, buscando tabaco en la calle desierta, la ciudad rozándote con sus ojos húmedos. Me sentí atrapado de inmediato, todo rastro de raciocinio desapareció. Te dije que iría a salvarte ahora mismo. Te reíste, como una araña haciendo temblar su red, miraste a tu alrededor y me diste el nombre de la calle. Te grité como despedida que iba a inmolarme contra tu clítoris desdeñoso, que íbamos a joder en la misma calle, como perros en celo.

Veinte minutos después el taxi estacionó a un par de metros de ti. Antes de bajar observé tu perfil, saboreando el momento. Eras jodidamente guapa, mohín clásico de depredadora, cara de multiorgásmica, falda etérea, figura rotunda, pezones que desarmaban con su arrogancia, cuerpo de orgiástica belleza enhebrando el viento... 

Mierda, eras demasiado. Simplemente demasiado. Le dije al conductor que diera la vuelta. No había nada que hacer. 

Hace Tiempo (En Directo) by Héroes del Silencio on Grooveshark

viernes, 8 de marzo de 2013

Hay mucho trabajo que hacer.

Esta noche no es distinta, un jueves/viernes de madrugada, demasiado borracho, demasiado honesto, demasiado jodido, demasiado, en definitiva, solo. Me imagino a los demás, con su cuerpo cubierto por las mantas, durmiendo, esperando la maldición del despertador, y yo aquí, esfumándome mientras la noche se mece lentamente entre la lluvia. Quizás sea la misantropía quien se encarama a mi espalda y me hace pensar que relacionarme con los demás supone un baño de realidad cortante. Quizás confunda contigo, mi querida desconocida, el vacío existencial con el vacío emocional, quizás me obsesiona la idea de follarte, de moldear tu carne con la caricia violenta...

Otro trago, la erección escorándose, siento que enloquezco, todo es efímero, ¿mañana? no importa, no quiero que me salves, los años de plenitud ya han sido devorados por los cuervos, solo te pido terminar la noche besándote antes de dar la orden de ejecución, pasar mi mano por tu culo de zorra antes de que dejes caer la guillotina, antes de que muerdas mi carótida y caiga desangrado a tus pies.

Pero entonces me abres la boca con tu lengua, me abrazas con violencia. Hace tiempo que no siento un beso tan nítido, es como si caminases por mi tumba. Caemos sobre la cama, tu sexo está vivo, palpita entre mis dedos, no hay guiones ni censuras, solo dientes afilados desgarrado carne al azar, dedos, manos tobillos, pezones, muslos, cuellos, todo el cuerpo anhelando la posesión atávica, el cara a cara con el misterio de la existencia, busco en tu coño el oxigeno que necesito para mantenerme vivo, diez surcos de sangre en mi espalda, mi polla estremeciéndose, quebrándose cuando la presionas en el límite exacto de amor/odio, tu coño fundiéndose en una espiral de ansiedad y melancolía. Me hundo en tu cuerpo húmedo, lluvioso, horadándote como si mis manos fueran raíces buscando el agua en tu suelo, en tu carne, en tu sangre, eterno vaivén con el péndulo de la muerte bajando sobre nosotros. Tu coño abierto es jodidamente acogedor, ya no se trata del viejo juego, estamos follando como si detrás del orgasmo se escondiera un turbio apocalipsis.

Hace frío, temblamos al borde de la convulsión, somos místicos en pleno viaje de peyote, iluminados, gurús, mártires con el placer infectado en sus ardientes estigmas, santas descubriendo la profundidad de su amor por dios a través de enormes cirios. Desaparecen los referentes, las habitaciones oscuras, las tardes deambulando sin rumbo, la soledad, el ostracismo, las voces; todo desparece. Jadeamos como animales, me dejo caer sobre ti, siento que te atravieso y a la vez me precipito en tu interior. El orgasmo llega, gritamos entre el éxtasis agónico, la asfixia, la ebriedad y el olvido, nuestra carne humea incandescente, se funde en un perfecto y jodido milagro, en un puto guiño a los dioses paganos, como una bomba atómica explotando en el desierto, como un bucle de infinita obscenidad.

