No importan los nombres. Soy alguien que solo puede
escribir en silencio. Pero sin música me siento solo, y el talento, o las ideas,
a veces no escriben réquiems sobre el teclado.
Buscaba en la palabra siempre
esa seguridad que no me daban tus gestos. Pero
si no te engaña con sus gemidos no lo hará con la intensidad de sus palabras. Es
asombroso lo que la belleza de una mujer cambia un paisaje. Ella es el mar, una maravillosa metáfora
literaria que dibujo mientras recuerdo la orilla que yacía entre tus muslos. A
veces me sentía como un paraguas roto del color de tus ojos mientras estallaba,
de lejos, la tormenta. Eras como un amor platónico con sexo. Pero sé que te
decepcionaba. Esa palabra tan fea. Y en la comisura de los labios te nacía el
deseo de que yo no fuera yo y fuera otro.
Y entonces siempre pensaba que no me sería difícil
encontrar tus pechos, tu culo, incluso tu coño en otras. Pero tu cerebro,
maldita sea, con el no tenía esperanza; tampoco con la sensación de tus uñas en
mi espalda y tus dientes en mis labios, cuando me dejaba morir entre tus
piernas con miedo a la vida que había más allá de tu piel. Pero incluso ahí, la
nostalgia ya gemía con la lluvia canciones de desamor en los tejados. Me hubiera
gustado escribir sobre tu espalda, respetando las pausas de tus lunares, que te
quería tanto que a veces se me olvidaba follarte y solo sabía hacerte el
amor mirándote a los ojos.
Que pronto me olvidaste. Semanas. Sudor entre sabanas
de motel con alguien que simplemente era una tregua. O
quizá fuera alguien importante. O quizá nadie es importante para ti al menos que te rechace.
Yo, mientras tanto, intentaba amputarme las partes que te pertenecían, deshacerme de ellas con el simple e ingenuo gesto de romper una foto
u olvidar una canción. El dolor no era divertido sino estabas a mi lado.
Ahora, meses después, me he acostumbrado a las pulsiones
depresivas de mis muñecas. Marco en el calendario tu cumpleaños y pienso en
Lorca fusilado como encarnación de un día sin ti, un poema sin dueño. El
misterio de una ventana iluminada de madrugada convertido en el punto y aparte de una
hoja en blanco. No te dejé marca porque realmente la nada solo se puede
convertir en nada.
Pero siempre recuerdo
tu nombre cuando bebo, con la intensidad de unos puntos suspensivos anónimos y
también, por qué no decirlo, crueles.
Me despierto sobresaltado por el mismo sueño. Un sueño dentro de un sueño. Estoy en el suelo de una pequeña habitación. Hace mucho calor, miro a mi alrededor: las paredes están cubiertas por gruesas telas de terciopelo rojo, la moqueta es azul y tengo cuatro flexos golpeándome con su luz directamente a la cara. Me levanto, no hay puertas, solo muros tras las cortinas con algunos cuadros horribles: mujeres empaladas con la punta de madera sobresaliendo de su boca ensangrentada, penes fracturados de color azulado, cadáveres descompuestos en medio de una orgía necrófila. No hay ninguna salida. No hay muebles, no hay nada. Pero eso ya lo sabía, lo mismo que intuyo donde esta la cajita azul y su llave: en el mismo lugar donde los focos dirigen su luz. La cojo sabiendo lo que viene a continuación: la música de cabaret, los mareos, la ansiedad, ese calor subiendo poco a poco. Sé que esta vez tampoco me atreveré a abrirla, simplemente espero lo que parecen horas hasta que todo empieza a arder, las cortinas, los cuadros chillando y finalmente todo mi cuerpo.
Llevo meses así, levantándome cada vez más cansado, con una sensación metálica en la boca como si hubiera estado vomitando sangre…y la necesidad de “llenar tu copa para poder vaciar la mía rápidamente” ahora es más intensa. Tras casi tres años sin probar el alcohol estos malditos sueños van a…No quiero pensar en ello. Me doy una ducha. Cuando salgo me percato de que hay muy poca luz. Que extraño…no tendría que haber anochecido aun. Miro por la ventana: Niebla, niebla densa y siniestra rodeándolo todo. Hay días en que Dios ha olvidado tirar de la cadena.
