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domingo, 16 de octubre de 2011

Nadie ha entendido una sola palabra de lo que he dicho. No suenan tan bien fuera de mi cabeza.

"¿Hola...? ¿Hola?...soy yo...lo siento, sé la hora que es…sí, ya sé que algunos trabajáis mañana pero...necesitaba escuchar tu voz de nuevo. Sí, han pasado ya unos meses, sin embargo…bueno, hoy es una de esas noches. Sé lo que dijo el psicólogo…claro que sigo acudiendo a su consulta. Simplemente necesito hablar con alguien, me siento…me siento solo….lo entiendo, quieres seguir con tu vida y mis llamadas no ayudan…pero hoy es diferente, solo escúchame ¿de acuerdo? no hace falta que hables…si, solo unos minutos…gracias…siempre has sido la mejor…nunca me fallas…no creo que llegues a comprender lo valioso que es tener a alguien en alguna parte al que le importas, sentir, como ahora siento, el sonido de tu respiración al otro lado…acabo de salir del trabajo, sí, he tenido que quedarme unas horas más, el servicio de Yoigo es como irse de putas siendo un eunuco, me duele la garganta de mentir tanto. Es todo tan absurdo, tan inútil…ya...lo sé.

Pero me siento como un pañal usado que reciclas una y otra vez mientras caminas aturdido por el ruido de una cadena de montaje, ¿la belleza de un amanecer? Si no lo acompaña tu boca no me sirve de nada. Perdona…solo unos minutos más…por favor… A veces te odio…nunca has intentado llamarme, no luchaste por mí como luchaste por los demás, y a pesar de conocerte…de saber de que el paisaje de tu cuerpo, colinas de deseo en forma de lunares, son solo sogas donde dejarme morir, a pesar de eso no consigo quitarte de mi cabeza. Lo he intentado con otras….nada. Ni siquiera me las puedo follar. Tienes razón, esta fuera de lugar que te cuente eso…ya… ¿Te acuerdas de mi vecina, la que siempre mira por la ventana con cara de amargada? El otro día estaba cantando…resultaba inquietante…no lo sé, quizá una copla, debe de ser andaluza. Es como una planta que han arrancado de su tierra y han transplantado a una maceta pequeña y sin sol. Toda una vida languideciendo lentamente. No, disculpa, no quiero deprimirte…el otro día soñé con gatos gigantes, me observaban como si fuera un charco ahogándose en el cemento, como si fuera una causa perdida. Es extraño, ya sabes que nunca recuerdo mis sueños… ¿has encontrado ya a alguien? No, no me lo digas, seguro que sí, no eres una persona que pueda estar sola mucho tiempo.


Aun recuerdo la última vez que nos vimos, como te miraban al entrar en aquel bar. Tienes un brillo, siempre lo dije. Brillabas menos entre mis manos de holocausto, siempre me parecía estar llegando tarde a todo contigo. No te enfades, ya sabes que es una impostura, estoy bien, la garganta un poco dolorida….no….solo me afectan las ausencias… ¿resignado? Quizá. Sí, siempre busco alguien que me salve… ¿el ruido de fondo? Una ambulancia, te llamo desde una cabina…ha sido un impulso….sí, claro que he pagado las facturas, ya te he dicho que ha sido un impulso… ¿tienes que dormir ya? Claro….gracias, pensé que me iba a volver loco…si, me cuidaré….un beso….solo…solo intenta ser feliz ¿vale?"


Z deja caer el auricular del teléfono y sale de la cabina. Es una noche fría, sin demasiados gritos, ahogada ya en su procrastinación. Se abraza a su gabán y sale tosiendo. La cámara sigue su deambular y luego se acerca con un ligero travelling a la cabina, zoom, zoom… hasta que el espectador escucha una pequeña vocecita robotizada que surge del auricular descolgado…

“…gracias por utilizar nuestro servicio horario…cuando oiga la señal serán las tres y diez….gracias por utilizar nuestro servicio horario…cuando oiga la señal serán las tres y once….gracias…”