Cuando despertamos, la civilización, tal y como la hemos conocido, ha desaparecido. Estamos solos. Nos miramos a los ojos: no nos preocupa demasiado. Volvemos a la cama. Hay mucho trabajo que hacer.

Emotional Winter by Anathema on Grooveshark

sábado, 16 de febrero de 2013

El silencio de su vacío en la cama.

Estoy aquí, de madrugada, esperándote
tomando una copa de vino tras otra
sin pensar en nada en concreto, quizás en detalles nimios
como la falda que llevabas el día que nos conocimos.

Escucho la discusión de mis vecinos
paredes finas, casas viejas de extrarradio
sin intimidad ni pudor
hay frustración, hay crueldad, hay mezquindad en sus palabras
llenas de odio e intimidad
inmersos en esa jodida inercia, en esa guerra estúpida
como si fueran a encontrar ahí alguna pavesa de pasión
esas dos personas tan educadas, amables, que sonríen por la calle
de pronto convertidas en una horrible versión de si mismas.

Todo ha terminado, ella llora en el baño
(terrible llanto)
y él anda enfurecido de un lado para otro
lamentándose, justificándose
y la jornada termina en silencio
una cama, y muro en medio, separando dos soledades
sin valor para olvidar, o abandonar.

Sin embargo antes también los escuchaba
los escuchaba pedir comida china los sábados
y luego, mientras decidían que película ver
escuchaba como se amaban en verano con las ventanas abiertas
escuchaba como ella canturreaba mientras hacía la comida
les escuchaba hablar emocionados durante horas sobre cualquier tema
les he oído reír, y eso era lo que más me gustaba
mientras compraban entradas para un concierto
cuando escondían regalos antes del que el otro viniera
cuando cantaban juntos sus canciones favoritas
cuando jugaban con su gato
como si fueran una pequeña familia
solo les vi una vez, de lejos, paseando juntos, ella pizpireta girando a su lado
y él, haciéndose el duro, pero sonriendo cuando ella no miraba.

¿Qué ha sucedido con todo eso?

Como te decía, estoy aquí, de madrugada, esperándote en vano
tomando una copa de vino tras otra
mirando un espejo
y escuchando
una y otra vez
los sonidos
de mis recuerdos.

Hearing Damage by Thom Yorke on Grooveshark

lunes, 11 de febrero de 2013

Parecía como si todo tuviera prisa por morir.

¿Quiero suicidarme
solo por arrojarme al pozo seco de mi ser?
quizás solo necesito un poco de dolor físico
una cicatriz que dure todo el invierno
algo real, tangible, que pueda adorar
y calcinar con la mirada.

Las paredes me aplastan
con sus alas manchadas de añeja tristeza
y siento que la única respuesta es morir, enloquecer
astillar la noche con mis aullidos
pero en vez de eso acelero, apostando todo a esa curva con forma de mujer
a un bonito accidente, algo rápido, incluso elegante
pero nunca es así, ella se muestra suave, tierna al principio
pero sus palabras me van mutilando poco a poco
y al final, cuando ya me tiene a su merced, me escupe llena de odio
escarba en mis entrañas, rompe una a una todas mis costillas
me arranca el corazón, se alimenta de él, lo desgarra
y luego lo deja caer, sin más, en el sueño de una mosca.

Días después, de noche en el camposanto
ella aparece, su cara encharcada de risa, locura y sombras chinescas
atraviesa la tumba de tierra y madera
rescata mi cuerpo, lo envuelve con el susurro de una luna roja
su mente en llamas deshaciendo la nieve del rigor mortis.
Y así, con esa natural y furiosa disposición
se despoja de la ropa
y se masturba contra mi cuerpo.

Nunca tuvo nadie
mejor elegía.

