domingo, 11 de diciembre de 2011

Error 404

Estoy excesivamente borracho. Podría justificarlo arguyendo que es un homenaje al nacimiento de Morrison, pero la verdad es que ni lo recordaba, además fue el jueves. Puta cena de empresa, rodeado de mujeres, de ti, de bebida, de comida, de charla insustancial, planes, anécdotas sin gracia. Luego el antro con música vomitiva, donde todo el mundo baila y se emociona. Más bebida, más interacción. No contigo claro. Y al final acabo a las siete de la mañana bebiendo vino directamente de la botella y enrollándome con una tía que no me interesa.

Me cuenta que desde que ha tenido el niño tiene más ganas de follar y se siente frustrada e infeliz. Me quedo en silencio. No estoy en condiciones de follar. Me largo con su vino, sólo quería un poco de cariño, prefiero el frío de la calle a su coche.

Escribo porque sé que nunca vas a leerme, es algo morboso, cobarde, estúpido, pero espero que tenga ese efecto masturbatorio catártico, como un buen opiáceo, que me relaje de esta obsesión que conspira por las noches. No me conoces aunque compartamos espacio en el trabajo, mi nombre, mi voz, mi imagen viajó por tus sinapsis sin dejar huella, algo que suele suceder, no soy alguien que puedas catalogar de follable, tus hormonas esquivan mi genética con la crueldad aséptica de una nota a pie de página hablando de un escritor muerto.

No creo que mis sentimientos validen nada, y aunque sé que la belleza no es sinónimo de verdad y aunque hay cosas importantes que no conozco –como tu cara de orgasmo-, no puedo evitar idealizarte, sacarte de la vulgaridad del resto de vaginas que se hacinan a tu alrededor. Observándote de lejos te he averiguado: eres inteligente, idealista, responsable, coqueta, odias perder el tiempo, tienes temple social, miras a los ojos cuando hablas, realmente escuchas. No sueles beber, pero resplandeces cuando estas achispada, no te gusta maquillarte en exceso, eres intensa cuando ves una injusticia…

Aunque en el fondo somos retazos de ADN condicionados, alineados por las circunstancias, con poco margen de libertad, tienes muchas facetas, cada una con un matiz que vislumbro en diferentes ocasiones, como sino hubieras querido venderte. Por eso sé que buscas las mariposas en el estómago, la película, el beso pasional y romántico bajo la lluvia, la épica. La buscas con tenacidad y me gusta que lo hagas, porque también la mereces, sabes perfectamente como abducirme –a mí y a todos- con esa mirada que desarma, con ese leve y elegante coqueteo.

Sueño con arrancarte las bragas, cogerte por detrás y agarrarte con saña los pechos, sentir tus pezones duros a través de la lencería. Te apretaría mi polla para que sintieras como deseo penetrarte hasta que sangremos, mi lengua bailaría por tu nunca, tu cuello, recorriendo tu espalda, te mordería ese culo perfecto y luego te echaría en la cama. Te abriría de piernas para poder acariciar con las yemas de los dedos, ligeramente, ese coño húmedo vibrante que me pide carne, riesgo, locura. Notaría como cambia tu respiración cuando mi lengua se abre paso, como arqueas tu espalda y te pegas a mí. Y ahí, justo cuando no puedes más, cuando gritas pidiéndome –casi suplicante- que te la meta hasta el fondo, empezaría a follarme tu inalcanzable imperfección, te horadaría hasta el apocalipsis y seguiría más allá, hasta que nuestras carnes se fundieran y mezclaran en una masa indistinguible.

Es la soledad la que apuntala mi obsesión, sé que no me harías feliz, eres jodidamente inestable, egoísta, manipuladora, con esa intensidad que te da excusa para todo. Pero de alguna forma enferma estas dando sentido a mi vida estos tres últimos meses. Divago, ni siquiera es culpa del alcohol. El rebaño es coherente, lo que no compartes no existe. En “Carta de una desconocida” de Stefan Zweig la protagonista pasa toda su vida enamorada del mismo hombre y antes de morir envía una carta contándole todo. Pero él, después de leerla, no recuerda ninguno de esos breves encuentros que tuvieron y que significaron todo para ella. Ni siquiera recuerda su cara. El final de la película difiere, él pensaba huir de un duelo de honor que tiene esa misma noche, pero al terminar la carta decide ir. Hay una cierta condescendencia en ese final, sólo nuestro ego agradece ese amor no correspondido. Tú eres una romántica, necesitas que Él te saque a bailar mientras los músicos del Titanic siguen tocando. Sí mi pase de baile sigue vacío no es algo que tenga importancia para ti.

