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sábado, 23 de febrero de 2013

La libertad dentro del poema.

Me agrada este estado de alcoholismo
donde los mendigos tienen reloj
y parece incluso
que me lo estoy pasando bien
me agrada luego vomitar estas letras
y que el texto misericordioso se corrija a si mismo
o me señale en rojo que algo falla
así es muy fácil
¿cómo lo harían antes?
una maquina de escribir ruidosa
papel
y al día siguiente las correcciones
no suena muy divertido.

La poesía
¿qué coño es la poesía?
nada importante
al alcance de todos
prosa poética
versos libres
sencillo
quien más quien menos
se edita un poemario
o aparece en el Bukowski Club y ladra sus versos
a un público entregado
a su propio ombligo.

Luego hay editoriales
pequeñas tiradas de doscientas, trescientas unidades
muchos amigos
y algún curioso
antologías digitales
(ahí participamos todos)
¿es necesario que mancillemos esa pulcritud vestal
de la página en blanco
con nuestras estúpidas homilías?

Quizás sí
quizás estamos cansados de todos esos magníficos poetas
que murieron hace ya un siglo
o dos.
quizás buscamos temas actuales, cercanos, sin lenguaje abstruso
con menos hojas de hierba, y más sexo, más política, más realidad social
más vomito, más 23 de febrero, más música
más coño y polla, más jodida pasión.

¿Aparte de Luis García Montero, se publica a alguien más en este país?
dónde están las grandes tiradas para David González
Karmelo C. Iribarren
Neorrabioso
(¿quién es Luna Miguel?)
y todos esos que participan en antologías de poesía alternativa
23 Pandoras
Heterogéneos
Hank Over (resaca)
Poesía en los bares.

Parece que solo Panero tiene derecho al malditismo
¿tenemos que encerrar a alguien más en el manicomio
para que lo escuchen?
Liddell lo consigue con el teatro
a duras penas.

O sea que sí,
no todos somos buenos
algunos ni siquiera nos acercamos
pero joder
no desprecies vuestra libertad
por favor
seguid escribiendo

Seguid

Seguid

Seguid

En la sección de poesía
de la Fnac
o de la Casa Del Libro
no hay nada mejor.

Eso os lo puedo asegurar.

My Violent Heart by Nine Inch Nails on Grooveshark

lunes, 17 de diciembre de 2012

La tercera botella es pedirte que vengas a vivir conmigo y que follemos todos los días.

El problema cuando empiezas a escribir a las cinco de la mañana es que nada tiene sentido. Leí en alguna parte que lo más importante para captar la atención del potencial lector es una frase inicial, un hallazgo narrativo. Como esas películas de acción en las que suceden muchas cosas en formato tráiler durante los primeros veinte minutos; desgraciadamente luego, una vez evitada la huida del espectador, baja la intensidad y solo queda esperar un final que nunca termina de sorprender por la falta de talento –o de libertad creativa- generalizada.

Y aquí estoy, frente al teclado, intentado actualizar un blog moribundo, emulando a ese mesías de pacotilla que caminaba sobre las aguas mientras pienso en Virginia Wolf y Ophelia, esperando el fusilamiento con los ojos cerrados, como Lorca, como tantos otros, ratas, enjambres, que vomitaban su amor a la literatura frente al paredón o la hoguera. Pero no hay resultado, y resentido utilizo mis venas como látigos de violín para marcar las semanas de encierro en las paredes de unas entradas que mancillan su recuerdo, su pasión, su necesidad de palabras. Puto decadente.

Al caso. Cuando salí del trabajo aquella mujer me estaba esperando, era emocionante, ya sabéis, ese primer encuentro envuelto en el lujo del misterio, la idolatría de la distancia, de las palabras preñadas de deseo y anonimato. Era atractiva, incluso sabía leer y escribir, la melodía de sus tacones era una buena manera de salir del infierno en el que había malgastado la semana. Naturalmente me confundía con otro, alguien diferente, más pasional, elocuente, emocionante, un líder que hacía de sus palabras autos de fe.

Fuimos a mi casa, y nada más llegar saqué una botella y comencé a beber. Estaba nervioso, las relaciones humanas me dan miedo, me producen ansiedad, Grenouille iba por el camino adecuado. Empecé a decir idioteces pero ella reía, con esa risa femenina, indefinible por definición, que no sabes si es real u obedece a un plan maquiavélico de control mental. Empecé a soltar frases sin sentido: “los necios son una legión de putas que contagian la enfermedad venérea de la idiotez sin que tengan la necesidad de penetrarte”. Ironizaba por la forma de presentar al asesino de Connecticut, ¿no tenía Facebook? coño, eso era casi un logro, solo faltaba decir que no veía la televisión o que no le gustaban los deportes. Éramos tan limitados, siempre buscando la explicación simple, la anécdota, intentando encajar las piezas del puzzle de forma rudimentaria con tal de evitar pensar por nosotros mismos, de ver el collage, el telar por detrás. Aunque claro, ¿quién tiene tiempo para eso cuando vivimos en un país donde nos sentimos satisfechos sino buscamos comida en los contenedores…?

