Le abofeteo el rostro y coloco la fusta entre sus dientes
“Si lo dejas caer por hacer algún ruido, te aseguro que te arrepentirás”
Pobre, que lamentable aspecto con esas pinzas en los
pezones. Taconeo a su alrededor. Es necesario cierto control de los tiempos. Me
siento irritada.
Le descuelgo y le coloco una correa en el cuello. Le saco
de la habitación como un perro y le llevo al dormitorio. Está inmerso en el
juego y sin indicárselo empieza a lamerme las botas. Bien. Le ato a la cama y
empiezo a derramar un poco de cera caliente por sus muslos, entre los huevos,
por el pecho. Le pongo una mordaza de bola y tiro con rabia cuando está seca.
Grito ahogado, se empieza a poner rojo. Bien. Otro tira
de cera. Otro grito. Estoy doblegándole, me paga para ello, para acabar con su
importancia.
Está totalmente empalmado, hay algunos que se corren sin
ni siquiera llegar a estimularles. Le amaso los testículos enrojecidos con mis
guantes de cuero, le golpeo esa polla a punto de explotar. Tengo otros planes
para este pequeño bastardo. Tengo ganas de herir. Le insulto, le golpeo, añado
un par de pinzas más. Me mira asustado cuando saco el arnés. “Te voy a follar
mi pequeña putita”. Le quito la mordaza y le hago que me chupe los dedos. Luego
se los meto con brutalidad en el culo. Aguanta el grito mordiéndose los labios.
“Bien, mi perrito, bien, vas aprendiendo” Me lo empiezo a follar lentamente, se
nota que le gusta, vuelve a tener la polla endurecida. También me estoy poniendo
cachonda yo, demasiado. Paro, me pongo encima de él y le aplasto la cara con mi
coño “Lame perrito, lame” El cabrón no lo hace mal, le hago una paja para que
se motive más, apretando la base para que no se corra demasiado pronto. Juego
un poco con su cara hasta que le empiezo a asfixiar. Un minuto…dos
minutos…tres…empieza a convulsionar. Algo chisporrotea en mi mente. Levanto mi
coño. Por un momento me asusto. No, empieza a toser, vuelve el color a su cara.
El idiota bastardo me da propina. Emociones fuertes. No
sabe lo cerca que ha estado.
Hoy cumplo treinta y cuatro años.
**
Se hace de noche. Saco de nuevo la cinta que mi terapeuta
grabó en la sesión de hipnosis. Como me reí cuando me lo propuso, yo, que por
puro cinismo acudía a su consulta como una forma de escandalizar a un extraño
con mis vivencias. Enciendo un cigarro. Cojo el mando a distancia y enciendo la
cadena de música. Mi voz, extraña, en tercera persona, vuelve a inundar la
estancia…
Un cuarto con poca luz, las paredes forradas de terciopelo
rojizo, espejos en el techo. Un lavabo con luz blanca de hospital abandonado, y
una cama enorme en el medio.
Estaba tumbada en ella, semidesnuda, retozándose con aquel
chico al que llamaba “novio”.
Estaba excitada, nerviosa y llena de curiosidad El chico
le quito la ropa suavemente, y cuando estuvo desnuda, él se irguió de rodillas
en la cama, se bajó los calzoncillos y permitió que su pene erecto la apuntara
amenazante, su actitud era chulesca, como si quisiera que ella admirara su
falo... se enfundó el condón mientras la miraba lascivamente.
Fue en ese momento, cuando ella le pudo ver la cara, que
toda su excitación se esfumó, toda la curiosidad y las ganas dieron paso al
miedo. Él se colocó sobre ella, apretándola con su pecho contra la cama,
jadeándole en la cara, soltándole obscenidades... ¿quieres que te la meta
putita, tienes ganas de sentirla zorra?, deja que te la clave, abre las
piernas...
Ella balbuceó, quería decirle que fuera más despacio, que
no fuera tan bruto, pero él no le hizo caso, le abrió las piernas e intentó
encajarse entre ellas. Gritó de dolor, él siguió empujando, intentando
penetrarla... tienes que relajarte, le decía mientras seguía empujando... te
voy a follar, ¿no es lo que querías? te va a gustar, relájate...
Ella trató de relajarse, pero alzo la mirada, se vio
reflejada en el espejo en el techo, abierta de piernas, con un hombre sobre
ella... se sintió sucia, le dijo que parara, que no quería seguir... él dejó de
empujar... la miró, la besó dulcemente y le dijo al oído... relaja tu coñito,
quiero follármelo, ¿notas lo dura que tengo la polla? Pues la única manera de
que se ponga blanda otra vez es metiéndotela, así que, cariño, relájate...
Ella le dijo que no, trató de salir de debajo de él pero
se lo impidió, la cogió del cuello y le inmovilizó una mano... y empujó su pene
entre sus piernas con fuerza, apretó hasta que su vagina cedió a la presión
entre gritos de dolor y sollozos...
