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sábado, 4 de febrero de 2012

Todo se reduce a una polla dura.

“Se la metí y tampoco fue para tanto. Así es como la vida te demuestra su fracaso, anhelos deshilachándose entre las nomenclaturas estériles de nuestros gemidos.”

Es una buena frase de servilleta. Me gusta este anzuelo para ti, mi lector, creo que es básico intentar que sintáis algo, aunque sea asco, desde la primera línea, es la única razón lógica que me impulsa a quitar la música, abrir otra botella, y vertebrar toda mi locura sobre el teclado. Buscando la metáfora del orgasmo en la sonoridad musical de las palabras, buscando esa pausa de talento que rompa tu imperturbabilidad. El Marqués de Sade escribía desde el manicomio por pura necesidad, lo único que le excitaba eran sus textos, Bukowski para permanecer cuerdo. Una mezcla de esto, quizás ahuyentar la diacronía, la soledad, el miedo.
Fundido en negro. Acción.

Estoy en un bar bebiendo de madrugada, cosa insólita, porque no me gustan estos escenarios, no tolero la compañía. Pero aquí  la gente viene a estar sola, huyendo del asco, de esa cocina a oscuras donde bebes mientras escuchas el siseo del quemador de gas abierto. Estaba pensando que el derecho al suicidio es más noble que el derecho a amar, por perdurable, por el simple hecho de que de que solo te puedes suicidar una vez, pero amar, eso es repetitivo, constante, te mutilas para sobrevivir, pero sigues adelante.

De todas formas muchos ya estamos muertos, ostentamos un simulacro de vida, el hecho de no estar en un ataúd con dos metros de tierra por encima es solo un detalle sin importancia. Los gusanos empezaron primero con los sueños. Y tu inocencia. Lo sé, estuve ahí. Como hablar sin que nadie te escuche. Cada vez más difícil la tarea de inventarte/levantarte un día más, al absurdo de trabajar, de moverse, de respirar, de tener planes que no sean el presente puro, imbuido en el Ennui. Pienso en mi padre, ese ser intangible que no conozco, arrastrando su vida ajeno a mí. Es difícil vivir sin una figura paterna, sin ningún ejemplo cerca de ti. No sientes pertenencia, no sabes realmente cómo comportarte, imitas como hacen todos, pero tú, sin embargo, te sientes un fraude, te cuestionas cada acto. Eres como esas escenas eliminadas en las películas que aparecen como extras en el dvd. Y entiendes esa decisión porque lastran, porque rompen la buena continuidad de la trama, innecesarias. Un error. Mi madre debería de haber abortado.

De pronto siento su mirada atravesándome al otro lado de la barra. Es del tipo de mujer que provoca guerras, siglos y siglos de hombres matando, muriendo por algo así. Labios entreabiertos, pechos perfectos para las manos de un hombre, esbelta, bien proporcionada, elegante aunque deje ver un muslo enloquecedor de forma casi casual. Zapatos de tacón alto que la encumbran como una figura de mármol. La invito una copa. Se llama Helena. La conversación fluye.

Llegamos a su casa. Parece que vive sola. Un piso pequeño, dos habitaciones. Hay pocos detalles personales, ni siquiera una foto, como si estuviera de paso. Aun así transmite cierta calidez, sensación de hogar. Desaparece en el baño durante un rato. Tiene muchos libros, aunque todos parecen nuevos, sin uso. Cuando sale lleva un albornoz y el pelo recogido. Se sienta en el sillón junto a mí con las piernas cruzadas y pone música en su portátil. Seguimos bebiendo, la conversación no languidece, simplemente flotamos en los silencios, magnetizados por los pequeños gestos, es un baile donde cada uno interpreta su papel. Ella actúa como un gato, perezoso, impredecible, sin traslucir demasiado, manteniendo el misterio, hasta que finalmente decida acabar con su presa. Yo me refugio en el adalid del caballero romántico mantenido cierta distancia, pero realmente lo hago porque no creo que se me vaya a poner dura. Estoy demasiado intimidado, agarrotado. El hueco que ha dejado mi autoestima me hace creer en la magia cuando descruza las piernas y se acomoda más cerca de mí. Cada vez bebo con más ansiedad.

