jueves, 31 de octubre de 2019

Echo de menos las marcas que dejaban tus besos sobre mi piel, ese baile perfeccionado de contracciones y embestidas, el retroceso de tu rostro manchado de carmín ante la bofetada consentida. Siempre fuiste una mujer que se divierta enseñando sus cicatrices, que rezaba a un fuego clandestino mientras la lluvia crecía en su interior.

Las montañas ríen a lo lejos, como cubitos de hielo que parpadean al intentar barrer la oscuridad de un recuerdo. El silencio es una orgía de heridas sin orgasmo, la hierba desafinada del párrafo vacío, un fetiche bautizado con el humo de una batalla que perdimos hace demasiado tiempo. Hay muchos pensamientos que me siguen como coyotes a punto de morir de frío y que no digo en voz alta ni me atrevo a escribir, quizás porque ya ni siquiera tenemos espacio en una canción.

Me imagino la nostalgia como una meretriz que se cuela en la fiesta del presente, con su maquillaje excesivo, dejando aquí y allá marcas de su impúdica desnudez. Y todo, ¿para qué? Prefiero el lenguaje de la sordidez cuando te explico que el amor es dolor, cuando intento astillar con mis palabras tu piel, tu jaula, cuando te corres sola y piensas que, a fin de cuentas, el otoño siempre podrá consolarte con la belleza de su juego de hojarasca.

Volver al presente es confesar que tengo un fantasma en casa. Aparece de madrugada y siento como sus ojos forman sombras chinescas de amor sobre mi piel. Ya no me habla, y cuando intento tocarla mi mano atraviesa su cuerpo traslúcido. Es frustrante. Supongo que el corazón es un cazador solitario, un barco en miniatura atrapado en una brújula oxidada, sueños cogiendo polvo debajo del pasado.

Nunca sabré que a veces
cuando estoy dormido
se acuesta conmigo en el lado frío de la cama
y ahuyenta los monstruos de mi sueño
con sus labios azules.

miércoles, 30 de octubre de 2019

Reseña: ‘Mujeres’, de Charles Bukowski (1978)

En esta novela (cronológicamente situada entre ‘Factótum’ y ‘Hollywood’) Bukowski nos presenta a un Henry Chinaski que ha dejado su trabajo de cartero, tiene más de cincuenta años y por fin ha empezado a conseguir cierto éxito como escritor, aunque su éxito todavía está en transición. Ahora que ya no tiene que luchar por sobrevivir y se dedica a tiempo completo a la escritura, también decide volcarse en sus vicios: el alcohol y las mujeres. La primera relación de la que se habla en el libro es con Lydia, una mujer treinta años menor que él con la que vive un romance intenso, desquiciante y tóxico. Después de Lydia comienza un eterno desfile de mujeres en la vida del escritor, todas con personalidades extravagantes y demenciales. Da la impresión que Chinaski solo busca mujeres disfuncionales para sumergirse en su comedia humana y poder luego escribir sobre ello; pero es una actitud de masoquismo ridículo, porque muchas veces se enamora y cada ruptura le hace sufrir intensamente.

Bukowski ya no divaga sobre cuestiones filosóficas, sobre la vida, la sociedad o la naturaleza humana, este libro es más solipsista, reflexiona solo sobre sí mismo, sus relaciones -si se les puede llamar así-, y sobre el escepticismo tormentoso que le provoca el amor. Se nota su nueva situación personal: más tiempo para escribir poesía, para viajar y acudir a recitales, para el hipódromo, para ver combates de boxeo, para pagar a sus cada vez más numerosas admiradoras un billete de avión para visitarlo. El alcohol es un elemento omnipresente en cada escena, pero se pierde la soledad a la que antes estaba unido, ahora siempre hay mujeres a su alrededor, visitas de admiradores, fiestas en su casa, recitales con barra libre…

El libro resulta entretenido al principio porque Bukowski sabe cómo escribir situaciones cotidianas de manera divertida, pero según van pasando los capítulos se vuelve más y más repetitivo debido a que el esquema siempre es el mismo: conoce a una mujer, se emborrachan, follan, aparecen los poemas de amor, luego las discusiones, hasta el estallido final y la ruptura; y vuelve a empezar el ciclo, con algunas variaciones pero la esencia siempre es la misma.

Aburre un poco tanta reiteración, sin embargo son precisamente esos defectos, el hecho de que tengamos un protagonista que no aprende nada, enzarzado sin control en relaciones cada vez más tóxicas, obsesionado en vender su serenidad de ánimo para obtener material para otro poema u otro capítulo de la novela, lo que consigue parcialmente que el libro tenga alma. Una vez más Bukowski nos gana con su visceral honestidad a la hora de retratar sus grandes limitaciones como ser humano. Y esa valentía despierta, incluso a pesar nuestro, cierta simpatía, porque al final Chinaski solo es una víctima de sí mismo, una persona tan defectuosa, perdida y aislada emocionalmente que es incapaz de tener una relación sentimental sana y equilibrada. Y así, entre la lástima y cierta repulsión, llegamos al final de la novela donde se intuye cierta necesidad de redención, de romper el círculo vicioso en el que lleva inmerso toda la vida.