En cuanto estuvo dentro de ella, se quedó inmóvil,
saboreando el placer de esa primera penetración, “que apretadita...” haciendo
caso omiso a sus suplicas, empezó a penetrarla con más rudeza, sin
contemplación, su cara de placer se mezclaba con su expresión de deleite
viéndola llorar mientras la desgarraba, mientras la sujetaba los brazos con
brutalidad.
Ella dejó de gritar... dejó de hacer fuerza en cuanto ese
dolor agudo y desgarrador se extendió desde su vagina hasta su pecho... le dejó
hacer, dejó que las embestidas la empujaran violentamente contra el cabezal de
la cama, dejó que le lamiera la cara como un animal que lame el pelaje de su
presa antes de empezar a devorarla, dejó que le mordiera los pezones, la
azotara, y la sodomizara...
Cuando hubo acabado, él se dejó caer a un lado de la
cama... ella trató de levantarse pero el dolor en el bajo vientre fue tan
intenso que la hizo caerse de lado... el rió y le acarició la cabeza...
“Ha estado muy bien, lo has hecho fenomenal... para ser
tu primera vez, te has dejado follar como a una puta...”
Se vistieron, él la llevó a su casa, arrancó el coche
antes de que ella hubiera cerrado la puerta. Cuando entró en el piso en el que
vivía con sus padres, la vergüenza, el dolor y el miedo la hicieron correr
hacia su cuarto, deseando no volver a salir de allí nunca más... nadie debía
saber lo que había ocurrido... nadie…
***
Quizá ocurrió, quizá no. Sé que el cerebro tiene
mecanismos de defensa que nos hacen borrar episodios traumáticos, gente que de
pronto cambia su comportamiento drásticamente, se vuelven frígidas o promiscuas
sin que nadie sepa exactamente el motivo. Pero eso es buscar respuestas
simples. Yo soy alguien complejo. Puede ser un recuerdo prestado, algo que oí y
que interiorice cuando era niña. En cualquier caso mi confianza viene por Ella.
Ella fue la única persona de mi adolescencia cuyo recuerdo todavía hierve mi
piel.
Nunca había sido penetrada por nadie, era un punto de
suspensión en la nada. Ella fue la primera que me abrió con esas embestidas rítmicas,
rígidas, con los dedos algo curvados y haciendo fuerza hacía el pubis mientras su lengua me trabajaba el clítoris. Nunca he tenido
orgasmos más brutales. El sexo no tenía punto medio, era brutalmente tierno o
brutalmente duro. Pero siempre con esa conexión extremadamente intensa entre
las dos. Es algo que no he vuelto a sentir, quizá nunca lo haga.
Recuerdo aquella vez que la esposé a la cama y estuve
jugando lentamente con ella, recorriendo su cuerpo sin tocarla, sólo oliendo el
aroma de cada uno de sus rincones, disfrutando de su cuello, sus brazos, sus
axilas, sus pechos, el pliegue bajo sus pechos... sus costados, su vientre, sus
ingles, su coño, sus piernas... repentinamente un sutil roce con mis labios, y
poco a poco, muy de vez en cuando, fui dejando suaves besos allá por donde
pasaba, siempre con los ojos cerrados, recorriéndola entera cada vez con besos
un poco más intensos, pero sin prisa, acariciándola, primero con la yema de mis
dedos, un ligero cosquilleo que dibujaba figuras sobre su piel, luego más
intensamente, masajeando su carne a veces hasta ese punto que en frío duele
pero que en caliente resucita, mientras la iba besando allá por donde pasara.
Me drogué con su cuello, besándolo abiertamente y luego
mordiéndolo, apretándola entera contra mí, me deleité con sus pechos dirigiéndome
poco a poco hacia sus pezones donde naufragaba, duros, erguidos, como un par de
caramelos calientes, los besé, los chupé, mientras le arañaba la espalda y el
abdomen. En este punto si dejaba de tocarla gemía y se retorcía. Hasta que no
me suplicó a gritos no bajé en besos hasta su coño. Y cuando fui a darle el
primer beso, se corrió. Fue increíble. Yo estaba encendidísima de verla tan fuera
de sí, así que esperé con besos en sus muslos a que se desensibilizase un poco
y luego me cobré lo mío comiéndole el coño que se desbordaba por mí, sin buscar
su clítoris para no molestarla, sólo lamiendo entre los recovecos de sus
labios, besándolos, absorbiéndolos, rozándolos levemente con mi boca, paseando
la punta de mi lengua, calentándolo con ésta extendida del todo pero con la
punta siempre endurecida. Dejándolo limpio.
Podría contar también que conmigo descubrió el placer de
que te besen los pies, como mis dedos se salpicaron con su eyaculación por primera vez, como con ella tuve el mejor orgasmo de mi vida el
día que más duro me follo, dejándome temblando, con la cara contraída y
hormigueándome durante un largo rato. Siempre con su música de fondo, desde el
Metallica más rabioso a Portishead o Massive Attack.
