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miércoles, 30 de noviembre de 2011

Sísifo, Prometeo y Rorschach.

Mañana es una entelequia, una ficción, lo que importa es el deseo, la pulsión presente. Lástima que no sea una noche de sábado donde todo es posible, es un martes de esos que sales a la calle mirando atrás por si alguien deja alguna ventana iluminada como faro para el camino de vuelta.
Voy al cajero para que escupa el dinero de mi última nomina mientras pienso en muertos de hemeroteca donde la belleza se confunde con la verdad.

Me gusta cerrar bares, esas farmacias del alma donde combates toda tu soledad, rodeado de hombres átonos por el reflejo del fondo de su vaso, el tiempo detenido, sin origen, esperando hasta que la madrugada les embosque y haga desaparecer el pequeño misterio de su existencia. Pero hay trincheras llenas de gente como nosotros esperando a llenar el puesto vacío en la barra sin preguntas ni consignas.

Otra noche desesperada, de las que tienes el filo de la navaja apuntando a tus errores como las manecillas del reloj. Es tan absurdo buscar el alumbrado de la vida en los ósculos de las putas o de las doncellas, es más fácil invitar a una ronda a los parroquianos. Necesito gastar mi dinero. Lo que haga falta para olvidar esa nota olvidada en mi camisa, esa caligrafía que pensaba había olvidado, ese cariñoso apelativo que utilizaba conmigo.

Salgo fuera, nadie se da cuenta. Es agradable pasear de noche cuando la resaca aún no existe. Debe de ser más de la una y hace bastante frío. Observo a un par de vagabundos con sus ropas de abrigo agujereadas y sus cartones, alguno no superará esta noche. Me acerco a un viejo que rebusca en la papelera su cena. De pronto un timbre exagerado estropea el ensueño, el viejo me mira atemorizado. Saco el móvil un poco abochornado. Si es Ella tengo que colgar, me lo prometí. No, no es ella, de hecho no sé quién coño es. Lo apago. Cada día que pasa sin llamarme es una pequeña puñalada a mi autoestima.

Recuerdo –error- uno de nuestros últimos polvos, como te rompí las bragas, como había algo de rabia, pocos preliminares, sin romanticismo extemporáneo, penetrándote con fuerza, sexo vertical mientras tu coño se desbordaba. Gritabas, gemías, me utilizabas, me tirabas del pelo y cambiabas de postura. En algún momento nos miramos a los ojos como pidiendo perdón, como si supiéramos que ya no era posible dar más de sí y sin palabras nos mecimos en el sonido de tu piel contra mi piel.
Un mes después te llamé. Suelo ser orgulloso pero te llamé. Sin ningún plan, siguiendo un impulso al que no quiero dar nombre. Y tú, fría, desapasionada, casi anónima. Mierda, fue horrible sentir esa voz.

Fuiste tú quien me preguntaba por Bukowski, yo te relataba como se paseaba por habitaciones de hotel barato alcoholizado y en calzoncillos gritando que era un genio pero que solo lo sabía él, como se dedicaba a follar con putas y a enamorarse de ellas, como conseguía aguantar noches como esta.
Te decía: “dels teus pits neixen poemes”  y tú contestabas “Je vous aimerai jusqu'à ma mort. Je vais essayer de ne pas mourir trop tôt. C'est tout, ce que j'ai à faire.”
Todo era tan mágico cuando me corría en tu boca y te insultaba quedamente.

Salgo y veo en una marquesina a dos jóvenes, quizá demasiado, ilusionados con la mentira. Me alegro, es una fiebre que todos debemos de superar. Se cogen de la mano, se miran sin años de decepciones a sus espaldas, con confianza, hay sueños todavía intactos detrás de esa mirada. Él se acerca un poco más a ella en un gesto de protección cuando paso por delante, roles primigenios. Bonito. Luego todo se echará a perder y ella recuperará el tiempo chupando una polla de media a la semana. En un par de meses hasta el olor habrá desaparecido de su mente, las historias primerizas en la gran ciudad no suelen funcionar. Pero dejemos que disfruten de ese primer momento al mirar debajo de sus ropas, cuando ella sienta ese sabor almizcle y el dolor y el placer se conjuguen a la par. Todo tiene su proceso.

