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martes, 13 de diciembre de 2011

Me encantaría masturbarte con mis palabras y educar a tu coño en la lectura de mi miembro.

Un golpe, un grito. Un golpe, un grito. Así funciona hoy mi trabajo. Tenía a este mierdecilla, un ejecutivo de los que suele dominar a su entorno femenino con su desmedida testosterona, atado a una argolla del techo, desnudo, con el culo rojo y dolorido por los golpes de mi fusta.
Le abofeteo el rostro y coloco la fusta entre sus dientes “Si lo dejas caer por hacer algún ruido, te aseguro que te arrepentirás”
Pobre, que lamentable aspecto con esas pinzas en los pezones. Taconeo a su alrededor. Es necesario cierto control de los tiempos. Me siento irritada.

Le descuelgo y le coloco una correa en el cuello. Le saco de la habitación como un perro y le llevo al dormitorio. Está inmerso en el juego y sin indicárselo empieza a lamerme las botas. Bien. Le ato a la cama y empiezo a derramar un poco de cera caliente por sus muslos, entre los huevos, por el pecho. Le pongo una mordaza de bola y tiro con rabia cuando está seca.

Grito ahogado, se empieza a poner rojo. Bien. Otro tira de cera. Otro grito. Estoy doblegándole, me paga para ello, para acabar con su importancia.
Está totalmente empalmado, hay algunos que se corren sin ni siquiera llegar a estimularles. Le amaso los testículos enrojecidos con mis guantes de cuero, le golpeo esa polla a punto de explotar. Tengo otros planes para este pequeño bastardo. Tengo ganas de herir. Le insulto, le golpeo, añado un par de pinzas más. Me mira asustado cuando saco el arnés. “Te voy a follar mi pequeña putita”. Le quito la mordaza y le hago que me chupe los dedos. Luego se los meto con brutalidad en el culo. Aguanta el grito mordiéndose los labios. “Bien, mi perrito, bien, vas aprendiendo” Me lo empiezo a follar lentamente, se nota que le gusta, vuelve a tener la polla endurecida. También me estoy poniendo cachonda yo, demasiado. Paro, me pongo encima de él y le aplasto la cara con mi coño “Lame perrito, lame” El cabrón no lo hace mal, le hago una paja para que se motive más, apretando la base para que no se corra demasiado pronto. Juego un poco con su cara hasta que le empiezo a asfixiar. Un minuto…dos minutos…tres…empieza a convulsionar. Algo chisporrotea en mi mente. Levanto mi coño. Por un momento me asusto. No, empieza a toser, vuelve el color a su cara.

El idiota bastardo me da propina. Emociones fuertes. No sabe lo cerca que ha estado.
Hoy cumplo treinta y cuatro años.

**
Se hace de noche. Saco de nuevo la cinta que mi terapeuta grabó en la sesión de hipnosis. Como me reí cuando me lo propuso, yo, que por puro cinismo acudía a su consulta como una forma de escandalizar a un extraño con mis vivencias. Enciendo un cigarro. Cojo el mando a distancia y enciendo la cadena de música. Mi voz, extraña, en tercera persona, vuelve a inundar la estancia…

Un cuarto con poca luz, las paredes forradas de terciopelo rojizo, espejos en el techo. Un lavabo con luz blanca de hospital abandonado, y una cama enorme en el medio.
Estaba tumbada en ella, semidesnuda, retozándose con aquel chico al que llamaba “novio”.

Estaba excitada, nerviosa y llena de curiosidad El chico le quito la ropa suavemente, y cuando estuvo desnuda, él se irguió de rodillas en la cama, se bajó los calzoncillos y permitió que su pene erecto la apuntara amenazante, su actitud era chulesca, como si quisiera que ella admirara su falo... se enfundó el condón mientras la miraba lascivamente.

Fue en ese momento, cuando ella le pudo ver la cara, que toda su excitación se esfumó, toda la curiosidad y las ganas dieron paso al miedo. Él se colocó sobre ella, apretándola con su pecho contra la cama, jadeándole en la cara, soltándole obscenidades... ¿quieres que te la meta putita, tienes ganas de sentirla zorra?, deja que te la clave, abre las piernas...

