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martes, 13 de diciembre de 2011

Me encantaría masturbarte con mis palabras y educar a tu coño en la lectura de mi miembro.

Un golpe, un grito. Un golpe, un grito. Así funciona hoy mi trabajo. Tenía a este mierdecilla, un ejecutivo de los que suele dominar a su entorno femenino con su desmedida testosterona, atado a una argolla del techo, desnudo, con el culo rojo y dolorido por los golpes de mi fusta.
Le abofeteo el rostro y coloco la fusta entre sus dientes “Si lo dejas caer por hacer algún ruido, te aseguro que te arrepentirás”
Pobre, que lamentable aspecto con esas pinzas en los pezones. Taconeo a su alrededor. Es necesario cierto control de los tiempos. Me siento irritada.

Le descuelgo y le coloco una correa en el cuello. Le saco de la habitación como un perro y le llevo al dormitorio. Está inmerso en el juego y sin indicárselo empieza a lamerme las botas. Bien. Le ato a la cama y empiezo a derramar un poco de cera caliente por sus muslos, entre los huevos, por el pecho. Le pongo una mordaza de bola y tiro con rabia cuando está seca.

Grito ahogado, se empieza a poner rojo. Bien. Otro tira de cera. Otro grito. Estoy doblegándole, me paga para ello, para acabar con su importancia.
Está totalmente empalmado, hay algunos que se corren sin ni siquiera llegar a estimularles. Le amaso los testículos enrojecidos con mis guantes de cuero, le golpeo esa polla a punto de explotar. Tengo otros planes para este pequeño bastardo. Tengo ganas de herir. Le insulto, le golpeo, añado un par de pinzas más. Me mira asustado cuando saco el arnés. “Te voy a follar mi pequeña putita”. Le quito la mordaza y le hago que me chupe los dedos. Luego se los meto con brutalidad en el culo. Aguanta el grito mordiéndose los labios. “Bien, mi perrito, bien, vas aprendiendo” Me lo empiezo a follar lentamente, se nota que le gusta, vuelve a tener la polla endurecida. También me estoy poniendo cachonda yo, demasiado. Paro, me pongo encima de él y le aplasto la cara con mi coño “Lame perrito, lame” El cabrón no lo hace mal, le hago una paja para que se motive más, apretando la base para que no se corra demasiado pronto. Juego un poco con su cara hasta que le empiezo a asfixiar. Un minuto…dos minutos…tres…empieza a convulsionar. Algo chisporrotea en mi mente. Levanto mi coño. Por un momento me asusto. No, empieza a toser, vuelve el color a su cara.

El idiota bastardo me da propina. Emociones fuertes. No sabe lo cerca que ha estado.
Hoy cumplo treinta y cuatro años.

**
Se hace de noche. Saco de nuevo la cinta que mi terapeuta grabó en la sesión de hipnosis. Como me reí cuando me lo propuso, yo, que por puro cinismo acudía a su consulta como una forma de escandalizar a un extraño con mis vivencias. Enciendo un cigarro. Cojo el mando a distancia y enciendo la cadena de música. Mi voz, extraña, en tercera persona, vuelve a inundar la estancia…

Un cuarto con poca luz, las paredes forradas de terciopelo rojizo, espejos en el techo. Un lavabo con luz blanca de hospital abandonado, y una cama enorme en el medio.
Estaba tumbada en ella, semidesnuda, retozándose con aquel chico al que llamaba “novio”.

Estaba excitada, nerviosa y llena de curiosidad El chico le quito la ropa suavemente, y cuando estuvo desnuda, él se irguió de rodillas en la cama, se bajó los calzoncillos y permitió que su pene erecto la apuntara amenazante, su actitud era chulesca, como si quisiera que ella admirara su falo... se enfundó el condón mientras la miraba lascivamente.

Fue en ese momento, cuando ella le pudo ver la cara, que toda su excitación se esfumó, toda la curiosidad y las ganas dieron paso al miedo. Él se colocó sobre ella, apretándola con su pecho contra la cama, jadeándole en la cara, soltándole obscenidades... ¿quieres que te la meta putita, tienes ganas de sentirla zorra?, deja que te la clave, abre las piernas...

Ella balbuceó, quería decirle que fuera más despacio, que no fuera tan bruto, pero él no le hizo caso, le abrió las piernas e intentó encajarse entre ellas. Gritó de dolor, él siguió empujando, intentando penetrarla... tienes que relajarte, le decía mientras seguía empujando... te voy a follar, ¿no es lo que querías? te va a gustar, relájate...

Ella trató de relajarse, pero alzo la mirada, se vio reflejada en el espejo en el techo, abierta de piernas, con un hombre sobre ella... se sintió sucia, le dijo que parara, que no quería seguir... él dejó de empujar... la miró, la besó dulcemente y le dijo al oído... relaja tu coñito, quiero follármelo, ¿notas lo dura que tengo la polla? Pues la única manera de que se ponga blanda otra vez es metiéndotela, así que, cariño, relájate...

Ella le dijo que no, trató de salir de debajo de él pero se lo impidió, la cogió del cuello y le inmovilizó una mano... y empujó su pene entre sus piernas con fuerza, apretó hasta que su vagina cedió a la presión entre gritos de dolor y sollozos...