Pero bueno, el tema -no quiero divagar- es que ella era perfecta en su ficción y ansiaba que rodase en su coño una película de fuegos artificiales, que salpicase su boca con la majestuosa banda sonora de mi eyaculación.

Pero la terrible realidad es que pasamos de actores principales de una obra inédita de Sade a espectadores/victimas del más cruel de los desengaños: GATILLAZO.

Joder, eso es terrible, ¿no? Ella se fue airada, decepcionada, llena de palabras feas vomitadas por un coño escarchado y deteriorado por la falta de uso. Intenté intuir mi respuesta emocional, ¿debería preocuparme por mi falta de hombría y virilidad? ¿No somos, a fin de cuentas, enormes y sonrosados genitales? Ahora ya no era nada, carne eviscerada, estiércol maloliente henchido de melodrama, una sombra suspirando por la imagen desenfocada de una navaja sobre mi cuello.

Alcé con gesto nihilista el vaso lleno de amargo vino barato y lo volqué con resentimiento por mi garganta, ¿quizás este era el precio de mi alcoholismo, de mi falta de autoestima y arrojo?

Con la diligencia de un autómata saqué al monstruo púrpura y empecé a masturbarme. Aquello creció y creció rápidamente y de forma descontrolada. No podía comprenderlo. Puse un par de vídeos de dudosa procedencia y tras unos minutos de fricción eyaculé como un colegial. Desgraciadamente la descarga de inmisericorde amor voló por encima del monitor y cayó sobre el ordenador, se deslizó sobre las rendijas de ventilación e hizo que el procesador colapsase. Un pequeño hilo de humo blanquecino sirvió de antesala al estertor tecnológico. Sin embargo el milagro seguía sobresaliendo por encima de mis calzoncillos: Urotsukidōji seguía duro y con ganas de más. Quizás el alcohol no fuera el problema.

Entonces, obviando todas las promesas lúcidas y coherentes, volví a pensar en ti, en aquella época, cuando tu coño era una mazmorra y mi polla su rehén, en como asentías a cualquier depravación, como si tu cuerpo, auspiciado por la sodomía y las fantasías de violación, estuviera soliviantado por el eco de un clítoris desaprovechado. Y siempre estaba esa noche, cuando saliste al balcón desnuda, con la mitad de los dedos desapareciendo dentro de ti, y me sonreíste, como si el fin del mundo estuviera sobrevolando el alfeizar de tu mente y solo esperaras por mí.

Quizás mi polla solo supiera reaccionar ante tu cuerpo, tu voz, tu sonrisa, tu existencia al otro lado, quizás se había enamorado sin avisarme y mi cerebro de patán, encharcado por tus flujos, me dejaba impotente, como si esa fuera la única forma de decirte: “te quiero”.

Una extraña corriente de aire frío recorre mi espalda y me hace temblar. Quizás sea un fantasma. O tu ausencia clamando victoria. Aun te sigo esperando, cada noche, durante cinco segundos, en el lado inhóspito de mi cama.

Ven. Sácame de aquí.

Promesas Que No Valen Nada by Iván Ferreiro on Grooveshark

martes, 27 de noviembre de 2012

El tiempo es una nomina en el banco de la nostalgia. Recordar es un préstamo.

Uno a uno
mis dedos te recuerdan.
De cerca parecías menos alto, más roto
menos bosque, como un árbol caído
me dijiste que mi coño
tenía forma de herida
de cascada hambrienta
de saliva y lengua.

Y miraba en el reflejo de la ventana
como me preñabas sin preliminares
ni piedad
mis piernas de niña en alto
temblando, convertida en hueco
follada con el sentimiento
de la cuerda en mis muñecas.

Tus palabras
como un carnet de biblioteca caducado.

Te limpiaste en mi interior con desgana
como si fuera un río sucio
y me dejaste sola
dibujando en la pared
con las manos encharcadas
de rojo oscuro sedal
toda la cosmología
de mi amor masoquista.

Como si fuera una Alicia
llena de canas
persiguiendo al Conejo Blanco
con un hacha.

Pero nunca fallas
ORGASMO
siempre serás un gesto eterno
con alas de papel
golpeándose una y otra vez
contra el muro de mi memoria.

Me levanto de la cama
tengo que hacer la cena
para mi querido marido
preparar todo el escenario
de perfecta convivencia
con su tópico de sofá
y esas pequeñas cosas
que creo
me hacen feliz.

Creep (Radiohead) by Richard Cheese on Grooveshark