Ya vislumbro la resaca idiotizante. Te confieso que ahora, después de escribir todo esto, me he puesto cachondo, tengo la tentación de sacarme la polla, esa polla roja, rotunda, hermosa -como solo puede ser una polla cuando da placer y no tedio-, y gozar de la maravillosa base de datos de monstruosidades que alberga internet. Alejarme un poco de tu nicho rosa y embrutecerme con imágenes de sádicos con máscaras de cuero que perforan con sus pollas descomunales a pequeñísimas nínfulas, BDSM sin control, con sangre, heridas, marcas, cicatrices…escenarios de mazmorra del medievo, donde violan con instrumentos de tortura. Embarazadas con animales, enormes cantidades de carne confundiéndose, degradación, sordidez, empañando el alma mientras pequeñas ondas de placer ascienden desde mi mano.

Pero la cosa no funciona, supongo que necesitaría tus mentiras, mentiras de Diosa que me hagan especial, que desplieguen mis inseguridades sobre el tamiz de sabanas sudadas y las evaporen con esa mezcla de flujos y gemidos que hacen a una mujer perder el control y entregarse brevemente a ti…o a la nada que perfilas con tu cuerpo.

Pero como decía antes todo es estéril –yermo-, cuando no hay bilateralidad, te conviertes en el personaje de una obra de Lorca, sumergido en su destino fatalista, arrinconado entre cuatro paredes donde la felicidad no es una opción.

Lo más lógico sería intentar venderme: me gusta comer coños, disfruto enormemente naufragando entre vuestras humedades. A veces creo que mi lengua es más sabia que mi polla. El desequilibrio es necesario.

Hay momentos mediocres que el tiempo hace indispensables, como hacer reír a esa chica que te interesa, aunque luego se abra de piernas con el hombre equivocado, es decir, no contigo. Hay gente que esquiva el dolor sin darse cuenta de que es la forma más sencilla de sentirse vivo, somos, con perspectiva, productores de basura, parásitos. Habla de tu legado a la muerte, haznos reír. Me tumbo en mi encrucijada, pataleando en las arenas movedizas de mi propia inanidad, dando el mejor ejemplo, como un libro malo, de lo que NO se debe hacer. No sé si eres una puta o la dueña del burdel pero usabas subordinadas en las conversaciones y eso me ponía cachondo…o quizá el reloj se paró cuando Radiohead sonaba de fondo y tu boca se atragantaba con la nada mientras el vino resbalaba por tu coño, cálido y hermoso como un amanecer sonrosado.

Ese último párrafo ha sido una excusa para ganar tiempo a la raya vertical que parpadea inmisericorde pidiendo un final que no soy capaz de encontrar. Y aunque no dejo de pensar en ti, mi querida y atractiva lectora, jugando con tus dedos mientras me lees, no tengo más remedio que huir sin darte lo que necesitas. Mi cabeza sigue gruñendo en un idioma desconocido…quizás después de mil trescientas palabras el amor deje de tener sentido, quizá el vino tenga un extraño sabor metálico, quizá lo apocalíptico se vuelve normal, quizá focalizar el orgasmo solo en Ella es tan estúpido como golpear esta pared, destrozándote los nudillos en sangre, futilidad y dolor, quizá estas noches que devoran cerebro e hígado, donde las ventanas no son salida sino solución, donde recargas el arma listo para la revancha, lo único que puedes hacer es follar hasta que tu alma se seque de cansancio, aunque solo sea una virginal página en blanco.

Florence+ the Machine-Drumming Song by Florence and The Machine on Grooveshark

jueves, 8 de diciembre de 2011

No necesito que me abras el cielo, solo mis piernas todas las noches. ¡Un poco de épica, coño!