You Know What You Are? by Nine Inch Nails on Grooveshark

viernes, 8 de febrero de 2013

Besemos el silencio del hueso cien minutos después de ninguna parte.

El cáliz venenoso, tóxica luciérnaga de oscuridad
atraviesa mi garganta enfermándome
retorciéndose como un animal vivo en mi interior.

La Muerte observa estremecida
como mis dedos trastabillan sobre el teclado
y es por ello que esconde todos los cuchillos, que cierra todas las ventanas
que se abrocha con nerviosismo el cinturón de seguridad
sabe que voy a intentar escribir un poema
y que tal vez, esta vez, tenga éxito.

(…)

He visto mariposas de madera armadas con nubes y dedales
estrellándose con fuerza contra la atalaya de políticos
policías, curas, sindicalistas, empresarios demagogos
y toda esa caterva de seres infames y mezquinos
que expolian la poca dignidad que nos queda.

He visto al pájaro azul empezando a cantar
y a toda esa comunidad de almas aguadas
que provocan que el mundo agonice
sin una chispa de talento y de verdadera singularidad
muriendo ante la revolución violenta y real
de unos versos afilados.

**
Exactamente un año después de ayer
¿o quizás fuera un catorce de febrero?
el decadente sintió el abrazo asesino de la loca
quejándose, herida en su orgullo
porque su recuerdo no era inmortal.

¡Oh, puta egocéntrica!
nunca llegaste a comprender
que la fuerza de un poema reside
en que no busca, ni necesita
compañía
solo la mirada cariñosa
de un único
e idolatrado
lector.

Victory Dance by My Morning Jacket on Grooveshark

miércoles, 6 de febrero de 2013

Escribir es caminar en círculos dentro de uno mismo.

No tenemos necesidad de otros mundos, solo de espejos
pero algunos son entelequias inicuas y agrietadas
y buscamos su reflejo solo porque aceptamos el amor que creemos merecer
aunque sea inadecuado, frío y sucio
aunque solo sea una sombra de luz entre las sabanas.
Y luego, cuando bajamos las escaleras cubiertos de sangre
nadie, nadie, nos puede ayudar
y lo que es peor
la mayoría ni siquiera se percata de ello.

***
Treinta y cinco años, y parece que los mejores días ya se han ido
polvo y ceniza, con algunos pequeños rescoldos las noches de borrachera
la vida, una eterna resaca que fusila
con sus cartas marcadas
todos nuestros sueños.
¿vivir es esquivarlos
cómo si fueran charcos de amor mentiroso?
ven aquí, déjame amarte, quiero demostrarte que no.

***
Escribir se asemeja
a caminar en círculos dentro de uno mismo
acosado por esas grandes preguntas
que a veces llevan a una segunda botella
y otras a una soga en la viga.

Pero seguiré esperando
con la esperanza de que la belleza de tus tacones
suba por mi escalera una noche
Nick Drake de fondo, tu copa de vino manchada de carmín
y así encontrar de pronto todas las respuestas
como un neón de felicidad
dentro de mi cama.

***
Intento olvidar tu nombre, tu voz, tu locura
tus orgasmos, tu risa, tus pechos, tu coño
tus palabras llenas de promesas, tus ojos miel
la forma en que te tocabas el pelo cuando te ponía nerviosa.

Solo fue una mirada que duró demasiado
un fino hilo de felicidad rompiéndose.

Ya solo nos queda observar
como cae lentamente
la nieve en la habitación
mientras el deseo desnudo se estanca.

Ya solo nos queda
dejar que el teclado
siga haciendo el trabajo sucio
antes del punto y final.

Azul y Gris by Mürfila on Grooveshark

sábado, 19 de enero de 2013

Eyaculación precoz.

Observé anonadado mi cuenta bancaria:
un recibo de la luz de cien euros
viviendo solo
claro, tendría que haber usado mantas y velas, pasar algo de frío
economía de guerra
había vivido en diciembre por encima de mis posibilidades.