El accidente se acerca cálido y sensual, su aliento me cosquillea la oreja y el cinturón de seguridad de su albornoz cae al suelo. Nos besamos, sus pechos caben perfectamente en la palma de mi mano como pensaba, le deslizo parte del vino por la boca para envilecernos más. Está totalmente desnuda, y empiezo a lamerla, tiro suavemente de los pelos de su pubis mientras acaricio con la lengua sus labios. Me acerco a su clítoris, quizá sea demasiado pronto pero necesito adorarlo, pongo la punta de la lengua dura y me enrosco a él mientras uno o dos dedos entran en su coño sonrosado. Escucho sus gemidos, aún conservo ciertas pinceladas del talento a lo Van Gogh aquí abajo, succiono su clítoris bañándolo dentro de mi boca con saliva y juego con la lengua, moviendo en espirar, de un lado a otro. Me aprieta la cabeza con las piernas, no puedo escucharla, pero noto como tiembla, como acompasa los movimientos de mis dedos con su cuerpo. Joder, estoy cachondo. Muy cachondo. Aumento el ritmo y se corre en mi boca entre pequeños espasmos.

Quiero metérsela ya, pero no me deja, primero me la quiere chupar: “Eres una zorra agradecida, así me gusta”
Ella asiente con placer, es de esas que le van el rollo sucio y encima te la chupan mirándote a los ojos. Sigo bebiendo, empiezo a sentirme algo descontrolado. La besuqueo un poco y fricciono mi polla contra sus tetas. Tiene un cuerpo magnifico. Sigue dándole durante varios minutos, y se toca mientras lo hace. Me hace un buen repaso en los bajos, me acaricia los testículos con la fruición de puta de elite.

La pongo a cuatro patas, le cojo las manos por la espalda y con la izquierda le empiezo a meter el pulgar por el culo. Dejo que mi polla tantee y se vaya abriendo camino. Encuentra la abertura y entra. Un coño excelente, prieto y húmedo. Dejo que mi polla se acomode sin moverme. Ella se contonea pero sigo quieto. Un pequeño truco. Después, retiro la polla, espero, y vuelvo a meter la punta y una pequeña parte del rabo lentamente.
Helena: “Venga, por favor, fóllame. Por Dios”
Sigo magreándole el reborde, sacando la punta y volviéndosela a meter lentamente. Me grita, pero está más cachonda que nunca, a punto de reventar. Al final empiezo a follármela duro. La trato como una muñeca, sin sacarla la tumbo y nos ponemos de lado, luego la levanto y me la coloco encima. La verdad es que sabe moverse, pero quiero alargarlo lo máximo posible. Al final no puedo más, me pongo encima y la incrusto contra el cabecero de la cama con diez o doce embestidas que nos dejan sin aliento.

Me palpita la polla, desde luego la chica sabe apretar. Va un momento al baño y casi me quedo dormido, no siento esa necesidad de huida o dejadez. Cuando vuelve me da un leve beso y se acuesta dándome la espalda. No se ha puesto las bragas y cuando escucho su respiración relajarse me aprieto contra ella, la tengo medio dura. Follo bien, pero me dejo llevar por la emociones. No tengo término medio. Quiero volver a entrar en ella pero no me atrevo a despertarla. Me levanto, sigo bebiendo una hora más. Al final me quedo dormido en el sofá.

Cuando despierto ha dejado una nota, deja clara la necesidad de mi ausencia cuando vuelva del trabajo. Mierda, tendría que haber intentado ese segundo polvo.