Me encontraba el domingo en mi trabajo, ese lugar en el que entras con la luz del sol, el canto de los pájaros, niños jugando en el parque, todo hermoso, brillante y feliz… y a las dos horas estás odiando a la humanidad con intensidad hercúlea. También depende de cuando salte la llamada que te crispará los nervios el resto de la jornada. Soy experto en reconocerlas por el tono insidioso del interlocutor, por su mala leche y falta de educación. Son los mismos clientes que al día siguiente, de forma misteriosa, tienen la línea bloqueada o borrada su cuenta bancaria. Pero eso es otro tema. Estaba pensando en dieciocho formas diferentes de volar el edificio con todos dentro cuando el cliente que tengo en espera desde hace cinco minutos cuelga y me salta la siguiente, como solo cojo las impares sucede lo siguiente:

Rorschach: Hola, soy Rorschach, ¿quién eres? (increíble pero cierto, nos obligan a esa entradilla)
Carmen: Soy Carmen.
Rorschach: Hola Carmen, dime, ¿cuál es tu consulta?
Carmen: Te doy los datos del móvil, ¿de acuerdo? (Numero, nombre del titular, dirección, DNI) Verás, este número, como ya has podido comprobar, no está a mi nombre, está a nombre de mi pareja. Necesito, es muy importante, que me digas cual es el número al que ha llamado hoy a las siete y media de la tarde.
Rorschach: (Mierda) Discúlpeme pero me temo que aunque fuera la titular no podría facilitarle esa información.
Carmen: Comprendo, pero es que esto es realmente muy importante.
(Tres minutos de circunloquios hablando de advertencias legales, mi despido y su necesidad)

Carmen: (Silencio) ¿Tienes pareja…? Bueno, no importa, mira, sospecho que él me engaña. Llevamos juntos desde hace años, las cosas últimamente no van muy bien. Yo le quiero. Pero, no puedo explicarlo… detalles, son detalles como cambiar de colonia, cuidarse más. Es un cobarde, nunca me reconocerá nada, me tachará de loca. Ahora dice que se ha ido con unos amigos, su reunión de los miércoles. Su puta reunión de los miércoles de machos. Pero si solo pudieras darme ese número podría comprobarlo. Y si me ha mentido en esto… me ha mentido en todo. Ya podría tomar una decisión, ¿me comprendes?
Rorschach: Sí, si entiendo todo esto. Pero no puedo facilitarte ningún número de teléfono, ya te he explicado el motivo.
Carmen: ¿Eres una persona o una maquina?
Rorschach: Una maquina.
Carmen: Bien, tienes sentido del humor. Por favor, solo te pido que me comprendas. A esa hora le ha sonado el teléfono y le he visto a hurtadillas devolver la llamada. Cuando se ha ido le he llamado y ya lo tenía apagado. Podría llamar a sus amigos, pero son SUS amigos. Tú… ¿nunca has necesitado saber la verdad, tener una prueba? Sólo te pido un número, una solución elegante. Solo quiero seguir adelante con mi vida…
Rorschach: Joder, te estas poniendo demasiado melodramática.
Carmen: Llevo cuatro años con él.
Rorschach: Que sepas que como escuchen esta conversación me echan. El número es: 622****** Vaya, parece de Yoigo...
Carmen: Espera que apunte, ¿dices que es de Yoigo?
Rorschach: Sí, y tiene bastantes llamadas, sobre todo a la hora de la comida y a partir de las nueve…
Carmen: (Pausa) Sé que es mucho pedir pero, ¿me podrías decir a quién pertenece?
Rorschach: (Silencio) Bah, total, vayamos hasta el final. A ver, un momento. Pertenece a una mujer… Susana *** *** ¿Te suena de algo?
Carmen: (Empieza a llorar) Hijo de puta… hijo de puta…
Me cuelga.

Otro cliente satisfecho.

*****
Un día más de oportunidades perdidas, solo quiero llegar a casa. Cojo el autobús y entonces la veo. Es ese tipo de sonrisa de ceniza, de ilusiones de sal, de niña mala, perversa, como esperándote a ti para retar a la vida -y te aseguro que te llevará hasta el final aunque sea por encima de vuestras posibilidades. Una sonrisa para otro claro. Se bajan y me espero a la siguiente. Un poco de tregua.