En cuanto estuvo dentro de ella, se quedó inmóvil, saboreando el placer de esa primera penetración, “que apretadita...” haciendo caso omiso a sus suplicas, empezó a penetrarla con más rudeza, sin contemplación, su cara de placer se mezclaba con su expresión de deleite viéndola llorar mientras la desgarraba, mientras la sujetaba los brazos con brutalidad.

Ella dejó de gritar... dejó de hacer fuerza en cuanto ese dolor agudo y desgarrador se extendió desde su vagina hasta su pecho... le dejó hacer, dejó que las embestidas la empujaran violentamente contra el cabezal de la cama, dejó que le lamiera la cara como un animal que lame el pelaje de su presa antes de empezar a devorarla, dejó que le mordiera los pezones, la azotara, y la sodomizara...

Cuando hubo acabado, él se dejó caer a un lado de la cama... ella trató de levantarse pero el dolor en el bajo vientre fue tan intenso que la hizo caerse de lado... el rió y le acarició la cabeza...
“Ha estado muy bien, lo has hecho fenomenal... para ser tu primera vez, te has dejado follar como a una puta...”

Se vistieron, él la llevó a su casa, arrancó el coche antes de que ella hubiera cerrado la puerta. Cuando entró en el piso en el que vivía con sus padres, la vergüenza, el dolor y el miedo la hicieron correr hacia su cuarto, deseando no volver a salir de allí nunca más... nadie debía saber lo que había ocurrido... nadie…

***
Quizá ocurrió, quizá no. Sé que el cerebro tiene mecanismos de defensa que nos hacen borrar episodios traumáticos, gente que de pronto cambia su comportamiento drásticamente, se vuelven frígidas o promiscuas sin que nadie sepa exactamente el motivo. Pero eso es buscar respuestas simples. Yo soy alguien complejo. Puede ser un recuerdo prestado, algo que oí y que interiorice cuando era niña. En cualquier caso mi confianza viene por Ella. Ella fue la única persona de mi adolescencia cuyo recuerdo todavía hierve mi piel.

Nunca había sido penetrada por nadie, era un punto de suspensión en la nada. Ella fue la primera que me abrió con esas embestidas rítmicas, rígidas, con los dedos algo curvados y haciendo fuerza hacía el pubis mientras su lengua me trabajaba el clítoris. Nunca he tenido orgasmos más brutales. El sexo no tenía punto medio, era brutalmente tierno o brutalmente duro. Pero siempre con esa conexión extremadamente intensa entre las dos. Es algo que no he vuelto a sentir, quizá nunca lo haga.

Recuerdo aquella vez que la esposé a la cama y estuve jugando lentamente con ella, recorriendo su cuerpo sin tocarla, sólo oliendo el aroma de cada uno de sus rincones, disfrutando de su cuello, sus brazos, sus axilas, sus pechos, el pliegue bajo sus pechos... sus costados, su vientre, sus ingles, su coño, sus piernas... repentinamente un sutil roce con mis labios, y poco a poco, muy de vez en cuando, fui dejando suaves besos allá por donde pasaba, siempre con los ojos cerrados, recorriéndola entera cada vez con besos un poco más intensos, pero sin prisa, acariciándola, primero con la yema de mis dedos, un ligero cosquilleo que dibujaba figuras sobre su piel, luego más intensamente, masajeando su carne a veces hasta ese punto que en frío duele pero que en caliente resucita, mientras la iba besando allá por donde pasara.

Me drogué con su cuello, besándolo abiertamente y luego mordiéndolo, apretándola entera contra mí, me deleité con sus pechos dirigiéndome poco a poco hacia sus pezones donde naufragaba, duros, erguidos, como un par de caramelos calientes, los besé, los chupé, mientras le arañaba la espalda y el abdomen. En este punto si dejaba de tocarla gemía y se retorcía. Hasta que no me suplicó a gritos no bajé en besos hasta su coño. Y cuando fui a darle el primer beso, se corrió. Fue increíble. Yo estaba encendidísima de verla tan fuera de sí, así que esperé con besos en sus muslos a que se desensibilizase un poco y luego me cobré lo mío comiéndole el coño que se desbordaba por mí, sin buscar su clítoris para no molestarla, sólo lamiendo entre los recovecos de sus labios, besándolos, absorbiéndolos, rozándolos levemente con mi boca, paseando la punta de mi lengua, calentándolo con ésta extendida del todo pero con la punta siempre endurecida. Dejándolo limpio.

Podría contar también que conmigo descubrió el placer de que te besen los pies, como mis dedos se salpicaron con su eyaculación por primera vez, como con ella tuve el mejor orgasmo de mi vida el día que más duro me follo, dejándome temblando, con la cara contraída y hormigueándome durante un largo rato. Siempre con su música de fondo, desde el Metallica más rabioso a Portishead o Massive Attack.

Fue una época dulce, tormentosa, pero real, no ajada por recuerdos reprimidos. El sexo es perfecto cuando te sientes realmente libre, cuando se deja de pensar, incluso de sentir y se empieza a ser, a ser junto a otra persona.