Estoy horriblemente cachondo, a pesar de mis treinta y cuatro hay ocasiones en las que tras una borrachera me despierto con una erección dolorosa, molesta, inaudita. Como si volviera a ser un adolescente con poluciones nocturnas. Veo esta enorme verga y me asusto a mí mismo, joder, que potencial, que enorme masa de carne desperdiciada frustrada por las veleidades femeninas. Un milagro palpitando con vida propia, ¿Qué puedo hacer?

De pronto veo su zapato rojo de tacón, increíblemente erótico. Soy un hombre de pechos, pero reconozco que un buen culo realzado por unos tacones es irresistible. Meto mi polla en él y empecé a frotarme, me lo empiezo a follar, quiero que disfrute, que se corra conmigo. Lo giro, me fricciono con la tela del empeine. Sigo así un buen rato hasta que vislumbro un fogonazo de color debajo de su cama: sus braguitas. Dios existe y soy su elegido. Las recojo y me tumbo en la cama. Primero las huelo, y ya embriagado empiezo a masturbarme con ellas. Resulta glorioso, nunca había eyaculado tanto en mi vida. Joder. Estoy totalmente vacío, mis pelotas has descargado toda su funcionabilidad por semanas. No hay nada más hermoso como regalo de despedida, como prenda de amor, que unas bragas empapadas, encharcadas de semen.

Pero me sobrecoge la tristeza. El orgasmo masculino te convierte en un nihilista físico, las mujeres siempre quieren más y más pero a nosotros nos sobrecoge la necesidad de huir. Supongo que ahora ya solo queda volver al viejo placer del cinco contra uno mientras escucho los lamentos espartanos cayendo por el precipicio de la soledad. Mierda.

De pronto Noemi abre la puerta. Joder. Nos ahorraremos los gestos de sorpresa y los diálogos estúpidos, esto se ha convertido sin mi permiso en un post erótico. Es la hermana de Helena y representa ciertas fantasías con mujeres pseudo intelectuales.

Se empieza a desnudar y en los matices se nota lo desaprovechada que esta. Esto le sucede a muchas, no hay mujeres excepcionalmente feas, simplemente no se sienten deseadas, nadie se las ha follado con la intensidad adecuada y se abandonan al desaliño estético, subliman toda su libido reprimida volcándose en su carrera profesional, sus dos gatos y en desarrollar un nulo sentido del humor los domingos por la tarde. Un mal endémico. El caso es que la tengo desnuda ante mí, desgraciadamente no sabe chupar una polla, aunque lo considero una torpeza normal. Pero tiene un clítoris enorme y no se queja cuando la introduzco tres dedos por el culo. Porque seamos sinceros, después de la pequeña epopeya con la ropa interior de su hermana lo único que me pone cachondo es saber que la voy a sodomizar. Y ella supongo que está harta de escuchar a su hermana follar al otro lado del tabique y se va a mostrar complaciente.

Me la follo un poco con la lengua, y ella empieza a poner en marcha mis improvisadas lecciones de garganta profunda. Podríamos enamorarnos sin llegar a mirarnos a la cara, solo intercambiando placer. Pero lo cierto es que me encantan sus pechos, grandes, enormes, increíbles, los chupo, los froto contra mi polla, me masturbo con ellos, los muerdo…sus pezones se convierten en dos nuevos clítoris. Joder, ya no es una mujer, son dos pechos que llenan toda la habitación con su carne. Pero todo lo bonito acaba y Noemi coge mi pene y se lo mete. Aquí ya no entran técnicas, da igual, no voy a conseguir correrme, me limito a alargar la mano hacía la botella y a esperar. En el fondo todo esto tiene algo de vulgar, de ingenuo, de ridículo. Un trámite, ¿Qué somos? Simples animales que se masturban ante los espejos que crea la naturaleza, solo hemos cambiamos el nombre del juego. Pero ya sabes cómo son las mujeres, tienen ego, se percatan de todo. Noemi se posiciona arriba, balanceando con deleite sus tetas, sube hasta dejar aparecer el glande y luego ¡Pam! baja con fuerza. Prácticas peligrosas para la integridad de mi pene. Pero mira, que cojones, la chica merece toda mi implicación, que encienda la luz –metáfora- y me deje llevar. A los cinco minutos ya estoy corriéndome con tanta intensidad que casi me ahogo dentro de ella. En el fondo es un ejemplo claro de lo pequeños que somos en comparación con las mujeres. Son tan superiores que solo es cuestión de tiempo que la esclavitud se imponga, y por mi parte genial: me vendo por un par de orgasmos.