Hoy es mi último día solo en casa. Al buscar una copia de las llaves me he encontrado un regalo de cumpleaños de mi ex. El de las tarjetitas. Me ha hecho ilusión recordarlo. Luego he mirado el calendario, hoy día ocho es su cumpleaños. Y aunque iba a enviarle un sms, como hizo ella conmigo, he preferido llamarla. Joder, son muchos años, a pesar de nuestras mezquindades nos merecemos algo de cordialidad.
Felicidades sinceras desde mi decadencia, espero que seas muy feliz.

Dejando aparte el truco de la portabilidad para conseguir nuevo móvil y descuentos en la tarifa –mierda, sí, la próxima semana tendré Whatsapp- los pedidos de libros a través de internet, los conciertos y las salidas nocturnas están agotando mi dinero. No es fácil vivir con un sueldo de teleoperador, y menos en España. Por ello hacía unos meses que me estaba planteado seriamente compartir piso. Hace un par de meses una amiga del trabajo se ofreció, pero a pesar de la desesperación que traslucen mis textos y la oferta de sexo implícita, tuve que negarme. He sabido valorar la paz de mi hogar, la antítesis de la convivencia con una mujer.

De pronto -el lunes para más señas-, un viejo conocido me llama desesperado. Su pareja, con la que lleva ocho años, se ha vuelto loca: le ha echado de casa y ha cambiado la cerradura, Necesita un sitio para quedarse y que le ayude a recuperar sus cosas. Bueno, no suena mal, pobrecito ¿no? Tampoco entiendo porque me considera un experto en mujeres desequilibradas, pero de acuerdo, me ofrezco a ayudarle.

Pero las cosas no son tan sencillas. Tampoco voy a contar como fueron las tensas, horribles, incomodas cuatro horas que tardamos en recoger todas sus cosas empaquetarlas o tirarlas directamente al contenedor. Saltemos las partes violentas, los gritos, los llantos, las pullas terribles de intimidad desbordante. Ella pidiéndole explicaciones, pidiéndole que le devolviera su Vida y él tirando los regalos que ella le había hecho por la ventana, mostrando brutalmente que le importa una mierda y que solo desea borrarla. Joder, fue la puta desintegración de una pareja.

En este punto me acorde de la conversación del trabajo antes mencionada -todo es tan parecido que casi da miedo-, porque mi futuro compañero de piso es un bastardo, un mentiroso compulsivo. En vez de dejarlo con ella, decirle que no es feliz, se lía con una compañera de trabajo a la que le cuenta una milonga y sigue así, varios meses con las dos, hasta que le pillan. Y es entonces cuando saca el orgullo y decide irse ÉL de casa porque quiere vivir su historia de amor sin engaños. Menudo cabrón. Cuando me di cuenta de todo estuve a punto de mandarle a tomar por culo y dejarle con sus cosas en la calle.
Pero como le dije a ella en privado: en el fondo te ha hecho un favor.

O sea que ahora soy un decadente de pacotilla, tengo cena de empresa, compañero de piso provisional e incluso alguna cita social y musical este mes.
Un fraude.

Menos mal que nos queda la ficción...

"Heroes" by David Bowie on Grooveshark

viernes, 2 de diciembre de 2011

Un año de Decadencia.

Suelo escribir a partir de las tres de la madrugada, quizá sea el silencio, la ausencia de vida lo que hace más sencilla mi huida a través del teclado. Quizá refleja mi interior, la incapacidad de un mínimo compromiso existencial para cambiar la realidad que me rodea, una realidad cubierta de moscas hambrientas, de placas de Petri que exhiben vulgaridad en su monotonía. El hombre elige, el esclavo obedece. Me enzarzo en mi propia Battle Royale donde mueren ideas en cada nuevo post, esperando algo que me defina y agarrándome a ello cuando nadie mira….-STOP-

Tranquilos, tranquilos, no os vayáis: hoy no toca post grandilocuente melancólico coñazo –a mí también me aburren-: ¡Hoy toca felicitaciones y adulaciones! ¡Es el aniversario de este maravilloso, inconmensurable, portentoso y decadente blog!

Un año. Un año de existencia. Podría hablar de visitas, seguidores, estadísticas, pero prefiero resumirlo con una palabra: GRACIAS.
Gracias por vuestra inteligencia, por ver más allá de la broma de la decadencia, de los exabruptos, del personaje, de la repetición, del desamor real y ficticio, Gracias por leerme alguna vez y dejar vuestra huella por privado o en los comentarios, a pesar de ser un fantasma ingrato en vuestros blogs. Y gracias, finalmente, por vuestro respeto cuando me he atrevido a mostrarme un poco.