Quemo la cinta.

***
Les conocí en un local de intercambio. Merche me sedujo en primera instancia y por eso cedi a compartirme con su marido. Tenía veintidós años y solo quería olvidarme de Ella. Fuimos a su piso y directamente empecé a chuparle, a lamerle la polla, me sentía muy puta, muy traviesa. Merche se acercó por detrás se arrodillo, me levanto la falda y metió la lengua en mi coño agarrándome por los muslos mientras me violaba con sus dedos. Sentía una sensación de vértigo, de desasimiento, como si fuéramos actores de una película…de una mala película.

Al cabo de un rato Carlos decidió empezar en serio. Esnifó un par de rayas directamente de mis pechos y empezó a follarme la boca de forma violenta. Una de mis fantasías era que me violasen, el forcejeo, esa sutil amenaza que alienta el sometimiento total. Me deje hacer ahogándome con su verga mientras ella me ataba las manos con una cuerda. Merche se reía pidiendo su turno, me sujeto la cabeza con las dos manos, moviéndomela arriba y abajo, para que la comiera el coño como ella exigía. Carlos me cogió de la cadera y me empezó a follar como una perra, mi culo arriba y en pompa, las rodillas bien separadas, sometida como una puta esclava sexual.

Empezó a follarme el culo, me la metía hasta los huevos, notaba toda su polla dentro y como me daba azotes, duros y fuertes, o me metía media mano en el coño. Volví a correrme de nuevo. Merche también se corría en mi boca, incansable, haciéndome chupar tanto culo como coño, a juguetear con su clítoris mientras me tiraba del pelo y me insultaba dulcemente. Y seguía chupando como una perra hambrienta, y me seguían follando como una perra sin dueño. Carlos saco un doble dildo para que nos pudiéramos empalar mutuamente mientras frotábamos nuestros clítoris y le chupábamos la polla a dúo. Creo que me grabó limpiando con la lengua todo el semen que cayó en el suelo en vez de en mi cara. Estaba tan mojada que los flujos se me deslizaban hasta las rodillas.

Unas horas más tarde me despidieron con un buen montón de dinero. Me habían confundido con una puta, y en el fondo, no estaban tan equivocados.

***
Tantas ideas y tan poco espacio. Esta noche me siento frágil, sola, quizás algo desalentada. Pienso en la inocencia de mi juventud, como todo ha perdido intensidad en su repetición. A veces creo que ser puta de lujo es una forma de sublimar mis ansias de amor. ¿No soy capaz de entregarme? A veces, en sueños, pienso en ti, en tu boca, en tus labios, en nuestras lenguas perdidas en laberintos de saliva. Los mejores besos son aquellos en los que el tiempo parece detenerse, donde lo demás desaparece. Besos violentos y desgarradores, al mismo tiempo que dulces y tiernos, seda sobre piel provocando escalofríos.

Todo es contradictorio, porque cuando algo es importante, por naturaleza, es contradictorio, así rige el caos. Así es el universo. Pero aunque ardo por gemir a tu lado y tatuar mis pechos contar tu piel, tú me susurras una negativa, porque solo eres una mitad rota que aún piensa en el pasado, en otra que no soy yo.

Prefiero los sueños de ninfómana, sueños llenos de pollas, enormes, tiesas, duras, rojas, mostrándose como un ejército invasor, en una guerra donde destrozan mis bragas, mis medias, toda la ropa en un largo fusilamiento hasta que se cobran su botín. En hombres maduros, atractivos bajo la tenue luz de un local de cócteles que me observan fijamente hasta que una punzada despierta mi sexo. Soñar con llevarlos a casa parando el ascensor para comprobar la mercancía, en correrme entre el octavo y el noveno piso. En beber lambrusco y echarlo sobre mi cuerpo abierto encima de la mesa, cayendo en cascada junto a mis flujos sobre sus bocas ansiosas, adictas.

Pero a pesar de todo cedo, y me pierdo entre mis dedos buscando ese orgasmo sincero que siempre me hace llorar.

Fuego artificial by Gatonieve on Grooveshark

miércoles, 6 de abril de 2011

Dedicado a las ex de Rorschach. Posdata: Acoger la asexualidad en primavera es una ablación de la naturaleza femenina. Por favor, adorad vuestra libido, no la antepongáis al desamor...

La mujer del amor eterno, musa en este momento, de nombre Laura está cansada de la vida, o más bien de las pequeñas estupideces que le hacen perder trascendencia. Esas consignas ajenas tan anacrónicas no van con ella. Está tumbada en su cama individual y necesita, para ser claros, echar un polvo. Nadie se cree ese rollo de la asexual y carencia de libido como secuela del desamor dure demasiado. A lo sumo un cierto temor a no sentirse deseada por nadie digno después del último descalabro. Por eso, aún sin convicción, se ve a si misma maquillándose, escogiendo su mejor vestido negro y saliendo de casa. Local prominente. Y ahí entablando una conversación con el primer hombre que la corteja sin ambages.

