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viernes, 27 de abril de 2012

El parlamento de Conejos.

La identidad del vecino del cuarto es revelada, se llama Rorschach, tiene problemas psiquiátricos y su medicación es totalmente incompatible con el alcohol, lo que al final le hace mejor persona y mucho más interesante que el 99% de la raza humana. Pero también tiene enemigos naturales. Todo el mundo, recordemos, tiene su némesis. Si os apasionan los comics –asumo que no, sois gente adulta con una vida real-, os serán conocidos personaje como El Doctor Muerte, Lex Luthor, Magneto, Joker, Apocalipsis, Kang, Duende Verde, Dientes De Sable. Concedo que son nombres ridículos. Más entrañables, Los Daleks o Moriarty. Pero volviendo a la realidad, a veces aparece algún capullo que siempre te lastra a un segundo puesto que te llena de bilis la garganta. A veces es un amigo, otras un hermano, o un compañero de. En cualquier caso, en esta sociedad presuntamente civilizada, suelen servir para templar nuestro carácter y nuestra retórica.

Pero divago, lo que quería decir es que Rorschach tiene como némesis al Parlamento De Conejos Parlanchines. Son gigantes, de aspecto humanoide. Ha sido una guerra larga y cruel, con bajas y cicatrices en ambos lados, pero ahora se ha establecido una especie de tregua y los tres conejos supervivientes han colonizado una de las habitaciones de la zona sur.

Conejo A: Tiene que morir, hay que llegar hasta el final, vengar a todos nuestros compañeros muertos. Miradle ahí, bebiendo, como si fuera un reto mantenerse ebrio la mayor parte del tiempo, entendiendo mal las biografías de sus escritores favoritos, corriendo alrededor de su campo de minas personal. En serio, es un acto de piedad acabar con su vida.
Conejo B: Te metes demasiado en tu personaje, eres un simple replicante con recuerdos implantados, solo somos productos de su imaginación, un deliriums tremens literario. No tiene ningún sentido que queramos formular decisiones, al final haremos lo que él nos indique. Solo existes si existe tu libertad. Prefiero observar en silencio, el quietismo, no quiero hacerle el trabajo sucio, sería ponérselo demasiado fácil.
Conejo A: No digas idioteces, ¿la sangre de tus compañeros caídos no significa nada para ti, todo lo reduces a una simple cuestión filosófica?, Esto es una guerra. O estás conmigo o contra mí, veremos donde queda tu retórica cuando termine esta tregua estúpida y acabes en el horno con una manzana en la boca.
Conejo B: Tú simbolizas su parte paranoide, mi participación es más racional. Posiblemente sea un truco, una forma de alargar el párrafo creando un conflicto, mientras piensa en segundo plano como cojones seguir.

La conejita C -podríamos llamarla de momento Inés-, observa desde lejos la conversación. A pesar de sus dientes y esas largas orejas que le llegan a la altura de las mejillas tiene la belleza de un dibujo animado. Se maquilla, usa falda y suele hacerse la encontradiza con Rorschach. Tiene sueños eróticos con él, y no le importaría traicionar a sus dos compañeros si con ello pudiera violarle repetidamente durante semanas. No le asusta el posible resultado de esa unión de especies y a despecho de la imaginería de Cronenberg, cree que sus hijos conquistarían el mundo.

Rorschach se muestra ajeno a ese drama. Tiene el aspecto de Jack Torrance delante de la pantalla. Está solo, su amigo del sur, Sansara, ha caído en combate, no está acostumbrado a ese nivel de alcoholismo. Envejecer es asumir las consecuencias de querer tocar fondo, pero no hay  manera de sublimar esa decadencia con esos conejos, inspirados en Donnie Darko, haciendo tanto ruido. Son las cuatro de la mañana. Malditos. Pero enfrentarse a sus propias criaturas tiene muchos peligros, ha visto Re-Animator, las tres partes, y sabe cómo suele terminar todo.

De pronto aparece una bandera en forma de zanahoria blanca. Los tres conejos se acercan a Rorschach.