All the Love in the World by Nine Inch Nails on Grooveshark

jueves, 14 de julio de 2011

…marea de sangre oscura, ciclotímica, atenazando mis sentimientos con su progestágena mano, enfangada, fracasada, dedos rencorizados como garras de nicho alquilado…

Vista cenital. Una mujer de pelo largo azabache, ojos verdes, de unos cuarenta años -pero significativamente hermosa- esta bebiendo una copa de vino sentada en una silla de la cocina. Lleva un camisón beige transparente y se nos presenta ligeramente acalorada, como si hubiera hecho un gran esfuerzo físico hace poco. Mira de soslayo hacia la puerta abierta de la nevera que tiene a su derecha y se apoya ligeramente en el respaldo de la silla. Se le escucha murmurar…


…me encantaba como sonaba mi nombre en tus labios: Mina…Mina…Mina…Cuando no hay oportunidades no se extraña lo perdido no se busca la templanza en la tragedia. Mi familia esta preocupada, no respondo sus llamadas, aparento no estar en casa cuando vienen a buscarme. He pensado en coger una excedencia. Pero tendría demasiado tiempo libre. A veces voy a un bar y pienso en el desorgasmo, algún pútrido macho alfa se acerca con esa pequeña franja blanca en su dedo anular, o quizá solo soy yo exteriorizando mi asco a los hombres inventando más y más historias sórdidas, y les digo que no soy capaz de masturbarme, que no pierdan el tiempo conmigo.
A la vida es mejor no preguntarla nada, solo disfrutarla lo poco que te deje sin esperar nada a cambio ni por su parte ni por la tuya. No tengo amigas que me den consejos, solo canciones en la cabeza que me hablan de amor. No debí perderme en ti, no debí desearte así.

Todo por culpa de un polvo…porque no hubo nada más…estábamos en la playa, no eras nadie interesante, destacable, mirada huidiza, alto, demasiado delgado, gesticulabas a destiempo desmañado pero gracioso. Pero eso sí: tenías una voz cautivadora, creabas mundos solo con tus palabras, no podía dejar de mirarte mientras poco a poco te transformabas en alguien diferente. No sabía que había detrás de esos ojos oscuros pero notaba que bebías demasiado, síndrome de culto de una vida apartada y extraña. Me confesaste, ya un poco alejados de los demás, que eras un pervertido, un romántico, un gañán, alguien encantador la primera hora y odiable hasta el extremo la segunda. Decías que nunca estabas a la altura y que morirías solo. Me reía con cada nueva ocurrencia, disimulando, sin atreverme a preguntar que era verdad o mentira. Solo veía a alguien frágil e inseguro mirando al mar con melancolía, sin atreverse a terminar la botella, como sino tuviera nada a lo que volver después.
Me besaste, primero con tu sonrisa, luego con tus parpados…finalmente con tu lengua. Era una noche de verano calida y sinuosa, de esas que recorren tu piel haciéndote cosquillas en el alma.
Hubo una pausa en tu excitado avance por mi cuerpo, como si de pronto quisieras huir de mí. Solo fue un instante cuya intuición fue barrida por el sonido de las olas, el vino caliente, las palabras y esa sensación de adolescente en celo mojándome las bragas. Me eché encima tuyo, quería violarte, quería marcarte de por vida. Y nos pasamos toda la noche follando, sudando, amando, muriendo entre capas de fiel, febriles, riéndonos, enfadándonos con nuestros cuerpos, amoratándolos con embestidas y golpes, arañando los mordiscos, quemándonos como si fuera la última oportunidad, sin pasado ni futuro, sin un no de colegio de monjas, con convicción de reo encadenado a un show de Truman pornográfico, con palabras que deseaban amar y se quedaban en mera banda sonora.

Ahora lo pienso y se me antoja ridículo, tenía cuarenta años, había tenido una vida bastante desbarrada y quería algo de tranquilidad, de pronto aparecía un tipo normal, me echaba un polvo en la playa, ¿y me enamoraba? Ni siquiera vivía en mi ciudad. Era una locura. Y lo peor es que no sabía si estaba enamorada de él o solo del sexo, de ese sexo tan brutal y estremecedor. Joder, si incluso me había despertado el instinto maternal. Era un puto órdago hormonal.