Ese es el plan. Pero siempre hay algún problema. Cuando empezó a vivir sola, a plantearse la vida de soltera, sabía que no iba a encontrar al hombre de su vida de esa manera. A lo mejor sí, pero veía más factible encontrarle en el trabajo, en una reunión de amigos por alguna efeméride, en las clases de baila a las que quería asistir. No sé, prejuicios tontos quizás auspiciados por la idea del destino y de no forzar artificios de red social de contactos Pero lo que descubrió fue todavía más decepcionante, y es que muchas veces no podía disfrutar ni siquiera de un buen polvo. Se los llevaba a su casa, chicos guapos, atentos, evolucionados podríamos decir –guardábamos en el cajón de los escrúpulos que todavía viviesen con su madre, o que no tuvieran nada interesante que decir cuando abrían la boca- y de pronto en la cama, lejos de reaccionar, se demostraban en la mayor parte egoístas, intratables, aburridos, penes que no emocionaban y/o no daban la talla. Y cuando al fin, en alguna noche extraña de luna llena encontrabas alguno que follaba bien desaparecía al día siguiente con un “te llamare” y una cita solo para los martes.

Laura piensa en estas cosas cuando ve por el rabillo del ojo unas fotos antiguas enmarcadas en un lado del espejo del baño y se acuerda de uno de sus ex. Un tipo interesante, intelectual, quizás el problema vino después en la cama, cuando ya llevaba un par de años, ¿qué paso? No lo sé. Pero todo se convirtió en un desastre. Quizás las discusiones. Se perdió la magia, la afinidad. Me condenó a tener siempre orgasmos clitorianos, como si sólo bastara con meterla y funcionar como en una fábrica. Sin sorpresas. Sin arritmias en el cuello. Sin improvisar, ni someterse. Era su princesa, pero en la cama, quería ser su puta. Todavía le quiero, no estoy segura de quien se equivocó. Pero eso ya es pasado.

Aun así hubo algunos polvos antológicos, cuando Marc se le cruzaban los cables podía ser una maquina sexual. Recuerda aquella noche en que venían borrachos los dos, riéndose por las esquinas, como se metían mano en cualquier parte, como ella disfrutaba susurrándole obscenidades al oído y él se frotaba contra ella abrazándola con todo su cuerpo, pudoroso pero a la vez totalmente exaltado, incapaz de aguantar el calentón.

Claudia no puede evitar pasar sus dedos por los rizos del pubis mientras recuerda toda la escena. Al llegar a casa la lanzó contra el sillón, la subió la falda y empezó a besarla los muslos, a bucear entre sus piernas. Recuerda –ahora con los dedos mas juguetones- como le daba pequeños besos aquí y allá mientras sus dedos largos y calientes se apropiaban de sus bragas y luego –al igual que hace ella ahora- naufragaban en sus interior con facilidad. Laura cierra los ojos, esta allí, en ese pasado-presente levantando sus piernas y empujando la cabeza de Marc entre ellas. Sus dedos me penetran mientras su lengua suavizaba mis contracciones chupando, lamiendo, reteniendo entre sus labios esa pequeña perla de placer. No lo puedo resistir y gimo, emito pequeños grititos de placer, esos que tanto te gustan, ascendiendo por mi garganta con tu nombre en cada uno de ellos. Es un orgasmo largo, dulce, de un placer desinhibido. Marc sabe cuando parar, se aleja surcando con su lengua mis muslos, mi ombligo, mis pechos, deteniendo con cuidado en mis pezones erectos, vanidosos, en cada uno de ellos. Nuestro pequeño secreto.

Escucho a medias como caen sus pantalones. Quiero comérsela como a él le gusta, quiero sentirla dentro de mi boca hasta el fondo, derretirla con mi lengua, saborearla entera con esa cara de viciosa que tanto le gusta, que tanto le excita, lamerle los cojones, presionarlos, sentir en mi boca su placer, su glande palpitante, como esta a punto de explotar y sólo yo puedo decidir cuando. Pero no me da esa oportunidad, me tiene ganas, y me la mete rápidamente, sin más pausas, vuelvo a cerrar los ojos y me dejo llevar. A pesar de todo tiene cuidado, va a jugar un poco conmigo, primero se mueve imperceptiblemente, luego con movimientos largos y pausados, sacándola hasta el limite, rozándome el clítoris ora con el pulgar ora con el glande. Pero el juego le supera, me pone a cuatro patas y empieza a follarme con ganas, con su mano derecha me aprieta los pechos lubricados con mis flujos o me agarra del pelo para que le mire mientras me folla. Acabamos en el suelo totalmente tendida con él encima y ahí, con el rostro cobijado escondo mi orgasmo, no quiero que pare, quiero que me folle toda la noche. Le siento mientras me muerde el lóbulo de la oreja y me susurra obscenidades, creo que no he estado tan mojada en mi vida. Escucho como me llama, zorra, puta, y me encanta, me encanta y se lo repito, le repito que Sí, que soy su puta, que me gusta, que puede hacer con mi cuerpo lo que quiera, que soy suya, que soy totalmente suya.