Me descabalga y pregunta por el condón mientras se pone las bragas. Ahí asumo que el romanticismo ha acabado. Bueno, así son las cosas. Me duele la polla, tengo el vientre empapado por sus flujos, este es sin duda el olor de la victoria, no el napalm. Me levanto, y nos despedimos. No le doy ningún beso, no sé por qué. Supongo que me hubiera gustado ser ese alguien especial que la ame, la orgasme durante medio siglo, no quiero terminar en una habitación fría y desahuciada convertido en comida para perros. Pero quiero el pack completo, quiero, al menos al principio, estar “hasta las trancas”, enamorado. O como queráis llamarlo.  O sea que me visto mientras ella se ducha. Cojo el IPod, busco la impostura, le robo un cigarrillo aunque no fume y le dejo en una servilleta un par de estrofas de Nick Drake como despedida, a fin de cuentas ella me ha dejado entrever parte de su misterio. Salgo por la puerta en busca de algún bar, como una estúpida epanadiplosis, pero me rindo ante el frio siberiano y cojo un taxi.

Madrid es una puta, eso lo sabemos todos, insensible, sifilítica, una vagina demasiado grande y reseca en la que es imposible disfrutar. Barcelona me agrada más. Y las catalanas. A pesar de las malas experiencias. La vuelta a casa es mortal, estúpida, irreal. Llego a casa y cojo la botella de vino, sé que la resaca va a ser brutal pero no puedo evitarlo. Pongo a Beethoven de fondo e intento follarme al suicidio. Como decía Bukowski: el aguante es más importante que la verdad. Solo es un poco de soledad intrascendente, estupidez trasnochada que busca algo en el contexto equivocado. Os utilizo en mi error.

Divago sobre mis muñecas y pienso ¿Por qué no? Y aunque no me gusta el dolor me corto. Un poco. El antebrazo. Nada serio. Y es divertido. Me quita el aturdimiento. Dolor físico mejor que emocional. Estoy loco. Estoy solo. Es lo mismo.

El silencio es tóxico. Pongo Radiohead. Y pienso en Laura, Patricia. Domi, María, Alba.... En todas ellas. O quizás en ninguna, y sólo me masturbe con el concepto de su posibilidad porque su realidad me terminó aburriendo en el pasado. Todo es un hermoso y estúpido fiasco, como tú, buscando cariño mientras utilizan sin piedad tu romántico coño como un kleenex usado. No puedo ayudarte en eso tampoco. Soy alguien confuso, quizás enfermo, que levanta su mano derecha adoptando la forma de un arma y apunta a la luz de tu sonrisa.

Me voy a la cama. Hoy no existo. Aún hay demasiada luz.

La música de siempre by Gotan Project on Grooveshark

miércoles, 8 de junio de 2011

Tumbas como espejos, temiendo la ausencia del deseo inmutable, la literatura del perdedor en gestos de masturbación estéril.