Fue una época dulce, tormentosa, pero real, no ajada por
recuerdos reprimidos. El sexo es perfecto cuando te sientes realmente libre, cuando
se deja de pensar, incluso de sentir y se empieza a ser, a ser junto a otra
persona.
Quemo la cinta.
***
Les conocí en un local de intercambio. Merche me sedujo
en primera instancia y por eso cedi a compartirme con su marido. Tenía
veintidós años y solo quería olvidarme de Ella. Fuimos a su piso y directamente
empecé a chuparle, a lamerle la polla, me sentía muy puta, muy traviesa. Merche
se acercó por detrás se arrodillo, me levanto la falda y metió la lengua en mi
coño agarrándome por los muslos mientras me violaba con sus dedos. Sentía una
sensación de vértigo, de desasimiento, como si fuéramos actores de una
película…de una mala película.
Al cabo de un rato Carlos decidió empezar en serio.
Esnifó un par de rayas directamente de mis pechos y empezó a follarme la boca
de forma violenta. Una de mis fantasías era que me violasen, el forcejeo, esa
sutil amenaza que alienta el sometimiento total. Me deje hacer ahogándome con
su verga mientras ella me ataba las manos con una cuerda. Merche se reía pidiendo
su turno, me sujeto la cabeza con las dos manos, moviéndomela arriba y abajo,
para que la comiera el coño como ella exigía. Carlos me cogió de la cadera y me
empezó a follar como una perra, mi culo arriba y en pompa, las rodillas bien
separadas, sometida como una puta esclava sexual.
Empezó a follarme el culo, me la metía hasta los huevos,
notaba toda su polla dentro y como me daba azotes, duros y fuertes, o me metía
media mano en el coño. Volví a correrme de nuevo. Merche también se corría en mi
boca, incansable, haciéndome chupar tanto culo como coño, a juguetear con su
clítoris mientras me tiraba del pelo y me insultaba dulcemente. Y seguía
chupando como una perra hambrienta, y me seguían follando como una perra sin
dueño. Carlos saco un doble dildo para que nos pudiéramos empalar mutuamente
mientras frotábamos nuestros clítoris y le chupábamos la polla a dúo. Creo que
me grabó limpiando con la lengua todo el semen que cayó en el suelo en vez de
en mi cara. Estaba tan mojada que los flujos se me deslizaban hasta las
rodillas.
Unas horas más tarde me despidieron con un buen montón de
dinero. Me habían confundido con una puta, y en el fondo, no estaban tan equivocados.
***
Tantas ideas y tan poco espacio. Esta noche me siento
frágil, sola, quizás algo desalentada. Pienso en la inocencia de mi juventud,
como todo ha perdido intensidad en su repetición. A veces creo que ser puta de
lujo es una forma de sublimar mis ansias de amor. ¿No soy capaz de entregarme?
A veces, en sueños, pienso en ti, en tu boca, en tus labios, en nuestras
lenguas perdidas en laberintos de saliva. Los mejores besos son aquellos en los
que el tiempo parece detenerse, donde lo demás desaparece. Besos violentos y
desgarradores, al mismo tiempo que dulces y tiernos, seda sobre piel provocando
escalofríos.
Todo es contradictorio, porque cuando algo es importante, por naturaleza, es contradictorio, así rige el caos. Así es el universo. Pero aunque ardo por gemir a tu lado y tatuar mis pechos contar tu piel, tú me susurras una negativa, porque solo eres una mitad rota que aún piensa en el pasado, en otra que no soy yo.
Todo es contradictorio, porque cuando algo es importante, por naturaleza, es contradictorio, así rige el caos. Así es el universo. Pero aunque ardo por gemir a tu lado y tatuar mis pechos contar tu piel, tú me susurras una negativa, porque solo eres una mitad rota que aún piensa en el pasado, en otra que no soy yo.
Prefiero los sueños de ninfómana, sueños llenos de
pollas, enormes, tiesas, duras, rojas, mostrándose como un ejército invasor, en
una guerra donde destrozan mis bragas, mis medias, toda la ropa en un largo
fusilamiento hasta que se cobran su botín. En hombres maduros, atractivos bajo
la tenue luz de un local de cócteles que me observan fijamente hasta que una
punzada despierta mi sexo. Soñar con llevarlos a casa parando el ascensor para
comprobar la mercancía, en correrme entre el octavo y el noveno piso. En beber
lambrusco y echarlo sobre mi cuerpo abierto encima de la mesa, cayendo en cascada
junto a mis flujos sobre sus bocas ansiosas, adictas.
Pero a pesar de todo cedo, y me pierdo entre mis dedos buscando ese orgasmo sincero que siempre me hace llorar.

