Pero eso no fue todo, después fuimos trastabillando hacia nuestro
particular Gólgota, una discoteca del extrarradio. Nos hicieron descuento por
grupo, pero las camareras nos sonreían mientras nos servían garrafón, conscientes
de su venganza prospectiva. Me dejé llevar por la inercia estúpida del entorno
e intenté provocar la elipsis con tres copas.
Había pasado una hora cuando me tumbé en uno de los sillones del
reservado, observaba a uno de nosotros, cuarentón, tripita cervecera, bailando alegre
mientras intentaba el acercamiento a las féminas veinteañeras que nos rodeaban.
Éramos un zoo de monos, estaba seguro de que a la mayoría no le gustaba ese
ruido/música, tenían la garganta entumecida de gritarse tonterías al oído, de
reírse de esas mismas tonterías, ¿había algo más tedioso que esforzarse por
divertirse? Me señalaban con el dedo pensando que la bebida me empezaba a
afectar, pero simplemente odiaba este circo, esa imposición de diversión, era
como una gran broma, todo el mundo sabía que era ridículo, pero nadie se
atrevía a romper la norma, era lo que tocaba hacer, porque sí, la normalidad,
podíamos desinhibirnos pero en un entorno controlado y preparado para entumecer
los sentidos. Música estridente, alcohol adulterado, compañía descerebrada. El
premio, naturalmente, era mostrar un baile de cortejo adecuado y, por fin,
aparearse al final de la noche. El motivo ulterior.
Sentado ahí, observando todo con ojos de basura humana, me entraron,
poco a poco, ganas de morir. Y en la quietud de esa vorágine de carne, alargué
mi mano hacía el mosaico de bellos colores, bebidas ajenas, que me hablaba
desde la mesa, e introduje el variado veneno en mi cuerpo, con la afinidad de
un castigo vulgar.
El local cerró, hubo muchas despedidas, y quizás dije cosas duras y
cortantes que fueron acogidas con risas incomodas, un par de insultos y un
conato de violencia; es divertido observar como se rompe en pedazos esa pátina
de civismo que suele sodomizar nuestros espíritus. Pero no pasó nada
importante.
Había niebla, pero de algún modo conseguí llegar a casa. Me arrojé sobre
la cama, el pitido inmisericorde en mi cabeza, la mano hinchada palpitando.
Acaricié las venas de mi muñeca: estar vivo no era la mejor forma de terminar
la noche. Todo era tan erróneo. Además, el veneno, la descomposición
espiritual, pugnaba por salir. Intenté resistir, pero la sangre era más fría
que de costumbre, carámbanos de hielo recorriendo el antebrazo, congelando mi
cuerpo de ovillo; y como en tantas otras cosas, fracasé, y terminé vomitando
hasta las entrañas.
Y adoré durante unos minutos
de rodillas
mi decrepitud
y luego me incorporé
temblando de vida
a pesar mío.
de rodillas
mi decrepitud
y luego me incorporé
temblando de vida
a pesar mío.
Cuántas verdades has contado aquí y qué bien contadas!
ResponderEliminarDivertirse a la fuerza
Al final todo se reduce a cambiar el punto de mira de todo esto porque si no.... :(
Un abrazo
Hey, alguien ha leído este ;)
EliminarSí, realmente se trata de alcoholizarte lo máximo posible, aunque luego las consecuencias sean las del post…xD
Besos, y felices fiestas, espero que los reyes sean gratos contigo.
Joer, si al menos hubiera terminado follando o bombeando poesía resultaría menos deprimente. Al menos el trozo de queso al final del laberinto para el aplicado ratón, menudo laboratorio sin justicia es esto de la vida. XD
ResponderEliminarJa, ja, es cierto, totalmente injusto, algo falla en las relaciones sociales cuando todo ese amor que guardamos en la entrepierna sale propulsado hacia un kleenex…xD
EliminarUn abrazo, feliz año.
A veces siento que estoy en ese mismo circo de realidad aparente que describes. En esa norma que nadie se atreve a romper, fingiendo divertirse, como dices, obligándose a hacerlo para dejar atrás sus penas...
ResponderEliminarIgual es que nos estamos haciendo mayores... jajaja.
Un beso
Has dado en el blanco, creo que es esa la razón, antes cuando salía no me preocupaba nada de todo esto, ahora no es que me preocupe, es que me resulta tremendamente deprimente. Será la edad. Y el garrafón…xD
EliminarBesos, feliz año.
Has descrito lo que pienso cada fin de semana cuando salgo a las noches. Como bien dices, el fin es intentar echar un polvo (de mierda) pero a veces eso conlleva escuchar demasiadas gilipolleces y tonterías absurdas que el polvo no va a compensar. Así que ya paso y me contento con llegar a casa medio borrachilla y pasarme el resto de la semana con un calentón de la hostia (porque, efectivamente, no se ha llegado al último fin, xD) Y así, meses. Patético, xD.
ResponderEliminarDios mío, si te sucede a ti, que eres una veinteañera de extrema belleza, ¿qué esperanza nos queda a los decadentes que ya superamos los treinta? xD
EliminarPatético dice, yo llevo como nueve meses sin disfrutar de las caricias de una fémina…xD
Bueno, ya veremos como se nos da el 2013, quizás tengamos alguna sorpresa, no solo en cantidad, sino en calidad.
Un abrazo.
Lo de estar ya mayor para ciertas cosas, creo que es la clave. El listón se pone mas alto, se es mas exigente, al menos a mi me pasa, huelo a distancia lo mediocre y no suelo dar mucho margen. Eso complica un poco a la hora de conocer gente, pero se gana en calidad.
ResponderEliminarEn fechas como estas, se agrava sobremanera, se extrapola todo porque hay quien se empeña en forzar situaciones, y eso no funciona. Si tiene gracia uno se ríe, si se quiere comer o beber, se puede hacer hasta reventar y lo mismo si te apetece alguien, pero no de otra manera o hacerlo porque toca. Ahí es cuando se rompe la magia.
Nueve meses... estás muy desaprovechado, Rorschach ;)
Mil besos.
Ja, ja, ja. Sí, está claro, estoy totalmente desaprovechado, pero ya me estoy concienciando de que en el futuro voy a ser comida de perros, terminología que se emplea para referirse a esas personas solas que encuentran muertas en sus apartamentos rodeadas de sus animales domésticos…xD
EliminarEn lo demás, ya se sabe, convencionalismos sociales, hay que trasegar con ello.
Un abrazo querida lectora ;)
Cenas de empresa, eventos sociales de cualquier tipo.
ResponderEliminarRelaciones a las que nos vemos obligados y, eso sí, además pon buena cara, sonríe, cumple con tu parte del guión... Finge divertirte, disfrutar de las conversaciones vacías, del contacto de los demás, que entiendes sus peroratas, que te interesan... Se llama socialización.
Adoro que al final tiemble de vida, a pesar suyo.
Besos, mi querido decadente.
Ja, ja, los temblores de vida, y del frío de madrugada claro está ;)
EliminarUn placer leer sus comentarios. ¡Ya somos libres! ¡Las fiestas han terminado! ;)
Besos.
Yo me he ganado una fama insoportable de tipa desagradable pero lo cierto es que intento huir por todos los medios de eventos de ese tipo, solo sirven para mostrarnos todo lo pestilente de este mundo.
ResponderEliminarPero bueno, a veces es casi obligatorio asistir a semejantes fiestas de ganado.
Menos mal que tenemos la literatura para resguardarnos ante el oprobio…xD
EliminarUn abrazo.