viernes, 11 de mayo de 2018

Me desperté sobresaltado. Y en medio de ese precipicio de frío y soledad que era mi cama, solo había palabras. Y ni siquiera eran las tuyas.

El universo se arrodilla
Y observa los muros de nuestra prisión
La sempiterna soledad
como un beso ahogado por la tormenta
como un árbol centenario
que tartamudea pavesas en el instante de su invierno

¿Cómo abandonarte ahora, mi querida isla de certezas?
Ahora que luchas por nacer de nuevo
y los sueños caen de tus cabellos
Ahora que cantas y sonríes
Que los dioses de arena se deshacen en tu mano
y el palacio de la creación viste de dicha tus paredes

Por eso arriésgate
enlaza tu mano núbil y bailemos la noche

Que el tiempo nos busque por los pasillos del delirio
mientras pintas las explosiones de tu pecho con carmín
y fundes mariposas en mi cama.

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