lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo habíamos intentado, algunos más que otros, pero ya no quedaba tiempo

Seguía siendo joven
los días
(como olas que nunca te aburren)
conservaban un cierto encanto
de descubrimiento personal.

Estábamos en mi casa
(el humo del hachís inundándolo todo)
Manolo se metió unas rayas de coca
sobre mi libro de Kierkegaard
(nunca lo terminé de leer)
le pusimos “Réquiem por un sueño”
y casi nos morimos de risa.

En otra habitación una pareja discutía
(The End, como un amanecer, sonaba de fondo)
y aunque a nadie le importaba demasiado
todos prestábamos
muchísima atención.

Salimos de allí en busca de más.
y conocimos a una chica
(¿qué será de ella?)
tenía una risa estriada
un complejo entrañable
y un novio alemán al que veía
una vez al mes.

Y yo solo quería correrme
sin complicaciones
ni mensajes de amor.
Pero no, no me atreví.

¿Acaso importaba?

Me sentía atrapado
como una rata de laboratorio.
A veces ni siquiera sabía
si realmente lo estaba pasando bien.
Me conformaba con gritar un poco
contra la balaustrada de la nada
mientras esquivaba al cocodrilo hambriento
y su taciturno tic-tac.

Han pasado diez años
pero sigo esperando el milagro junto a Leonard Cohen
tímido, frágil, quizás estúpido
con muchos recuerdos
pocas hazañas
y algunos números de teléfono
a los que molestar de madrugada.

Quizás no me haya ido tan mal después de todo
aunque a fin de cuentas
soy yo quien elige aquí el final
no la vida.

Algo bueno tenía que tener, por fin, la puta literatura.

Special Needs by Placebo on Grooveshark

viernes, 16 de noviembre de 2012

Incesto en un suspiro entrecortado de despedida.

Miro al cielo en búsqueda de algo
(un espejo se hace añicos)
y el silencio sobrecoge
con su virtud atea.
Eyaculo sobre la piedra
varias veces
y veo crecer una rosa
blanca
y totalmente muerta.

Otra botella, ave de rapiña
brindis a la nada
a su secreto.
Alimento la flor
con la negra savia de mi huida.
La gente muere lentamente allá afuera
como esclavos
sin apenas darse cuenta.

Y el amor
en su trono purpura de sudor
se convierte en violencia y tormento
en venas fatigadas llenas de vómito.

La bebida sodomiza
como charcos de agua sucia
que se estremecen
sin entender por qué siguen ahí.

¿Ganar, perder?
¿Para qué, si el mundo nos va a olvidar de todos modos?
La literatura es una puta que finge orgasmos
Dios apuesta al caballo equivocado
tus cenizas caben en un dedal.

No me atrevo a conocerme a mi mismo
no me atrevo a mirar
a recordarme.
Y antes de que las mentiras
destruyan mi cuerpo
(lágrima de estiércol
reja de jardín)
beso a la serpiente en la boca
y extiendo el antebrazo
para terminar con la farsa.

Pero justo en ese momento
los peces del acuario gritan:
“Jesucristo era Judas, y murió en la horca
ajeno a las voces de su cabeza”

Y el genio
disputa su partida de ajedrez
con la Muerte
mientras la música
pide
una noche más.

Solo una noche más.

Angriff (radio edit) by Front Line Assembly on Grooveshark

jueves, 15 de noviembre de 2012

No he ido a trabajar porque no quería dejar de vivir.

La nieve caía de tu rostro
y te desnudaba como un jardín
sobrecogiéndome
arrugando mi instinto
sin dejarme ver que eras una esfinge sin secreto.

Luego vinieron los diamantes de saliva
los ciervos preñados en nuestras muñecas
la sonrisa prestada y eterna de tu oso de peluche
los ojos de miel azabache para los días de lluvia.

Pero al cabo de unos meses
tú, mi querida veleidad
princesa de cuento
empezaste a convertir el amor en asesinato
a ser una niebla necrófila que encanecía mi mente.

No se cuánto duró.
Demasiado.
O quizás demasiado poco.
Pero un día cualquiera
sin un motivo especial
te maquillaste con el carmín de mi sangre
y, como un sueño prestado, desapareciste para siempre dando un portazo.

Y allí, con el murmullo de las cucarachas
la copa rota
y la belleza perdida
pensé:
“Así suele acabar todo. Siempre”

Y como no quería ser un despojo poético
ni pensar en sirenas varadas en el alfeizar
tras muchos meses
de arduo esfuerzo
conseguí olvidarte.
Una especie de tregua
de sereno vacío
pero, ¡qué demonios!
Podría llegar a acostumbrarme.

Entonces tocaron al timbre.
Vacilé un instante.
Pero al final abrí la puerta.
Era otra.
Alguien distinto.

Y todo volvió a empezar.

Te echaré de menos by Los Piratas on Grooveshark

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Una cuestión de perspectiva.

Le ordeno que se desnude. De rodillas. Sobre la cama. Separa las piernas. Ábrete. Mi mano es una fusta. Golpes moderados. Marca roja sobre sus nalgas. Expuesto. Humillado. Su polla dura, enhiesta. Habla sin permiso. Indisciplinado. Mi pie en su cabeza, hundiéndole contra el colchón. Pide perdón. Empieza a chuparlo.

Le observo excitada. Empiezo a acariciarme el clítoris, miles de terminaciones nerviosas, hinchado, húmedo, mientras me follo su boca con el pie. Es suficiente. Le ordeno ponerse en posición de nuevo. Empiezo a acariciarle. Primero un dedo. Poco a poco. Dentro. Fuera. Gime. Empiezo con el segundo. Un poco más rápido. Bien. Buen perro. Es el momento. Doble dildo, con arnés. Casi iguales. Me lo introduzco lentamente. Ajusto las correas. Lubrico su parte. Me mira asustado. Queja. Azote. Empiezo a presionar. Gime. Dolor. Me aferro a su cintura para hundírselo. Grita. No paro. No puedo. El placer es demasiado intenso. El dildo atraviesa mi coño con cada nueva embestida. Me muevo como si fuera un hombre follándose a una puta, ajeno a todo excepto su placer. Él sigue gimiendo de dolor pero empieza a moverse a mi ritmo.

El consolador está casi entero dentro de él. Acelero. Me corro. No me cuesta nada, me encanta poseerlo así. Le ordeno darse la vuelta. Se tumba boca arriba y se sujeta las piernas en alto. Me coloco encima de él. Sigo metiéndosela, mi cara pegada a la suya, diciéndole obscenidades. Ya no se queja. A la pequeña zorra le empieza a gustar. Aumento el ritmo, se la clavo con fuerza mientras le miro a los ojos. Su polla se balancea de un lado a otro. Sé que quiere tocarse pero no le he dado permiso. Se la cojo, empiezo a masturbarle. No tarda mucho en correrse, con fuerza, manchándose todo el pecho. Me embadurno los dedos y le obligo a chuparlos, a limpiarme.

Y en ese momento, mientras se la saco lentamente del culo, al observar su mueca al tragárselo, vuelvo a correrme.

Little Faith by The National on Grooveshark