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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Tú.

Cercana y lejana a la vez
de lasciva virginidad
tangible como un espejismo
obscena e inocente.

La madrugada sigue siendo mi lugar favorito
para afilar metáforas
sobre la cornisa de tu belleza
mientras tu abrigo rojo llena de cristales arcoíris el aire.

El amor
-aunque a veces se me olvide-
Implica más riesgo que destino
es un faro que parpadea en la tormenta/memoria
un escote, dos carcajadas, tres caricias, cuatro besos, y una eternidad de.

El poema maúlla, se escucha una explosión
seis cisnes rojos forman un nueve en el lago azul de tu sonrisa
el anzuelo de tu voz me convierte en la puta de tus besos
sin ti solo soy una orilla dormida.

Desnúdate y pasea sobre mí.

Kerosene by Crystal Castles on Grooveshark

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una cuestión de perspectiva.

Le ordeno que se desnude. De rodillas. Sobre la cama. Separa las piernas. Ábrete. Mi mano es una fusta. Golpes moderados. Marca roja sobre sus nalgas. Expuesto. Humillado. Su polla dura, enhiesta. Habla sin permiso. Indisciplinado. Mi pie en su cabeza, hundiéndole contra el colchón. Pide perdón. Empieza a chuparlo.

Le observo excitada. Empiezo a acariciarme el clítoris, miles de terminaciones nerviosas, hinchado, húmedo, mientras me follo su boca con el pie. Es suficiente. Le ordeno ponerse en posición de nuevo. Empiezo a acariciarle. Primero un dedo. Poco a poco. Dentro. Fuera. Gime. Empiezo con el segundo. Un poco más rápido. Bien. Buen perro. Es el momento. Doble dildo, con arnés. Casi iguales. Me lo introduzco lentamente. Ajusto las correas. Lubrico su parte. Me mira asustado. Queja. Azote. Empiezo a presionar. Gime. Dolor. Me aferro a su cintura para hundírselo. Grita. No paro. No puedo. El placer es demasiado intenso. El dildo atraviesa mi coño con cada nueva embestida. Me muevo como si fuera un hombre follándose a una puta, ajeno a todo excepto su placer. Él sigue gimiendo de dolor pero empieza a moverse a mi ritmo.

El consolador está casi entero dentro de él. Acelero. Me corro. No me cuesta nada, me encanta poseerlo así. Le ordeno darse la vuelta. Se tumba boca arriba y se sujeta las piernas en alto. Me coloco encima de él. Sigo metiéndosela, mi cara pegada a la suya, diciéndole obscenidades. Ya no se queja. A la pequeña zorra le empieza a gustar. Aumento el ritmo, se la clavo con fuerza mientras le miro a los ojos. Su polla se balancea de un lado a otro. Sé que quiere tocarse pero no le he dado permiso. Se la cojo, empiezo a masturbarle. No tarda mucho en correrse, con fuerza, manchándose todo el pecho. Me embadurno los dedos y le obligo a chuparlos, a limpiarme.

Y en ese momento, mientras se la saco lentamente del culo, al observar su mueca al tragárselo, vuelvo a correrme.

Little Faith by The National on Grooveshark

viernes, 17 de agosto de 2012

Harry (II)

Ya he conseguido más alcohol. Mis fuentes son ilimitadas, sobre todo cuando tengo tanta chusma comerciando con el alma humana por aquí, en mi gueto de extrarradio.

Quizás este sería el momento para dejar de escribir, o dejarlo como borrador para más adelante, no conviene dar demasiado material seguido. Pero en el fondo me importa un bledo escribir o no, es una lucha contra el tiempo, el insomnio, la botella medio llena; vomito y publico, las reacciones me gustan pero me considero, por el contexto y mi realidad personal, el demiurgo de una mierda cantante y danzante; “no es por ti, es por mí”, claro que me gustaría aleccionar a las masas con la genialidad de mis pepitas de oro literarias, pero esa idea no concuerda con la realidad.