En resumen: no es de sus mejores libros, a pesar de la fama que tiene, pero sí puede resultar interesante para conocer un poco más a Bukowski y su trayectoria vital. Podéis descargar el ePub (AQUÍ)

“Detestaba las relaciones así, el tipo de relaciones sexuales de Los Ángeles, Hollywood, Bel Air, Malibú, Laguna Beach. Extraños al conocerse, extraños al despedirse. Un gimnasio de cuerpos innominados masturbándose mutuamente. La gente amoral suele considerarse más libre, pero a menudo carece de la capacidad de sentir o de amar. Así que se hacían promiscuos. Los muertos jodiendo con los muertos. No había juego ni humor en su práctica, era una cópula de cadáveres. La moral era restrictiva, pero estaba afianzada en la experiencia humana a través de los siglos. Algunas morales tendían a mantener a los hombres esclavizados en fábricas, en Iglesias, y fieles al estado. Otras morales tenían simplemente buen sentido. Era como un jardín lleno de frutas venenosas y frutas buenas. Tenías que saber cuál escoger y comer y cuál abandonar.”

“Una vez que una mujer te da la espalda, olvídala. Te aman y de repente algo se da vuelta. Te pueden ver muriéndote en una cuneta, atropellado por un coche y pasarán a tu lado escupiéndote.”

“"Dejé el teléfono. Pensé en Sara. Pero Sara y yo no estábamos casados. Un hombre tiene sus derechos. Yo era un escritor. Era un viejo indecente. Las relaciones humanas nunca solían funcionar. Sólo las dos primeras semanas tenían algo de electrizante, luego los participantes perdían el interés. Las máscaras caían y la realidad aparecía: dementes, imbéciles, chiflados, rencorosos, sádicos, asesinos. La sociedad moderna había creado su propia especie y la había enfrentado entre sí. Era un duelo a muerte en un cerco sin salida. Lo más que podía uno esperar de una relación, decidí, eran dos años y medio como máximo.”

“La segunda pelea también fue buena. La muchedumbre rugía y se desgañitaba y trasegaba cerveza. Habían escapado temporalmente de fábricas, almacenes, mataderos, garajes de limpieza de coches… volverían a la cautividad al siguiente día, pero ahora estaban fuera, enardecidos por la libertad. No estaban pensando en la esclavitud de la pobreza, ni en la esclavitud de la beneficencia y los sellos de comida. El resto de nosotros viviría tranquilo hasta que los pobres aprendieran a construir bombas atómicas en sus sótanos.”

Reseñas de otras novelas de Charles Bukowski:
Cartero (1971)
Factótum (1975)
Mujeres (1978)
Hollywood (1989)

Reseña: ‘Factótum’, de Charles Bukowski (1975)

"Fue entonces cuando aprendí que no es suficiente con hacer tu trabajo, sino que además tienes 
que mostrar un interés por él, una pasión incluso".

‘Factótum’ es la segunda novela de Charles Bukowski, aunque cronológicamente estaría situada entre ‘La senda del perdedor’ y ‘Cartero’ . Dado que los primeros párrafos del libro no ofrecen ningún tipo de introducción, conviene ubicarnos: Chinaski es un joven de veintitantos años al que la vida le impone el aprendizaje más difícil: la pobreza, la incomprensión familiar y la hostilidad de sus semejantes. Tras abandonar su hogar, logra evadir el reclutamiento para la guerra y se dedica a sobrevivir, pasando de trabajo en trabajo y de ciudad en ciudad, probando algunos de los oficios más miserables que existen.

La actitud que adopta el protagonista para afrontar su dura existencia es el individualismo y la misantropía, sin ningún deseo por encajar en los ambientes laborales y sociales. Ante la explotación y la falsedad que le rodea se refugia en el alcohol, las apuestas, el sexo sórdido y, finalmente, en la escritura, la única actividad que realmente le proporciona una satisfacción más allá de lo mundano. El autor dota a su alter ego, a pesar de su indolente apatía, de un extraño heroísmo: Hank reconoce demasiado pronto la falsedad de las promesas del sueño americano, y su falta de ambición e interés por una vida normal son su forma de rebelarse ante una realidad de esclavitud asalariada.

Aunque el libro tiene cerca de sesenta capítulos llenos de estrambóticas anécdotas y descripciones de trabajos absurdos, estos solo abarcan ciento noventa páginas. No hay introducciones ni rodeos, no hay excesivas descripciones, sólo la narración llana, reducida al mínimo y exenta de cualquier floritura; todo ello refuerza la sensación de honestidad y desnuda literalidad autobiográfica. Pero a pesar de esta extrema sencillez y la forma tan directa de explicar las situaciones también se percibe cierta carga de crítica y denuncia social, mostrando la derrota de la lucha de clases y cómo la ética del trabajo es una mera coartada para la explotación y la alienación denigrante de la clase obrera.

