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viernes, 9 de septiembre de 2011

No querían estropear su amistad con el sexo. Más tarde, para celebrar que estaban de acuerdo, se pusieron a follar.

Y pensaba, mientras iba en el metro de vuelta a casa, en el insomnio, que no encontraba la música adecuada en el Ipod, en musarañas, desencuentros, viajes a Dublín, pensaba que las palabras no tienen mucho sentido cuando no hay una acción real detrás.

Pensaba que mientras me mantuviera ocupado todo saldría bien, pensaba en Love Of Lesbian que estarán en Madrid el próximo martes, pensaba en mi cumpleaños, pensaba que el cumpleaños de la chica Octubre es mañana pero que es mejor la indiferencia simpática. Pensaba en mi trabajo de mierda, en Juanma que venía a visitarme la próxima semana, pensaba en todas las tías con las había estado


Pensaba en todo eso y en nada a la vez cuando de pronto la vi: tenía tu edad, llevaba un vestido blanco escotado sin adornos, no llevaba pendientes pero si un par de anillos que destacan sus manos esbeltas y juguetonas, porque sí, también tenía tu talento para seducir, todo su cuerpo reaccionaba en ese baile de cortejo perfectamente orquestado que desplegaba ante el alfeñique que tenía a su lado.


Tenía tu mirada brillante y ese gesto casual con el que te tocabas el pelo, sonreías mientras mirabas a un lado y luego, entornando los ojos, acercabas tu rostro un poco más. Tenía tu maquillaje sutil, ese balanceo de piernas y, aunque a primera vista no parecía destacar, brillaba, como solo pueden brillar las personas especiales. Me bajé justo cuando se dejaba besar y manosear por el gañán. Me dió cierta rabia.


Y pensaba, mientras caminaba a casa circundado por victimas de soledades parecidas a la mía, que moriré y no lo sabrás, morirás y no lo notaré, así es como funciona el mundo. Y aunque me gustaría enquistarme en ti como un héroe decimonónico, prefiero dedicarte solo unas líneas, prefiero decirte que echo de menos tu sonrisa y esa impostura con la que engañabas a todos menos a mí, que echo de menos tu voz, aunque no vaya a llamarte nunca a pesar de lo que te dije. Que resulta difícil olvidarte cuando tu nombre, como fetiche de invernadero, se empeña en perseguirme a diario -¿O soy yo quién lo persigue a el?-, ese nombre que mezcla olor a sal y a peonías.

Y de pronto me sangra la nariz, y si pensará como tú diría que es una señal para que pase a otro tema, quite las primeras canas de mi teclado y levante la persiana en busca de algún orgasmo nocturno. Pero cada uno es como es, de todas formas, ¿Qué podía esperar cuando a mí se me escapaba un te quiero y a ti solo una sonrisa?

No hay segundo asalto, pero a pesar de todo, esta noche, seguiré pensándote un poco más.

Segundo asalto by Love of Lesbian on Grooveshark

jueves, 14 de abril de 2011

El futuro no es una mancha en la pared en la que puedas fijar tu atención eternamente.

Estaba realmente deprimida. El velo de egoísmo e indiferencia cayó y se percató de quién era realmente: no una niña mimada que vivía encerrada en casa de sus padres sin tomar responsabilidades, no, era alguien débil, desahuciado, que hacía ímprobos esfuerzos por mantener la compostura en los pocos momentos que compartíamos. Ahora, escuchando sus lágrimas, se dio cuenta de quien tenía el rol de victima y quien de verdugo.

Esa breve llamada se convirtió en otoño, en despedida, un ramillete de hojas muertas que pasaban por sus ojos como recuerdos esculpidos en arena de mar. La dejó ir con aire de disculpa y sonetos con olor a violetas. Era el momento de libar el vino y llevar sin cargas una vida aparente y mediocre. A fin de cuentas, es como siempre había vivido.

No quiero salir, empezará el aborrecimiento en el mismo momento en que sus uñas rasguen la placenta, no hay ninguna salida de emergencia, dejadme aquí, en la oscuridad. No quiero salir.

Es tarde, suena de fondo un saxofón herido. Aceptar encargos es complicado. No tengo demasiado tiempo, estoy cansado, y sin embargo es ahora cuando tengo esa sensación de libertad -soledad ininterrumpida-, es ahora cuando puedo entornar mi pequeña ventana iluminada y dejar al demiurgo crear nuevas realidades.
Empecemos por los lugares comunes, por las obviedades mejor o peor expresadas. El desamor es una llaga en el paladar, la sentimos en todo momento, hace que la comida, un placer, se convierta en una molestia continua. Pero hay algo embaucador, embriagador en ello, como si estuviéramos mas conscientes de las sensaciones y por ello a diferencia de la felicidad que no existe nunca en el presente, nos hiciera más conscientes de nuestra propia vida.
La única forma de restañar la herida es esforzándose por eludirla. Solo existe con la negación, y luego ni siquiera con eso, porque lo que no se verbaliza no existe de ninguna manera.