Ella balbuceó, quería decirle que fuera más despacio, que no fuera tan bruto, pero él no le hizo caso, le abrió las piernas e intentó encajarse entre ellas. Gritó de dolor, él siguió empujando, intentando penetrarla... tienes que relajarte, le decía mientras seguía empujando... te voy a follar, ¿no es lo que querías? te va a gustar, relájate...

Ella trató de relajarse, pero alzo la mirada, se vio reflejada en el espejo en el techo, abierta de piernas, con un hombre sobre ella... se sintió sucia, le dijo que parara, que no quería seguir... él dejó de empujar... la miró, la besó dulcemente y le dijo al oído... relaja tu coñito, quiero follármelo, ¿notas lo dura que tengo la polla? Pues la única manera de que se ponga blanda otra vez es metiéndotela, así que, cariño, relájate...

Ella le dijo que no, trató de salir de debajo de él pero se lo impidió, la cogió del cuello y le inmovilizó una mano... y empujó su pene entre sus piernas con fuerza, apretó hasta que su vagina cedió a la presión entre gritos de dolor y sollozos...

En cuanto estuvo dentro de ella, se quedó inmóvil, saboreando el placer de esa primera penetración, “que apretadita...” haciendo caso omiso a sus suplicas, empezó a penetrarla con más rudeza, sin contemplación, su cara de placer se mezclaba con su expresión de deleite viéndola llorar mientras la desgarraba, mientras la sujetaba los brazos con brutalidad.

Ella dejó de gritar... dejó de hacer fuerza en cuanto ese dolor agudo y desgarrador se extendió desde su vagina hasta su pecho... le dejó hacer, dejó que las embestidas la empujaran violentamente contra el cabezal de la cama, dejó que le lamiera la cara como un animal que lame el pelaje de su presa antes de empezar a devorarla, dejó que le mordiera los pezones, la azotara, y la sodomizara...

Cuando hubo acabado, él se dejó caer a un lado de la cama... ella trató de levantarse pero el dolor en el bajo vientre fue tan intenso que la hizo caerse de lado... el rió y le acarició la cabeza...
“Ha estado muy bien, lo has hecho fenomenal... para ser tu primera vez, te has dejado follar como a una puta...”

Se vistieron, él la llevó a su casa, arrancó el coche antes de que ella hubiera cerrado la puerta. Cuando entró en el piso en el que vivía con sus padres, la vergüenza, el dolor y el miedo la hicieron correr hacia su cuarto, deseando no volver a salir de allí nunca más... nadie debía saber lo que había ocurrido... nadie…

***
Quizá ocurrió, quizá no. Sé que el cerebro tiene mecanismos de defensa que nos hacen borrar episodios traumáticos, gente que de pronto cambia su comportamiento drásticamente, se vuelven frígidas o promiscuas sin que nadie sepa exactamente el motivo. Pero eso es buscar respuestas simples. Yo soy alguien complejo. Puede ser un recuerdo prestado, algo que oí y que interiorice cuando era niña. En cualquier caso mi confianza viene por Ella. Ella fue la única persona de mi adolescencia cuyo recuerdo todavía hierve mi piel.

Nunca había sido penetrada por nadie, era un punto de suspensión en la nada. Ella fue la primera que me abrió con esas embestidas rítmicas, rígidas, con los dedos algo curvados y haciendo fuerza hacía el pubis mientras su lengua me trabajaba el clítoris. Nunca he tenido orgasmos más brutales. El sexo no tenía punto medio, era brutalmente tierno o brutalmente duro. Pero siempre con esa conexión extremadamente intensa entre las dos. Es algo que no he vuelto a sentir, quizá nunca lo haga.