Padre del realismo sucio el libro está repleto de palabras altisonantes y detalles escatológicos, regocijándose en lo políticamente incorrecto. Otra tema en el que incide mucho es en justificar su alcoholismo, como si esa fuera la única respuesta al vacío emocional y la sensación constante de fracaso. También intenta, sobre todo al final, soslayar reflexiones y sentencias fruto de su particular forma de ver la vida; un ejemplo es el último capítulo, el final mismo del libro, que resume de manera simbólica la problemática, al estilo Sísifo, del personaje. A pesar de la crítica social que fluye en la narración no es uno de sus mejores libros, resulta demasiado repetitivo, un cajón desastre para sus anécdotas de trabajo, que se lee con rapidez pero que deja poco poso.

Factótum fue adaptada en una película homónima protagonizada por Matt Dillon en 2005, abajo tenéis el enlace a YouTube. También, para quien lo quiera leer, (AQUÍ) enlace al ePub.

"Yo era un hombre que me alimentaba de soledad; sin ella era como cualquier hombre privado de agua y comida. Cada día sin soledad me debilitaba. No me enorgullecía de mi soledad, pero dependía de ella".
«Mi ambición está limitada por mi pereza».

Reseñas de otras novelas de Charles Bukowski:
Cartero (1971)
Factótum (1975)
Mujeres (1978)
Hollywood (1989)

martes, 29 de octubre de 2019

Reseña: ‘Hollywood’, de Charles Bukowski (1989)

En ‘Hollywood’ Bukowski relata cómo le proponen escribir un guión para una película que esté basado en sus relatos de juventud. Decide hacerlo a regañadientes motivado por la amistad que va surgiendo con el director y productor Jon Pitchon, uno de los personajes más excéntricos, locos y carismáticos de la novela.

El desarrollo de la historia se inicia con la creación del guión, luego continua con un periodo en donde se intenta conseguir financiación y actores interesados en participar en la película y, una vez conseguido esto, da inicio al rodaje y finalmente el estreno. Todo esto es seguido de cerca por Chinaski, quien aprovecha la coyuntura para mostrarnos cómo es realmente el mundo de Hollywood detrás de las cámaras y cómo el dinero se vuelve el eje de toda. A través de fiestas, reuniones y entrevistas, Chinaski critica la sociedad desde su ya clásica postura pesimista y cínica, desvelando a su manera la insidiosa naturaleza humana que se esconde detrás de los focos y las cámaras, la cual tampoco dista demasiado de la realidad que vivió en su juventud.

            Como todos sus libros es autobiográfico, si tenéis curiosidad podéis ver la película, ‘Barfly', cuyo enlace a YouTube añado al final de la reseña.

Muchos de los personajes que aparecen son representaciones de artistas famosos como Francois Truffautt (Francois Racine), Tom Jones (Tab Jones), Jack Kerouac (Mack Kerouac), Francis Ford Coppola (Francis Ford Lopalla), Jean- Paul Sartre (Jean-Paul Sanrah), Jon-Luc Godard (Jean-Luc Modard), Barbet Schroeder (Jon Pinchot), Madonna (Ramona), Dennis Hopper (Mark Austin), Sean Penn (Tom Pell), Mickey Rourke (Jack Bledsoe)), Faye Dunaway (Francine Bowers),  Frank Stallone (Lenny Fidelo), Norman Mailer (Victor Norman) y Timothy Leary (Jim Serry) entre los más conocidos.

A pesar de sus más de trescientas páginas es un libro que se lee con bastante rapidez. La historia en sí es muy simple, pero la forma en que Bukowski plasma sus pensamientos y humor en medio del rancio ambiente de Hollywood le da un prisma diferente e interesante. Además, el argumento tiene como leitmotiv los encuentros con personajes a cada cual más excéntrico, por lo que gran parte de la narración se desarrolla mediante diálogos cortos de un ritmo y calidad deslumbrantes.

“De todos modos, todos necesitamos escapar. Las horas son largas y de alguna forma han de ocuparse hasta que llegue la muerte. Y simplemente no hay tanta belleza ni emoción por ahí como para andar yendo de un lado a otro. Las cosas se vuelven pronto monótonas y abrumadoras. Nos despertamos por las mañanas, damos una patada a las sábanas, apoyamos los pies en el suelo y pensamos: Ah, mierda, ¿y ahora qué?”

“Debía de estar loco. Sin afeitar. La camiseta llena de quemaduras de cigarrillos. Mi único deseo era tener más de una botella en el aparador. Yo no estaba de acuerdo con el mundo y el mundo no estaba de acuerdo conmigo, y había encontrado a otros como yo, la mayoría mujeres, mujeres que la mayor parte de los hombres no querrían en su misma habitación, pero yo las adoraba, me inspiraban, yo hacía teatro, soltaba tacos, me pavoneaba de un lado a otro en ropa interior diciéndoles lo fantástico que era, pero solo yo me lo creía. Ellas simplemente gritaban: «¡Vete a tomar por culo!», «¡Sirve más alcohol!». Aquellas damas del infierno, aquellas damas en el infierno conmigo.”

Reseñas de otras novelas de Charles Bukowski:
Cartero (1971)
Factótum (1975)
Mujeres (1978)
Hollywood (1989)