Gracias muy concretas a Sophia por formar parte de mi vida y de este blog durante varios meses y por ser mi primera seguidora un seis de enero. Sin ella, mal que me pese, esto no hubiera sido lo mismo.
A mi vecina, la filóloga amante de Jim Morrison, por ser la primera en leerme. Al asesor por decirme que le aburro y bajarme los humos, a la princesa por interesarse tanto por mi vida sentimental y por leerse solo los comentarios. A Domi por conseguir que mantuviera una obsesión estúpida durante un año: arde en el infierno.
Al chino de mi barrio por venderme vino a horas intempestivas, a Ella porque es una musa cruel, a Bukowski, a un sombrero rojo de paja que se escapa por el viento y alguien atrapa, a Rorschach por permitirme hablar de mí sin que se note, a mis compañeras de trabajo por no leerme porque así puedo hablar de ellas. A Juan porque es el único de mi entorno al que le encantan mis textos e incluso los lee en mi casa. A todas las mujeres de Madrid que NO me han escrito porque nunca os hubiera podido hacer felices. A todas las mujeres que SÍ me han escrito por seguir haciéndolo a pesar de la decepción. A todas las catalanas porque sois mi fetiche sexual. Y a los hombres…por manteneros lo más silenciosos posibles –risas.
Al señor Advenedizo –ya sé que no te gustan estas cosas pero…- por marcar la diferencia en su anterior blog y en el actual. Sexo, escatología, libertad, irreverencia, dignifica los blogs entre tanta mierda y fue una de las razones para animarme a empezar uno.
A Lunática por comentar todos mis post, por ser mi segunda seguidora, por tus mails privados y por tu existencia.
Mario Pina y a Wendy por demostrarme al empezar que había gente con talento por estos lares. Blogs cerrados por cierto.
Magenta por estar ahí un par de meses y por esa cena en Madrid.
A la guapa Ina por perdonar mi abulia social, por sus críticas y sus mails.
A Chatnoir por su acento catalán –encantador- y por leerse mi blog sin ningún orden.
A la señorita Celia por conocerme, por el mail que me dejaste y por estar ahí a pesar de todo.
Gracias a Rebeca por el baño en la playa, a Lucia, Blogboreta, Marián, Sbm, La que canta con lobos, Onara, A veces Eau, a veces Euria, siempre Idoia por tus consejos, Asolada, Pseudosocióloga, Sincopada por tus sugerencias musicales y por la empatía, a Julieta, Lili, SaSSeNaCH, a los anónimos amantes del PP, a Piensa, Señorita T, Pati, RChs, Sara, PsicoAlhana, Noa por tus increíbles comentarios, te debo un mail, Exter, Imilce y en general –sois muchos- a todos los que habéis perdonado mis excesos permaneciendo aquí más de lo aconsejable. Si alguien quiere denunciar su ausencia en este párrafo o en mi listado –Cartelera- le rendiré pleitesía por aquí.

Y realmente no hay mucho más, mi vida, los cambios o su ausencia, están entre líneas, en los párrafos impares. No ha sido un buen año, lo reconozco. Pero a pesar de lo efímero de todo esto, de la ficción, de la impostura, de ser tiempos difíciles para los soñadores, me alegra formar parte de este extraño taller literario social en el que todos, a nuestra manera, colaboramos.

Un abrazo.

decadencia by Héroes del Silencio on Grooveshark

jueves, 1 de diciembre de 2011

El tricornio y el consolador.

Me llamo Mauricio y soy policía desde hace más de veinte años, un hombre con mayúsculas, con los cojones como el toro de Osborne. Si hay que meter una paliza, ya sea dentro o fuera de casa, soy el ejemplo a seguir. Mi mujer, ese animal de compañía que encharca las bragas al pensar en su alcaldesa Ana Botella, es sobre el papel mi pareja perfecta, lubricando su coño a mi antojo. Convivimos sin que las cosas terminen de funcionar.