Los blogs son estercoleros literarios, siento dar una visión tan negativa de todo esto, no sigo a nadie en particular, sigo a la persona, sigo su diario personal, pero no compraría su libro. O quizás sí. Me gustan los libros, incluso los malos, un síndrome de Diógenes particular. Pero vamos a lo importante: sigo cachondo, la bestia ha vuelto a despertar, el monstruo purpura ha cobrado vida; esto es un infierno, vosotras, pequeñas nínfulas, no podéis comprenderlo, pero tener polla es un suplicio, es un animal insaciable, un calambre enjaulado, el ansia se apodera de nosotros y necesitamos despedazar vuestra ropa, arrancaros las bragas, lameros todo el cuerpo, llenar el aire de sudor y sexo.

Por eso pienso en ella, mi pequeña musa, chica menuda, pechos pequeños, media melena, no demasiado atractiva, pero con unos ojos salvajes que solo el poeta experimentado sabe interpretar.

¿Recuerdas ese hotel? Te desnudaste de inmediato, pero te dejaste puestos los zapatos de tacón como una buena chica. Todo esto no era nada nuevo, rellenabas tu vida con momentos como este. Empezaste a contonearte con la misma naturalidad con que dejabas ese puente de saliva ente tu boca y mi polla, malévola en su tamaño, mientras te inmortalizaba con mi cámara. Una buena felación se realiza no solo con las manos y la boca, también con los ojos, muchas os negáis a hacerlo sin percataros del poder que ejercéis sobre nosotros, es lo más parecido a la adoración que sentiréis en vuestra vida.

¿Recuerdas cómo te contoneaste hacía atrás y te abriste de piernas ante mí y como yo, en un acto reflejo, te ofrendé mi boca, mi saliva, mi lengua, y el resto de mi cuerpo?

En ese recuerdo, que ahora convierto en presente perfecto, no puedo contenerme y te penetro. Te masturbas compulsivamente el clítoris, un desliz de experiencia que provoca la quemazón en mi cerebro. Te pongo de lado y te follo con fuerza mientras te beso. Me encanta como gimes, más y más alto, como si quisieras reventar los corsés de la represión judeocristiana que domina toda nuestra cultura. Me coges el brazo y lo empujas hacía tu garganta para que haga presión. Veo en tus ojos ese punto de sadismo que no se conforma con la palmada en el culo y algunas palabras duras.

Te meto un par de dedos en la boca y me los chupas como si fuera la polla de alguien con quien formáramos un trio. Me excitas demasiado, ningún cambio de postura me salvará de correrme, de que esto acabe demasiado pronto y te vayas con otra muesca en tu agenda. Hago un esfuerzo y salgo de ti, te doy la vuelta y empiezo a follarme tu culo con la lengua; estás deliciosa, como un helado exultante que se derrite en la boca en verano, podría correrme solo haciendo eso. Y no paras de gemir, de gritar, de tocarte...

Te sodomizo, pero a pesar de eso no consigo dominarte. Gritas hasta un orgasmo ya por fin reconocible. Recuerdo a mi ex, todo tan automático, un matrimonio de mierda con los polvos programados con un límite de tiempo. Pero tú te dejas llevar, sigues y sigues. Ahora me quedo quieto, eres tú la que se penetra a su ritmo una y otra vez. No he visto nunca una jodida puta que disfrute del sexo con tanta naturalidad como tú.                      

Tu culo dilata el tiempo, mis cojones hieren tu coño al ritmo de palabras obscenas. Tus pechos son cada vez más grandes, me voy a consumir dentro de ti. Te amo. Te amor. Te amo. Te amo.

A pesar del aire acondicionado estamos empapados en sudor, tu pelo forma arabescos maliciosos en tu espalda. No puedo más, el alcohol me vence, me dejo caer en la cama. Pero para ti no es una capitulación, quieres seguir; coges del bolso un lubricante, lo echas sobre mi polla. Está caliente, muy caliente. Me masturbas y a la vez te follas el culo con los dedos, te lo abres para mí. Me vuelves a convertir en un animal, te pongo de lado y vuelvo a follarte el culo, quiero llegar a tu límite y te meto dos dedos en el coño; respondes con un gemido entre dolorido y extasiado.

Dura poco, como cualquier placer descontrolado. Pero cuando me corro rozo el cielo, la amnesia, te conviertes en mi particular I Ching, consigues enamorarme sin piedad.

No te he vuelto a ver. Te asustan demasiado los autobuses.

O quizás lo que te asuste de verdad es esa sensación inaprensible que algunos llaman amor y a ti siempre te ha provocado tanto sufrimiento.

Insight by Joy Division on Grooveshark