De todas modos, que cosa más vulgar hablar de facturas en un lugar así
mejor describir las mariposas descalzas que esconden tus ojos
¿Qué rima con relámpagos y postales?

Pero me constaba continuar, como si fuera un proxeneta con mis palabras
y las enviase una y otra vez a la misma esquina a prostituirse.

Y sin que pudiera evitarlo crecía la sensación de despojo y mortaja
era un globo de sudor frío elevándose hacía un cielo de cemento
como si Dios –en caso de existir- hubiera chapoteado en el barro de mi cerebro
llenándolo de bilis negra, spleen, acedia, ennui, insalubre melancolía.

Sentía al universo acechar, como un animal rabioso
la sombra etílica conteniéndome e ignorándome a la vez
el estertor de mi alma fláccida henchida de soledad.

Y entonces dos venas de mi muñeca se colgaron
en protesta por toda una vida desaprovechada.
Y yo intentaba explicarles a las demás, con ojos de otoño
que mi locura no tenía vistas al mar
que a mí tampoco me gustaba este accidente de carne.

Pero ninguna me escuchaba.

La única compañia era el neón del prostíbulo iluminándome con sus vivos colores
mientras notaba como el reloj gritaba enloquecido, riéndose de mí, de todos nosotros.
Y quise matarle, ahogarle con mis propias manos
pero el cabrón empezó a derretirse en una sangría de segundos, minutos, horas
que hizo hervir mi sangre y fundir mis huesos.

No había esperanza.

Y fue en ese momento cuando la belleza, prejuicio del amor
entró en mi habitación como un amanecer inesperado
eras tú, Alicia, amante de las ventanas abiertas
la que mordía retazos de realidad y los masturbaba ante su espejo de escarcha
la que robaba ropa de los tendederos las noches astilladas de estrellas.

¿Eras solo un manantial de sueños? ¿Querías beber o follar?

House Of The Rising Sun (Mackenzie Home Tapes) by Bob Dylan on Grooveshark

miércoles, 16 de enero de 2013

Mis manos son serpientes ciegas en busca del poema.

Versión 1.

Me habías prometido encontrar mi corazón y colocarlo en el lugar correcto
pero solo recuerdo el dolor de mis rodillas violentadas contra el suelo
mi respiración ahogada mientras simulabas buscar en el interior de mi garganta el amor.

Me sentía vacía, pero tú intentabas llenarme con la torpeza de quien llena un agujero
carne caliente penetrando, moviéndose dentro de mí
era una niña a quien obligaste a abrir sus piernas de mujer con palabras
que ya sonaban gastadas antes de salir de tu boca.

Y cerré los ojos, y la nieve debajo de mis párpados empezó a caer copiosamente
sin embargo mi cuerpo ardía, las llamas devoraban mi rostro, el centro de mi cuerpo
gotas de sangre, esquirlas de espiral
fue una ceremonia pueril e inquietante, ¿tenemos razones para preocuparnos?

Versión 2.

No era una época complicada, no busquemos excusas, eras tú, siempre tú, demasiado inestable, ciclotímica, incapaz de asimilar el concepto de felicidad, como si quisieras castigarte, como si estuvieras demasiado acostumbrada a las heridas, al desdén, al silencio. Ese extraño y culpable masoquismo. Y sé que me querías, pero solo me llamabas para follar, cuando necesitabas una alborada de realidad, cuando querías que me mutilase contra tu piel, que apagase las espitas de gas, encasquillase la pistola, rompiera la cuerda, oxidase la cuchilla….

Parecías una lamina de piel envolviendo el esqueleto de un revolver, mis ojos morían al contemplarte -eso afirmaban los poetas-, pero tú descubrías una cana en tu coño y querías quemar mi pasaporte, querías que te golpeara al ritmo de tus latidos, como si fuera imposible detener la hemorragia de dolor, como si ese hubiera sido siempre el final que merecíamos.

Cómo hacer crac by Nacho Vegas on Grooveshark

viernes, 11 de enero de 2013

Ella era a la vez una tímida virgen vestal y una puta vocacional.