Me alejo. No quiero volver a casa. Solo necesito un poco más de alcohol para superar esta noche. Cojo un taxi, tengo que ir a Madrid, alejarme de este puto pueblo del extrarradio. Voy a Segundo Jazz, hay una jam sessión y el camarero me cae simpático. El típico lugar donde llevas a una mujer: un ambiente encantador, música a la altura. Luego te la follas y ella descubre años después que ni siquiera te gusta el jazz. Para compensar tanto cinismo siempre voy solo.

Atravieso el umbral. Pido mi Absolut Vodka. Intento disfrutar. Pido un segundo. Pasa el tiempo. Antes del tercero la angustia se abre paso. Salgo a la calle, demasiada emoción, demasiada nada en mi interior. Afloran recuerdos asociados a pensamientos de esos que los psiquiatras no aconsejan. “No estuve a la altura” se convierte en un mantra, “cobarde” “fracasado” se añaden en diversas tonalidades de desprecio autocompasivo. Empiezo a boquear, joder… ¿un puto ataque de ansiedad? Empieza a llover, necesito mojarme, necesito revocarme en el barro, me tiro al suelo en medio de la calle.

Alguien se acerca, un impermeable azul, como un trocito de cielo bajo la lluvia me obliga a mirar al frente. ¿Mi salvadora? ¿El destino conspirando? Aturdido, intento incorporarme.
No. Es un transexual, una lumi. Buenas tetas y buena nuez. Me ayuda a levantarme y con una voz sugerente me propone chupármela en un portal por quince euros. Me va a comer los huevos con fruición. Seguro que sabe chuparla mejor que ninguna mujer que haya conocido. Me toca la cara y su aliento me devuelve a la realidad. Le pido disculpas y sigo adelante.
Me he dejado el abrigo en el local. Me da la impresión que todo el mundo se gira a mirarme y decido largarme definitivamente de allí.

El viento se cuela entre los rotos de mi gabán, las mujeres sacan música del asfalto con sus carreras. En Madrid ya es navidad, con todos esos adornos y Papa Noel en los balcones, pero sigue siendo oscura, un enorme almacén abandonado. Sigo mojándome, no sé dónde ir. Tampoco literalmente. Me pongo algo de música, David Lynch…me gusta esta. Son las tres de la madrugada y de pronto una china se convierte en un oasis bajo la lluvia: tres botes de cerveza. Casi la abrazo. Me cruzo con un gato, pequeño, aterido y hambriento. Intento cogerlo, pero no hay cebo. Se mete debajo de un coche… ¿otra víctima más esta noche?

De alguna forma consigo llegar a casa, pongo la estufa y me derrumbo en la cama. Estoy calado y empiezo a tiritar. Aparece de nuevo Él, la imagen de lo que pude haber sido, un Superyó altivo que me mira con desprecio. No dice nada, pero escucho su voz dentro de mi cabeza preguntando “¿por qué?”

Joder, no necesito estas mierdas. Necesito pornografía, la masturbación es una forma eficaz de terminar el día. Empiezo a machacármela, pienso en algunas, en otras y al final en todas. Pero se mezclan las fantasías con los recuerdos. No hay manera. Me deprimo. Cojo el mando y pongo música. Satie, revolquémonos en el declive.
Recuerdo a Manolo, como se ponía en la calle a tocar la guitarra, como llevaba siempre una pequeña libreta donde iba apuntando estrofas, palabras, ¿Dónde se fue toda esa energía, cómo conserva la gente normal esa ambición para levantarse por las mañanas y continuar hacinados en su rutina?

Nos comportamos como si la vida se redujera a esquivar los sueños que antes eran todo, como si ahora fueran charcos profundos que pudieran tragarte por completo. Y cuanto más hábil te vuelves al saltarlos más fácil te resulta olvidarte de ti mismo.
Sísifo, dentro de la mitología griega, hizo enfadar a los dioses. Como castigo, fue condenado a perder la vista y empujar perpetuamente un peñasco gigante montaña arriba hasta la cima, sólo para que volviese a caer rodando hasta el valle, y así indefinidamente.
Es un ejemplo de la completa inutilidad de la vida. Pero Camus no promovía el quietismo o la pasividad ante el absurdo, nos obligaba a aceptarlo como la menos mala de las alternativas –un salto de fe religioso sería la otra- siguiendo adelante en un eterno enfrentamiento. Quizá Sísifo experimenta una breve libertad mientras el peñasco termina de caer y puede disfrutar en la cima unos breves instantes.

