El único mandato de la Poesía es entregarnos al holocausto de sentir
Hay que ofenderla, violar su vestido de carne
En su martirio está nuestra redención
Pero aunque mis venas están llenas de caimanes hambrientos de trascendencia
Las pelusas de mi habitación me persiguen tirándome
piedras de escepticismo.
La vida real es una frígida que quiere amputar mis genitales,
inevitable venganza por su propia carcoma
Subo al tejado, grito, arrojo la botella de vino contra la luna, doy
una bofetada a mi amor carroñero
Se excita, nace un mar entre sus piernas, pero eso no eso lo que busco
Quiero lluvia de otoño, cerradura de luz, aborto de muerte
arrastrándose hacia mi garganta.
Pero el poema escapa, huye, cuando está solo se ríe a carcajadas de tu niña interior
Me dice que aún conservas el tatuaje de limosnas románticas, ¿es verdad?
Abre tus labios –tu coño- al baile de palabras equivocadas, ¿dónde has escondido el lubricante?
Tenemos permiso del eclipse para desollarnos a la sombra del
reloj atrasado y creernos inmortales
Forniquemos ebrios de sombras, esquizofrénicos de esperanza
Queda poco tiempo, ¿por qué el Abismo se niega a contestar mis preguntas?
¿Son los gusanos los jueces, sin la belleza la fe desaparece?
¿Es la pistola la solución al acertijo de mi resurrección?
¿Es la pistola la solución al acertijo de mi resurrección?
Soy un pirómano de espejos que alimenta a los cuervos con trozos de su
cerebro
Pregúntale a mis cicatrices si soy de fiar.