Me siento atrapado en un juego. Empuño una linterna imaginaria emulando a Alan Wake. Hay más habitaciones esperando...no recuerdo haber asesinado a mi esposa pero no creo que eso me ayude a huir cuando el charco se sangre se acerque demasiado.
Escucho un ruido detrás de una de las puertas...¡jadeos! Mierda, hace siglos que no tengo sexo con nadie, si hubiese un guión y fuera el protagonista eso ayudaría. Abro la puerta. Calor húmedo, ambiente enrarecido, cacofonía, como poner cientos de películas porno a la vez a diferente volumen, Hay dos hileras de cama, como la distribución de un hospital, todas iluminadas con una extraña luz blanca desfalleciente que procede del suelo y se refleja en los cuerpos, parejas retorciéndose ocultas bajos las sabanas, jadeando, follando, ajenos a todo. Es un purgatorio de susurros, la ebriedad de sexo que respiro me deja extenuado. Hay una cama vacía, me recuesto y nada más cerrar los ojos ya siento el tacto desnudo de un cuerpo a mi lado. El paraíso. Ella se sienta a horcajadas, esta mojada y me llena la boca con sus flujos, es una combinación extraña de todas las mujeres que he amado, parece irreal con esta luz que nos atraviesa. Mi mente capta algo por el rabillo del ojo pero no le doy importancia…como en una escena cenital de “El corazón del ángel”. Me corro con fuerza, ha sido intenso. Pero no hay pausa y ella vuelve a ponerse encima con una exigencia muda.
El entorno de pensamiento vivo me empieza a engullir….mentes cerrándose…, deseando, sodomizando, prostituyéndose, masturbándose con lagrimas, pensando en otras personas mientras penetran con rencor, maltratando, fingiendo orgasmos, cosificando, pollas y agujeros bailando un baile mortal sin palabras, sin sentimientos. Eyaculan sangre y siguen, vaginas secas en carne viva, mordisqueadas, erosionadas…no son gritos de placer lo que escucho, ¡es dolor!…¡les obligan a asesinarse, a golpear su carne con odio una y otra vez en una puta masacre sexual!…solo seguir y seguir…Joder...Las camas se empiezan a iluminar con una intensa luz roja, las sabanas caen al suelo empapadas en sangre y trozos de carne mutilados: el horror...mujeres agujereando testículos para tener collares mientras beben la sangre que gotea, hombres violando cabezas sin tronco, creando nuevos agujeros con sus dientes, y mi querida vestal, por la forma en que me oprime, debe de ser de las que arrancan penes directamente con sus músculos vaginales. Intento cambiar de postura pero me da varios puñetazos intentando dejarme inconsciente. Para su desgracia estoy acostumbrado a esas lindezas y juego al medievo con mis dedos en su culo mientras le arranco un pezón de cuajo. Ella se ríe con sadismo, es una lastima que le tenga tanto cariño a mi pequeño badajo...
Le rompo la nariz de un cabezazo y la empujo con violencia. Sería hora de huir, pero ¡maldita sea! ese culo es impresionante y esta ya dilatado. La empiezo a sodomizar mientras ella aúlla en un lenguaje desconocido. A mi alrededor todo el mundo se vuelve loco, empiezan a reagruparse en un enorme fila que recorre todo el pasillo, hay como veinte personas practicando la sodomía unos con otros, las mujeres con unas pústulas sanguinolentas atadas a sus cinturas con intestinos; en una debacle de generosidad forman un perfecto circulo de rítmico acoplamiento para que nadie se quede sin su pequeña dosis de amor.
Mi amante me mira y no sabría decir si es amor o simplemente lujuria reconcentrada destruyendo sinapsis a su paso. Tengo que salvarla, su nariz me parece más bonita que nunca. Una felación es una buena forma de recuperar algo de confianza entre nosotros, pero ella lo transforma en una asfixia erótica, su técnica de garganta profunda le permite lamer mis gónadas mientras conserva toda mi humanidad dentro de sí. Retraso mi orgasmo mientras la masturbo con el puño. Una cuenta atrás para la petite mort, quizá más intensa y duradera en su caso...