Conejo B: Querido Shalafi, dejando aparte que no se estés cumpliendo nuestras prerrogativas, como el hecho de que traigas gente a nuestro sancta sanctórum sin consultarlo previamente, tenemos un problema añadido: ha aparecido un fantasma en la habitación contigua y nos está jodiendo.
Rorschach: Está bien, maldita sea, no hay nada peor que ser vuestro casero. Espero que no sea el fantasma de alguno de mis abuelos o, peor aún, el del psicópata que ocupo esta casa hace años.

Los cuatro llegan a la habitación. Al entrar, efectivamente, hay una mujer joven traslucida quejándose amargamente. Rorschach la pide explicaciones.

Fantasma sollozando: Soy el fantasma que representa a todas las mujeres que mueren vírgenes habiendo cumplido la mayoría de edad.
Rorschach: ¡Imposible! ¡Pensaba que el himen era un mito en España desde hace décadas!
Fantasma: Desgraciadamente se dan casos: traumas, religión, estupidez. Sea cual sea el problema, el himen nos impide salir del purgatorio, es una especie de ancla en este plano astral. Hemos pedido ayuda a los eternos, pero suelen ser impotentes o sus filias no incluyen penetración, solo coprofagia y su propia sodomización con objetos punzantes. Pero por fin te hemos encontrado, tu pene es como el campanario de Regreso al futuro, una especie de catalizador, de punto de energía que existe en todo el multiverso capaz de follar con fantasmas y creaciones incorpóreas de tu mente.
Rorschach: Joder, mi suerte está cambiando. ¡Y ni siquiera será necesario utilizar condón!

En ese momento la conejita Inés, provista de un bagaje de información que incluye las películas de Los Cazafantasmas y El Exorcista, en un acto irreflexivo de furia y celos empieza a arrojarle cocteles molotov de agua bendita y shuriken de ostias sagradas. Hay una confusión en su ideario, pero el fantasma desaparece quitando a Rorschach la oportunidad de tener sexo por primera vez este año.

Antes de que Rorschach empiece a maldecir y amenazar con racionar las zanahorias con forma de pene, vuelven los problemas. Desde la habitación de la zona sudeste una expedición de ardillas zombies se acerca al salón. Es una colonia bastante peligrosa, solo necesitan morder a su víctima o arrojarse como kamikazes japoneses para propagar su enfermedad zombi por el mundo. Se necesita un héroe con el poster de Ash y su sierra mecánica en la pared, alguien que no le importe sacrificar su existencia para parar esa pandemia letal, alguien que quiera dar un poco de tiempo y esperanza a la humanidad. Naturalmente Rorschach está deseando que se larguen y acaben con todo de una vez, pero las putas ardillas mutantes siguen sin querer salir a la calle, se quedan en su habitación viendo la televisión y comiendo pistachos.

Al final, en un acto de paz y fraternidad, deciden aprovechar la noche y ver una película en el salón todos juntos. Hay una breve discusión pero al final se deciden por fragmentos de Fight club, concretamente todas las escenas donde aparece Marla. Luego Tarantino domina la pantalla con un duelo de katanas y el entrenamiento de Pai Mei. Todos beben y beben, parecen una familia disfuncional pero feliz. Rorschach, cometiendo un exceso, pone el final de The Empire Strikes Back, pero nadie se queja. En un momento dado suena la banda sonora de Drive y, después de un baile muy sensual, el fantasma y el conejo filósofo se van juntos a una habitación. El conejo violento y las ardillas mutantes deciden ver la última de Rambo, con esa empatía que nace de las ansias de apocalipsis.

A nuestro querido protagonista, Inés le resulta cada vez más atractiva, quizás sea por culpa de la droga que la susodicha le ha echado en la bebida. Recordad: una hembra enamorada es uno de los seres más peligrosos, sin contar a dioses judeocristianos, de toda la existencia/literatura. Al final acaban en la cama, todo resulta muy bonito, sórdido, mágico, surrealista, y genuinamente enfermizo, culminando en un orgasmo particularmente intenso.

