Me encontraba el domingo
en mi trabajo, ese lugar en el que entras con la luz del sol, el canto de los
pájaros, niños jugando en el parque, todo hermoso, brillante y feliz… y a las
dos horas estás odiando a la humanidad con intensidad hercúlea. También depende
de cuando salte la llamada que te crispará los nervios el resto de la jornada.
Soy experto en reconocerlas por el tono insidioso del interlocutor, por su mala
leche y falta de educación. Son los mismos clientes que al día siguiente, de
forma misteriosa, tienen la línea bloqueada o borrada su cuenta bancaria. Pero
eso es otro tema. Estaba pensando en dieciocho formas diferentes de volar el
edificio con todos dentro cuando el cliente que tengo en espera desde hace
cinco minutos cuelga y me salta la siguiente, como solo cojo las impares sucede
lo siguiente:
Rorschach: Hola, soy Rorschach, ¿quién eres? (increíble pero cierto, nos obligan a esa entradilla)
Carmen: Soy Carmen.
Rorschach: Hola Carmen, dime, ¿cuál es tu consulta?
Carmen: Te doy los datos del
móvil, ¿de acuerdo? (Numero, nombre del
titular, dirección, DNI) Verás, este número, como ya has podido comprobar,
no está a mi nombre, está a nombre de mi pareja. Necesito, es muy importante,
que me digas cual es el número al que ha llamado hoy a las siete y media de la
tarde.
Rorschach: (Mierda) Discúlpeme
pero me temo que aunque fuera la titular no podría facilitarle esa información.
Carmen: Comprendo, pero es que
esto es realmente muy importante.
(Tres minutos de circunloquios hablando de
advertencias legales, mi despido y su necesidad)
Carmen: (Silencio)
¿Tienes pareja…? Bueno, no importa, mira, sospecho que él me engaña. Llevamos
juntos desde hace años, las cosas últimamente no van muy bien. Yo le quiero.
Pero, no puedo explicarlo… detalles, son detalles como cambiar de colonia,
cuidarse más. Es un cobarde, nunca me reconocerá nada, me tachará de loca.
Ahora dice que se ha ido con unos amigos, su reunión de los miércoles. Su puta
reunión de los miércoles de machos. Pero si solo pudieras darme ese número
podría comprobarlo. Y si me ha mentido en esto… me ha mentido en todo. Ya
podría tomar una decisión, ¿me comprendes?
Rorschach: Sí, si entiendo todo esto. Pero no puedo facilitarte
ningún número de teléfono, ya te he explicado el motivo.
Carmen: ¿Eres una persona o una
maquina?
Rorschach: Una maquina.
Carmen: Bien, tienes sentido del
humor. Por favor, solo te pido que me comprendas. A esa hora le ha sonado el
teléfono y le he visto a hurtadillas devolver la llamada. Cuando se ha ido le
he llamado y ya lo tenía apagado. Podría llamar a sus amigos, pero son SUS
amigos. Tú… ¿nunca has necesitado saber la verdad, tener una prueba? Sólo te
pido un número, una solución elegante. Solo quiero seguir adelante con mi vida…
Rorschach: Joder, te estas poniendo demasiado melodramática.
Carmen: Llevo cuatro años con
él.
Rorschach: Que sepas que como escuchen esta conversación me
echan. El número es: 622****** Vaya, parece de Yoigo...
Carmen: Espera que apunte,
¿dices que es de Yoigo?
Rorschach: Sí, y tiene bastantes llamadas, sobre todo a la hora
de la comida y a partir de las nueve…
Carmen: (Pausa) Sé
que es mucho pedir pero, ¿me podrías decir a quién pertenece?
Rorschach: (Silencio) Bah, total, vayamos hasta el final. A ver, un
momento. Pertenece a una mujer… Susana *** *** ¿Te suena de algo?
Carmen: (Empieza a llorar) Hijo de puta… hijo de puta…
Me cuelga.
Otro cliente satisfecho.
*****
Un día más de
oportunidades perdidas, solo quiero llegar a casa. Cojo el autobús y entonces
la veo. Es ese tipo de sonrisa de ceniza, de ilusiones de sal, de niña mala,
perversa, como esperándote a ti para retar a la vida -y te aseguro que te
llevará hasta el final aunque sea por encima de vuestras posibilidades. Una
sonrisa para otro claro. Se bajan y me espero a la siguiente. Un poco de
tregua.
Hoy es mi último día solo
en casa. Al buscar una copia de las llaves me he encontrado un regalo de
cumpleaños de mi ex. El de las tarjetitas. Me ha hecho ilusión recordarlo.
Luego he mirado el calendario, hoy día ocho es su cumpleaños. Y aunque iba a
enviarle un sms, como hizo ella conmigo, he preferido llamarla. Joder, son
muchos años, a pesar de nuestras mezquindades nos merecemos algo de
cordialidad.
Felicidades sinceras desde
mi decadencia, espero que seas muy feliz.
Dejando aparte el truco de
la portabilidad para conseguir nuevo móvil y descuentos en la tarifa –mierda,
sí, la próxima semana tendré Whatsapp- los pedidos de libros a través de
internet, los conciertos y las salidas nocturnas están agotando mi dinero. No
es fácil vivir con un sueldo de teleoperador, y menos en España. Por ello hacía
unos meses que me estaba planteado seriamente compartir piso. Hace un par de
meses una amiga del trabajo se ofreció, pero a pesar de la desesperación que
traslucen mis textos y la oferta de sexo implícita, tuve que negarme. He sabido
valorar la paz de mi hogar, la antítesis de la convivencia con una mujer.
De pronto -el lunes para
más señas-, un viejo conocido me llama desesperado. Su pareja, con la que lleva
ocho años, se ha vuelto loca: le ha echado de casa y ha cambiado la cerradura,
Necesita un sitio para quedarse y que le ayude a recuperar sus cosas. Bueno, no
suena mal, pobrecito ¿no? Tampoco entiendo porque me considera un experto en
mujeres desequilibradas, pero de acuerdo, me ofrezco a ayudarle.
Pero las cosas no son tan
sencillas. Tampoco voy a contar como fueron las tensas, horribles, incomodas
cuatro horas que tardamos en recoger todas sus cosas empaquetarlas o tirarlas
directamente al contenedor. Saltemos las partes violentas, los gritos, los
llantos, las pullas terribles de intimidad desbordante. Ella pidiéndole
explicaciones, pidiéndole que le devolviera su Vida y él tirando los regalos
que ella le había hecho por la ventana, mostrando brutalmente que le importa
una mierda y que solo desea borrarla. Joder, fue la puta desintegración de una
pareja.
En este punto me acorde de
la conversación del trabajo antes mencionada -todo es tan parecido que casi da
miedo-, porque mi futuro compañero de piso es un bastardo, un mentiroso
compulsivo. En vez de dejarlo con ella, decirle que no es feliz, se lía con una
compañera de trabajo a la que le cuenta una milonga y sigue así, varios meses
con las dos, hasta que le pillan. Y es entonces cuando saca el orgullo y decide
irse ÉL de casa porque quiere vivir su historia de amor sin engaños. Menudo
cabrón. Cuando me di cuenta de todo estuve a punto de mandarle a tomar por culo
y dejarle con sus cosas en la calle.
Pero como le dije a ella
en privado: en el fondo te ha hecho un favor.
O sea que ahora soy un
decadente de pacotilla, tengo cena de empresa, compañero de piso provisional e
incluso alguna cita social y musical este mes.
Un fraude.
Menos mal que nos queda la
ficción...