Un vértice de desmayo aparece en sus ojos y me sorprendo a mi mismo cuando la abandono y empiezo a acariciarla. Hacer el amor...penetraciones lentas y profundas en ese lenguaje del cuerpo que incluye atisbos de dulzura y que nos complementa sin saberlo. Se masajea el clítoris ávidamente y me rodea con sus piernas. Todo culmina en un orgasmo bermellón que nos deja sin aliento. Le aparece un pequeño tatuaje en el hombro. No sé si es bueno o malo, pero la palabra inmortalidad paladea entre mis labios.
Mientras, el séptimo círculo de del infierno hecho carne empieza a desmoronarse…no sé cual es el premio por sobrevivir pero prefiero huir antes de averiguarlo. Le ofrezco mi mano y ella acepta sin oponer resistencia. Salimos a la niebla y cerramos el tártaro tras nosotros.
La dejo dormida en la cama de mi cuarto, deshilachándose de perfil ante la luz meliflua de un foco. Quizá desaparezca cuando cruce el umbral. Pero esa mirada…Jesucristo…esa mirada es eterna, como el puto cielo nocturno, como tijeras bailando alrededor de mi carne, como sentir su beso de carmín en la nuca. Siempre me dijeron que tenía una... muy dulce.
Debo mirar otra puerta para salvaguardar la lógica del post. Aunque después del sexo todo parece secundario. Como divagar ante un espejo. Y encima esta saliendo más largo de lo habitual. Pocos comentarios seguramente…pero no puedes escapar de ti mismo.
Siguiente puerta. Hay una enorme pantalla de televisión dividida en pequeños cuadrados de plasma, única luz de la habitación. En medio, a una distancia de meros centímetros, se encuentra un individuo maloliente tumbado en un sofá con la mirada crispada, tiene un mando a distancia soldado a la mano. El sonido es ensordecedor, en la enorme pantalla un presentador, que parece borracho y puesto de speed, corre por un enorme plató lleno de ancianas con sondas y niños ojerosos. Todo parece sencillonizado. Aplauden a destiempo y parece que van a desplomarse de un momento a otro.
De pronto un grito oligofrénico ensordecedor, mi atención se ve presa de la pantalla sin que pueda evitarlo…
Presentador: ¡¡¡Bienvenidos a nuestro programa!!!: “Ríete hasta que se te desprenda la cabeza” Seguimos con nuestras estadísticas de mutilaciones, violaciones, niños desaparecidos, asesinatos y crímenes en general. Nos gusta tenerlos asustados porque el miedo junto con su ignorancia es nuestra mejor arma. Y hablando de armas tenemos nuestros cupones “dispara antes de preguntar” un 70% de descuento. En nuestro programa de hoy tenemos los siguientes testimonios:
-Voz en off alegre y dicharachera nos guía por los contenidos de las siguientes dieciséis horas de programa-
1- Marta, una hermosa joven de diecisiete años nos cuenta como fue violada y maltratada durante prácticamente toda su vida por su abuelo mientras el resto de su familia comía hamburguesas. Ahora, un año después, gracias a nuestras drogas patrocinadas puede vivir sin ninguna secuela aparente. Lo que ella no sabe y les adelantamos ahora, es que vamos a confirmarle que su abuelo era su padre, al que ella mato para huir. ¡No se pierdan su reacción!
2- Un intervalo intelectual de la mano de nuestro más afamado escritor con su quinta parte de la saga: “Vampiros Vs Zombies Vs Humanos, Jodete Jean Austen”.
…” En una lucha ficticia entre vampiros y zombies ganarías los zombies. Al final cada humano muerto se convertiría en uno de ellos. Serían una legión, número contra inteligencia, fuerza y rapidez. Pero un número infinito que puede moverse de día también. Los aplastarían. Seguramente llegado el momento invadirían todo el planeta y acabarían con todo los humanos, su alimento. Esa sería la última broma final: Matarían a dos razas a al vez….”