Sala de Soluciones Definitivas. Una mesa grande llena de papeles y cuadernos con informes médicos, radiografías y revistas BDSM Gore, cosas que hacen palidecen los diez minutos de Bellucci en Irreversible. Material enfermizo que ha sustituido a la pornografía Hardcore. En 2022 nadie se corre sino hay alguna mutilación o asesinato, las violaciones a la orden del día, tramitadas como simple travesura. Una silla. Un flexo apuntado inmisericorde. Ocho enormes negros empapados en crack velando sus ocho respectivas puertas por donde entran todos los clientes. El primero hace su aparición:

Doctor: Ya te han realizado la lobotomía ¿esta contento?
Dexter: Sí, por supuesto, es la ilusión de mi vida, es mejor que las drogas, siempre sonrío, todo me parece bien, ningún trabajo me resulta monótono. Soy alguien completo y feliz, recomendaría a cualquiera que le taladrasen el cerebro.
Doctor: De acuerdo, salga por esa puerta para la sesión de publicidad, solo tendrá que pagarnos la operación durante los próximos cuarenta y cinco años.
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Doctor: Tú has pedido una castración química
Fernando: Si, no ha conocido a nadie como yo, no necesito mujeres, solo un agujero con fricción, pero hay demasiados y tan poco tiempo…, necesito quitarme esta necesidad, esta búsqueda constante de agujeros. Me he follado todo tipo de animales incluso una vez hice un agujero en la tierra y me folle al planeta. Mi polla es una costra sangrante. Hágame parar.
Doctor: No se preocupe, tenga esta receta y salga por esa puerta, si lo desea también podemos extirparle uno de sus cojones ahora que ya no las necesita para nada. Podrá comprarse otra pantalla de plasma de 100 pulgadas con el dinero…
Fernando: Genial, este sitio es una puerta a los sueños.
Siguiente sujeto
Doctor: Suicido…me temo que no, podemos mutilarle pero el suicidio aun es ilegal, estamos comprando los derechos.
Calimero: Exudo fracaso por cada uno de mis poros, ¿no pueden hacer nada por mi?
Doctor: No, lo siento, se puede suicidar usted en su casa sin daños colaterales para nuestra legalidad, nadie se lo va a impedir, hay una tienda de venenos, cuchillas oxidadas y todo tipo de cuerdas y utensilios de tortura por esa puerta. Gracias.
Siguiente sujeto
Doctor: Le hemos quitado el estomago, no necesitamos cosas tan vetustas como una sonda nasogástrica, ahora con un par de pastillas al día su metabolismo se mantendrá vivo…de alguna forma. Siempre estará cansada, mareos, su intestino se pudrirá poco a poco y sus tiroides van a joderle la vida a corto plazo. Pero nunca, nunca más engordara, ¿esta contenta?
Eva: ¡Si! Es el día más maravilloso de mi vida. Gracias

Dos meses después
Siguiente sujeto
Mario: No me la puedo quitar de la cabeza y…
Doctor: Vale, vale, tenemos una sala especial para los suicidas. Ya tenemos los derechos de emisión.

Sala suicidas.
Doctor: A ver chicos, todos queréis morir, podemos organizar algo salvaje, mataros unos a otros, os damos un día que es el mínimo legal. Haceros amigos y mañana os hacéis un favor unos a otros.
Todos firman
Al día siguiente habrá una gran masacre financiada por sus propios protagonistas. Pagar por morir.

Una cámara enfoca a dos de los participantes. Es de noche ya.