Recuerdo aquella vez que la esposé a la cama y estuve jugando lentamente con ella, recorriendo su cuerpo sin tocarla, sólo oliendo el aroma de cada uno de sus rincones, disfrutando de su cuello, sus brazos, sus axilas, sus pechos, el pliegue bajo sus pechos... sus costados, su vientre, sus ingles, su coño, sus piernas... repentinamente un sutil roce con mis labios, y poco a poco, muy de vez en cuando, fui dejando suaves besos allá por donde pasaba, siempre con los ojos cerrados, recorriéndola entera cada vez con besos un poco más intensos, pero sin prisa, acariciándola, primero con la yema de mis dedos, un ligero cosquilleo que dibujaba figuras sobre su piel, luego más intensamente, masajeando su carne a veces hasta ese punto que en frío duele pero que en caliente resucita, mientras la iba besando allá por donde pasara.

Me drogué con su cuello, besándolo abiertamente y luego mordiéndolo, apretándola entera contra mí, me deleité con sus pechos dirigiéndome poco a poco hacia sus pezones donde naufragaba, duros, erguidos, como un par de caramelos calientes, los besé, los chupé, mientras le arañaba la espalda y el abdomen. En este punto si dejaba de tocarla gemía y se retorcía. Hasta que no me suplicó a gritos no bajé en besos hasta su coño. Y cuando fui a darle el primer beso, se corrió. Fue increíble. Yo estaba encendidísima de verla tan fuera de sí, así que esperé con besos en sus muslos a que se desensibilizase un poco y luego me cobré lo mío comiéndole el coño que se desbordaba por mí, sin buscar su clítoris para no molestarla, sólo lamiendo entre los recovecos de sus labios, besándolos, absorbiéndolos, rozándolos levemente con mi boca, paseando la punta de mi lengua, calentándolo con ésta extendida del todo pero con la punta siempre endurecida. Dejándolo limpio.

Podría contar también que conmigo descubrió el placer de que te besen los pies, como mis dedos se salpicaron con su eyaculación por primera vez, como con ella tuve el mejor orgasmo de mi vida el día que más duro me follo, dejándome temblando, con la cara contraída y hormigueándome durante un largo rato. Siempre con su música de fondo, desde el Metallica más rabioso a Portishead o Massive Attack.

Fue una época dulce, tormentosa, pero real, no ajada por recuerdos reprimidos. El sexo es perfecto cuando te sientes realmente libre, cuando se deja de pensar, incluso de sentir y se empieza a ser, a ser junto a otra persona.

Quemo la cinta.

***
Les conocí en un local de intercambio. Merche me sedujo en primera instancia y por eso cedi a compartirme con su marido. Tenía veintidós años y solo quería olvidarme de Ella. Fuimos a su piso y directamente empecé a chuparle, a lamerle la polla, me sentía muy puta, muy traviesa. Merche se acercó por detrás se arrodillo, me levanto la falda y metió la lengua en mi coño agarrándome por los muslos mientras me violaba con sus dedos. Sentía una sensación de vértigo, de desasimiento, como si fuéramos actores de una película…de una mala película.

Al cabo de un rato Carlos decidió empezar en serio. Esnifó un par de rayas directamente de mis pechos y empezó a follarme la boca de forma violenta. Una de mis fantasías era que me violasen, el forcejeo, esa sutil amenaza que alienta el sometimiento total. Me deje hacer ahogándome con su verga mientras ella me ataba las manos con una cuerda. Merche se reía pidiendo su turno, me sujeto la cabeza con las dos manos, moviéndomela arriba y abajo, para que la comiera el coño como ella exigía. Carlos me cogió de la cadera y me empezó a follar como una perra, mi culo arriba y en pompa, las rodillas bien separadas, sometida como una puta esclava sexual.

Empezó a follarme el culo, me la metía hasta los huevos, notaba toda su polla dentro y como me daba azotes, duros y fuertes, o me metía media mano en el coño. Volví a correrme de nuevo. Merche también se corría en mi boca, incansable, haciéndome chupar tanto culo como coño, a juguetear con su clítoris mientras me tiraba del pelo y me insultaba dulcemente. Y seguía chupando como una perra hambrienta, y me seguían follando como una perra sin dueño. Carlos saco un doble dildo para que nos pudiéramos empalar mutuamente mientras frotábamos nuestros clítoris y le chupábamos la polla a dúo. Creo que me grabó limpiando con la lengua todo el semen que cayó en el suelo en vez de en mi cara. Estaba tan mojada que los flujos se me deslizaban hasta las rodillas.