Madrid era una puta desahuciada, un vómito de corrupción
pero ahora no pensaba en eso
solo era capaz de verte a ti
en ese restaurante de lujo de Bravo Murillo
ofreciéndote, como un pedazo de carne sin alma, a otro.

Sentía como caían pedazos afilados de cielo
mortajas, sudarios de matanza de nieve negra
hiriendo con sus guillotinas mis ojos
exudaba violencia, celos enfermizos, estupidez reconcentrada.

Estuve a dos pasos de cometer una locura, quizás a uno
pero al final di la vuelta
compré un par de botellas
y corrí a refugiar la poca dignidad que aún conservaba
en la soledad de mi pútrida sancta sanctórum.

A las tres o cuatro horas la habitación empezó a comprimirse
como si fuera un puzzle que quisiera envolver mi cuerpo mutilado
y mientras las goteras de sangre salpicaban mis pensamientos
con su mantra azul…
                                                                                                   Soy una fotocopia de realidad muerta.                                            
Soy un perro ladrando en el cementerio en busca de su dueña.
                                                                                                               Soy la trepanación que sufre cada estudiante.      
                   Soy una televisión aullando mentiras, publicidad y prejuicios. 
                                                                                                                                        Soy lágrimas de corcho y orgasmos fingidos.
                                                                            Soy los gritos de mis vecinos odiándose profundamente.
Soy una rata royendo besos abandonados en un contenedor.
                                                                                                                             Soy una ramera que se arrodilla con violencia.
                                                        …apareció la Muerte, vaporoso crespón de cita ineludible.

Pero actuaba de forma extraña, dudaba, parecía cansada
como si estuviera atrapada también en su propia resaca existencial
decidí pedirle un baile, como había visto hacer en esa película que solo existía en mi cabeza
y ella, tras un momento de duda y de sorpresa, aceptó
arrancó los ojos al perfecto y odioso reloj de arena
y enlazando nuestras manos, frías como el hielo
intentó guiarme a través de un par de tangos y un vals vienes.

Mi flagrante torpeza no marchitaba su sonrisa
pero tras tres brindis de humor negro
la convencí para desterrar el pudor protocolario
la música es energía, le aseguré, solo tienes que encontrar la pauta
ritmos electrónicos empezaron a golpear nuestros cuerpos, facilitando la huida
ella se dejó llevar desplegando una inusitada elegancia
mientras mi adoración a Ian Curtis me mostraba espasmódico y ligeramente ridículo.

Terminamos en la cama
y fue como desbrozar el magma con un punzón de hielo
dos soledades chocando violentamente y haciéndose pedazos
como sufrir la peor tormenta de tu vida a campo abierto, sin posibilidad de refugio
mientras dibujas en el vaho de la ventana dos iniciales, disfrutando del calor de la chimenea en tu espalda.
Ella era a la vez una tímida virgen vestal y una puta vocacional
era locura, deseo de vida, de placer y dolor, del supremo desasimiento de la propia carne.
Nada importaba, y pensé, antes de cerrar los ojos y desvanecerme,
que el precio de todo esto no había sido demasiado alto.

Sin embargo, cuando desperté, seguía vivo.

Ella se vestía con lentitud, el alba amanecía sobre su nívea piel
me observó durante largo rato, ahí, parada sobre el umbral
y antes de irse se acercó, y me susurró con un beso: 
"No hay prisa, volveré por la noche...
...Todavía tengo que enseñarte a bailar"

Our Diabolikal Rapture by HIM on Grooveshark

domingo, 6 de enero de 2013

El amor nos escupía desde el borde de nuestras copas.

Un poema desde el frío de la distancia
y la sensación de tiempo perdido
sobre mí, sobre ti
sobre el infierno -y el paraíso- de nosotros
sobre milagros inútiles
y abismos llenos de monstruos dulces
sobre la huella que deja tu cuerpo en mis sentidos
sobre palabras vestidas de encaje y traición sobre fondo blanco.

