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domingo, 3 de marzo de 2013

Interludio Poético.

Poco a poco
con suavidad y romanticismo
tiendes un puente de saliva
desde mi polla hasta tus labios

te sujeto la cabeza
mientras abrazas mi cintura
oh, mi querida y dulce puta
¡magnifico sonido gutural!
tu boca es mi hogar
como el nido del pájaro
que aún no ha aprendido a volar.

Y en el punto justo de asfixia
saco lentamente
mi busto de ego de tu garganta
formando finos hilos de saliva
que enhebran tu mirada desquiciada y anhelante
con mi deseo de empalarte de placer ajeno.

Podría arrojarte a la cama
desgarrarte las bragas
                                   [y algo más]
convertir mis dedos en un torniquete de placer
sentir el contraste de sabores
mientras mi lengua viola tu oquedad…

Sin embargo descargo sobre tu rostro
lágrimas egoístas
color nieve.

Tus felaciones
tienen forma
de haiku.

***
Ni siquiera estaba seguro de estar divirtiéndome
sodomizaba mis fines de semana
a la hipócrita risa
de la quinta copa y la cuarta raya

intentaba ser un flâneur
pero por mucho que observaba
nunca conseguía entender del todo
las cosas que me rodeaban.

Terminé vomitando en el portal de tu casa
lo mejor de mí.

Aún anhelo como un idiota
tus abrazos
esos que me dejaban boqueando como un pez
en el estanque de tus ojos
en aquel tiempo
en que las palabras
aun no nos habían
aniquilado
del todo.

Neverland by Marillion on Grooveshark

viernes, 30 de noviembre de 2012

Eras una puta. Y quizás yo también.

Estoy borracho. El insomnio. La vida. El miedo. Miro por la ventana, un grupo de personas rezan ante su becerro de oro, un cajero, con las manos en alto gritan “Señor, perdónanos, danos tu absolución” Voy al baño a vomitar. La locura campa a sus anchas. Madrid es una porqueriza.

Me preguntas si es domingo. No, no lo es. Es un jueves maligno y vulgar. Suena mi teléfono. Te doy una excusa y me encierro en el baño. El vino funde dos besos, nuestras palabras follan en esa liturgia llamada amor platónico.

Pero todo termina, siempre, de forma desagradable o imperfecta, solo es cuestión de tiempo.

Salgo, vuelvo al dormitorio. Me miras fijamente: ¿tienes algo de ternura que prestarme? Tu voz suena como un condón roto, como un médico demasiado amable al darte los resultados, como un cuerpo desconectándose tras un accidente. Y así, tal cual, como Judy Garland siguiendo el camino de baldosas amarillas, desapareces de mi vida. Un portazo nihilista. Musa demente, funambulista de la soledad, arqueo imposible, zozobra enhiesta.

¿Por qué hace tanto ruido ese reloj parado?

Abro otra botella de vino. La despótica nostalgia me hace recordarte desnuda, atada, abierta sobre la cama, como la más perfecta, inmoral y bella obra de arte que jamás hubiera existido. Tus pechos eran ebriedad y miel, necesitaba romperme contra ti con avidez de masoquista suicida, Ophelia perfecta, escarcha de mis sueños, tu olor era un viento hambriento que me poblaba y hería.

Empieza a llover. Me siento culpable, flor de plástico, un charquito de semen donde se refleja la luna, danza macabra sobre lago helado. Me masturbo violentamente, aprieto demasiado, duele, pero necesito sentir algo, lo que sea, cualquier cosa con tal de sentirme vivo.

Eras una puta. Y quizás yo también.

Hearing Damage by Thom Yorke on Grooveshark

lunes, 19 de noviembre de 2012

Lo habíamos intentado, algunos más que otros, pero ya no quedaba tiempo

Seguía siendo joven
los días
(como olas que nunca te aburren)
conservaban un cierto encanto
de descubrimiento personal.

Estábamos en mi casa
(el humo del hachís inundándolo todo)
Manolo se metió unas rayas de coca
sobre mi libro de Kierkegaard
(nunca lo terminé de leer)
le pusimos “Réquiem por un sueño”
y casi nos morimos de risa.

En otra habitación una pareja discutía
(The End, como un amanecer, sonaba de fondo)
y aunque a nadie le importaba demasiado
todos prestábamos
muchísima atención.

Salimos de allí en busca de más.
y conocimos a una chica
(¿qué será de ella?)
tenía una risa estriada
un complejo entrañable
y un novio alemán al que veía
una vez al mes.

Y yo solo quería correrme
sin complicaciones
ni mensajes de amor.
Pero no, no me atreví.

¿Acaso importaba?

Me sentía atrapado
como una rata de laboratorio.
A veces ni siquiera sabía
si realmente lo estaba pasando bien.
Me conformaba con gritar un poco
contra la balaustrada de la nada
mientras esquivaba al cocodrilo hambriento
y su taciturno tic-tac.

