Pero divago, lo que quería decir es que Rorschach tiene
como némesis al Parlamento De Conejos
Parlanchines. Son gigantes, de aspecto humanoide. Ha sido una guerra larga y cruel, con bajas y cicatrices en
ambos lados, pero ahora se ha establecido una especie de tregua y los tres
conejos supervivientes han colonizado una de las habitaciones de la zona sur.
Conejo A: Tiene que morir, hay que llegar hasta el final,
vengar a todos nuestros compañeros muertos. Miradle ahí, bebiendo, como si
fuera un reto mantenerse ebrio la mayor parte del tiempo, entendiendo mal las biografías
de sus escritores favoritos, corriendo alrededor de su campo de minas personal.
En serio, es un acto de piedad acabar con su vida.
Conejo B: Te metes demasiado en tu personaje, eres un
simple replicante con recuerdos implantados, solo somos productos de su
imaginación, un deliriums tremens literario. No tiene ningún sentido que queramos
formular decisiones, al final haremos lo que él nos indique. Solo existes si
existe tu libertad. Prefiero observar en silencio, el quietismo, no quiero
hacerle el trabajo sucio, sería ponérselo demasiado fácil.
Conejo A: No digas idioteces, ¿la sangre de tus compañeros
caídos no significa nada para ti, todo lo reduces a una simple cuestión
filosófica?, Esto es una guerra. O estás conmigo o contra mí, veremos donde
queda tu retórica cuando termine esta tregua estúpida y acabes en el horno con
una manzana en la boca.
Conejo B: Tú simbolizas su parte paranoide, mi
participación es más racional. Posiblemente sea un truco, una forma de alargar
el párrafo creando un conflicto, mientras piensa en segundo plano como cojones
seguir.
La conejita C -podríamos llamarla de momento Inés-, observa desde lejos la conversación. A pesar
de sus dientes y esas largas orejas que le llegan a la altura de las mejillas tiene
la belleza de un dibujo animado. Se maquilla, usa falda y suele hacerse la
encontradiza con Rorschach. Tiene sueños eróticos con él, y no le importaría traicionar
a sus dos compañeros si con ello pudiera violarle repetidamente durante semanas.
No le asusta el posible resultado de esa unión de especies y a despecho de la
imaginería de Cronenberg, cree que sus hijos conquistarían el mundo.
Rorschach se muestra ajeno a ese drama. Tiene el aspecto
de Jack Torrance delante de la pantalla. Está solo, su amigo del sur, Sansara,
ha caído en combate, no está acostumbrado a ese nivel de alcoholismo. Envejecer
es asumir las consecuencias de querer tocar fondo, pero no hay manera de sublimar esa decadencia con esos
conejos, inspirados en Donnie Darko, haciendo tanto ruido. Son las cuatro de la
mañana. Malditos. Pero enfrentarse a sus propias criaturas tiene muchos
peligros, ha visto Re-Animator, las tres partes, y sabe cómo suele terminar
todo.
De pronto aparece una bandera en forma de zanahoria
blanca. Los tres conejos se acercan a Rorschach.
Conejo B: Querido Shalafi, dejando aparte que no se estés
cumpliendo nuestras prerrogativas, como el hecho de que traigas gente a nuestro
sancta sanctórum sin consultarlo previamente, tenemos un problema añadido: ha
aparecido un fantasma en la habitación contigua y nos está jodiendo.
Rorschach: Está bien, maldita sea, no hay nada peor que
ser vuestro casero. Espero que no sea el fantasma de alguno de mis abuelos o,
peor aún, el del psicópata que ocupo esta casa hace años.
Los cuatro llegan a la habitación. Al entrar,
efectivamente, hay una mujer joven traslucida quejándose amargamente. Rorschach
la pide explicaciones.
Fantasma sollozando: Soy el fantasma que representa a
todas las mujeres que mueren vírgenes habiendo cumplido la mayoría de edad.
Rorschach: ¡Imposible! ¡Pensaba que el himen era un mito
en España desde hace décadas!
Fantasma: Desgraciadamente se dan casos: traumas,
religión, estupidez. Sea cual sea el problema, el himen nos impide salir del
purgatorio, es una especie de ancla en este plano astral. Hemos pedido ayuda a los
eternos, pero suelen ser impotentes o sus filias no incluyen penetración, solo coprofagia
y su propia sodomización con objetos punzantes. Pero por fin te hemos
encontrado, tu pene es como el campanario de Regreso al futuro, una especie de catalizador, de punto de energía
que existe en todo el multiverso capaz de follar con fantasmas y creaciones incorpóreas
de tu mente.
Rorschach: Joder, mi suerte está
cambiando. ¡Y ni siquiera será necesario utilizar condón!
En ese momento la conejita Inés, provista de un bagaje de
información que incluye las películas de Los
Cazafantasmas y El Exorcista, en
un acto irreflexivo de furia y celos empieza a arrojarle cocteles molotov de
agua bendita y shuriken de ostias sagradas. Hay una confusión en su ideario,
pero el fantasma desaparece quitando a Rorschach la oportunidad de tener sexo
por primera vez este año.
Antes de que Rorschach empiece a maldecir y amenazar con racionar
las zanahorias con forma de pene, vuelven los problemas. Desde la habitación de
la zona sudeste una expedición de ardillas zombies se acerca al salón. Es una
colonia bastante peligrosa, solo necesitan morder a su víctima o arrojarse como
kamikazes japoneses para propagar su enfermedad zombi por el mundo. Se necesita
un héroe con el poster de Ash y su sierra mecánica en la pared, alguien que no
le importe sacrificar su existencia para parar esa pandemia letal, alguien que quiera
dar un poco de tiempo y esperanza a la humanidad. Naturalmente Rorschach está
deseando que se larguen y acaben con todo de una vez, pero las putas ardillas
mutantes siguen sin querer salir a la calle, se quedan en su habitación viendo
la televisión y comiendo pistachos.
Al final, en un acto de paz y fraternidad, deciden
aprovechar la noche y ver una película en el salón todos juntos. Hay una breve discusión
pero al final se deciden por fragmentos de Fight
club, concretamente todas las escenas donde aparece Marla. Luego Tarantino
domina la pantalla con un duelo de katanas y el entrenamiento de Pai Mei. Todos
beben y beben, parecen una familia disfuncional pero feliz. Rorschach,
cometiendo un exceso, pone el final de The Empire Strikes Back, pero nadie se
queja. En un momento dado suena la banda sonora de Drive y, después de un baile
muy sensual, el fantasma y el conejo filósofo se van juntos a una habitación.
El conejo violento y las ardillas mutantes deciden ver la última de Rambo, con
esa empatía que nace de las ansias de apocalipsis.
A nuestro querido protagonista, Inés le resulta cada vez más
atractiva, quizás sea por culpa de la droga que la susodicha le ha echado en la
bebida. Recordad: una hembra enamorada es uno de los seres más peligrosos, sin
contar a dioses judeocristianos, de toda la existencia/literatura. Al final
acaban en la cama, todo resulta muy bonito, sórdido, mágico, surrealista, y
genuinamente enfermizo, culminando en un orgasmo particularmente intenso.
Y Rorschach, a pesar de todo su poder de cronista
demiurgo, no puede evitar pensar, mientras acaricia esas enormes orejas, que el
amor se presenta muchas veces con la forma más extraña y perfecta a la vez. Y
por primera vez en mucho tiempo, sonríe.