Recuerdo cuando tenía la respuesta a todas las grandes preguntas, aquí, a mi lado, en el sonido de tu respiración, dentro de esa mirada que sigue perdurando en las cenizas de todo lo demás.

Good Day Today by David Lynch on Grooveshark

jueves, 16 de junio de 2011

El fracaso en ciertas parcelas de tu vida hace que intentes sublimar esa energía, esa frustración, en otras. Sino quieres conocer el horror y las adicciones lucha, no hay atajos. Si te rindes te unirás a ese grupo de personas enfadadas con el mundo, que intentan sin éxito olvidar el odio que sienten hacia si mismos.

Me despierto sobresaltado por el mismo sueño. Un sueño dentro de un sueño. Estoy en el suelo de una pequeña habitación. Hace mucho calor, miro a mi alrededor: las paredes están cubiertas por gruesas telas de terciopelo rojo, la moqueta es azul y tengo cuatro flexos golpeándome con su luz directamente a la cara.

Me levanto, no hay puertas, solo muros tras las cortinas con algunos cuadros horribles: mujeres empaladas con la punta de madera sobresaliendo de su boca ensangrentada, penes fracturados de color azulado, cadáveres descompuestos en medio de una orgía necrófila. No hay ninguna salida. No hay muebles, no hay nada. Pero eso ya lo sabía, lo mismo que intuyo donde esta la cajita azul y su llave: en el mismo lugar donde los focos dirigen su luz.

La cojo sabiendo lo que viene a continuación: la música de cabaret, los mareos, la ansiedad, ese calor subiendo poco a poco. Sé que esta vez tampoco me atreveré a abrirla, simplemente espero lo que parecen horas hasta que todo empieza a arder, las cortinas, los cuadros chillando y finalmente todo mi cuerpo.

Llevo meses así, levantándome cada vez más cansado, con una sensación metálica en la boca como si hubiera estado vomitando sangre…y la necesidad de “llenar tu copa para poder vaciar la mía rápidamente” ahora es más intensa. Tras casi tres años sin probar el alcohol estos malditos sueños van a…No quiero pensar en ello. Me doy una ducha. Cuando salgo me percato de que hay muy poca luz. Que extraño…no tendría que haber anochecido aun. Miro por la ventana: Niebla, niebla densa y siniestra rodeándolo todo. Hay días en que Dios ha olvidado tirar de la cadena.

Me siento atrapado en un juego. Empuño una linterna imaginaria emulando a Alan Wake. Hay más habitaciones esperando...no recuerdo haber asesinado a mi esposa pero no creo que eso me ayude a huir cuando el charco se sangre se acerque demasiado.

Escucho un ruido detrás de una de las puertas...¡jadeos! Mierda, hace siglos que no tengo sexo con nadie, si hubiese un guión y fuera el protagonista eso ayudaría. Abro la puerta. Calor húmedo, ambiente enrarecido, cacofonía, como poner cientos de películas porno a la vez a diferente volumen, Hay dos hileras de cama, como la distribución de un hospital, todas iluminadas con una extraña luz blanca desfalleciente que procede del suelo y se refleja en los cuerpos, parejas retorciéndose ocultas bajos las sabanas, jadeando, follando, ajenos a todo. Es un purgatorio de susurros, la ebriedad de sexo que respiro me deja extenuado. Hay una cama vacía, me recuesto y nada más cerrar los ojos ya siento el tacto desnudo de un cuerpo a mi lado. El paraíso. Ella se sienta a horcajadas, esta mojada y me llena la boca con sus flujos, es una combinación extraña de todas las mujeres que he amado, parece irreal con esta luz que nos atraviesa. Mi mente capta algo por el rabillo del ojo pero no le doy importancia…como en una escena cenital de “El corazón del ángel”. Me corro con fuerza, ha sido intenso. Pero no hay pausa y ella vuelve a ponerse encima con una exigencia muda.