En ese momento me coge en vilo y me empotra contra la pared. Repito su nombre sin cesar, no puedo creer que me esté follando con tanta pasión después del tiempo que llevamos juntos. Me siento totalmente sometida con mi espalda contra la pared, con las piernas enroscadas en su cintura. Mordiéndole, arañándole la espalda, amándole. Un vahído y estoy en la cama, con él encima, exhausto, pero con una mirada febril, moviéndose lentamente. Cambiamos la postura. Me pongo encima, me siento ligera, alegre, poderosa, maravillada por el momento. No sé cuanto tiempo ha pasado y no me importa. 
Siento que algo escapa a mi control, sube por mi garganta, siento la necesidad de pararlo, de ahogarlo en mi interior, pero no soy capaz, el aire vibra con destellos de riesgo: “Te amo” me escucho decir. Él –siempre recordaré esto- me da un beso, de una dulzura, de una entrega que no he vuelto a encontrar en nadie. Y justo después, abrazándome con fuerza, siento como tiene su orgasmo, siento su respiración entrecortada, como me aprieta y se deja ir totalmente Nos quedamos un tiempo así, juntos, todavía le siento dentro de mí. Luego con un suspiro nos separamos y nos quedamos dormidos…

Laura abre los ojos, tiene los dedos arrugados por los flujos, no sabe cuanto tiempo lleva tocándose. Se ha hecho tarde, hay poca luz en la habitación. Se le han quitado las ganas de salir. Por el contrario piensa en llamar a Marc, total, ¿quién dice que los ex no pueden ser amigos…?

Clocks by Coldplay on Grooveshark

viernes, 18 de febrero de 2011

Su boca emocionada se deslizo rápidamente por mi cara mientras se despedía para siempre, si el amor era la respuesta, ¿me podría alguien plantear de nuevo la puta pregunta?

08:00 Despertador. Asco, sueños, entrecortados, realidad, frustración. 09:00 Trabajo, 10:11 Odio, sinsentido, aburrimiento. 11:11 Sms, blogs, fantasía, añoranza, edad. 12:54 planes, clientes, trabajo. 14:00 descanso, comida, metro, soledad, disgusto. 15:44 Mierda, prisa, tarde, trabajo, mierda. 16:00 trabajo, trabajo, trabajo. 18:21 minutos, segundos, reloj, minutos, segundos, reloj 19:00 libertad, cansancio, suspiro, despedidas, hipocresía, desagrado. 19:12 autobús, ausencia, lluvia, malestar, lagrimas 19:22 autobús, calor, cansancio 19:55 casa, cuarto, desorden, nevera, vacía, suspiro 21:00 compra, cena, platos, limpieza, compañeros, risas, ducha, 22:00 aburrimiento, anuncios, canales, publicidad, Internet, vacío, necesidad, cambio 22:30 maquillaje, bolso, ilusión, llamadas, buzón, tonos, nadie, llamada, compromiso. 23:00 bar, mojito, soltera, mojito, reflexión, mojito, penas, mojito 24:00 discoteca, luces, calor, alcohol, mano, sonrisas, falso, soledad, necesidad, bailar, tiempo, entrada, flechazo, hombre, alto, guapo, moreno, guapo, sonrisa, pose, necesidad, cerca, mas, juntos, pegados, piel, beso, guapo, saliva, sexo, calor, caricia, pelo, erección, follar, romanticismo, necesidad, baile, cortejo, dudas, preservativos, charla, salir, aire, necesidad, moto, casco, viento, excitación, dudas, ciudad, luces, emoción, nervios, portal, escaleras, besos, lengua, cuello, magreo, calor, puerta, ropa, suelo, besos, pene, pezones, coño, erección, saliva, chupar, apretar, mamar, deslizar, lengua, dedos, lubricada, mojada, excitada, alterada, necesidad, caer, penetrar, gritar, vagina, coño, puta, cerdo, gemidos, ano, culo, clítoris, excitación, deseo, mareo, posesión, animal, locura, corazón, sangre, meter, sacar, flujos, orgasmo, besar, arañar, morder, cuerdas, dolor, sumisión, animal, gemir, follar, contracción, sudor, semen, alegría, mirada, amor, sueño, ilusión, guapo, endorfinas, exaltación, despedida, desilusión, ira, lagrimas, soledad, necesidad, frío, desaliento, tristeza.
08:00 Despertador. 08:01 Quedan 36 años, cuatro días y tres minutos para el fin.

Pictures of You by The Cure on Grooveshark

martes, 1 de febrero de 2011

Skype, Bondage y Sexo. Textos para todo tipo de públicos.

Son las tres de la madrugada cuando llama Claudia. Sigo despierto, no por un ímpetu Übermensch de aprovechar el tiempo, más bien un conato griposo que no me permite dormir.