Te empecé a llamar, facturas inmensas. Un sexo telefónico increíble, terminaba con los dedos arrugados por mis flujos. Y volqué mi alma en ti, sin tapujos, con una necesidad desconocida, como una niña. Te hablé de mi pasado, de todas mis frustraciones, de mis relaciones pretéritas como un error del destino. Gracias a ti había vuelto a reconciliarme con el romanticismo.
Y cuando no hablaba contigo te pensaba, te mandaba mails, fotos, hacía planes, quería ver todas tus películas favoritas, escuchar tu música, tenía conversaciones en mi soledad, quería que vinieras a vivir conmigo, olerle, presumir de tu compañía mientras paseábamos por la playa y luego lanzarnos a la arena entre risas, quería enseñarte mi ciudad, vivir todo de nuevo y compensar todo lo anterior que no significaba nada porque no lo había compartido contigo.
Pero nunca viniste. Todo se fue diluyendo. Comenzaste a estar siempre de mal humor o deprimido, a no coger mis llamadas ni responder mis mensajes...ya no era tu prioridad. Quería ir a verle pero me amenazabas y me convencías de que no lo hiciera. Quizá tenías pareja. No me importaba. Mi felicidad solo estaba contigo.
Fue a peor, migajas de tiempo, voz desconocida, excusas, dejaste de llamarme y cuando te llamaba a la hora de siempre al final terminábamos discutiendo. Cuanto más te alejabas más ansiedad me causaba, más obsesionada me sentía, más obcecada por aferrarte y reclamar tu atención.
Al final una pizca de orgullo floto entre mis lagrimas, te pedía, no, te exigía que acabaras con esto. Dijiste que no estabas preparado, que tú eras así, que lo dejabas en mis manos.
"¿No tienes nada más que decirme, no me quieres, no quieres estar a mi lado, vernos, superar esto juntos, luchar simplemente?" Te pregunté sin acabar de creer que todo acabara así.
Silencio. Un silencio atroz.
Y de esa forma cobarde, colgamos, no sin antes arrancarte la promesa de que me llamarías, que al menos seguiríamos siendo amigos.

Eso pasó hace cuatro meses. Ni siquiera te ha interesado ser mi amigo. Cada vez que te he llamado me has colgado o me has mandado un mensaje diciéndome que te deje en paz. Releo tus mails, como respuestas ficticias a los que nunca me has contestado. Tengo una carpeta solo para ti, tus fotos, tus mails, tus mensajes, mis planes, mis borradores...Es pequeña, no da para mucho. A veces cuando despierto no me acuerdo de ti, pero siempre, siempre, a las nueve de la noche te pienso y te extraño: era la hora a la que siempre hablábamos. Odio esa hora. Tu hora.

…me tenías tan fácil, solo alargar los dedos, rozarme, desearme sin más, arriesgarte, esquivar nuestra mutua fragilidad. Pero la realidad es que no me querías, era un simple juego, me domesticaste y luego me tiraste a la basura. Me dejaste en esta agonía lenta, en este rechazo perpetuo, cobarde, ruin, miserable, hundiendo el dedo en la llaga de mi vanidad escindida, día tras día, a la misma hora, dejándome sin esperanza, sin el hogar de tu voz idealizada, sin poder perderme entre mis dedos porque tu recuerdo me abruma y me hace llorar…

Por eso me tendrás que perdonar, ya sé que te lo he dicho varias veces hoy, pero tenía que traerte, tenía que hablarte, tenía que explicarte todo esto. Siento que haya tenido que ser de ese modo, pero sabes que soy muy intensa y no debiste de decirme esas cosas tan horribles cuando nos vimos...solo quería amarte, solo quería que estuviéramos juntos. Es una pena. Pero tranquilo mi amor, aquí estarás bien. Junto a mí…para siempre…

Love You to Death by Type O Negative on Grooveshark