Unas horas más tarde me despidieron con un buen montón de dinero. Me habían confundido con una puta, y en el fondo, no estaban tan equivocados.

***
Tantas ideas y tan poco espacio. Esta noche me siento frágil, sola, quizás algo desalentada. Pienso en la inocencia de mi juventud, como todo ha perdido intensidad en su repetición. A veces creo que ser puta de lujo es una forma de sublimar mis ansias de amor. ¿No soy capaz de entregarme? A veces, en sueños, pienso en ti, en tu boca, en tus labios, en nuestras lenguas perdidas en laberintos de saliva. Los mejores besos son aquellos en los que el tiempo parece detenerse, donde lo demás desaparece. Besos violentos y desgarradores, al mismo tiempo que dulces y tiernos, seda sobre piel provocando escalofríos.

Todo es contradictorio, porque cuando algo es importante, por naturaleza, es contradictorio, así rige el caos. Así es el universo. Pero aunque ardo por gemir a tu lado y tatuar mis pechos contar tu piel, tú me susurras una negativa, porque solo eres una mitad rota que aún piensa en el pasado, en otra que no soy yo.

Prefiero los sueños de ninfómana, sueños llenos de pollas, enormes, tiesas, duras, rojas, mostrándose como un ejército invasor, en una guerra donde destrozan mis bragas, mis medias, toda la ropa en un largo fusilamiento hasta que se cobran su botín. En hombres maduros, atractivos bajo la tenue luz de un local de cócteles que me observan fijamente hasta que una punzada despierta mi sexo. Soñar con llevarlos a casa parando el ascensor para comprobar la mercancía, en correrme entre el octavo y el noveno piso. En beber lambrusco y echarlo sobre mi cuerpo abierto encima de la mesa, cayendo en cascada junto a mis flujos sobre sus bocas ansiosas, adictas.

Pero a pesar de todo cedo, y me pierdo entre mis dedos buscando ese orgasmo sincero que siempre me hace llorar.

Fuego artificial by Gatonieve on Grooveshark

jueves, 28 de julio de 2011

Muerdes con saña cada instante y solo consigues horas viudas, labios opacos de ruina.

El padre de la verdad es el tiempo. Ya esta todo escrito, solo podemos deshilvanar nuestra cadencia personal e intentar provocar -si hay talento- dos diálogos: uno con el lector potencial al que transformaremos y convertimos en nuestra presa, en nuestro cómplice…y otro desde ese ubicuo pasado literario desde el cual nos nutrimos consciente o inconscientemente. Más tarde, cuando la obra está terminada, se establece un único diálogo entre el texto y sus lectores, del cual esta excluido el autor.

Todo esta escrito se refiere al núcleo de la historia, las capas de tramoya son indiferentes, esto en vez de desanimarnos debería incentivarnos a diferenciarnos creando un estilo propio aunque no salga bien. Es curioso como en vida denigramos lo diferente, lo aislamos, nos da miedo, somos retrógrados y reaccionarios. Luego, cuando el enemigo de nuestra sacrosanta planicie existencial ha muerto y el tiempo lo dignifica, lo adoptamos/fagocitamos con prisa y pesadez de estomago.

¿No quieres decepcionarte? No tengas esperanza. ¿No quieres traición? No te enamores.

No estas loco, ¿verdad?

No, el alcohol solo es un síntoma, es demasiado tarde, echo de menos ese abrazo, la música es demasiado apropiada…la vida se ve mejor así, es más sencilla en esta euforia de soledad, como amar las dunas del desierto de tu piel con besos cuarteados color ceniza. Postrado ante el recuerdo de tus ojos verdes, tu pelo largo azabache -siempre la brújula insomne de mi imaginación señalando el mismo lugar-, una bofetada resuena en la noche como un pellizco en mi alma desubicada: es tu risa recorriendo los meandros de mi corazón.