3- Daremos cobertura a nuestro concurso de “Gran Hermano Vip” líder de audiencia en todo el mundo. Ya llevamos cuatro años con nuestros cien concursantes. Gente sin hogar, desahuciados, asesinos... Ustedes pueden hacer con ellos lo que quieran a través de sus votaciones e ideas. Es un programa abierto. Llevan ya diez días sobreviviendo con agua de retrete y no ha sido excesivamente divertido: un par de brotes psicóticos y algo de canibalismo.
Como adelanto, las ideas con más de diez millones de votos por internet para la noche de hoy son: ¿Cuantas patadas puede aguantar una embarazada hasta que….
En ese momento el brote psicótico me da a mí, no sé si producido por el asco o por la necesidad de romper algo. Doy una patada de karate a una de las pantallas haciéndola estallar, alguien me da un bate de béisbol y empiezo a destrozar todas las demás, lluvia de chispas y estática iluminan mi rostro contraído. La adrenalina recorre mis venas, estoy preparado para enfrentarme con el dueño de la habitación, pero cuando le amenazo con arrancarle sus jodidos brazos –con mando incorporado- de raíz me doy cuenta de que esta muerto: en algún momento se ha olvidado de comer y simplemente ha permanecido ahí, sin más, viendo la televisión, cagándose y meándose encima con tal no perderse ni un solo segundo. Maldita sea, estoy respirando mierda descompuesta...
Salgo y vuelvo a mi habitación. Ella sigue ahí, dormida. La cubro con una manta -como si pudiera domesticarla con ese gesto-, y me arrojo sobre una de las butacas. Tengo la boca seca...necesito una puta copa y esto no ha hecho nada más que comenzar...
“T’estimo simplement per tot allò que no t’hauria
d’estimar.”
…son las 04:43. Quizás
sea el insomnio, o simplemente solo sé vivir de noche. Aún recuerdo nuestra
última conversación, más de tres horas repletas de anhelos, evocaciones e
interrogantes –míos, nunca tuyos. Hubo un momento en que lloraste, y no querías
explicarme el motivo, ¿pensabas en otro, o era la desesperanza de tenerme y no
desearme lo que te hacía llorar? Inventaba cuentos, a pesar de todo, escenarios
románticos donde la dependencia de un T’estimo fuera algo de lo que sentirme orgulloso.
Echo de menos como te
esforzabas en buscar la trascendencia en las cosas más inverosímiles, echo de
menos tu ciclotímica incoherencia, como pintabas mis horas de lluvia con el ámbar
intenso de tus ojos, echo de menos tu sonrisa de hilo de plata y ensoñarme
abrazado con el recuerdo de tu voz.
Volví a escuchar nuestra
canción favorita, pero no tuvo el mismo efecto sobre mí. Y me permití dudar
durante unos segundos, despotricar hacía la pared malhumorado, queriendo
convencerme de que la culpa era de la canción por haber agotado tan pronto su
capacidad para emocionarme. Huía con torpeza de la obviedad, como quien olvida
los rasgos de un familiar lejano y echa la culpa a la falta de fotografías.
A fin de cuentas todo es
como una película porno en versión original, dos charcos de carne caliente
nadando en un minibar. Nos sodomizan los tópicos, ¿nos cuesta lo mismo
implicarnos en trabajos absurdos que en sentimientos absurdos? Leo en una
pequeña esquina del periódico que cuatro millones de mariposas han muerto en
una nevada. Quemo tus cartas, y es como besar, con las venas llenas de barro, el
recuerdo de tus pisadas sobre el asfalto de mi necesidad.
Es un gesto romántico lo
de quemar, arrugar el papel, aliviar nuestra frustración o la falta de talento
arrojando a la basura las últimas páginas redactadas ante la máquina de
escribir, tachando con tinta los restos del naufragio emocional que no quieres
compartir. A fin de cuentas el acto de escribir es un acto de pura soledad, ¿qué
hemos pretendido haciéndolo público?
