Tres años de decadencia. Tres años dedicados a escribir en el blog con
cierta asiduidad. A veces no sé qué me impulsa a
escribir de madrugada, con la botella de vino rechinando soledad, bailando en la
oscuridad con la oscuridad mientras las paredes resbalan y se escuchan los
recuerdos de una amante ingrata, las pisadas silenciosas de un gato fantasma o
un conejo psicótico.El humo del hachís rodea el calendario del año pasado y el póster de Fight Club. La poesía de Bukowski, Panero, Iribarren, Dickinson y tantos otros me ilumina como un neón destartalado. El loco grita desde su agujero y me siento al borde para cantar juntos su canción de amor. Y es entonces cuando mi mano se desliza sobre el teclado y el texto se llena de semen y sangre. Es divertido, sí, de otra manera no tendría sentido volver a ello una y otra vez.
Este último año ha habido más poesía. O siendo estrictos prosa
poética. También durante dos meses una novela a cuatro manos con Nuria. Quizás tuvo
un final abrupto pero estoy muy orgulloso de algunos capítulos. También he compartido vídeos donde periodistas como
Gabilondo nos han informado de como la crisis ha servido de excusa para que las
grandes empresas –con la connivencia de los políticos-, se aprovechaban de la
no-democracia para destrozar todos los avances sociales que se han conseguido
en el último siglo. Hace un año hablaba de los resignados –como broma privada
ante esos mal llamados “indignados”-, ahora el término que se me ocurre es
“precarios”. Nada cambiará después de la crisis, todo se ha perdido, se han
cargado el estado del bienestar, la sanidad se privatiza, la educación con
aberraciones como separación de sexos, los sindicatos buscando no perder sus
subvenciones y firmando cualquier cosa, minijobs… mentiras sobre mentiras,
somos números dentro de una dictadura capitalista. El PP
sólo es la correa del amo. El PSOE ni siquiera existe ya.
Volviendo a temas más banales, a pesar de los parones en las
actualizaciones, de quitar comentarios, de ser un ingrato con vuestros blogs,
siempre hay una media de trescientas visitas al día. Y también más de trescientos seguidores Google+. Gracias. Por otro lado este año también he entrado en
las redes sociales. Pero a mí manera. En Twitter utilizándolo exclusivamente
como pequeño arrabal de literatura, sin concesiones a lo personal, pocos
tweets. Y en Facebook con enlaces a
artículos, vídeos y lecturas. Espero que eso sirva como excusa
por mi irreverencia. También andan por ahí los enlaces a mi Spotify y Last.fm para que podáis criticar a
gusto mi eclecticismo musical.
El tiempo es mezquino con los blogs. Casi no queda ninguno de los que
existían hace tres años. Se deja de actualizar poco a poco, los lectores se
olvidan, la rutina y las ganas desaparecen… intrínseca idiosincrasia. Recuerdo a Lunática y sus
historias de niñas psicópatas, o aquella entrada donde nos metía a todos en una
historia kafkiana de tintes orgiásticos. Mi querida Alma Agridulce. Sbm con su blog privatizado. Lo mismo
que ha sucedido recientemente con Advenedizo y su crónica nada.
Aunque siempre quedan irreductibles como Sarco Lange, bitácora muy recomendable.
El poeta Neorrabioso. El siempre
eficaz Jordi en Proyecciones. Eme y sus
vivencias en Malawi. O nuevas adquisiciones desde el Twitter como Tratado de Amor Genital y Autocrítica.
No todos se han escorado en la vorágine del olvido, ahí tenemos
siempre a esas dos incondicionales, con sus hermosos espacios personales, Ficticia y Nuria (en su vertiente erótica). Amapola Azzul con sus
comentarios. La que canta
con lobos y su regreso a medio gas. Dalicia. Abismo en
Twitter. Carol. Jane. Tampoco
quiero hacer una lista, como se suele decir: son todos los que están pero no
están todos los que son. Me gustaría reseñar también a todos esos anónimos que, de vez en cuando, se atreven a realizar algún comentario
o crítica.
Tres años. Algunas lectoras
pensarán que me he adelantado. No. Fue una noche como esta, unos días después
de mi cumpleaños, cuando comencé con el blog. No sabía exactamente que hacer.
Escribía de libros. De mi última debacle sentimental. De nada en concreto. Al
final decidí borrar todas aquellas entradas. Pequeñas muescas que sólo se notan
al acariciar el pasamanos de la entrada. Me percaté demasiado pronto de que prefería
no hablar de mi vida real, o mejor dicho, hacerlo mezclado con literatura para
que nadie se diera cuenta. Es divertido, aunque a veces, sinceramente, dan
ganas de contar las cosas sin más, de vomitar penas y alegrías sin cortapisas.
¿Cómo resumir este último
año? Ocho mil canciones escuchadas. Seiscientas películas. Más de cien libros
leídos. Excesiva precariedad laboral. Dioptrías perdidas de noche delante del
monitor. Muchas palabras ajenas escritas a ras de hueso de mujeres que ha
merecido la pena conocer. Que luego han inspirado mi literatura erótica. Otras
que son partículas muertas de olvido. Pero de las que también he aprendido mucho. Blogueros con ínfulas que no saben escribir pero se masturban con estadísticas. Otros que ni siquiera tienen la opción de comentarios
pero destilan genialidad...
¿Cuánto tiempo estaré por aquí? Quien sabe. Ahora abrazo una
felicidad sentimental que no esperaba. Tampoco esperaba seguir escribiendo más
de dos meses seguidos. Supongo que, como en todo, tienes que vivir al día.
Disfrutar de lo que va surgiendo.
En cualquier caso…
Gracias a todos por Ser
Gracias a todos por Estar
Un brindis por vosotros
Y también por mí
Joder
Al final me lo he ganado
¿No?
¿No?