El entorno de pensamiento vivo me empieza a engullir….mentes cerrándose…, deseando, sodomizando, prostituyéndose, masturbándose con lagrimas, pensando en otras personas mientras penetran con rencor, maltratando, fingiendo orgasmos, cosificando, pollas y agujeros bailando un baile mortal sin palabras, sin sentimientos. Eyaculan sangre y siguen, vaginas secas en carne viva, mordisqueadas, erosionadas…no son gritos de placer lo que escucho, ¡es dolor!…¡les obligan a asesinarse, a golpear su carne con odio una y otra vez en una puta masacre sexual!…solo seguir y seguir…Joder...Las camas se empiezan a iluminar con una intensa luz roja, las sabanas caen al suelo empapadas en sangre y trozos de carne mutilados: el horror...mujeres agujereando testículos para tener collares mientras beben la sangre que gotea, hombres violando cabezas sin tronco, creando nuevos agujeros con sus dientes, y mi querida vestal, por la forma en que me oprime, debe de ser de las que arrancan penes directamente con sus músculos vaginales. Intento cambiar de postura pero me da varios puñetazos intentando dejarme inconsciente. Para su desgracia estoy acostumbrado a esas lindezas y juego al medievo con mis dedos en su culo mientras le arranco un pezón de cuajo. Ella se ríe con sadismo, es una lastima que le tenga tanto cariño a mi pequeño badajo...

Le rompo la nariz de un cabezazo y la empujo con violencia. Sería hora de huir, pero ¡maldita sea! ese culo es impresionante y esta ya dilatado. La empiezo a sodomizar mientras ella aúlla en un lenguaje desconocido. A mi alrededor todo el mundo se vuelve loco, empiezan a reagruparse en un enorme fila que recorre todo el pasillo, hay como veinte personas practicando la sodomía unos con otros, las mujeres con unas pústulas sanguinolentas atadas a sus cinturas con intestinos; en una debacle de generosidad forman un perfecto circulo de rítmico acoplamiento para que nadie se quede sin su pequeña dosis de amor.

Mi amante me mira y no sabría decir si es amor o simplemente lujuria reconcentrada destruyendo sinapsis a su paso. Tengo que salvarla, su nariz me parece más bonita que nunca. Una felación es una buena forma de recuperar algo de confianza entre nosotros, pero ella lo transforma en una asfixia erótica, su técnica de garganta profunda le permite lamer mis gónadas mientras conserva toda mi humanidad dentro de sí. Retraso mi orgasmo mientras la masturbo con el puño. Una cuenta atrás para la petite mort, quizá más intensa y duradera en su caso... 

Un vértice de desmayo aparece en sus ojos y me sorprendo a mi mismo cuando la abandono y empiezo a acariciarla. Hacer el amor...penetraciones lentas y profundas en ese lenguaje del cuerpo que incluye atisbos de dulzura y que nos complementa sin saberlo. Se masajea el clítoris ávidamente y me rodea con sus piernas. Todo culmina en un orgasmo bermellón que nos deja sin aliento.
Le aparece un pequeño tatuaje en el hombro. No sé si es bueno o malo, pero la palabra inmortalidad paladea entre mis labios.

Mientras, el séptimo círculo de del infierno hecho carne empieza a desmoronarse…no sé cual es el premio por sobrevivir pero prefiero huir antes de averiguarlo. Le ofrezco mi mano y ella acepta sin oponer resistencia. Salimos a la niebla y cerramos el tártaro tras nosotros.

La dejo dormida en la cama de mi cuarto, deshilachándose de perfil ante la luz meliflua de un foco. Quizá desaparezca cuando cruce el umbral. Pero esa mirada…Jesucristo…esa mirada es eterna, como el puto cielo nocturno, como tijeras bailando alrededor de mi carne, como sentir su beso de carmín en la nuca. Siempre me dijeron que tenía una... muy dulce.

Debo mirar otra puerta para salvaguardar la lógica del post. Aunque después del sexo todo parece secundario. Como divagar ante un espejo. Y encima esta saliendo más largo de lo habitual. Pocos comentarios seguramente…pero no puedes escapar de ti mismo.