El soporte de la música
son las partituras, el del cine el celuloide, de las demás artes, los lienzos,
la piedra, la madera, la arcilla, los metales… sin embargo los blogs están
alejados de la imprenta, son algo virtual, efímero en su propia concepción,
buscan el día a día hasta que desaparecen, agotados en ambas direcciones. Son el
reloj en el pasillo de la muerte, una relación, una lucidez que se va agotando
desde la primera frase de bienvenida, un libro del que no sabes el número de
páginas. Y quizás ahí tienen su verdadera lógica y triunfo.
Ahora, cuando odias tus
párrafos, solo tienes que apretar un botón y vuelve la página en blanco, no hay
cenizas, ni olor, ni marcas, es un gesto inocuo, casi infantil, como el de esa
mujer que promete que nunca conseguirá olvidarte y luego, más tarde, empieza a
mutilarte con aséptica afectación.
Al final soñé contigo, dormí a trompicones, pensando en nuestra música y conseguiste entrar, seguramente no es la primera vez, pero esta vez si lo recuerdo. Recuerdo el final, porque todo tiene siempre un final.
¿Por qué no somos simplemente amigos, porque no podemos ayudarnos ahora que lo estamos pasando tan mal, porque la única forma de que no te vayas a llorar a solas es discutir, es sentir que no estoy a la altura, que no compensa?
Da igual, toca ser comprensivos, toca entender las cosas aunque se repitan en diferentes momentos una y otra vez. Toca sentir que en el fondo da igual, que solo es otro día gris, acompañado por compromisos y dolor de garganta. Toca enfrentarse de nuevo a la realidad.
Creo que nunca entenderás lo bien que me sentía en esa burbuja que creábamos de la nada con un par de mensajes mezclado con coqueteo, nunca entenderás que veía mas sentido a esa conversación que todo lo que había hecho el resto del día, o de la semana. Nunca entenderás, en suma, que te necesito como amiga y al parecer eso es lo único que no puedes darme.
Pero bueno, no me hagas caso, a veces me confundo de blog, pongo cosas aquí que deberían ir en el otro, en ese en el que hablo de mí, de ti, de todo sin metáforas, a flor de piel sin pensar demasiado. Solo se trata de quejarse, de escribir, quejarse, escribir, intentando hacer correr los minutos lo mas deprisa posible, sin buscar un sentido inherente que no existe, emborronando, deshilachando el recuerdo hasta que llegue el momento en el que no signifique nada, nada importe, y se pueda cerrar el libro y pasar al siguiente sin ningún sentimiento de culpa.
Sólo es otro día gris, de esos que tanto me gustan, de esos que me gustaría compartir con alguien especial, que entendiera su belleza, que quisiera pasear el día entero, bailando ante los escaparates, riéndose, mientras su enorme bufanda gira con ella. Alguien que relacionase a Nick Drake con la lluvia. Alguien que viera la figura que esconde el bloque de mármol y buscase el cincel para todos pudiéramos verla con ella, Alguien que rescatara lo sublime en lo banal porque es la única forma que tiene de estar viva. Alguien, en el fondo, que impidiera que dentro de un tiempo un día gris sea simplemente eso: algo indiferente y vulgar que nos obliga a llevar paraguas.
Todo el mundo busca amor. Las chicas atractivas afrontan la situación con una tristeza incómoda porque saben que hay más hombres dispuestos a hacerlas daño, intuyen que todo deja algún tipo de huella y será una carga muy pesada. Al final encuentran un envoltorio de promesas. Pero duele y ensucia; terminan pagando demasiado por ello. Mientras tanto, siguen enviando cartas larguísimas sin dirección ni destinatario. Ella me dijo que escribía como si llevara años sin echar un polvo. Le contesté que coleccionaba condones rotos y puzles que nunca lograba terminar porque siempre faltaba alguna pieza. Como un esquizoide que pierde continuamente las discusiones con sus amigos imaginarios. Aburrida y asustada cerró la puerta dejándome fuera. Mi cicatriz de escombros empezó a reírse en mi pecho. Suelen quererme más antes de conocerme, como susurros de luz rompiendo las sombras. Volví a mi habitación pensando que me hubiera gustado vencerte, acariciarte con mis pestañas, convertir tu desnudez en una llana vocación para mis manos. Pero ahora me sentía desgraciado de un millón de formas distintas, como si hubiera desperdiciado el pase de gol. Tuve un pensamiento de lucidez suicida, baje a la calle, cogí el coche y conduje sin descanso hasta el mar. Era lo único que podía salvarme.