Tus ojos, pétalos de nieve ámbar
sol de mi sombra de cuervo
cuerpo de catedral helada
jardín sin sujetador.

De tanto amarme y tanto no quererme
has quemado todas las páginas
ya no quedan palabras de cariño
solo flores secas
un baile de sombras en la calle
dentelladas en el corazón
bombas cayendo como manchas de carmín
sobre las heridas abiertas por el delirio.

Mis alas tiemblan, ajadas y rotas
y la noche, único testigo
me besa con su prisión de espinas.

Todo vuelve a empezar
una vez más.

Adiós.

La Chispa Adecuada by Héroes del Silencio on Grooveshark

miércoles, 2 de enero de 2013

Cena de empresa.

No quería estar ahí, hubiera preferido quedarme en casa y desfondar mi alma con alcohol barato en soledad, sin testigos, no en la puta cena de empresa. Pero ya era demasiado tarde, llenaba mi copa compulsivamente y brindaba por Baco el conquistador mientras los demás me rodeaban con sus anécdotas del trabajo, compitiendo por ser el protagonista que llenara con su única y peculiar estulticia, con sus fotos de miseria, el hueco degradante de la conversación.

Pero eso no fue todo, después fuimos trastabillando hacia nuestro particular Gólgota, una discoteca del extrarradio. Nos hicieron descuento por grupo, pero las camareras nos sonreían mientras nos servían garrafón, conscientes de su venganza prospectiva. Me dejé llevar por la inercia estúpida del entorno e intenté provocar la elipsis con tres copas.

Había pasado una hora cuando me tumbé en uno de los sillones del reservado, observaba a uno de nosotros, cuarentón, tripita cervecera, bailando alegre mientras intentaba el acercamiento a las féminas veinteañeras que nos rodeaban. Éramos un zoo de monos, estaba seguro de que a la mayoría no le gustaba ese ruido/música, tenían la garganta entumecida de gritarse tonterías al oído, de reírse de esas mismas tonterías, ¿había algo más tedioso que esforzarse por divertirse? Me señalaban con el dedo pensando que la bebida me empezaba a afectar, pero simplemente odiaba este circo, esa imposición de diversión, era como una gran broma, todo el mundo sabía que era ridículo, pero nadie se atrevía a romper la norma, era lo que tocaba hacer, porque sí, la normalidad, podíamos desinhibirnos pero en un entorno controlado y preparado para entumecer los sentidos. Música estridente, alcohol adulterado, compañía descerebrada. El premio, naturalmente, era mostrar un baile de cortejo adecuado y, por fin, aparearse al final de la noche. El motivo ulterior.

Sentado ahí, observando todo con ojos de basura humana, me entraron, poco a poco, ganas de morir. Y en la quietud de esa vorágine de carne, alargué mi mano hacía el mosaico de bellos colores, bebidas ajenas, que me hablaba desde la mesa, e introduje el variado veneno en mi cuerpo, con la afinidad de un castigo vulgar.

El local cerró, hubo muchas despedidas, y quizás dije cosas duras y cortantes que fueron acogidas con risas incomodas, un par de insultos y un conato de violencia; es divertido observar como se rompe en pedazos esa pátina de civismo que suele sodomizar nuestros espíritus. Pero no pasó nada importante.

Había niebla, pero de algún modo conseguí llegar a casa. Me arrojé sobre la cama, el pitido inmisericorde en mi cabeza, la mano hinchada palpitando. Acaricié las venas de mi muñeca: estar vivo no era la mejor forma de terminar la noche. Todo era tan erróneo. Además, el veneno, la descomposición espiritual, pugnaba por salir. Intenté resistir, pero la sangre era más fría que de costumbre, carámbanos de hielo recorriendo el antebrazo, congelando mi cuerpo de ovillo; y como en tantas otras cosas, fracasé, y terminé vomitando hasta las entrañas.

Y adoré durante unos minutos
de rodillas
mi decrepitud
y luego me incorporé
temblando de vida
a pesar mío.