Hay momentos en los que hay que elegir entre despertarse y enloquecer o seguir bebiendo. Dicen que todo se pudre al final, pero solo se pudre el papel con cincuenta y ocho razones por las que debería odiarte, una égida a mi autoestima. Son las tres de la madrugada y no puedo dormir, hace calor, un calor intenso, real, despótico… una perfecta noche lisérgica, adicciones sin embotellar con sabor a carta de una desconocida…

Dos meses después...

Las cosas son así: intenté superarte…te borré de las redes sociales, borré tus mails, tus mensajes de texto, tu teléfono, tus imágenes…expurgué todo mi entorno. Intente odiarte, asumir como axioma personal el típico “Todas putas”. Nada funcionaba.
Pensaba en el suicidio de Werther y Anna Karenina, en como el primero es producto de la causalidad y el segundo más de un arranque irreflexivo, de ese halo irracional que nos separa de las maquinas, que hace que matemos y amemos en la misma frase, en un solo párrafo.

Por eso te maté. No contestabas a mis correos, no querías verme, al final eras Tú o Yo. El resto ya lo sabes: fui a tu domicilio, te rapte, te viole, te mate…y te volví a forzar, aunque aquí empezaron mis dudas, porque, a fin de cuentas, ya no podías darme tu consentimiento, como mucho era una falta de respeto a tu cadáver, pero si tenemos en cuenta la vanidad de una mujer, la obsesión con su belleza, quizá lo que estaba buscando penetrando tu vagina fría y destartalada era una reconciliación, una bula de carne ante un cuerpo que solo representaba mi obsesión por ti, no por tu belleza.

Joder…

Sí, exacto, JODER, porque cuando meto mi lengua en esa boca pestilente, cuando naufrago en tus pechos descoloridos y te agarro del pelo con fuerza mientras te sodomizo…todo ese caudal de energía sexual de alguna forma esta retrasando tu descomposición…

Joder…

Sí, puede que la fricción, o algo relacionado con los libros de física cuántica que estoy leyendo, no lo sé, pero llevo un par de semanas y cada vez te encuentro más atractiva. Todas mis novias al final se sentían cosificadas por detalles sin importancia como atarlas a la cama y obligarlas a eliminar el vomito reflejo al follarme su boca a horcajadas, todas -menos aquella anoréxica…- le quitaban la magia al asunto con sus lagrimas a destiempo
Contigo puedo estar horas y horas y no te quejas, al revés, tu cara se empieza a transfigurar en una sonrisa cómplice. Casi diría que lubricas cada vez más, o quizá sea otra cosa, da igual, la oscuridad es mi mejor aliada en estos casos.

Como decía es el mejor sexo de mi vida, cada vez…no sé como explicarlo…cada vez hay más cosas nuevas…el viernes se te salio un ojo de la orbita y sabía que no era casualidad, era una invitación a lo prohibido, era un regalo de amor. Tu amor. Y lo acepte con una sonrisa, follándome tu nuevo agujero, intentando penetrar en tu cerebro una y otra vez…cuando me corrí y vi como se deslizaba el semen por tu cara fue una imagen…

Por eso ahora estoy huyendo. Intento recurrir a Dominica, esa puta gastada de ciento cincuenta kilos que vende su cuerpo por 15€ la sesión, su estampa analfabeta, ruda, fea y desproporcionada siempre me ha reconciliado con el mundo. Llegó de Huelva con catorce años huyendo de quien sabe qué y sobrevivió, pidiendo abrazos y calderilla en la estación de autobuses, hasta que dio con la persona equivocada.

Ahora escurre su don con una extraña afectación y orgullo malogrado, haciendo lo que nadie hace, explotando las depravaciones de todos sus clientes, difuminando la línea entre sexo y crueldad, como si necesitara que castigaran su cuerpo carente de belleza y éxito. Y ahí la tienes: violencia, fetichismo, coprofagia, lluvia dorada, fantasías de violación, le faltan bastantes dientes, no sé ya si por palizas o adicciones, pero en lo que a mi respecta aparte de mi ninfa muerta es la mejor feladora que conozco.