Ariadna: Como te decía mi vida es muy complicada, todos mis parientes han muerto por alguna brutalidad sexual. Mi padre murió con el colon reventado por un caballo, mi tío se rompió el cuello al intentar chupársela a si mismo, mi madre quiso pulverizar el record de Gangbang que estaba en 916 hombres seguidos -Lisa Sparxxx-, quería llegar al kilobang pero murió antes de conseguirlo…
Mario: ¿una puta embolia? Me suena a un libro.
Ariadna: No, no, un loco obsesionado, la mató allí mismo, y luego se cortó el pene. Algo terrible.
Mario: Vaya, bueno, llegó a un espectro de publico mayor, la gente también se puede masturbar con eso. ¿Entonces es una maldición o realmente buscas una muerte violenta provocada por…?
Ariadna: Te lo contaba por no hablar del tiempo. Mi lapida es la más aislada del cementerio, húmeda y sin finales felices.
Mario: Espero que sea una puta metáfora y no hablemos de coprofagía con muertos. De todas formas comparto esa sensación, podría amarte, podría odiarte, podría explicarte que es el petricor mientras te introduzco mi puño en la vagina…
Ariadna: Nada nuevo, ahora llevo unas enormes bolas chinas para ejercitar los músculos del coño, he retorcido enormes penes dentro de mi, soy un arma de destrucción masiva. Mi coño es el anticristo de las pollas. Fama legendaria, nadie ha sobrevivido.
Mario: Joder, nunca me había encontrado una vagina vigoréxica…
Ariadna: …
Mario: Yo estoy aquí porque tengo miedo a los zombies.
Ariadna: ¿Zombies? Eso si que suena como “una puta metáfora”
Mario: No, los zombies existen, comiendo nuestro cerebro poco a poco, cada día me levanto mas cansado, notando el cambio en mi interior, mi lóbulo frontal pronto morirá, no hay forma de sublimar la miseria. Son como heridas abiertas llenas de gusanos. Una trepanación en el alma. La verdad, podríamos follar para cambiar de tema.
Ariadna: Dame por el culo, no estas preparado todavía para mi vagina.
Nuestro querido protagonista crea una autopista de saliva, de lubricidad, ambrosía de jodido orgasmo, que recorre el cuerpo de esta afortunada mujer desde el tobillo, sus muslos, pasando por el corazón de toda trascendencia, recorriendo ese piercing en el ombligo para finalizar en el cuello donde marcará su pasión posesiva. El mundo es ahora un poco mejor.
Mario: Me gusta tu cuerpo, tiene algo extraño, insano, terrible. Casi me da miedo preguntarlo ¿naciste mujer? Nadie puede chuparla tan bien.
Ariadna: Penétrame, hazme daño.
Nuestro querido protagonista introduce su pequeño cerebrito en el ano amistoso de nuestra encantadora meretriz mientras grita “I Am The Doctor”
Ariadna: Ládrame cabrón, ládrame.
Mario: Puta sin alma, deja las fantasías zoofílicas, ¿hace mucho que no follas con seres humanos verdad?
Dobla su cinturón y golpea su culo con saña dejando un reguero de dagas rojas que destilan la belleza de un crepúsculo.
Ariadna: ¡Hijo de puta, nunca he estado tan mojada…!
Mario: Estoy loco, tengo la cara llena de cortes, me gusta lastimarme, voy a enviar a mi polla como una sonda a lo desconocido. Veamos ese coño perlado de monstruosidades.
Se inyecta una sustancia de color azul en el cuello. Todo queda borroso a partir de ahí, no recuerda cuanto dura, cauterizando oquedades con su polla de muerte, haciéndose uno, follando ante el dolor, la perdida, la sinrazón, sellándose con el golpeteo rítmico de sus pelotas una y otra vez contra ese clítoris resbaladizo.

Están volando sobre el nido del cuco. Nadie escapa, se boicotean, se quedan dormidos. No sabrían vivir fuera. Quizá tampoco era amor, solo pus congelado a las puertas del infierno.


Mario es el primero en despertar. Siguen vivos, no por mucho tiempo, quedan apenas unos minutos para la Battle Royale. Sin embargo cierra los ojos con una sonrisa. Ha vuelto a soñar con ella, por ultima vez. Ella, una rosa sin príncipe. Orgasmos de afonía, un coño perfecto envuelto en un lazo azul de regalo. Follando en un cementerio, cogidos de la mano, masturbándose una y otra vez. Mirada ámbar que suspira. Fantasmas reencarnados, teléfonos apagados. Desesperación en sueños que huyen de sueños violando paginas en blanco. Rompiendo uno a uno los hilos que nos unen. Empeño mortal en seguir adelante desgarrando la carne del alma una...y otra...y otra vez en el proceso.

¿Lo sientes? Es nuestro final. Adiós.

La Chispa Adecuada (Bendecida 3) by Héroes del Silencio on Grooveshark