Te escribí una carta de emociones, sin significado, como
ahorcarme con tus intestinos, como fingir estar vivo y que me importe, como la
cicuta de tus lágrimas, como una eyaculación de ego, como el sonido del viento
entre tus tacones, como cicatrices llenas de lluvia. Como ese retrato de
palabras que solo existe en mí para ti.
Las hojas lloran con su rocío crepuscular, el bucle de la
canción llega a la psicosis, jirones de soledad cuelgan de tus labios
causándome estas ojeras de odio. Mi mecanismo roto, tu rímel corrido
mezclándose con el vómito de mis palabras, un amor de alcantarilla, aspiras mi
aire y vagabundeas con tus pies fríos por mi tristeza
Me poseía una soledad demasiado concurrida por tus
nostalgias, por la homilía de tus abrazos, el naufragio de tus caricias, la
llama de tus labios, por el deseo de entrar en tus ojos y desnudarte
lentamente. Pero mis fantasías no consiguieron romper las leyes del olvido y
finalmente, cuando cerré los ojos a la noche, solo me quedó una soledad
desolada.
Te vislumbré en aquel viaje de vuelta a la capital, un
viaje de ocho horas en autobús, de noche. Quería simplemente dormir, congelarme
en la parte de atrás de ese miserable autobús, solo y rezagado. Pero te
sentaste a mi lado con esa sonrisa que desarmó mi memoria. Sacaste el alcohol
camuflado y te pusiste a hablar. Yo solo escuchaba, se me da bien escuchar,
esos retazos de vidas ajenas improvisan una danza en el desierto de mi
existencia. Me hablabas de libros de ciencia ficción, de Benedetti, de
Napoleón, te recordaba a un antiguo amante al que seguías odiando, es decir,
amando. Nos emborrachamos. Me hablabas en francés solo para excitarme. No te
pregunte tu nombre. Tenías el pelo largo, muy largo, los ojos tristes color
avellana, la cara redonda y pecosa. Te casabas y aun no sabías porqué. Di la
razón a tus dudas, pero eso no cambiaba nada. De algún modo llegamos a Madrid.
Me abrazaste con intuición femenina y me pediste que esperara a que te fueras.
No debí hacerte caso. El perfume de tu voz se quedó engarzado a mí durante
demasiado tiempo.
Yo matare monstruos por
ti, daré cuerda a tu ego, creeré en tu voz siendo nihilista, nunca te diré que
no. Sabes que sólo tienes que avisar. Aunque, por desgracia, no seas mi
Amelie...
Ya lo se, malograr nuestra
vida es un derecho inalienable, que no implica estar alienado. Me gustaría
convertirte en mi botón de Lost, ese que haga que mi vida tenga sentido
–absurdo quizá- cada cierto tiempo.
Me gustaría tener hipermnesia y recordar
nuestra cita perfecta, acabada, cíclica para siempre. Como una historia feliz
–breve, efímera, fugaz-, en el que ninguno se pregunte que sucede después
porque después no hay nada.
Ya sé que encontraras por
ahí a otros mejores…
Conocí a un amigo de un
amigo que quería suicidarse porque no se le ponía dura. Había probado el sexo
extremo, el romanticismo, la banda sonora de los siete magníficos, la opera de
Verdi, había probado las pastillas azules, también las rosas y las verdes. Había
probado con putas, con vírgenes, con hombres, con animales, con objetos, con
gente sin sexo definido. Antes del estertor descubrió un espejo y eyaculó sin preámbulos.
Un exceso de narcisismo...
Vaya mierda, me encantaría
seguir escribiendo, pero tengo un invitado en casa. Solo lleva día y medio y ya
tengo deseos de ahogarle con una almohada. Tendría que averiguar cuantas
personas saben que ha venido a mi casa. Necesito mi soledad, mi paz, mi tiempo
para escribir. Necesito escuchar mis pensamientos. Que poderoso es el influjo
del sexo, sería la única razón para compartir piso de nuevo. Pero BUEN sexo
¿eh?