Te hubiera gustado reírte sin parar como una lunática sin luna en esa orbita cementerio de tu soledad. Pero saliste a bailar sin mover los pies con esa sonrisa triste que siempre encuadra tu rostro y que nadie entiende. Querías reaccionar a tu intuición, no, te decías, no cuidarán de ti, solo se aprovecharán del fugaz placer que encuentran entre tus piernas. Y sin embargo cada noche te volvías a enamorar una y mil veces, ¿Qué te importaba a ti ese dolor imperecedero? Habías elegido tu papel, te sentías viva interpretándolo, solo querías que alguien fuera tu publico a pesar de las decepciones, era la única forma que tenías de amar. Eras la actriz en el espejo, madame Bovary postrada en la cama, Anna Karenina frente a la estación. No son figuras realistas, capaces de ver lo vulgar y humano en sus relaciones, eran mujeres intensas de las que Nietzsche estaría orgulloso, porque sabían cual era el precio de lo sublime: dolor en su misma medida, ¿para qué vivir a medias, sobrevivir entre tibios de vocación? Nunca dejarían de buscar alguien a su altura, aunque en algunos momentos pareciera una gesta quijotesca.

Concerto in G minor for Violin, String Orchestra and Continuo, Op. 8, No. 2, RV 315, "L'estate" (Summer)/III. Presto by Joshua Bell on Grooveshark

miércoles, 16 de febrero de 2011

Sms Sin Enviar: “Desde que hicimos aquello el lunes no dejo de pensar en ti. Y pensar en ti hace que este irremediablemente cachondo. Desgasto tu recuerdo y me masturbo. Pero cuando termino sigo pensando en ti, lo que provoca que… ¿tienes alguna solución?”

Te escribí una carta de emociones, sin significado, como ahorcarme con tus intestinos, como fingir estar vivo y que me importe, como la cicuta de tus lágrimas, como una eyaculación de ego, como el sonido del viento entre tus tacones, como cicatrices llenas de lluvia. Como ese retrato de palabras que solo existe en mí para ti.

Las hojas lloran con su rocío crepuscular, el bucle de la canción llega a la psicosis, jirones de soledad cuelgan de tus labios causándome estas ojeras de odio. Mi mecanismo roto, tu rímel corrido mezclándose con el vómito de mis palabras, un amor de alcantarilla, aspiras mi aire y vagabundeas con tus pies fríos por mi tristeza

Me poseía una soledad demasiado concurrida por tus nostalgias, por la homilía de tus abrazos, el naufragio de tus caricias, la llama de tus labios, por el deseo de entrar en tus ojos y desnudarte lentamente. Pero mis fantasías no consiguieron romper las leyes del olvido y finalmente, cuando cerré los ojos a la noche, solo me quedó una soledad desolada.

Te vislumbré en aquel viaje de vuelta a la capital, un viaje de ocho horas en autobús, de noche. Quería simplemente dormir, congelarme en la parte de atrás de ese miserable autobús, solo y rezagado. Pero te sentaste a mi lado con esa sonrisa que desarmó mi memoria. Sacaste el alcohol camuflado y te pusiste a hablar. Yo solo escuchaba, se me da bien escuchar, esos retazos de vidas ajenas improvisan una danza en el desierto de mi existencia. Me hablabas de libros de ciencia ficción, de Benedetti, de Napoleón, te recordaba a un antiguo amante al que seguías odiando, es decir, amando. Nos emborrachamos. Me hablabas en francés solo para excitarme. No te pregunte tu nombre. Tenías el pelo largo, muy largo, los ojos tristes color avellana, la cara redonda y pecosa. Te casabas y aun no sabías porqué. Di la razón a tus dudas, pero eso no cambiaba nada. De algún modo llegamos a Madrid. Me abrazaste con intuición femenina y me pediste que esperara a que te fueras. No debí hacerte caso. El perfume de tu voz se quedó engarzado a mí durante demasiado tiempo.

X: La bona notícia és que encara et vull
Y: ¿I llavors quina és la dolenta?
X: Ja no és suficient.

Le Moulin by Yann Tiersen on Grooveshark