Su casa –soy un cliente antiguo- es un vertedero de recuerdos, ese contraste entre sus fotos antiguas y ella es de un exhibicionismo doloroso. Vive con su pareja/chulo, un viejo amargado que cuando llega algún cliente baja al bar a tomarse su corajillo y esperar a que termine. Me han llegado rumores de que la esta arrastrando al subgénero de orgías de gordas zoofílicas y que graba videos amateurs junto a ella. Basura dentro de basura, como esas muñecas rusas…el caso es que me recibe con cariño, hay varios perros nuevos junto a ella y lucho contra las imágenes que lanza mi mente. La verdad es que cada vez esta mas avejentada, mi ánimo gerontofílico no se amedrenta, aquella experiencia con mi tía me sirvió de mucho cuando era adolescente.

D: El negocio va mal, la gente cada vez esta más enferma, puto internet.
R: Internet no tiene la culpa, esa mierda siempre estuvo ahí esperando ser destilada y reciclada, simplemente la gente ahora tiene menos pudor.
D: No lo niego, es mi trabajo, pero cuando un chaval de dieciocho años me pide que le vomite encima, o quiere meterme el puño por el culo me pregunto ¿Qué harán con sus mujeres cuando tengan cuarenta años? ¿Cuál es el límite? Porque, ¿debería de haber un límite no?
R: Joder, si tú me hablas así es que la cosa esta muy jodida. Tienes razón, el porno softcore ya no existe, ese hueco lo llena la brutalidad. Las primeras experiencias marcan y con ese tipo de pornografía al alcance de cualquiera llega un momento en que lo único que te excita es pegar a una mujer y ver como sus lágrimas hacen correr el rimel por sus hinchadas mejillas.
D: Menos mal que tú no eres así, eres alguien bueno, siempre me has tratado como una dama.
R: Soy el último romántico…
Hay algo enfermo y retorcido en follarte a una puta con amor, como un medico nazi tratándote con amabilidad mientras experimenta con los umbrales de tu dolor, ¿le das esperanza o simplemente amplias por comparación las vejaciones que le causan el resto de sus clientes?
En cualquier caso esta vez no siento la vibración en los cojones, no me sirve de nada naufragar en esas ubres desproporcionadas ni imaginármela en sus orgías de serie B mientras escucho a un perro arañar la puerta del cuarto: algo se ha encasquillado dentro de mí. Lo dejamos pasar. Le doy un beso y me despido.

No puedo evitar pensar en comprarle unas rosas, siento la risa de Dios detrás de mí, ese Cabrón con las cartas marcadas. 
Pero es cierto: solo me empalma su imagen, ese despojo maloliente con manchas en la piel, ese hinchado trozo de carne fría y agusanada…una diosa caída esperando ser fornicada una y otra y otra y otra y otra vez. Arranco el coche con ansia, necesito estar junto a ella…atropello a un par de ciclistas y me tranquilizo.


Hay una elipsis, estoy en la cama sujetándote como una muñeca rota encima mío penetrándote…y es ahí cuando, sin poder evitarlo, las palabras brotan como un riachuelo de agua clara: “Te amo mi querida Carmilla, mi Daphne griega, mi puta indecorosa” 
Unos ruidos extraños acechan mis palabras: son tus brazos, tus dedos luchando contra el rigor mortis, todo tu cuerpo se despereza mientras intentas seguir el ritmo de mi cuerpo, tus manos descascarilladas y azules me rodean y acarician grotescamente, tu aliento insano se desprende reclinado sobre mi cuello, tu ojo me mira ahora sin catarata y con un brillo de malicia mientras sueldas mi pene a tu cuerpo ya no sé si friccionándolo contra tu vagina o tus intestinos.

Me corro con fuerza justo en el momento en que desgarras mi garganta con los dientes… “¡Por fin! -exclamo en un espasmo de sangre burbujeante-, por fin demuestras tu amor" Y dejo feliz que sigas alimentándote… 
...solo quiero estar dentro de ella, morir por ella, ser ella. Ella…

Recuerdo by Los Piratas on Grooveshark