Claudia: No me había follado tanto en la vida. Dentro de poco no necesitare una polla, solo una imagen, una frase, una cara. Mis dedos están perfeccionando un arte que creía olvidado.
Rorschach: Me encantan tus frases preparadas, pero hace unas horas he hablado de bondage y fustas y creo que me estoy insensibilizando.
Claudia: A mi me encanta tu refinamiento. Quiero que descubramos juntos hasta donde alcanza mi deseo, he descubierto una parte oscura que solo puedo sacar contigo, necesito follar, me encanta esa palabra, quiero que te aproveches de mí, que me domines, quiero que saques la perra que hay en mi, la puta, la furcia, la golfa, la que quiere comerte la polla de rodillas, lamerte los huevos, apretarte dentro de ella, la que te enseña el culo y te pide que la des fuerte, la que necesita tu semen deslizándose por la cara, la que quiere llorar de placer, la que quiere perder el miedo de si misma, ¿quieres atarme?, bien, hagámoslo. Haz con mi cuerpo todas las perversiones que desees.
Rorschach: Me gusta vivir el presente, no dejar las cosas para luego, y ya sabemos mi querida Claudia, que te gusta ponerme cachondo por teléfono pero que ya no vives aquí, que te fuiste, que te largaste de esta apestosa ciudad y me dejaste solo con mi enfermedad, con mi delirio. Cobarde, ¿ahora qué esperas, que juguemos por teléfono al “te quiero” y al “te necesito”?
Claudia: Pon el skype bastardo, me voy a abrir para ti, voy a jadear para ti, voy a ser tu puto juguete sexual.
Rorschach: Sucia meretriz. Pongamos el skype…

Aparece Claudia semidesnuda en el monitor de veintidós pulgadas, se está masturbando sin pudor.
Rorschach:  Ahora veo la intencionalidad de todo, la tecnología al servicio del sexo, no queremos información, no queremos cultura, sólo una pantalla que nos llene de endorfinas
Claudia: Déjate de paranoias, sólo sabes hablar, sácate la polla, masajéate, bájate los pantalones, hazme saber que te gusto, no quiero verte la cara solo quiero verte la polla.
Rorschach enfoca su sexo mientras su mano se desliza arriba y abajo. Claudia se tumba en la cama de perfil a la cámara, se notan sus movimientos sincronizados mientras con la otra mano se pellizca los pezones, se masajea los pechos.

Claudia: ¿Quieres que diga tu nombre, quieres que lo gima, qué quieres de mí?
Rorschach: Me alegra llevar la iniciativa, aunque sea un trozo de carne para ti. Di mi nombre, gime, dime que me quieres, que he significado algo para ti, que sólo necesitas verme la polla porque si me vieras el rostro tendrías que volver.
Claudia entorna los ojos, se humedece los dedos, frota su clítoris en círculos mientras gimotea con cierta violencia. “Rorschach, Rorschach, me corro…me corro” Arquea su cuerpo y los movimientos se hacen mas cadenciosos hasta que al final exhala un largo suspiro.

Rorschach: Maldita sea, aún no he terminado. Sigue. Sigue…
Claudia se pone a cuatro patas, abre su coño, se acerca un poco mas, se mete varios dedos, se lubrica con saliva y se introduce el pulgar en el culo.

Claudia: Me encantaría estar ahí, sabes que soy la mejor haciendo mamadas, me encanta poner esa cara de guarra contigo, ¿sabes? Hace años tenia fantasías con que me violasen. Ayer creí verte en una discoteca, estaba borracha, terminé chupándosela en el baño.
Rorschach: Cállate, demasiado romanticismo. Esto es una afinidad animal. Carne buscando carne, un desahogo, ni quererte, ni siquiera poseerte, sólo quiero excitarte, solo quiero descubrir hasta donde podemos llegar sin tocarnos, sin existir realmente el uno para el otro.
Claudia: Mierda, me corro, Rorschach, Rorschach, te siento tan dentro, es tan intenso, me siento como una puta colegiala. Mierda. Me encanta… –gemidos entrecortados.
Rorschach: Bienvenida al sexo de Huxley, a la fuga de ideales, al semen caliente y espeso sobre tu rostro granulado. Al andamiaje de mentiras en el que te dejo huir porque no te quiero atrapar. Bienvenida a la nada.
Claudia se recupera y vuelve a mirar a la pantalla.
Claudia: ¿Te ha gustado? Espero que si. Me voy, ya te llamare.

Fin de la videollamada. De nuevo la oscuridad. Rorschach asiente en silencio. Son las cuatro y cuarto de la mañana. Me siento enfermo, con la cabeza embotada. Congestionado. Llevo temblando un buen rato pero no me había dado cuenta. Me meto en la cama. Intento dormir. No lo consigo.

Join Me in Death by HIM on Grooveshark

lunes, 24 de enero de 2011

No cambies de tema, puto cabrón. Es que esto es repugnante. No me respetas. No me quieres. No me comes el coño con la frecuencia debida.”

Claudia era la respuesta. Vestía totalmente de blanco, con esa melena azabache cayendo sobre sus hombros desnudos.
Esa mirada color miel que fijaba sus condiciones, esos labios entreabiertos, ese aire frágil pero también ajeno.
No me dijo nada, simplemente dejo la botella de vodka, ya empezada, sobre la mesa y se sentó en la cama. La habitación, único reducto de vida de la casa, era un desastre. Había que serpentear entre libros, ropa sucia y bolsas de plástico de contenido inconcluso.
Rorschach la miraba ciertamente preocupado mientras se encendía un cigarrillo. Pensaba que el sexo sobredimensionaba la relación, había demasiadas contradicciones entre ellos, no había futuro, ni siquiera un pasado que pudieran recordar. Solo existía este momento, que paseaba extraño entre ellos.