Han pasado diez años
pero sigo esperando el milagro junto a Leonard Cohen
tímido, frágil, quizás estúpido
con muchos recuerdos
pocas hazañas
y algunos números de teléfono
a los que molestar de madrugada.

Quizás no me haya ido tan mal después de todo
aunque a fin de cuentas
soy yo quien elige aquí el final
no la vida.

Algo bueno tenía que tener, por fin, la puta literatura.

Special Needs by Placebo on Grooveshark

jueves, 27 de septiembre de 2012

Reflexión Propia.

El amor platónico en el fondo es puro egoísmo, adoración hacía tus propios sentimientos. Porque el amor por definición es sexual, es buscar la unión, el encuentro, la piel, la entrega, la acción de vasos comunicantes. No es una zona muerta que existe sin existir, ni un callejón sin salida lleno de palabras, no son llamadas sin cobertura, o suspiros a su espalda. Eso es un pastiche, un placebo, es admirar lo que no conoces y por tanto nunca decepciona. Es otra forma de estancamiento, de impotencia vital.

Incluso el amor platónico hacia personajes de ficción, literarios, es más digno, más coherente; cuando acariciamos un libro, cuando aprendemos párrafos enteros y compartimos nuestro entusiasmo con los demás intentando transmitirles ese pulso de ser vivo que anida entre sus páginas, estamos rindiendo un homenaje al autor, al amor generoso que despliega su talento y que nos permite anidar dentro de sus pensamientos.

Pero si el objeto amoroso está cerca, al alcance de tu mano, si es un vecino, o es una persona con la que podrías estar riendo en este momento con solo coger el coche, a cinco o diez paradas de metro, no hay excusa. ¿El miedo? ¿Miedo a qué? ¿A perderle, al rechazo? No es de tu propiedad, no es de nadie.
En realidad no le amas, no con la fuerza suficiente, porque entonces notarías ese magnetismo, notarías esa fuerza que hace que todo pierda sentido y necesites estar ahí, no perder el tiempo, hacerle tuyo. Eso sí es amor; el miedo y el dolor son indisociables, lo demás, aséptico y edulcorado, es un simple capricho, un niño tonto que llora porque se ha caído del columpio.

Lo que me lleva a pensar en otro tema: la fe. Hay gente que dice tenerla, como un atrezzo del alma. A veces viene de serie, ayudado por la familia y el escenario religioso de cada país. A otros les sobreviene después de un accidente, o una desgracia, como si se cruzará con ellos y les hiciera la zancadilla. ¿Por qué sucede esto con algunas personas y con otras no?

En mi caso también hubo bautizo, comunión, crucifijo en la pared, incluso niño Jesús de escayola. Pero nada, me volví un cínico, un escéptico. Y no hablo solo del rechazo natural que me produce la iglesia católica, hablo de una completa desafección hacía la religión.
Supongo que en algún momento necesitaba un abrazo, una explicación, compañía. Y la realidad empírica era la simple soledad. Sin más. Una soledad en la cual me veía incapaz de demostrar la inexistencia de un demiurgo o dios creador, pero en la que tampoco podía aceptar que la única explicación o respuesta a mis dudas existenciales fuera “Plan Divino” o “Todo se explicará después” ¿Después de qué? ¿De la muerte? Que fácil, que sencillo. Infierno. Cielo. Dios. Orden. Culpa. Mandamientos. Todo concertado para neutralizar los miedos, las perdidas, la falta de sentido.

Pero no, no, no, prefería naufragar en mis pequeños soliloquios, golpearme contra las puertas una y otra vez hasta dar con la adecuada, ir avanzando poco a poco en busca de una identidad, aunque las respuestas que hubiera detrás fueran vulgares y crueles. Supongo que en el fondo les tenía envidia, tan campechanos y sonrientes saliendo de la iglesia. La envidia, lejos de ser un sentimiento tan ruin y mezquino, no deja de ser una admiración mal digerida.

La falta de fe da libertad, pero al igual que la inteligencia, no implica felicidad, al revés. Con esto no digo que ser religioso sea fácil, seguramente en muchos casos esa única respuesta debe de resultar agotadora e insuficiente, dejando aparte la represión sexual. Los ateos -aunque yo particularmente me considero nihilista-, corren el riesgo de caer en la inacción, es duro darse cuenta de que no eres un escogido de los dioses, que tu muerte tiene la importancia de una bombilla fundida, que el amor es solo un síntoma evolutivo, una reacción química, el estro permanente que nos permite seguir perpetuando la especie, que tenemos la piel demasiado fina para pensar en la justicia real o los estragos del tiempo. Y así, ad eternum.

Dicho lo cual, voy a seguir bebiendo. La noche es joven. Joder. Me gusta el frío.

Hace tiempo by Héroes del Silencio on Grooveshark