Supongo que
sigo engarzado en carencias infantiles, miedos inconfesables, en cielos azules
que para mí son solo aire y vacío. En noches sin pretensiones, dedicándome a
guardar en ámbar entradas de sentimientos caducados ya por definición pero que, atrapados
en estos muros de cristal, se vuelven inmortales tiranos de una vida echada a
perder.
Supongo que
escribiría un millón de páginas y en ninguna osaría decir algo parecido.
También me
dice que dado que no soy capaz de mostrarme tal y como soy aquí salga al
exterior. El exterior…como si fuera tan fácil, la última vez…
La última vez que salí fue el viernes pasado, estaba por la zona de Tribunal buscando desesperadamente una cerveza –benditos chinos- cuando sufrí el asalto de unos fieles que salían de dar unas misas vespertinas de la iglesia de la zona –eran las tres de la madrugada por lo menos. Me fijé en una chica que avanzaba enmascarando unos trípticos con su sonrisa beatificadora. Era una mujer después de todo, quizás con el himen todavía intacto (risas). Conseguí la cerveza mientras ella intentaba explicarme sus milongas. Medio bostezando le confesé mi absoluta falta de fe. Parecía santiguarse con el movimiento de sus pestañas. Divagaba.
Le pregunté como había conseguido su fe. Me dijo que se había reafirmado en ella cuando encontró un trabajo en infojobs de auxiliar administrativo. Coño, dije, eso es un milagro y lo demás tonterías. De pronto antes de preguntarla si lo que le hacía especial entre los demás creyentes en paro era su completa entrega a evangelizar ateos y llevarlos a su casa apareció él. Era un ser tremendamente inquietante, no porque se pareciera al protagonista de The Human Centipede 2, sino por el añadido de llevar una pequeña cruz de oro prendida en un horrendo jersey verde. Sentía grima por las cruces desde que era pequeño y mi abuela me obligaba a rezar en su habitación delante de un enorme crucifijo…o quizá fue porque perdí la virginidad en esa habitación, no lo sé. Estaba intentando divagar sin solvencia sobre Unamuno cuando me empezaron a rodear.
La borrachera se me estaba pasando. Grite asustado –lo reconozco- que quería seguir el ejemplo de Cristo cortándome las venas o provocando una explosión nuclear que impidiera la transmutación de mi alma, dado que Él, ese gran ser de luz, era para mí un ejemplo a seguir, el suicida más famoso de todos los tiempos, sabiendo todo lo que iba a pasar y sin embargo dejándose apresar y traicionar.
Abrieron
su círculo mortal y pude escapar. Simular locura a veces puede salvarte, recordarlo mis pequeños padawans. Miré a
mí alrededor: había fieles por todas partes, arrojando sus trípticos y sus
ideas a diestro y siniestro, cogiendo a gente alcoholizada, indefensa e
intentando comerles el cerebro como si de un ataque zombi camuflado se tratara.
Busqué a mi amigo con la mirada, ese maldito cabrón que me había dejado solo.
Al fin le localicé: también estaba fuera de control, subido a un banco y soltando
proclamas ante los cuchicheos de borrachos y fieles…
Israel: ¡Idiotas, ilusos!, no os dais cuenta de
la gran mentira, Jesús nunca existió, los textos de Tácito y Flavio Josefo,
que algunos sacáis a relucir como "pruebas", se sabe desde hace mucho
tiempo que fueron manipulados y falsificados, que contienen interpolaciones. Vuestro falso
profeta no dejo ninguna huella arqueológica, nada escrito, ¿es posible que una veintena de historiadores romanos hiciera caso omiso de sus milagros, de su vida y muerte? Sólo contáis con fuentes cristianas,
parciales. Por favor, si hasta el puñetero Santo Sudario de Turín se ha
demostrado que es una falsificación del siglo XIV. Y sí, cabrones: ¡¡¡follo con
condón!!!!
En ese momento una lluvia de piedras,
trozos de pizza y latas de cerveza son arrojados hacía él entre gritos de
hereje y blasfemo y cosas más pecaminosas. Tenemos que salir corriendo de allí.
Unos minutos después, desfallecidos por el inacostumbrado esfuerzo físico nos tiramos al suelo.
Rorschach: Joder con los creyentes, un poco más
y te linchan.
Israel: Es tan absurdo como el antisemitismo
cristiano que había antes del nazismo, teniendo en cuenta que el tal Jesús, de
existir, era judío.
Rorschach: No sé muchacho, hasta mi cinismo
tiene un límite, es duro pensar que tanta repercusión histórica haya nacido de
la nada.
Israel: No estoy en posesión de la verdad
absoluta, pero ya sabes, una mentira mil veces repetida…
Rorschach: Bueno, otra noche con grandes
preguntas sin respuesta. Necesito una cerveza y un coño –miro en mi bolsillo en
busca de monedas-, no se puede tener todo. Vamos a buscar un chino…
Israel: Vamos…