Y Rorschach, a pesar de todo su poder de cronista demiurgo, no puede evitar pensar, mientras acaricia esas enormes orejas, que el amor se presenta muchas veces con la forma más extraña y perfecta a la vez. Y por primera vez en mucho tiempo, sonríe.

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viernes, 24 de febrero de 2012

El corazón a partir de los treinta es un condón usado. No te dejes engañar.

Todos los dolores son producto de la incompetencia, me duele la polla porque no sé masturbarme, me duele la cabeza porque no sé beber, me duele el corazón porque no sé amar como ellas necesitan. El dolor es un aguijón, salgo al exterior, a ese parque del extrarradio lleno de árboles y mierda. Y conejos enanos. Tenemos una invasión, una plaga. Alguien abandonó una pareja el año pasado. Ahora son miles, de todo tipo y tamaño, reproduciéndose como gremlins bajo el agua. Se han comido el césped de medio parque. En el fondo los entiendo, ellos solo quieren follar y comer. Pero el ayuntamiento los ha convertido en el enemigo, intenta aniquilarlos con trampas, con veneno, no les importa sus necesidades. Bella metáfora de otro contexto.

El caso que estoy hablando solo, rascándome los cojones, aterido de frio, pensando en trabajos de mierda, como ser mamporrero en una fábrica de condones. Me sube de pronto una arcada y empiezo a vomitar. Cuando termino me quedo mirando este cuadro de suciedad espiritual a las puertas del edén. Joder.

De pronto escucho una voz a mi lado
Voz de pito desconocida: Muerte y transfiguración.
Pego un respingo: es un puto conejo enano parlanchín.
Rorschach: ¿Qué coño significa eso?
Puto conejo blanco enano parlanchín: Dios y tú no habéis apostado al mismo caballo.
Mierda, una cosa es volverme loco y otra lecciones zen de madrugada.
Rorschach: Yo también tengo frases de mierda, Dylan Thomas diciendo en su lecho de muerte “He bebido dieciocho vasos de Whisky, creo que es todo un record
Conejo: Es un fraude, la tenías apuntada y la metes en estos diálogos febriles sin venir a cuento porque crees que queda bien, pero solo te muestra como un vago que jode la continuidad del diálogo.
Rorschach: Joder, nadie me paga por esto, tengo derecho a ciertos atajos.
Conejo: La verdad, te imaginaba más alto. ¿Sabes que es posible que Bukowski sufriera una lesión cerebral cuando estuvo a punto de morir por aquella ulcera sangrante?
Rorschach: Si, y también sé que siguió escribiendo otros treinta y cinco años. La potencialidad del ser humano es asombrosa. La gente común se vuelve común por la simple vulgar supervivencia del día a día. Pero intenta joder a tu propio cerebro a la vez que escribes, lees, o lo utilizas realmente en esos pocos trabajos no manuales que lo requieren. Se convertirá en algo diferente, pero lo conservarás útil hasta el final.
Conejo: Mierda, eres de los que no ve la televisión ¿verdad?
Rorschach: No me gusta que me llamen subnormal en voz alta, que vuelquen su política de miedo sobre mí con todas esas noticias inútiles, sesgadas, mal formuladas, mezcladas con catástrofes, accidentes, Urdangarines, ¿a mí que cojones me importa todo eso? Y luego los deportes. Futbol. Héroes nacionales. Los mataría a todos.
Conejo: Sois una raza de zombies.
Rorschach: En algún momento la clase baja amputada de la política social aprenderá a construir bombas atómicas en sus sótanos malolientes. Y cuando todo estalle, esos pretenciosos tacones, esas campanas de muchedumbre que eligieron no usar mi polla como badajo, se arrepentirán.
Conejo: Destilas misoginia. Los borrachos sois malos amantes, solo rendís pleitesía a vuestra amiga la botella. Pero al menos adoráis lo sucio, os causa diarrea las historias de felicidad y los corazones sobrevolando la pantalla, las frases hechas de lugares comunes del puto poeta burgués hablando de metafísica mientras su mama le hace la cama. Sois viles pero reales, sabéis que es comer un coño, sabéis que es sodomizar a una borracha. El hambre. El dolor. El fracaso.
Rorschach: En realidad el fracaso es infinito, porque es infinitamente divisible, cosa que no sucede con el éxito. El escritor no inventa, habla de cosas que sabe sin saber, como un flâneur solitario entre la multitud, espectador ocioso, apasionado pero a la vez indiferente, alienado, un paseante filosófico.
Conejo: ¿De qué cojones estás hablando?
Rorschach: Hablo de lo que significa escribir. Aunque puede que hable más bien de ella. A veces, durante la convivencia, me decía Te echo de menos mirándome fijamente a los ojos. Siempre me acostaba mucho más tarde ella, pero no importaba porque tenía el sueño muy profundo y nunca la despertaba. Sin embargo si me acercaba a su rostro y producía un leve sonido con los labios, como un beso apagado, se incorporaba inmediatamente, me besaba con los ojos cerrados y volvía a dormirse. Para suavizar el párrafo añadiré que siempre tenía que dar cuatro o cinco embestidas especialmente brutales para conseguir que gimiera.
Conejo: Vigila tu soledad, este trepanando eso que llamas talento. Aunque desde aquí solo parece pus con nombre de puta. El amor es otra forma de prejuicio.
Rorschach: Las personas son como los libros, mayormente una enorme pérdida de tiempo decepcionante. Pero hay otros, muy bien escondidos entre la masa, que son armas de destrucción masiva, orgasmos mentales. Y cuando lees la biografía del autor en que se le tacha con rigor de misógino, de ser un hijo de puta, da igual, la redención nace de la sublimación. Y sus libros son reliquias de santos incorruptos al alcance de todos, y sin embargo, tan lejos, tan lejos, tan lejos, tan lejos…la noche arde, observa esas estrellas de larga punta. Me recuerdan a mi vecina, mi particular pájaro azul, mirando siempre por la ventana, día tras día, tras día, tras día. Como un algo eterno carente de interés.
Conejo: Desvarías, y no es simplemente el delirium tremens habitual producido por las benzodiacepinas…