Supongo que el único momento de pasión de su vida fue con su amante, es una lástima que este desapareciera de repente y todas sus entelequias se vieran frustradas. La pobre envió durante varios años cartas de amor no correspondidas hasta que finalmente, resentida, se resignó a mi verga y a mis lunas de hiel. Nunca sabrá que su Romeo, después de la paliza que le metimos en comisaría y las dos noches que pasó con un par de violadores en el calabozo, tenía sobradas razones para desaparecer y nunca atreverse a contestar sus misivas. A veces leo alguna de ellas y me sobrecojo ante esa exultante fantasía que hace presa de las mujeres:

“(…) Ganar o perder lo que me humedece es el riesgo. Siento el clítoris tembloroso solo con recordar tu voz. Esa voz penetrante, grave, borracha de vino y ansiedades que me penetraba hasta lo más hondo. Soy un premio ya conquistado antes de que me bajes las bragas. Te recuerdo marcando el camino con tu saliva, arrodillado, haciéndome arder. Tu lengua agujereándome mientras tu nariz rozaba mi clítoris febril y enfermo de tamaño. Esa música de fondo como si quisieras adoctrinarme mientras te suplicaba, te imploraba, que me la metieras, que me follases, necesitando que me compensaras todo el tiempo pedido. Sentirte caliente, duro, entrando en mí, saborear el sabor de tu semen en un solo latido, sin sentido y sin final mientras bebemos de nuestros orgasmos. Te amo y te amaré siempre, nos conocimos con un beso de despedida, nunca te olvidaré”

Qué bonito.

De todas formas he descubierto que lo que realmente me gusta no es follarme a mi esposa en la misma posición aburrida del misionero con el Cara Al Sol de fondo. No. Lo que realmente me gusta es que me sodomicen, que me den por el culo. Pero no un puto homosexual, mierda, ojalá mueran todos de alguna enfermedad más perfeccionada. Solo me dejo sodomizar por una mujer. Podría ahorrar dinero y pedírselo a su esposa, pero en plena menopausia eso erosionaría la poca lucidez que le queda. Por eso recurro a Carla.

Carla es majísima, una puta de alto postín, todo artificial: tetas, culo, labios…me gusta sus preliminares cuando empieza a chuparme los huevos y va bajando. Cuando me penetra con su consolador me humaniza, casi consigue por unos instantes que desaparezca esa necesidad de violencia que me provocan esos putos perroflautas de Sol. Si tuviera algo de poder acabaría con todos esos gilipollas, esos anarquistas okupas de mierda que ralentizan el buen devenir de ese maravilloso país: España. Y que me dices de Cataluña…cada vez que veo las noticias se me revuelve el estómago con todos esos independentistas, antipatriotas de mierda, exigiendo derechos. Si pudiera me follaría a todas esas putas afrancesas y les obligaría a chuparme el cimbrel en condiciones y en castellano. Me quedo con las fachillas de Madrid: prepotentes, un poco idiotas, pero acostumbradas a bajarse las bragas cuando es necesario.

A veces pienso en chupar una polla mientras Carla me sodomiza, son extrañezas pasajeras, fruto del stress del trabajo. No soy un jodido gay, no tengo necesidad de ir al psiquiatra a medicarme. Solo tengo curiosidad. Por eso compré aquellas revistas, con escenas de perros pasándolo bien. Se lo propuse a Carla pero no era su campo. Me puso en contacto con Sandra.

Sandra si lo hace, ella tiene su propio perro, es hermoso ver como se la folla Marcus, su pastor alemán, con ese enorme falo. He pensado mucho en ello: lo que me excita es la sumisión, la denigración de la mujer, me gusta cuando Marcus se corre y la llena con esa enorme cantidad de semen y ella tiene que permanecer quieta porque el glande del perro está totalmente inflamado y tiene que seguir dentro de ella durante unos minutos hasta que por fin puede sacarla sin hacerse daño. Me gusta ver como se la folla brutalmente mientras me la chupa. Una mera esclava…menos que eso: un simple animal.
Pero Sandra disfruta con ello, le gustan las emociones fuertes, desgraciadamente se rompió la magia al darme cuenta de ello.