Siguiente puerta. Hay una enorme pantalla de televisión dividida en pequeños cuadrados de plasma, única luz de la habitación. En medio, a una distancia de meros centímetros, se encuentra un individuo maloliente tumbado en un sofá con la mirada crispada, tiene un mando a distancia soldado a la mano. El sonido es ensordecedor, en la enorme pantalla un presentador, que parece borracho y puesto de speed, corre por un enorme plató lleno de ancianas con sondas y niños ojerosos. Todo parece sencillonizado. Aplauden a destiempo y parece que van a desplomarse de un momento a otro.
De pronto un grito oligofrénico ensordecedor, mi atención se ve presa de la pantalla sin que pueda evitarlo…

Presentador: ¡¡¡Bienvenidos a nuestro programa!!!: “Ríete hasta que se te desprenda la cabeza” Seguimos con nuestras estadísticas de mutilaciones, violaciones, niños desaparecidos, asesinatos y crímenes en general. Nos gusta tenerlos asustados porque el miedo junto con su ignorancia es nuestra mejor arma. Y hablando de armas tenemos nuestros cupones “dispara antes de preguntar” un 70% de descuento. En nuestro programa de hoy tenemos los siguientes testimonios:
-Voz en off alegre y dicharachera nos guía por los contenidos de las siguientes dieciséis horas de programa-
1- Marta, una hermosa joven de diecisiete años nos cuenta como fue violada y maltratada durante prácticamente toda su vida por su abuelo mientras el resto de su familia comía hamburguesas. Ahora, un año después, gracias a nuestras drogas patrocinadas puede vivir sin ninguna secuela aparente. Lo que ella no sabe y les adelantamos ahora, es que vamos a confirmarle que su abuelo era su padre, al que ella mato para huir. ¡No se pierdan su reacción!

2- Un intervalo intelectual de la mano de nuestro más afamado escritor con su quinta parte de la saga: “Vampiros Vs Zombies Vs Humanos, Jodete Jean Austen”.
…” En una lucha ficticia entre vampiros y zombies ganarías los zombies. Al final cada humano muerto se convertiría en uno de ellos. Serían una legión, número contra inteligencia, fuerza y rapidez. Pero un número infinito que puede moverse de día también. Los aplastarían. Seguramente llegado el momento invadirían todo el planeta y acabarían con todo los humanos, su alimento. Esa sería la última broma final: Matarían a dos razas a al vez….”

3- Daremos cobertura a nuestro concurso de “Gran Hermano Vip” líder de audiencia en todo el mundo. Ya llevamos cuatro años con nuestros cien concursantes. Gente sin hogar, desahuciados, asesinos... Ustedes pueden hacer con ellos lo que quieran a través de sus votaciones e ideas. Es un programa abierto. Llevan ya diez días sobreviviendo con agua de retrete y no ha sido excesivamente divertido: un par de brotes psicóticos y algo de canibalismo.
Como adelanto, las ideas con más de diez millones de votos por internet para la noche de hoy son: ¿Cuantas patadas puede aguantar una embarazada hasta que….

En ese momento el brote psicótico me da a mí, no sé si producido por el asco o por la necesidad de romper algo. Doy una patada de karate a una de las pantallas haciéndola estallar, alguien me da un bate de béisbol y empiezo a destrozar todas las demás, lluvia de chispas y estática iluminan mi rostro contraído. La adrenalina recorre mis venas, estoy preparado para enfrentarme con el dueño de la habitación, pero cuando le amenazo con arrancarle sus jodidos brazos –con mando incorporado- de raíz me doy cuenta de que esta muerto: en algún momento se ha olvidado de comer y simplemente ha permanecido ahí, sin más, viendo la televisión, cagándose y meándose encima con tal no perderse ni un solo segundo. Maldita sea, estoy respirando mierda descompuesta...

Salgo y vuelvo a mi habitación. Ella sigue ahí, dormida. La cubro con una manta -como si pudiera domesticarla con ese gesto-, y me arrojo sobre una de las butacas. Tengo la boca seca...necesito una puta copa y esto no ha hecho nada más que comenzar...

Skudrinka by Corvus Corax on Grooveshark