Se escuchan gritos de fondo, una violación, el amor haciendo un alto en su camino. El conejo se distrae y aprovecho para cogerle del cuello y partírselo. He declarado una guerra que no puedo ganar, pero la vida se compone de pequeños actos irreflexivos de terribles consecuencias a pagar en cómodos plazos.
El resto de conejos, acostumbrado a ese tipo de agresiones, llama a la infantería y empiezo a recibir una lluvia de piedras, jeringuillas usadas, trozos de camisa de fuerza y comprensas. Atacan por todos lados, muerden mis pantorrillas y casi consiguen hacerme caer. Pero de alguna forma resisto, sé que aún no ha llegado mi momento, he comprado de oferta varias botellas de vino y debo terminármelas. Tengo un destino. Una meta. Consigo escapar, aunque sé que nunca podré volver allí. Otra zona vetada. Malditos conejos enanos parlanchines.

Llego a casa. Pongo algo de música al azar. Suena esa canción. Me recuerda a ti. Me apena que creas que soy un animal sin sentimientos, una inanidad sin planes de futuro, alguien que muere lentamente por la falta de ejercicio en los rocos de la vida. Me conoces tan bien. Pero tengo fetiches. No hablo de dedos, ojos agujereados por un lápiz, tu sonrosado clítoris ablacionado, o tu larga melena con trozos de hueso y masa encefálica todavía adheridos a ella. No. Hablo de cosas normales, como entradas de cine, fotos, cartas, todas quemadas y reducidas a cenizas que conservo, con cierta ternura, en un dedal. Pienso en ti, en esa extraña combinación de lo mejor y lo peor, de lo mágico y lo terrible. Te mantengo un momento en mi memoria antes de intentar una reverencia que se trasforma en traspiés. Me quedo en el suelo. No es un mal lugar para dormir la borrachera y para perder un beso silencioso envuelto en su ligera erección

Estabas loca…y casi conseguiste volverme loco a mí también…suerte con el siguiente…y con el siguiente…y con el siguiente…

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