Quizá sea un poco misógino, quizá debería dar un poco de libertad a mi hija. Pero cuando vi ese condón no pude evitar darle una ostia, aún es muy joven para follar, para vestir con esa ropa de puta. Joder, solo pido un poco de respeto en mi propia casa. ¿Qué coño es eso de que necesito controlar mi ira? Alguna vez rompo algo y tengo que tomar medidas disciplinarias para mantener el orden, pero eso no es motivo para encerrarse en su habitación y poner esa puta música tan deprimente.
Cuando nos vino a ver ese asistente social del colegio diciendo esas tonterías de que la niña no comía, me reí y empecé a limpiar mi arma reglamentaría H&K -rutina habitual en las sobremesas familiares-, ¿estamos locos? Mi hija es delgada porque es su constitución, la veo comer todos los días, joder, en mi casa siempre hay comida, para eso me mato a trabajar. Menudo gilipollas. Que no me lo cruce cuando voy de servicio porque no sale de comisaria.

Al final encontré a Regina, adicta al caballo, pobrecita, es duro para ella a sus treinta y cuatro aparentar veinte años más y ver como su hija le hace la competencia en la esquina de enfrente. He intentado hacer un trio con las dos pero no quieren. Es cuestión de tiempo. De momento me conformo con el servicio gratuito que me ofrenda -previa amenaza- en el asiento de atrás de mi coche. Me gusta su boca, ahogarla con mi enorme polla llena de postulas –a saber el motivo…- y ver como se derraman sus lágrimas de rimen, como se retuerce cuando mis pequeños soldaditos pasan por su garganta. Este es el puto paraíso: violar la boca de una puta. Soy ateo, no puedo aspirar a más.

Ahora sin embargo estoy de mala ostia: han ingresado a mi hija. Dicen que pesa menos de cuarenta kilos, el médico me lo recalca con tono desaprobador, como si tuviera la culpa. Mi mujer llora desconsolada. La tienen entubada, con quince años. Bueno, está claro que necesito liberar tensiones.

Vuelvo con Esther, me gusta hablar con ella. Es una mujer grandota, tetas caídas, pocos dientes, conserva ese talante vetusto de pueblo, esa risa sincera a pesar del aliento perpetuo a semen rancio. Esta ajada, cuando miras a sus ojos vislumbras una puerta entornada llamada esperanza, que va cerrándose irremisiblemente sin ni siquiera la protesta de un portazo.
Me cuenta sus experiencias, hoy la han pagado por comer la mierda de un tío y dejar que le vomiten encima. Más tarde se lo ha encontrado en el supermercado con su mujer y su hija pequeña. La felicidad de un matrimonio se basa en volcar el vómito reprimido en ella, a veces literalmente.
Sabe que tengo potencial para el sadismo, para romper los límites de la degradación establecida. Pero es complicado, ya ha tenido sexo con animales, películas de bondage, violaciones, reconstrucción de colon. Incluso su falta de dientes mejora las felaciones. Ha hecho de la miseria sexual, de la barbarie, su razón para vivir, su forma de definirse como individuo. Me mira inquisitiva, esperanzada, pero ¿Qué puedo ofrecerle yo cuando golpearla es un simple preliminar, un bostezo existencial, cuándo ha hecho del castigo sexual una rutina?

No se me pone dura y seguimos hablando. Me enseña fotos de un antiguo novio de su juventud, me habla del pueblo, de su familia, de su primer aborto, me dice que nunca la quisieron, que la prostitución es como la guerra: una excusa para mostrarte como realmente eres, un animal. Dice que bebe demasiado, que su madre murió el año pasado y no se atrevió a ir al entierro. Le hubiera gustado llevar una vida normal y ser madre. Mierda, casi me enternece, no podré volver aquí. Sería como escupir en un pozo seco. Me despido.

Ya es de noche, Madrid está podrida por dentro. No me gustan las drogas, Franco no se drogaba, pero la noche es larga. Voy al poblado de siempre, nadie se percata, la policía es clientela fija. Me meto un par de rayas. La cocaína en vez de hacerme hablar me pone introspectivo. La imagen de mi hija en el hospital, con ese tubo en la boca, mirándome con odio cuando fui a verla… Joder, me he follado a yonquis de su edad con más ganas de vivir que ella. Me siento un monstruo.
Me meto otra raya, que extraño es este impulso que nos empuja a seguir a pesar de todo. Bebo un trago de la petaca. Me gusta conducir borracho con la sirena a toda leche, me encantaría ir a Sol o cualquier otro sitio, y en medio de una manifestación romper la cabeza a algún perroflauta, sino fuera por las denuncias, por esta mierda de democracia de pacotilla…