Realmente no creo estar obsesionado, simplemente escribo y lo que surge es escanciado sin demasiada habilidad; si alguien conecta con el texto es su interpretación, en muchos casos más valida que la mía, la que se impone. La libertad es eso: aburrir machacando un estilo, un tema, hasta que la fiebre se apacigua. Mejor mutilar...pero también tengo derecho a ser egoísta, a contagiaros con el suspiro de mis palabras, a pediros que me acompañéis en este camino de decadencia.
Ayer envíe un mensaje en el que simplemente decía “te quiero” y no me respondieron. Ese es mi campo de batalla, no el mercado de carne. Me gusta follar -naturalmente-, mi hipocresía existe, la oportunidad vence a los ideales, pero a veces me sorprende ver –y no estoy hablando ahora de nadie de la blogsfera- como gente enamorada del concepto del amor al final valida su autoestima en personas que no le importan, como las utilizan sin pudor cuando se sienten solas, desesperadas, inútiles, frágiles, escindidas, incapaces –un mal endémico-, de sobrellevar la frustración.
Pero en el fondo son idioteces, hay que ser mas objetivo, pragmático y alejarse del arte abstracto, tenemos derecho a dilapidar, no ideales, pero si ideas, que pueden ser más o menos acertadas, pero que se modifican con nuestra experiencia; el amor es una verdad temporal. Se hizo un experimento hace tiempo –estimular el cerebro con fotos de parejas, olores, recuerdos y comprobar si se activaban los centros neurálgicos del placer- y se descubrió que sólo un diez por ciento de las parejas que llevaban mas de diez años juntos seguían reaccionando sintiendo esas “mariposas en el estomago”, “Zsa zsa zsu” o como cojones quieras llamar a esa dependencia química, a esa incapacidad para trasegar con la realidad.
No quiero ser sofista ni decir con esto que se ha demostrado nada. Simplemente divago, desde la atalaya de mi particular mundo de fantasía, sobre la posibilidad de encontrar a esa persona que consiga transformar con la mayor de las facilidades “El Síndrome De Estocolmo Amoroso” en una vida feliz y químicamente aceptable durante más de tres años. Beigbeder invitaba a la esperanza. Punset también. ¿Quiénes soy yo para llevarles la contraria?
Quizá un decadente con una incapacidad para el autoengaño bastante irritante.
Mi ex no quiere que escriba sobre ella. Ahora es feliz, algo de lo que me alegro. Tantos años trasegando dejan un poso de cariño. También me indica que no va a prestar mucha atención a mi blog porque es muy depresivo. Bueno, es mi estado anímico actual, ya hay demasiados blogs sobre otros temas. Si en estas reflexiones de chatarrero en paro alguien encuentra cierta afinidad, bienvenido sea.
Me aconseja, mientras caminamos por estas calles fruto de la planificación de un anticristo con odio tatuado en su mirada azul, que no quede con nadie que no sea de Madrid, que luego me implico y me suceden cosas extrañas. Asiento sin convicción, me temo que es demasiado tarde para esos consejos.
La gente feliz es lo ve todo muy sencillo: ¿por qué estás deprimido? ¡Alégrate! La vida es maravillosa, un lugar lleno de oportunidades y orgasmos. Sólo hace falta… ¿qué? No estar deprimido. Ah, de acuerdo, seguiré tus indicaciones... Pero claro, aquí me veis, escribiendo sin un tema concreto, por pasar la tarde, con este coro de renuncias y decepciones escogiendo la música por mí. Aunque algo de razón tiene. Será mejor salir de nuevo al exterior, no dejar cocer a fuego lento el alma entre un par de párrafos mediocres.
***
Mi consejo es que permitas que las cosas sigan su curso y
que por tu parte dejes de pensar tanto (...) y rehagas tu vida de una forma
coherente y equilibrada, haciendo nuevas amistades o relacionándote más con la
gente que ya conozcas en tu ciudad -amigos, conocidos, familiares, etcétera. De
esta forma, poco a poco, podrás ir visualizando esta situación desde una
perspectiva totalmente diferente a cómo la estás enfocando ahora mismo.