El cuadro II by Héroes del Silencio on Grooveshark

jueves, 20 de diciembre de 2012

El hijo bastardo de Dios.

Me despiertan los gritos de la calle. Miro el reloj, son las tres de la tarde.
Me incorporo despacio de la cama, me sube una arcada. Espero con los ojos cerrados a que pase.
Llevo varios días bebiendo, y siempre, al despertar, tengo que correr al baño a vomitar
es una forma desagradable de empezar el día
estoy seguro de que hay formas más limpias y rápidas de suicidar la conciencia en estas fechas
pero nunca dije que fuera demasiado inteligente.

Cojo aire y salgo de la habitación esperando que la luz mutile con saña mis ojos
sin embargo todo está oscuro, los gritos siguen afuera, ¿qué coño sucede?
Salgo al balcón y lo veo: miles, millones de arañas de todos los tamaños inimaginables caen del cielo, peludas, negras, blancas, rojas, transparentes…
cubren con sus cuerpos el cielo en un gigantesco crespón
la gente huye, intenta protegerse en los soportales, algunos se arrodillan en mitad de la calle y rezan histéricos
se escuchan choques de metal contra metal, gritos, sirenas, cristales rotos
¿el fin del mundo se ha adelantado un par de días?
Sonrío ante la idea, pero me jode, todavía tengo cinco botellas de Absolut esperando.

Me tumbo en el suelo de la terraza, boca arriba, incrédulo
entonces las siento caer sobre mí, como tijeras de neón enmohecidas
recorriendo mi cara, mis brazos, mis piernas
empiezo a reírme, por fin la locura me abraza con cierta pasión: “bien, adelante, venid pequeñas putas, sois el mana, sois mi soma”

Abro la boca, pozo de muerte, madriguera de amor
empiezan a caer dentro, a inundarme, se deslizan por mi garganta
mi boca se transforma en una cloaca de vida
algunas empiezan a luchar, pero es demasiado tarde, no hay escapatoria
las compuertas se cierran lentamente, empiezo a masticar
me inunda el sabor del marisco rancio
me levanto, entro en mi habitación, alzo la botella de vino de anoche y la termino.
Aquello termina de bajar a mi estomago.

Tengo una erección.

Me tumbo unos instantes y me quedo dormido. No sé cuanto tiempo pasa, pero cuando despierto y miró por la ventana, todo ha vuelto a la normalidad.
El miedo, sinónimo de religión, desaparece, el hombre civilizado sale de su caverna de nuevo.
Busco información por internet, sin embargo no hay vídeos ni imágenes, alguien habla de una conspiración mundial para drogarnos con el agua. Hay miles de versiones sobre lo sucedido, diferentes personas en el mismo lugar han visto caer del cielo cosas totalmente diferentes: ratas, bebes, ninfas, dinero, cucarachas, condones, jeringuillas, difuntos, nieve…así ad infinitum.

De pronto tengo un insight, una loca explicación: Dios ha eyaculado sobre nosotros, y nuestros cerebros, incapaces de procesar esa información, limitados como están ante la visión de algo imposible de entender, de adaptar al lenguaje, a nuestros sentidos, han creado un espejismo de apariencia normal, diferente en cada uno, pero necesario para evitar la locura.

Pero si eso es cierto, entonces, al tragarlo, me he convertido en su puta.

Me introduzco los dedos en la boca, necesito vomitar, pero no soy capaz, de hecho no siento nada, ni resaca, cansancio, hambre, sed… es como si mi cuerpo hubiera transcendido, no me atenaza ni siquiera el deseo sexual. La divinidad, su poder, recorre mis venas, soy el hijo bastardo de Dios, podría hacer cualquier cosa, el mundo es arcilla en mis manos, tengo una oportunidad única de recrearlo a mi antojo, de…

Rompo una botella y me secciono la yugular. La sangre salpica con dignidad la pared.

Enough by SONOIO on Grooveshark