Es curioso donde me ha llevado la vida con cuarenta y cuatro años. Yo quería ser dentista, pero en algún momento se torció todo. Quizá no luché lo suficiente, o quizá me dejé llevar por las circunstancias del momento, adaptándome para sobrevivir. Genio o genocida, al final lo único importante es el presente. Saco la nota de suicidio de aquella yonqui a la que encontramos muerta hace unos días:

“Explicar el suicidio en una nota es una incoherencia, normalmente es un simple arrebato, la cuerda, el puente, el gas, la pistola. Nadie da explicaciones de porque Mozart acabó en una fosa común, de porque si tienes un gatillazo siento que la culpa es mía, de porque elegimos no elegir y no abrir la puerta al superyó. Sé que hay gente que me quiere…pero no me comprenden, y si no eres capaz de comprenderme no puedes aceptarme. No sabes porque lloro cuando estoy sola, y por eso me siento sola en tu compañía. Ya ni siquiera me siento viva con la música, cuando escribo, cuando me masturbo…lo siento. Y te pido perdón porque sé que es cosa mía, mi percepción, mi forma de enfocar las cosas, sé que no hay razón para quejarme, que no tengo perspectiva…pero no puedo evitar sentirme así. Simplemente sobrevivo. Podría ir al psicólogo, pero es como la fe ¿de qué serviría a un ateo? Me enamoro sin pensar, de ojos gastados, sin brillo, que tienen miedo a los espejos, coleccionistas de llamadas perdidas, de mails sin respuesta, a rebufo de la funeraria. Así soy yo: complicada, caótica, inservible, de las que se apoyan en la barra de algún bar, inmutable a invitaciones sórdidas o canciones de amor porque esperan que la ginebra haga efecto para volver a aquel verano donde sonaba esa canción y Él, por fin, me sacaba a bailar. La vida, como siempre, tenía otros planes. Pero no quiero enmarcar ese viejo neón estropeado de la nostalgia…solo pienso en la nieve…blanca, pura, apocalíptica, un réquiem de luz que lo inunda todo sin dejar ninguna pista al enemigo. Y dejas tus huellas, esperanzada en ese simple legado, mientras caminas ignorante hacia el Sol que hará desaparecer todo detrás de ti. Pero conozco esa verdad, noto el frio tras el cristal del segundero que marca la marcha fúnebre, y aunque hay cierta ternura contenida en este epigrama separado por comas, no espero que mis palabras sean un gran acontecimiento, todo es tan fugaz como los ojos verdes de ese conductor de autobús que, sin interés, flirtea conmigo. Ya siento el cansancio, el veneno circulando por mis venas, actuando, desatando ese instinto atávico de supervivencia. Subo el volumen, rechazo la llamada, no hay nada por lo que merezca la pena resistir…”

Llamo a Silvia, le digo que tengo coca y caballo. Llego a su cuarto, está sembrado de fotos suyas antes y después de la operación: antes era Silvio y tenía polla. Ahora tiene una vagina de juguete. Lo bueno es que te la puedes follar sin condón. Le gusta poner la música muy alta, creo que lo hace para joderme. Día equivocado. La ato como siempre y empiezo a follármela sin preliminares, me gusta el tacto de esta vagina de mentira, de virgen incapaz de lubricar. Le duele y mi empatía me empuja a meterle sus bragas en la boca y aumentar el ritmo. No consigo correrme y entonces saco la porra y empiezo a golpear esa cara que tanta cirugía y hormonas ha necesitado. No destrozo nada hermoso, solo una patética mentira.

La sangre me salpica, es divertido, excitante, intercalo mis crueles penetraciones con golpes en sus pechos de porcelana, en su rostro amorfo ya por las lesiones. Le arranco un pezón para devolverle la conciencia. Necesito que siga despierta, sus bragas están rojas de sangre y sufre espasmos. Me rio, la vida tiene sentido: golpear, penetrar, matar. Soy un puto psicópata. Y sí: al final somos los únicos supervivientes. Vivís en un mundo de horror. Welcome

¡Qué sonrisa tan rara! by Extremoduro on Grooveshark