Pero me siento como un pañal usado que reciclas una y otra vez mientras caminas aturdido por el ruido de una cadena de montaje, ¿la belleza de un amanecer? Si no lo acompaña tu boca no me sirve de nada. Perdona…solo unos minutos más…por favor… A veces te odio…nunca has intentado llamarme, no luchaste por mí como luchaste por los demás, y a pesar de conocerte…de saber de que el paisaje de tu cuerpo, colinas de deseo en forma de lunares, son solo sogas donde dejarme morir, a pesar de eso no consigo quitarte de mi cabeza. Lo he intentado con otras….nada. Ni siquiera me las puedo follar. Tienes razón, esta fuera de lugar que te cuente eso…ya… ¿Te acuerdas de mi vecina, la que siempre mira por la ventana con cara de amargada? El otro día estaba cantando…resultaba inquietante…no lo sé, quizá una copla, debe de ser andaluza. Es como una planta que han arrancado de su tierra y han transplantado a una maceta pequeña y sin sol. Toda una vida languideciendo lentamente. No, disculpa, no quiero deprimirte…el otro día soñé con gatos gigantes, me observaban como si fuera un charco ahogándose en el cemento, como si fuera una causa perdida. Es extraño, ya sabes que nunca recuerdo mis sueños… ¿has encontrado ya a alguien? No, no me lo digas, seguro que sí, no eres una persona que pueda estar sola mucho tiempo.
Aun recuerdo la última vez que nos vimos, como te miraban al entrar en aquel bar. Tienes un brillo, siempre lo dije. Brillabas menos entre mis manos de holocausto, siempre me parecía estar llegando tarde a todo contigo. No te enfades, ya sabes que es una impostura, estoy bien, la garganta un poco dolorida….no….solo me afectan las ausencias… ¿resignado? Quizá. Sí, siempre busco alguien que me salve… ¿el ruido de fondo? Una ambulancia, te llamo desde una cabina…ha sido un impulso….sí, claro que he pagado las facturas, ya te he dicho que ha sido un impulso… ¿tienes que dormir ya? Claro….gracias, pensé que me iba a volver loco…si, me cuidaré….un beso….solo…solo intenta ser feliz ¿vale?"
Z deja caer el auricular del teléfono y sale de la cabina. Es una noche fría, sin demasiados gritos, ahogada ya en su procrastinación. Se abraza a su gabán y sale tosiendo. La cámara sigue su deambular y luego se acerca con un ligero
travelling a la cabina, zoom, zoom… hasta que el espectador escucha una pequeña
vocecita robotizada que surge del auricular descolgado…
“…gracias por utilizar nuestro servicio horario…cuando oiga
la señal serán las tres y diez….gracias por utilizar nuestro servicio horario…cuando
oiga la señal serán las tres y once….gracias…”