No hay demasiada metafísica en el polvo de dos personas tan dañadas, quizá un sentimiento indecoroso de libertad.
Para ella polla y coño eran poemas de la vida sin derecho de autor, que todos teníamos la obligación de disfrutar sin censura.
Recuerdo como busque con mis dedos tu placer, recuerdo abandonarme entre tus brazos aspirando tu olor, alimentándome con tu aliento. Recuerdo los sexos húmedos, ansiosos, perfectamente coordinados, mis labios abrasados por los tuyos. La alegría de ver transformado el ritmo monótono de la existencia en un éxtasis de pura sodomización. Recuerdo tu entrega, tú mirada fija, tu ansiedad, tu desasimiento, tus pequeñas nostalgias, tus pequeñas rendiciones, tu beso sincero cuando terminamos, tu mano recorriendo mi cara, tu mirada, ya mas calmada asumiendo poco a poco la realidad de nuestro encuentro. Por un instante me dio la impresión de que caía tu barrera, que ibas a hablarme, a derramar sobre mí tu necesidad de convertir este instante en algo nuevo, quizá la ocasión de arriesgarse, de hacer una apuesta, de darme una oportunidad.

Pero me equivoque. Te levantaste, te pusiste la ropa, frente al espejo retocaste tu maquillaje, tragaste tu pequeña dosis de litio o antidepresivos…y finalmente, sin ni siquiera comprobar si te observaba, me abandonaste.

Un pitido en mi móvil, un sms: “¿no sabes lo que siento por ti? No puedo contestarte a eso, ahora no puedo”

Even Flow by Pearl Jam on Grooveshark

sábado, 8 de enero de 2011

Rorschach Quiere Vivir

En el fondo es de ilusos dar una explicación a los sentimientos. Una persona, llamémosle X se levanta un día y se siente enamorado. Quizá se empuja a ello, se enamora del concepto del amor, de la sensación, necesita ser salvado. Porque el amor salva. Durante un tiempo da sentido a la vida, te empuja a levantarte por las mañanas con la sensación de saber donde esta tu lugar: junto a ella.
Muchas veces he escuchado la conversación, ¿Qué diferencia hay entre hacer el amor y follar? Como si fuera algo que pudieras captar en un video, como si hacer el amor fuera follar mas despacio o con unos preliminares que demuestren un ápice de generosidad.
X enfoca las diferencias no en el acto en si, sino al final. Cuando el hombre tiene su orgasmo le abruma una sensación de desasimiento. La brusca perdida del deseo hace que pierda el interés por todo lo que le rodea, un cansancio tosco se apodera de él. Tiene ganas de estar solo.
Sin embargo el hombre enamorado no le importa perderse en esa unión que es el sexo para él. Posee y se deja poseer. Por eso cuando culmina se resiste a abandonarse, quiere mantenerse junto a ella, no quiere estar solo.

Cuando X conoció a Z sintió que algo se le agarraba al estomago. X no le gustaba estar solo, aunque fuera un solitario, y eso le provocaba cierta desesperación. Eso unido a una ferviente imaginación hacia que cualquier contacto femenino se convirtiera en una fantasía para él. En su descargo podríamos decir que aunque X no lo reconociera era un romántico empedernido. Por eso soñaba despierto con encontrar a alguien que le salvara, una alma gemela, alguien que le hiciera vibrar y transformara su vida. Porque desgraciadamente X estaba dañado y ya fuera por lucidez o una melancolía congénita se veía incapaz de ilusionarse por nada. Sin objetivos la vida de X era un erial sin convicciones. ¿Que mujer podría acercarse a él en esta coyuntura? Buscar la redención en el amor era una utopía. Y como X lo sabía porque para él la fe era un defecto de carácter, languidecía desperdiciando su tiempo sin cambios pero también sin errores.

Pero como decíamos de pronto apareció Z. Y decimos de pronto, porque un día no existía y al día siguiente existía en cada minuto de la vida de X. Sabia que no había ninguna posibilidad de hacerla feliz a medio plazo, pero no podía dejar de pensar en ella. Era perfecta. Era esa mezcla de fragilidad pero enorme pasión por la vida. Veleidosa, fascinante, enigmática.

(…)

Os encontrabais en su casa, solos. Dos copas de vino, música ligera, ella te contaba algo, no podías concentrarte en sus palabras, veías esos labios sonrosados plasmar algún mohín, alguna sonrisa e intentabas registrar todo en tu mente para luego poder recordarlo. La estabas moldeando en tu interior, era tu musa y tu modelo.
En un momento, ella se quedo seria y dejó la copa en la mesa.- ¿me escuchas?  Me preguntó.
Y de pronto esas palabras salieron de mis labios sin yo siquiera pensarlas conscientemente: No, solo te amo.

(…)

Había tanta ternura en sus besos, no se sentía intimidado, solo quería saborear el momento, disfrutarlo, era la primera vez que la sentía tan cerca. Recorría su cuerpo, despojándolo poco a poco de la ropa, la lencería exquisita le provocaba, todo en ella era licencioso. Estaban en la cama, descubriendo sus cuerpos, y cada nuevo rincón inexplorado era un nuevo placer, la lengua, los labios, los dedos, eran gestos repetidos pero en ella eran sacramentos del placer que explotaban cortándole la respiración. Te quiero, se atrevió a decirla de nuevo. Ella le miro, con esa mirada suya, esa mirada azul glacial pero a la vez prendida en todo y le beso, como si las palabras no fueran suficientes para expresar lo que sentía. Como si llevaran esperándose años, cada uno en su camino mirándose de lejos pero sin poder tocarse. Pasaban del roce mas atrevido a la caricia mas tímida, A veces se sentía cohibido en estos preliminares, y entonces ella le guiaba la mano o le rodeaba con sus labios.

No pudo resistirlo mas, se colocó encima y la penetró, sentía sus contracciones, su humedad, su voz como eco repitiendo su nombre, su mano en su pelo agarrándolo con fuerza, sus piernas, todo su cuerpo rodeando, haciéndolo moverse, cambiando de postura, poseyéndole. Y la veía, la contemplaba, como gemía, desinhibida, libre, entregada…y no podía creer que fuera suya, que le hubiera elegido. Se contagiaba de esa febril entrega y no podía dejar de besarla por todo el cuerpo. Se separaba bruscamente y luego volvía con fuerza a penetrarla, como si sus cuerpos estuvieran esculpiendo el poema de la última noche en la Tierra. Cuando Z volvió a tener otro orgasmo no pudo resistirlo más. Se mantuvo dentro de ella, no quería separarse, acompasaban sus respiraciones y la abrazaba como si quisiera fundir sus cuerpos.


-“Te amo y no puedo huir de ello” me decía ella -“aunque sé que me harás daño, aunque sé que no tiene sentido, te amo”.
El sintió como recuperaba su erección. Z se puso encima. Quería verla disfrutar, quería ver esos pechos subir y bajar al ritmo de su placer, quería sentir las gotas de sudor cayendo de sus cabellos, quería adorarla en el altar de su carne. No supo cuanto duro. Nunca se había creído un buen amante. Pero esa noche descubrió la libertad, las risas, ¡cuanto se rieron aquella noche!...conociendo sus cuerpos…sus cavidades…redescubriendo ese lenguaje de los cuerpos desnudos. Y supo que lo que había sentido esa noche se le clavaría como una maldición, la vida nunca tendría de nuevo esa luminosidad, esa sensación de felicidad y libertad imperecederas.

(…)
.
Luego se marchó, como quien se aleja de un sueño no porque lo prefiera, sino con el fatalismo asumido de quien no puede elegir.

Olor a mandarinas by Zahara on Grooveshark

martes, 4 de enero de 2011

Hay seres sin pene, la amenaza, entonces, es real.

Rorschach se aburre. Rorschach lee: “Bajo la angustia de castración el niño acepta la ley de interdicción y elige salvar su pene a costa de renunciar a la madre como partenaire sexual“

Rorschach no entiende nada, solo sabe que adora a su pene y no conoce a su madre.

Rorschach apaga la música y escucha con atención. Sus nuevos vecinos están follando con insólita energía. En estos edificios las paredes son un escupitajo a la cara de un onanista como él. La mujer, descriptiva como pocas, gime con tal violencia que Rorschach sufre una dolorosa erección. Esos pequeños grititos de placer, esos suspiros roncos, esas instrucciones apremiantes… no hay nada más excitante que esa victoria acústica mientras sientes las involuntarias contracciones del coño devorando tu entrepierna. Y de esta forma la mujer insustancial y carente de atractivo que Rorschach vio subiendo las cajas de la mudanza esta mañana se transforma en una musa fascinante que da placer con generosidad y desapego, como si su misma existencia dependiera de ello.

Rorschach traza el plan. Naturalmente tiene que ser suya. Ha nacido para complacerle. Hay que deshacerse de su compañero. Eso no será difícil. No es la primera vez que lo hace. Luego acudirá como un buen vecino en su auxilio y transformará sus lágrimas en lirios blancos de semen que anidarán con estético deleite en la comisura de una boca, una boca que violará mil veces hasta que sólo se adapte a él y su monstruo purpura.

Las imágenes naufragan en su mente. Tiene que mantener la calma, serenarse. Irá a su domicilio para presentarse y así enfrentarse a su enemigo.

Sube las escaleras nervioso y hace una pausa antes de llamar al timbre. Es un momento crucial en su vida: dejar la masturbación compulsiva y volver al paraíso de la carne ajena, a los coños, esas oquedades llenas de misterio y locura. Rorschach sabe que se enfrenta a un enemigo poderoso, su rival ha provocado unos gritos dignos de elogio. La inseguridad le atenaza: va a ser una batalla dura. Pero Rorschach se crece ante la adversidad. Rorschach aún no lo sabe, pero está enamorado y la magia del amor está de su lado.

La puerta se abre interrumpiendo el hilo de sus pensamientos. Aparecen dos chicas visiblemente turbadas en albornoz riéndose:
-“Ay cariño perdona, eres el vecino de abajo, ¿verdad? Disculpa si hacemos mucho ruido, nos acabamos de casar y con el lio de la mundana todavía estamos celebrándolo…”